Espero y sea de su agrado.


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Tenma estaba profundamente dormido en el pecho del Dios, su expresión era completamente tranquila y se notaba a la perfección su gusto. No había mentido cuando le dijo a Saori que dos años eran demasiado tiempo, había extrañado mucho a Hades. Desde sus mimos hasta sus momentos de gruñón, también las veces que destruía prisiones con Cerbero solo para hacerlo enojar. Aunque…desquitaba su enojo de una manera muy placentera.

La Deidad se encontraba acariciando los castaños cabellos con gesto ausente, de hecho estaba sumido en sus pensamientos. Le preocupaba el hecho de que la identidad de su niño haya quedado al descubierto de esa manera, cuando se había esmerado tanto por mantenerlo oculto. Y no es que se avergonzara de él, sino que temía la reacción de los demás Dioses. Ellos eran egoístas y no pensarían en nada a la hora de actuar y, a pesar de que protegería a su esposo con todo lo que el Inframundo ofrecía, seguía temiendo por ello.

—¿En qué piensas? —susurró Tenma adormilado, frotando su rostro contra el pecho ajeno, lo cual le arrancó una pequeña sonrisa al mayor.

—En ti —respondió, dejando un pequeño beso en la frente de su niño para ir bajando hasta sus labios, besándole profundamente. La calidez que poseía y su sabor, nublaban sus sentidos. Se mantuvieron unidos unos segundos hasta separarse, y si el castaño antes estaba dormido, con ello terminó por despertar.

—...me gusta eso —comentó con diversión, rodeando el cuello de su marido cuando éste se incorporó, quedando sobre él sin llegar a aplastarle.

—Y a mí me gustas tú, ¿Cómo estás? —preguntó, pasando su índice por la cálida mejilla ajena.

—Bien...pero muy cansado...siento que no he dormido nada —suspiró.

—¿Y no fue eso lo que pasó? —se burló el Dios, ganándose un pequeño codazo de Tenma— O-ouch, bien, bien, no te enojes.

—Mmh...quédate todo el día aquí —pidió como un niño pequeño, aferrándose a Hades.

—Es lo que más quiero, dos años no son nada pero sin ti...créeme que lo sentí. Esa niñata —gruñó con claro disgusto, mas al instante lo olvidó cuando el castaño bufó, dándole a entender que dejara la Tierra de una buena vez; suspiró resignado—. Pero aún no puedo, mi amor. Apenas llegué al Inframundo y tengo que ver cómo están las cosas.

—¿De verdad no pueden esperar? ¡Te juro que lo hice bien! ¡Haadeees! —casi chilló, formando un puchero mientras tomaba las mejillas de su Dios, haciendo que observara sus rojizos orbes en un claro berrinche— ...quédate conmigo...por favor... —volvió a pedir en un murmullo, sabiendo que era débil. Y que lo fuera solo con él, llenaba su corazón de un desbordante amor.

—...lo haces a propósito, eres un manipulador —acusó el pelinegro, siguiéndole el juego mientras formaba una divertida sonrisa, de esas que solo Tenma podía ver.

—Pero así me amas —rió, dejando varios besos en sus labios; mas el momento duró poco, puesto que un enorme temblor azotó el Castillo, haciendo que ambos fruncieran el ceño, volteando hacia el balcón alarmados—. Sentí...una extraña energía, ¿Cómo pudo llegar hasta aquí? —musitó incrédulo, incorporándose al igual que Hades, el cual se levantó con rapidez, haciendo que una hermosa túnica tan oscura como su cabello le cubriera.

—Espérame aquí —prácticamente ordenó, saliendo de la habitación con rapidez.

El ex pegaso frunció el ceño, levantándose de igual manera para acercarse a la gran ventana. Cerró unos momentos sus párpados, verificando cada lugar del Averno con paciencia. Siendo el regente del mismo y habiéndolo gobernado por tan solo dos años, sabía más que suficiente del asunto; sin embargo, no encontró nada fuera de lo normal, lo que provocó confusión en él.

Se limitó a negar, por culpa de eso Hades se le había escapado y, ahora, se sentía vacío otra vez. Era un guerrero y de los más poderosos, mas desde que se enamoró, no podía estar muy alejado por tanto tiempo. No era un sentimiento tan molesto, pero sí le hacía rabiar el hecho de que no aguantara ni dos segundos lejos. Por ese mismo motivo, había hecho amistad con Zeus, llegando a convencerle de la liberación de su esposo con más de una artimaña. Todos los días fueron una maldita tortura, él no se había hecho inmortal para gobernar tal Reino, se había hecho inmortal para vivir por siempre junto al pelinegro.

Con distintos pensamientos en mente, se dirigió hacia el baño para darse una rápida ducha; él también se había acostumbrado a usar túnicas de un azul oscuro, casi confundible con el negro. Su cuerpo era joven y fuerte, había comido la dorada manzana de la inmortalidad a los 20 años de edad. Hades le había dado la oportunidad de elegir por más que aquello terminara por romperle el corazón, tuvo cinco años hasta que, finalmente, decidió lanzarse a los brazos del Dios. Él estuvo seguro desde el principio, mas el pelinegro quería asegurarse, puesto que no deseaba otra relación como la de Perséfone. A la cual, por cierto, jamás amó.

—¿Desea algo, mi señor? —preguntó una de las sirvientas, haciendo una reverencia al ver a Tenma salir de la habitación.

—No, muchas gracias. Oh, por casualidad, ¿Sabe dónde está mi esposo? —a pesar de que era superior, la trataba con respeto, y es que era parte de su personalidad.

—Lo he visto con Pandora-sama, al parecer estaban tratando el tema del inesperado temblor —informó, retirándose luego de la seña que el castaño hizo.

Con pasos seguros y tranquilos, caminó por los enormes corredores del Castillo; no se apuraba demasiado, ya que suponía la joven había extrañado a Hades, y no la culpaba, todos, a su manera, lo hicieron. Él era muy diferente a como lo pintaban los demás Dioses o los mitos de los humanos. Solamente, claro, con aquellos que lograban acercarse lo suficiente.

—¿Estás segura de ello?

Se detuvo justo antes de pasar por la puerta de la biblioteca, esa era la voz de su esposo.

—Sí, Hades-sama. El temblor fue la súbita furia de Zeus, pero no es nada de qué preocuparse —respondió Pandora, y aquello llamó la atención del castaño, el cual se ocultó para escuchar todo de mejor manera.

—Mi hermano se enojó, ¿Y no hay que preocuparse? —aquello sonó escéptico, no estaba seguro al parecer.

—Exactamente, Hermes ha dejado un mensaje. Al parecer Hera creó un semidiós sin la autorización de su padre, no hay más detalles.

—... —hubo silencio por unos momentos, y casi deseó ver la expresión de Hades— ¿Un hijo...?

—Así es, pero conociendo el carácter de Zeus-sama, sin ofender, no creo que viva demasiado —asintió—. ¿Sucede algo, mi señor?

—Nada. Iré a ver a Tenma antes de dirigirme al Palacio de Justicia —tomó la mano de Pandora y la besó con suavidad—. Con permiso.

El castaño había llevado una mano a su vientre con gesto ausente, apenas reaccionando para correr lejos de allí y que no le descubrieran cuando había estado espiando. Hades salió y frunció el ceño con confusión, había sentido la presencia de su esposo por unos segundos.

—Un hijo —repitió el ex pegaso una vez estuvo solo, apoyando su diestra en la pared. Nunca lo había pensado hasta esos momentos, el pelinegro siempre se había sentido solo allí en el Inframundo, y esa era una de las tantas razones que le empujaron a aceptar su propuesta sin esperar nada más; sin embargo, nunca pensó en si alguna vez deseó una familia...de verdad.

Un pequeño heredero o, al menos, una princesa a la cual mimar. Algo que él nunca podría darle, porque era un hombre con todas las letras y, a pesar de...no llevar las riendas en la cama, era imposible que quedara en tal estado.

—¿Qué pasa?

La voz del Dios le sobresaltó, haciendo que volteara al instante con susto. No llegó a decir nada, puesto que Hades elevó su mano y limpió una lágrima que, sinceramente, no notó. Por primera vez en años, llegó a ver preocupación en los cristalinos orbes de su marido.

—N-nada, no me hagas caso —sonrió Tenma, parpadeando con rapidez, mas eso solo provocó que más lágrimas salieran. No entendía por qué estaba llorando, ni tampoco la opresión de su pecho. ¿Por qué? ¿Por qué en esos momentos? El deseo de poder darle un hijo se había apoderado de él con creces, destruyéndole al saber que no podría.

—¿No es nada? Mírame —ordenó, rodeándolo con uno de sus brazos mientras que, con el otro, se encargaba de limpiar su perfecto rostro—. No llores, no lo hagas. Dime a quién envío al lago Estigia y lo haré, pero no derrames más lágrimas —pidió, empezando a desesperarse. Nunca lo había visto tan débil, ¿Qué estaba pasando?

—Hades... —sollozó, abrazándose a él con fuerza mientras susurraba varias veces lo siento, confundiendo cada vez más al Dios, el cual solo atinó a corresponder aquel abrazo con fuerza.

—Sshh...tranquilo...aquí estoy... —murmuró, acariciando sus cabellos con ternura. Un fuerte trueno resonó y la lluvia azotó el Castillo, y es que el humor de ambos estaba fuertemente relacionado con el Inframundo.

Hades no recibió ninguna respuesta más, por lo que decidió llevar a su niño nuevamente a la habitación. Allí, lo acostó en la mullida cama, mimándolo para distraerlo un poco, susurrando tiernas palabras.

—¿Por qué me pides perdón? —preguntó el Dios por tercera vez, besando las sonrojadas mejillas del santo, el cual solo negó un par de veces.

—...nunca te alejes de mi —pidió, juntando sus labios con los de él a la par que rodeaba su cuello, profundizando aquel contacto.

El pelinegro ni siquiera lo pensó a la hora de corresponder, colocándose sobre él sin llegar a aplastarlo mientras mimaba sus rojizos labios; sin embargo, cuando iba a separarse, Tenma mordió su labio inferior, haciendo que abriera su boca. Aprovechó ese momento para introducir su cálida lengua en su cavidad, probándolo por completo.

Hades abrió sus orbes un poco más con sorpresa, apenas logrando seguir el ritmo de su chico. Un débil jadeo escapó de su garganta, y es que el castaño estaba frotándose contra su cuerpo.

—Nnh…e-espera…aún no he ido… —intentó hablar el Dios, separándose de su boquita.

—Ahora no —jadeó Tenma, cambiando de posiciones con rapidez para quedar sobre las caderas de su marido. La túnica que llevaba puesta terminó deslizándose ligeramente por su hombro, haciendo que fuera una imagen por demás erótica para Hades, el cual tuvo que apretar las sábanas para no estamparlo contra la cama.

Húmedos besos y tiernas mordidas fueron dejadas en la sensible piel del pelinegro, haciendo que arqueara un poco su espalda, sobre todo porque el castaño se había empezado a mover sobre él, frotando sus entrepiernas. El miembro de ambos comenzaba a endurecerse y la temperatura de la habitación se elevó, las tristezas y cualquier pregunta quedaron en el olvido, entregándose por completo a su amor.

Esa mañana…a Hades se entregó.

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—¡Pero por favor! ¡¿Acaso ha quedado en coma la desgraciada?! —chilló Ares, casi dándose la cabeza contra una de las columnas de su templo; Athena no había despertado desde la reunión en el Palacio.

—Fue un shock muy grande, no siempre te enteras de que uno de tus caballeros se casó con un Dios y es inmortal —musitó Perséfone, observando el agua de la fuente algo ida.

—De hecho, querida, uno de sus ex caballeros. Ahora es un espectro, además fue de la anterior Guerra Santa —explicó Hera, la cual estaba por esos lares para esconderse de Zeus. Por unos momentos creyó que no la contaba.

—¿Quién le dirá todo a Athena? —preguntó el Dios de la Guerra, sentándose en el suelo con aburrimiento; había durado poco su diversión.

Pero cuando estuvieron a punto de responder, un fuerte grito se escuchó desde otro de los Templos, respondiéndole al pelirrojo.

—¡Y ME PERDÍ SU EXPRESIÓN! —volvió a chillar, desapareciendo de allí para ir hacia el Templo de Poseidón.

Y justo ahí…

—¡No puede ser posible! ¡¿C-cómo…?! ¡Y atacó la Tierra! —Saori no podía hacer más que formular preguntas incoherentes. Que un Dios hiciera inmortal a un humano, aquel que siempre odió desde la era mitológica, y que, encima, intentara destruir su Reino de todas maneras. ¡No había lógica!

—Cálmate, por favor. No es algo que te dañe —intentó hablar Poseidón, levantando sus manos en señal de paz.

—Hades nunca se enamoró, ni siquiera de Perséfone. He oído decir que… ¿Alone? El chico que antes fue su cuerpo, tenía una gran conexión con Pegaso. Tal vez eso influyó —comentó Zeus, bebiendo una copa de vino sin prestar tanta atención—. Debo decir que es un buen chico, me agrada así que no le veo inconveniente.

—El poder del Averno es mucho más grande, ¿Y si intenta atacar de nuevo? —preguntó con preocupación, dando un paso hacia el frente. Inconscientemente, en esos momentos, sembró la discordia sin ser Eris.

—No había pensado en eso, al final pareces tener cerebro —comentó Ares, entrando—. Es cierto, padre. ¿Qué haremos? No nos conviene que estén juntos.

—No nos conviene, pero Hades apenas revivió y seguro se mantendrá de anti-social en el Inframundo. ¿Un consejo? No se metan con él —fue lo único que el Dios del rayo pronunció, saliendo de allí. Su hermano nunca le dio motivos para desconfiar, menos lo haría en esos momentos solo por Ares, no era idiota.

—No me mires a mí, si no hay de qué preocuparse me mantengo al margen —negó Poseidón, claro que eso solo sería mientras estuviera a salvo.

Ares rodó los ojos con fastidio, a la final la Diosa de la Tierra no había muerto de un infarto y los demás Dioses eran unos miedosos que no querían ir contra el Averno. Solo tenía una palabra para ello: aburrido; aunque claramente, apenas tuviera oportunidad, actuaría.

—En cualquier caso, la Tierra se defenderá con todo lo que tiene —exclamó Saori con decisión, a pesar de saber que no contaba ni con los caballeros dorados—. Con su permiso.

Abandonó el Templo dignamente, sus pensamientos eran un completo caos, pero en quien más pensaba era en Seiya. ¡Hades se había casado con su antigua reencarnación! Debía mantener al alado caballero alejado del Inframundo solo por las dudas, no permitiría que Hades o alguien más se acercara a éste, quien apenas tenía 15 años.

Con ello en mente, bajó del Olimpo. Sus caballeros no debían saber de tal noticia, por lo que una falsa sonrisa se formó en su rostro, actuaría normal.

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—¡Eso es! —rió Tenma, atrapando al pequeño Cerbero entre sus brazos mientras acariciaba sus orejitas, siendo recompensado por tiernas lamidas de parte del can.

Al parecer ya había anochecido, puesto que al despertar Hades ya no se encontraba a su lado y sentía todo su cuerpo pesado, como si hubiera corrido por horas. La tristeza que antes le invadió desapareció por completo y ahora estaba relajado, tan solo con una sonrisa en sus labios. Él sería la familia de su Dios, le traería color a su vida.

—Veamos...¿Qué podemos hacer ahora? —le preguntó al perrito, paseándose por los Campos Elíseos con gesto divertido— ¡Vamos a molestar a Thanatos!

—¿Tan pronto queriendo hacer rabiar a mi hermano? —se escuchó una voz a sus espaldas, haciendo que pegara un bote del susto.

—E-eh...ho-hola Hypnos —saludó con varias gotitas bajando por su sien, escudándose detrás de Cerbero, el cual ladró juguetón.

—Hola, mi señor —hizo una leve reverencia, mostrando una sonrisa relajada—. ¿Disfrutando de los Elíseos?

—Ah, si. Hades se me escapó —se quejó con un puchero.

—Lo ha hecho bien en estos dos años, pero con esfuerzo. Es hora de que el Dios de los muertos se haga cargo —comentó el rubio, caminando a un lado de Tenma— ...¿Usted...se hizo algo...? —preguntó dudoso.

—Si, lo sé...¿Ah? ¿Hacerme qué? —arqueó una ceja con confusión.

—...nada, debe ser mi imaginación —negó, por unos momentos había visto un destello en su señor—. Y dime, ¿No necesitas ayuda para molestar a mi hermano?

Los rojizos ojitos del castaño brillaron, asintiendo varias veces mientras le relataba su nueva travesura. Le encantaba cuando Hypnos lo ayudaba, así todo era mucho más divertido. Si le preguntaban, no se arrepentía de vivir allí en el Inframundo. El precio de perder el Sol para siempre no era nada con lo que había ganado allí.

Palacio de Justicia

Hades terminaba de supervisar el libro del juicio, asintiéndole a Lune para, seguidamente, desaparecer del lugar. Debía ver las prisiones y el Tártaro, le sorprendía gratamente que alguien con el corazón de Tenma pudiera hacer semejante trabajo. Debió haberle costado mucho, pero...lo hizo por él, y eso es lo que regocijaba su corazón.

—...con esto, ya sé de lo que eres capaz, mi amor —susurró para si mismo, mas su rostro no tenía ningún rastro de sonrisa, y es que estaba frente a sus espectros—. Eres el perfecto regente del Averno —terminó de decir, y su mirada brilló peligrosa, provocando que algunos de sus caballeros dieran un paso hacia atrás—. ¡NO SEAN MIEDOSOS Y PÓNGANSE A ENTRENAR SI NO QUIEREN QUE LOS META AL LAGO ESTIGIA! —gritó con furia, haciendo que todos obedecieran al instante e, internamente, pidieran la vuelta del castaño; definitivamente para dar las órdenes lo preferían a él.

El Dios soltó un bufido y siguió su recorrido por el lugar, notando ciertos detalles que, de no haber prestado atención, no habría visto. Por ejemplo, en algunos lugares estaba escrito HxT...y A! En otros, decía cosas como: ''¿Así está bien?''; ''¡Cerbero casi se come a Pharaoh!''; ''Hoy le di a Thanatos polvo de dormir, las ninfas lo violaron. Me siento mal ahora:c''; ''Te extraño...''; ''¡Hades! ¡No quiero a Athena! ¡Vueeelveee!''; ''Casi me caigo en el río Aqueronte, el barquero me da miedo y le di unos cuantos meteoros. ¡Las almas se quedaron sin transporte! ¡¿Qué hago?!''; ''Pude solucionar el problema, hoy me porté bien''; ''No puedo más, iré a ver a Zeus. ¡Te traeré de regreso!''; ''Le robé el látigo a Lune y me persiguió por todo Giudecca, fue divertido''; ''¿No te molesta que te deje cosas así? ¿No? Porque lo seguiré haciendo''; ''Hades, encontré las pinturas que hiciste, ¡Son hermosas! Las pondré en el salón principal, la de Perséfone pasó de moda''; ''Hoy entrené con los dragones, casi quemo las cejas de Radamanthys. Aiacos y Minos me defendieron, igual me divertí''; ''Logré convencer a Zeus, ahora estoy por subir al Olimpo. ¡Te amo! ¡Espérame!''

Una cristalina lágrima resbaló por la mejilla del frío Dios, y agradeció mentalmente el hecho de estar solo, no podía dejar que le vieran así. En esos momentos, reafirmó su teoría; a pesar de ser inmortal, el tiempo lejos de su niño era una tortura.

Con una sincera sonrisa, siguió su camino, pensando que en verdad fue una mala idea que los demás supieran de su existencia. Ahora, tendría que subir las defensas de su Reino para proteger lo único que traía la luz al Averno.

Tenma.