¡Buenas noches mis preciosas criaturas! Espero hayan tenido una muy hermosa y feliz navidad! Seguímos participando de la MakoRin Week!
La flor de este día, es La flor de navidad.
Cerraremos este día navideño, con este lindo fic!
Espero lo disfruten.
Perdonen todos mis errores!
Disfruten de su lectura!
La navidad era una festividad espectacular, Makoto la amaba, por lo que cuando se mudó a Tokio, quedó anonadado con todos los adornos y luces, simplemente lo encontraba increíble. Esta era la primera navidad que pasaría lejos de casa, algo que relativamente le asustaba un poco, pues también sería la primera vez que la pasaría con Rin, quien prefirió viajar a Tokio en vez de Iwatobi, pues ambos eran novios y decidieron tener una cena juntos, y he aquí el problema. Como Rin estaría viajando desde Australia, él debería cocinar la cena, algo que realmente era un gran desafío. Ahora se encontraba en el centro junto a su mejor amigo del alma, haciendo las compras para preparar todo, estaba en caos, pero la verdad, es que eso era normal.
—Me pregunto si a Rin le gusta el pavo —Decía mientras caminaba por las calles de Tokio— Bueno, eso es la tradición, pero quizás no le guste…
—¿No sabes lo que le gusta a tu novio? —Preguntó Haruka alzando una ceja, no, no estaba celoso, por supuesto que no. Simplemente no entendía como su mejor amigo de toda la vida y el idiota llorón que le provocó varias crisis existenciales, terminaron juntos.
—Sí lo sé… Le gusta la carne, pero no sé si todo tipo de carne —Hizo un puchero, estaba nervioso, no quería que esta navidad fuera un desastre.
—Sólo compra un pavo, si te ama, se lo comerá —Dijo el pelinegro suspirando mientras miraba las decoraciones.
—Siento que dijiste eso con segundas intenciones —Sonrió dulcemente el de hebras olivas, para luego detenerse a admirar unas lindas flores de color rojo— ¡Haru, mira, son flores de navidad! —Entusiasmado, tomó a su amigo del brazo y lo arrastró junto a él— Son muy bonitas —Las apreció más de cerca, siempre le han gustado las flores de navidad, le transmitían mucha alegría.
—¿Quieres una flor? —Se le acercó una anciana, preguntando amablemente.
—Oh bueno… —Miró su billetera contando el dinero que tenía, y haciendo unos cálculos mentales no tan rápidos, pues no era muy bueno para los números.
—Sí —Haruka interrumpió el proceso mental del menor, entregándole el dinero a la anciana y recibiendo en una linda maceta, aquella peculiar flor— Ten —Se la dio a su amigo quien lo miraba sorprendido— Tómalo como mi regalo por adelantado.
—¿En serio? —Makoto miró con cariño al precioso chico de orbes oceánicos— Muchas gracias, Haru.
—Vamos, hay que comprar las cosas para la cena —Se encogió de hombros, restándole importancia, si esa flor le traía alegría al de hebras olivas, entonces, encantado se la compraba. Claro que no tenía por qué saberlo, pero conociéndolo, ya lo había leído unas cinco veces.
Después de varias compras, ambos muchachos ya se encontraban en el departamento del más alto, alistando las cosas para la cena. Haruka pensaba en dejar a los tórtolos solos, pero tanto Makoto como Rin, no querían que pasara la navidad solo, por lo que se dedicó a ayudar a su amigo, encargándose de las verduras y dejándole el plato principal al de orbes esmeraldas.
—Bien, esto está listo —Suspiró el chico de hermosos orbes esmeraldas, mirando el pavo que acababa de rellenar— No fue tan difícil como pensé.
—Makoto, debes poner el pavo en el horno —Haruka miró al chico que se sentía orgulloso por su creación, pensando en que Makoto no tenía ninguna cualidad para la cocina, ¿Cómo ha sobrevivido solo todo este tiempo?
—¡Claro! Ya sabía que faltaba algo —Rio avergonzado, admirando mentalmente a quien había inventado el ramen instantáneo.
—¿Sabes encender el horno? —El pelinegro estaba expectante a lo que hacía el de hebras olivas.
—Sí… —Respondió inseguro, no, no sabía cómo encender el horno, nunca lo había usado después de todo.
—Ya voy —Suspiró, de alguna manera, se sentía responsable de Makoto aquí en su estadía en Tokio, era el mayor de los dos y se notaba la diferencia en situaciones como las de ahora.
—Gracias, Haru —Sonrió para luego mirar la hora— Pronto llegará Rin, cielos, ya me siento algo nervioso.
—Relájate y ve a cambiarte, no querrás que te vea así —Decía el más bajo, viendo el pequeño desastre que era su amigo.
Luego de una hora, Makoto estaba listo junto a Haruka, el chico de hebras oliva miraba fascinado la flor que puso en una mesita junto a su ventana, realmente la navidad lo llenaba de alegría. De pronto el timbre sonó, enunciando la llegada de la visita esperada. Más que nervioso, Makoto se dirigió a abrir la puerta, ¿Qué debería decirle a Rin primero? ¿Bienvenido o feliz navidad? No lo sabía muy bien. Abrió lentamente hasta encontrarse con los hermosos orbes escarlata de Rin, quien, con su gran sonrisa de tiburón, y algo cargado por los bolsos, saludó a su novio con un fuerte abrazo, a lo que Makoto correspondió inmediatamente.
—Bienvenido Rin, feliz navi… —El muchacho de hebras olivas fue interrumpido por un profundo beso por parte del pelirrojo— ¿Rin? —Lo miró avergonzado.
—¿Qué? Estamos debajo de un muérdago —Se excusó Rin, apuntando hacia el techo, donde colgaba dicho muérdago.
—¿Eh? Pero yo no había puesto ningún muer… ¡Haru! —Miró a su mejor amigo quien sólo se encogió de hombros mientras bebía un vaso de jugo— Cielos…
—Makoto —El nombrado volvió su mirada a su novio quien sostenía una flor de navidad— Sé que te gustan mucho, así que te compre una.
—¡Muchas gracias! —Sonrió, sus esmeraldas brillaban, sin embargo, se dio cuenta de que Rin aún seguía cargado de sus bolsos— Ah, qué descortés, deja llevar tus bolsos…
—No te preocupes, los llevaré a tu habitación —Decía Rin guiñándole un ojo, lo que le provocó un sonrojo al de hebras olivas.
Makoto suspiró y colocó la flor junto a la otra, no podía evitar dejar de sonreír.
—Realmente te gustan mucho estas flores —Dijo Haruka colocándose al lado de su amigo para admirarlas junto a él.
—Sí, ahora tendré el doble de alegría en mi departamento —El pelinegro sonrió ante esas palabras, Makoto era muy dulce.
—Oigan… Está saliendo humo de la cocina —Interrumpió Rin quien miraba preocupado dicho humo.
Makoto y Haruka se quedaron mirando unos segundos antes de reaccionar.
—¡El pavo! —Dijeron al mismo tiempo, se habían olvidado por completo de él.
El precioso chico de hebras olivas corrió a la cocina, apagando el horno sólo para encontrarse con un pavo totalmente rostizado.
—Oh no… —Estaba decepcionado, todo su esfuerzo se había ido a la basura, mejor dicho, quemado.
—Te dije que yo lo hacía —Haruka se sentía mal por el menor, realmente sí se había esforzado.
—¡A ti también se te olvidó! —Se quejaba el de orbes esmeraldas— Cielos, arruiné la cena, y Rin vino desde tan lejos —Estaba a punto de caer en depresión, cuando la risa del pelirrojo le llamó la atención— ¿Rin?
—Sinceramente, no importa cuánto pasen los años, la cocina realmente no es para ti —Reía mientras se acercaba a su lindo chico, revolviendo sus sedosas hebras— Me alegro de haber venido y estar contigo. No te preocupes por la cena, podemos comer cualquier cosa, lo importante es que estamos juntos.
Makoto se le quedó mirando para luego sonreír, Rin tenía razón, lo importante era que estaban juntos, y eso le alegraba. Miró a Haruka quien también le sonrió.
Estar con las personas que más le importaban, eso hacía de esa navidad, una muy feliz.
Espero les haya gustado!
Nos leemos en el siguiente capítulo de esta week!
Hasta entonces, se despide su servidora.
Aiiri.
¡Muchos kissus llenos de amor virtual!
