Como desperdiciar tres deseos en un acto (segunda parte).

Estuve tratando de hacer un one - shot, más no era suficiente espacio para terminar, así que disfruten la siguiente parte.

Previamente… Los cuatro rufianes decidieron que, si no había otro remedio, aplicarían las instrucciones del fastidioso Saiyajin de peinado punk.

Ya empieza de una buena vez, Kakarotto — le espetó Vegeta antes de que terminara de hablar.

Bien, lo primero que tienen que hacer es… — Gokú empezó con su explicación, sin cambiar el tono amable y desenfadado que lo caracteriza. Hizo con las manos los movimientos especiales del juego "piedra, papel o tijeras", recalcando cada detalle para que no se le fuera a pasar algún punto importante —. Bueno, espero que no haya dudas — agregó para concluir, sonriendo grandemente de oreja a oreja, sintiéndose orgulloso de su enseñanza.

La ilustración fue lo suficientemente amplia y concisa. Los cuatro malosos tenían dibujada en sus rostros una mueca entre incrédula y avergonzada ante esa solución tan… simple en su impresión.

Esos movimientos se me hacen conocidos — murmuró Freeza, tratando de recordar donde había visto algo parecido.

Pues claro — gruñó Vegeta entre dientes, quien había vuelto a cruzarse de brazos —, así es como Ginyu y los mequetrefes que le hacen mancuerna resuelven sus problemas por las nauseabundas golosinas que les gusta tragar.

Y en el planeta Freeza No. 79…

Tengo la sensación de que alguien está hablando mal de nosotros… ¡Aghhh, ya es la cuarta vez que ensayamos esta pose! — el capitán Ginyu gritó enfurecido, con la cara embarrada en el suelo.

Y es que Butter, Jhesse, Recome y Gurdo habían caído cómicamente sobre él después de que todos estornudaron sonoramente.

Regresemos a la realidad superior por ahora, a la actualidad en Namekusejin…

Y ahora que ya lo saben pueden empezar — Gokú terminó con la explicación y se apartó un poco para darles el espacio a los cuatro maleantes —. Pero me quedaré cerca para evitar que se hagan trampa entre ustedes — les puntualizó en tono de seriedad.

Ellos le lanzaron una mirada que no ocultaban las ganas que tenían de asesinarlo, más se dispusieron a realizar el juego porque el tiempo seguía corriendo y el Saichōrō de Namekusejin tosía con más constancia.

¡"Piedra, papel o tijeras"! ¡"Piedra, papel o tijeras"! ¡"Piedra, papel o tijeras"! — dijeron al unísono, moviendo el puño derecho tal y como les había indicado Gokú.

Después de un minuto más o menos…

Señor con tentáculos — dijo el Saiyajin de peinado punk deteniendo las acciones —, claramente usted ha perdido.

¿¡Pero cómo es posible! — exclamó el aludido sin dar crédito a lo ocurrido.

Y así era, pues Naraku tenía la mano en la posición de "papel" en tanto los otros tres habían hecho "tijeras". El seudodemonio se miró la mano fijamente, como para estar seguro de que la tenía abierta. Los demás no pudieron ocultar su sonrisa.

Bien, demonio o lo que seas — dijo Freeza con ironía —, has quedado fuera del juego.

Así que por tu bien regresa a tu dimensión — agregó Vegeta en tono burlón —. Ya no tienes nada que hacer aquí.

Naraku agitó los tentáculos con rabia y expulsó un poco de su veneno. Todos se hicieron prontamente para atrás, a una distancia prudente, y Voldemort se protegió nuevamente con su encantamiento de "Casco burbuja"; Gokú con trabajo movió al Gran Patriarca.

Sí quisiera aprovecharía el momento y me llevaría las esferas del Dragón conmigo a mis dominios — les dijo con seriedad antes de que la nube de humo tóxico se despejara —. Pero, en esta ocasión, el gran Naraku se retira… — agregó sin dejar de lado la arrogancia que lo caracteriza, en tanto Vegeta y Freeza cargaron un poco de Ki en su mano, para lanzárselo si es que pretendía cumplir su amenaza —… al fin que la Shikon no Tama cumplirá mi deseo sin que nadie se interponga.

La especie de agujero negro por el cual el seudodemonio se había aparecido en el planeta volvió a presentarse en el cielo, y el ser con tentáculos se retiró tal y como había llegado… los acordes de una melodía oscura se escucharon en el aire en tanto la negrura se desvanecía de vuelta a su escenario.

Por unos segundos nadie de los presentes supo que hacer o decir, parpadeando de incredulidad ante las últimas palabras del desaparecido. Si el bellaco ese tenía en su mundo un artilugio que podía cumplirle un deseo, no tenía ningún sentido que se hubiera presentado en Namekusejin.

¿Qué pasó en el periodo Sengoku?...

¿Y bien, Naraku? — el de las ilusiones le cuestionó en cuanto su "padre" se apersonó frente a él, tratando de adivinar lo que había ocurrido porque el semblante del seudodemonio era inescrutable —. ¿Dónde están las famosas "Dragon Balls"?

No hubo ninguna necesidad de traerlas — dijo el aludido con calma, dispuesto a ocultar la verdad —. Me di cuenta de que únicamente la Shikon no Tama cumplirá mi deseo como debe ser.

Aahh… — "Sí como no" meditó Byakuya un segundo… era obvio que Naraku estaba mintiendo porque no pudo apoderarse de esas mágicas esferas.

Y a todo esto, Byakuya… ¿hubo alguna novedad en mi ausencia? — le preguntó más duramente para desviar su atención.

Pues si puedes llamarle novedad al hecho de que Kagura haya vuelto a fugarse para buscar a Sesshōmaru, llevándose con ella al mocoso exterminador… — respondió el joven con tranquilidad —… no hay nada.

Esa maldita… — masculló Naraku con fastidio —. Habré de andarme con cuidado ante Sesshōmaru… Bien, Byakuya, tendremos que ocultarnos hasta que consiga idear un buen plan para atacar — agregó para finalizar la plática, y volvió a elevarse para dirigirse hacia unas colinas apartadas.

Lo que tú digas, Naraku… — respondió resignadamente el de las ilusiones, y lo siguió montado en una gran paloma de papel.

Y no muy lejos de ahí…

¿Qué cree que sea esto, señor Jaken? — preguntó Lin con curiosidad, ya que habían encontrado la revista perdida en el bosque —. Tiene unos dibujos muy simpáticos… y hasta son más guapos que usted — le señaló sin pretender ser insolente.

¡No sé y no me importa, niña grosera! — Jaken le levantó la voz, visiblemente ofendido por esa comparación, pero no terminó de despotricar su indignación cuando fue golpeado por su amo.

Señor Sesshōmaru… — la jovencita se dirigió a su protector en ese tono dulce que suele dedicarle —, ¿puedo quedármela?... por favor — y le brindó una mirada cariñosa.

Haz lo que quieras, Lin — le contestó después de echarle una mirada fugaz, y continuó andando con parsimonia y elegancia, sin preocuparse por su desvanecido y atontado sirviente.

¡Gracias! — Lin se mostró feliz y guardó la publicación entre sus vestidos, para seguir prontamente a su Señor —. ¡Rápido señor Jaken, lo vamos a dejar! — le gritó al pequeño demonio verde y corrió para dar alcance a Sesshōmaru, quien ya les había adelantado bastante a pesar de caminar con calma.

¡Amo Sesshōmaru, Lin! — Jaken reaccionó muy a tiempo y se esforzó para alcanzarlos —. ¡Espérenme, por favor!

Pero volvamos a la era del Dragón una vez más, porque aun no concluimos nada…

Qué raro… — dijo Gokú rascándose la cabeza con expresión de asombro, sin dejar de ver el sitio por el cual Naraku se había esfumado —, si ya tenía algo que le cumplirá un deseo, ¿para qué vino hasta acá? — y volvió la vista al Príncipe para preguntarle —. ¿Tú qué crees, Vegeta? — como si el agresivo Saiyajin tuviera una respuesta lógica e inteligente para un comportamiento absurdo.

¡Porqué era un imbécil sin cerebro! — el aludido elevó la voz con irritación, mandando el Ki que había acumulado en la palma de su mano a estrellarse en la lejanía. La potente explosión no se hizo esperar —. ¡Y sólo vino hasta acá para hacernos perder el tiempo en tonterías! — puntualizó escupiendo de lado una vez más para expresar su contrariedad.

Mmm… me parece que tienes razón — meditó el Saiyajin de peinado punk, apoyando el mentón en los dedos de su mano derecha por una fracción de segundo —. Caramba, Vegeta, Bulma se llevara una buena impresión de ti… eres más listo que Yamcha — agregó como quien no quiere la cosa.

Ya déjense de conjeturas estúpidas — les interrumpió Freeza muy a tiempo, pues el Príncipe estuvo a punto de volver a dedicarle a su némesis unas cuantas palabras altisonantes… las mejores de su repertorio —. No debería importarnos el porqué ha venido un ser tan repugnante y tonto como ese.

El humanoide extraterrestre ha dicho algo muy cierto — intervino Voldemort con voz suave y aguda, como si acariciara los vocablos —. Lo mejor es decidir quién será el primero en pedir su deseo… y puedo asegurarles que seré yo — puntualizó en tono categórico y altivo.

Freeza le lanzó una mirada desagradable ante la forma en que lo había llamado. Vegeta sólo frunció más el ceño.

¡Jah!, ¿quién dice que tú pedirás primero tu deseo, gusano? — le espetó en tono de enfado.

Lord Voldemort tiene sus métodos — afirmó el hechicero sin amedrentarse —. Confórmate con saberlo, ignorante hombre espacial.

Oigan, ya no discutan más — Gokú intervino con amabilidad, llevando a Saichōrō con cuidado. El anciano continuaba tosiendo, no muy fuerte pero de forma constante —, y es mejor que se den prisa porque el Gran Patriarca puede empeorar.

Los tres malandrines se pusieron de acuerdo y reiniciaron con el juego. En menos de un minuto… Voldemort levantó el puño en señal de triunfo.

Los he vencido, inferiores seres del espacio exterior — dijo en tono que no podía disimular su júbilo —. Yo, el gran Voldemort, el mago más poderoso de todos los tiempos, he conseguido la victoria sobre ustedes.

Vegeta y Freeza tenían el puño con la figura de "tijeras", mientras el brujo había formado la "piedra". Era evidente que de verdad había ganado. Y no contaban con que les leyó la mente para así saber cuál sería la jugada ganadora.

Bueno, entonces el señor mago será el primero en pedir su deseo — observó Gokú en su postura de juez.

¡Carajo! — gruñó el Príncipe por lo bajo.

¡Me lleva la…! — masculló Freeza.

Ya sólo falta ver quien de ustedes el segundo y quien el tercero — agregó el de peinado punk sin dejar de sonreír.

¡"Piedra, papel o tijeras"! ¡"Piedra, papel o tijeras"! ¡"Piedra, papel o tijeras"! — dijeron más efusivamente, sin perder de vista las maniobras de su contrincante.

Qué pena, Vegeta… — suspiró Gokú en menos de un minuto, después de ver el movimiento final —… ya perdiste.

¿¡Qué! — el aludido no se había percatado de lo que pasó.

El puño del Príncipe Saiyajin estaba cerrado en posición de "piedra", pero la palma de Freeza estaba extendida en "papel".

¡Maldición! — exclamó rechinando los dientes.

¡Jah! ¡Admítelo de una buena vez, Vegeta! — dijo la lagartija espacial después de carcajearse un poco por haber ganado la mano —. Siempre serás un perdedor a mi lado, al lado del gran Freeza.

Mejor cierra la boca, Freeza — el Príncipe le contestó con mucho coraje —. Al final yo también pediré la vida eterna y así seguiremos peleando, porque ninguno de los dos morirá jamás.

Pero un Saiyajin inferior como tú nunca podrá ganarme aunque persevere demasiado — el aludido le restó importancia al asunto —. Así que mejor hazte a la idea de que tus esfuerzos serán en vano.

Disculpen, caballeros — interrumpió el Saichōrō tosiendo más fuerte —, ¿están listos para pedir sus deseos?

Claro que sí, Gran Patriarca — Gokú fue el que contestó con educación, respondiendo por los peleoneros —, solamente están afinando detalles.

… — los dos, Vegeta y Freeza, enrojecieron un momento, un poco avergonzados por su conducta; Gokú y Voldemort los miraron como reprochándoles por su comportamiento de niños berrinchudos.

Dendé — llamó el anciano Namekusejin al pequeño niño, hablándole en tono de padre amoroso —, acércate, por favor.

El chiquillo vaciló un poco para salir de la vivienda donde había vuelto a esconderse, espantado por la presencia de esos sujetos tan raros, más obedeció la petición del Saichōrō.

Dígame, Gran Patriarca — respondió respetuosamente al pararse enfrente de él, dedicándole una reverencia.

Dendé — recalcó el gran Namekusejin —, invoca al dios Porunga, por favor.

Como usted ordene, Gran Patriarca — afirmó el jovencito y se acercó más a las esferas, a las cuales les dirigió unas palabras en un lenguaje extraño… la antigua lengua de sus ancestros.

Todos se mantuvieron en silencio y expectantes, tratando de entender lo que decía el muchachito y esperando por ver lo que ocurriría. Las "Dragon Balls" brillaron con mayor intensidad en tanto el cielo se oscureció repentinamente, dando paso a la aparición de un dragón de enormes proporciones. El ser sobrenatural se veía imponente, con una ancha musculatura y grandes pupilas rojas que los miraban con interés.

¡Vaya, el Shenlong de aquí es más grande que el de la Tierra! — exclamó Gokú por lo bajo, sin poder ocultar su sorpresa y emoción.

Criaturas — habló el dragón con voz potente y cavernosa —, puedo concederles tres deseos, los que ustedes quieran y que estén al alcance de mi poder.

¿De quién es el primer deseo? — preguntó el Saichōrō dirigiéndose amablemente a los colados en su planeta.

Es mío — respondió Voldemort dando un paso al frente —. El gran Lord Voldemort, el mago más poderoso de todos los tiempos, pedirá su deseo — puntualizó con petulancia, con ese tono de voz tan suave y sibilante que le pondría los pelos de punta a cualquiera… menos a los Saiyajins, porque ellos ya lo tienen así, ni a Freeza, porque no tiene cabello.

Todos le clavaron la mirada: la de Gokú era de curiosidad por saber lo que tenía que pedir ese señor mago tan peculiar; las de Vegeta y Freeza eran de absoluto disgusto, pues en realidad les contrariaba bastante el tener que esperar por su turno y ver un deseo perdido para ellos; el Saichōrō y Dendé sólo esperaban por la petición.

Ah, que momento… lo he vislumbrado por mucho tiempo — el hechicero aspiró hondamente, complacido por su buena fortuna y saboreando su éxito —. Y desearía tanto que Harry Potter estuviera aquí para que contemplara su derrota en mis manos.

Muy bien — habló el pequeño Namekusejin antes de que el mago terminara de monologar y, dirigiéndose nuevamente al dragón, repitió el deseo formulado en su idioma natal.

El deseo será concedido ahora — respondió Porunga… sus grandes pupilas rojas centellaron por un segundo.

¿Pero qué…? — balbuceó Voldemort al escuchar a Dendé —. ¿Qué fue lo que dijiste al dragón? — le cuestionó en tono molesto.

Únicamente le pedí su deseo — respondió el jovencito escondiéndose detrás de Gokú.

Hubo un fugaz resplandor junto a ellos y, en ese instante, hizo su aparición un muchacho vestido con unos extraños atuendos… al parecer también era una túnica de mago. La expresión de su rostro reflejaba desconcierto.

¿Dónde estoy? — el chico miró para todos lados —. ¿Qué ha pasado? — en cuanto se percató de la presencia de su adversario abrió los verdes ojos de más — ¿¡Voldemort! — preguntó sorprendido por encontrarlo en una caricatura japonesa animada… ¿de cuando acá a Lord Voldemort le gustaban las historietas?

¡Noooo! — por su parte, el aludido mago no hizo más que levantar la voz con desesperación, agarrándose la cabeza como si quisiera arrancársela —. ¡Harry Potter, nooooo!

Hogwarts, 1996…

¡Hermione, Hermione! — Ron Weasley entró a la biblioteca haciendo mucho ruido. Ni siquiera se preocupó por la cara de molestia que le puso la señora Pince en cuanto lo vio llegar armando todo ese escándalo.

Señor Weasley… — le regañó la mujer sin obtener una respuesta.

Por entre los libreros surgió la carita de una muchacha de alborotada y abundante cabellera castaña… Hermione Granger.

¿Pero qué es lo que te ocurre, Ron? — le preguntó con algo de irritación y confusión. Hacia algunos días que se habían disgustado porque el joven pelirrojo se atrevió a salir con otra chica de su curso —. Esa no es la forma adecuada de entrar en la biblioteca — le puntualizó.

Eso no interesa ahora, ven acá — le dijo el joven y sin más la llevó con él, tomándole firmemente de la mano para retirarse del lugar.

¿Pero quien te crees…? — la chica se ofuscó pero no opuso resistencia —. Eee… disculpe usted, señora Pince — le dijo a la bibliotecaria cuando pasaron frente a ella, visiblemente avergonzada por la situación —. Le prometo que no se volverá a…

Por supuesto que no — le respondió la amargada bruja sin dejarla concluir, antes de que los adolescentes terminaran de abandonar la biblioteca —. Le suspenderé el servicio por una semana.

Pero… — la pobre Hermione no alcanzó a protestar, pues Ron la jaló más fuerte para ya no seguir escuchando a la mujer.

Hermione, esto es más importante que un libro — le dijo el pelirrojo a modo de reproche en cuanto se alejaron por el pasillo.

¿Qué puede ser más importante que un libro, Ron? — le reclamó enfadada, soltándose ahora sí con brusquedad de su agarre —. Además, yo puedo caminar sola… — remarcó en tono altanero, acomodándose la túnica —… y no quiero que Lavender me critique más por tu causa.

¿A quién le preocupa lo que diga Lavender en este momento? — replicó el muchacho después de mirarla con algo de irritación —. Mira, mejor vamos a la sala común — agregó un poco más serio, bajando el tono de su voz —, allá te explicaré lo que pasó.

Recorrieron algunos pasillos más y ya se aproximaban al retrato de la Dama Gorda cuando Ginny, la hermana menor de Ron, salió a su encuentro.

Vaya, Ron, menos mal que pudiste convencer a Hermione de que viniera contigo — le dijo con sarcasmo para posteriormente fijar la vista en la castaña, su mirada era inquieta —. Hermione, algo raro le ocurrió a Harry — y la llevó con ella, adelantándose a su hermano.

¿Qué cosa? — la joven castaña se mostró preocupada.

Harry desapareció como si nada… — intervino el pelirrojo siguiéndolas hasta que se sentaron en unos sillones cómodo, los que habían apartado para su uso exclusivo en un rincón de la sala.

Hermione le lanzó una mirada que demostraba su exasperación.

Ronald… — le dijo duramente por su nombre completo —, te he dicho un millón de veces que nadie puede apare…

Si, ya lo sé… — respondió sin dejarla terminar, mirándola también de fea manera —. "Nadie puede aparecerse y desaparecerse en Hogwarts" — le puntualizó imitando un poco su tono femenino —. Pero Ginny es testigo de que no miento — y se cruzó de brazos.

… — la joven puso los ojos en blanco por una fracción de segundo, contando mentalmente hasta diez para no perder la calma y levantarse, dejando a ese torpe con la palabra en la boca. Después de todo se habían peleado por su culpa (la de Ron) y, encima de eso, la remedaba de muy mala manera —. Ginny, ¿estás segura de haberlo visto? — y se dirigió calmadamente a la pelirroja.

Como que soy una Weasley — afirmó la aludida, levantando la mano derecha en señal de juramento —. Precisamente estábamos aquí los tres sentados y nos disponíamos a leer… esta revista — de entre su túnica extrajo una publicación ilustrada.

¡Mi manga de "Dragon Ball"! — exclamó Hermione sorprendida —. ¿De dónde lo sacaron? — preguntó con duda —. Llevo quince días buscándolo… pensé que lo había olvidado en casa — reveló al ver las expresiones de escepticismo de los Weasley, sonrojándose un poco de los pómulos por sentirse fijamente observada —. Es una historieta muggle japonesa que me agrada — agregó a modo de explicación.

Nos lo trajo "Patizambo" — dijo Ron como si nada —. Harry y yo le pedimos que nos consiguiera algo interesante que tú leyeras… a ver si aprendíamos un poco más como tú — añadió a modo de excusarse.

¿"Crookshanks"? — la castaña pareció anonadada.

Sí, él — respondió Ginny —. No cabe duda de que es un gatito inteligente.

Por cierto, Hermione, es curioso… — habló el pelirrojo otra vez sin permitirle que la aludida dijera algo más a favor de su mascota —… ¿tú lees estás cosas? — le cuestionó con incredulidad y un poco de burla —. Pensé que a una sabelotodo como tú sólo le gustaban los libros con puras letras… — le hizo la observación en tanto le quitó a su hermana el ejemplar de las manos —. Además — y pasó algunas hojas —, estos monos están algo feos… se parecen a Víktor Krum… — indicó.

¡No te atrevas a burlarte de Gokú! — la joven le arrebató la revista y la apretó contra sí —. ¡Él si es fenomenal, no como otros que conozco! — le puntualizó con ironía.

Ejem… — carraspeó la pelirroja para llamar la atención de los peleoneros —… creo que nos estamos olvidando de alguien — pues Ron ya pensaba en cuestionarle a Hermione sobre sus "malos" gustos, en su opinión profesional.

¡Oh, es cierto! — recordó la de alborotada cabellera volviendo a preocuparse —. ¿Entonces Harry despareció? — preguntó nuevamente dejándose caer en el sillón otra vez.

Se esfumó — confirmó Ron.

Y, lo peor de todo — agregó Ginny en tono triste —, no sabemos el porqué.

¡Ay, Harry! — Hermione hizo su mejor gesto de mortificación —, ¿qué fue lo que te sucedió?

Los tres soltaron un suspiro prolongado, sentados muy juntos en el sofá.

Pero tenemos que regresar a Namekusejin porque la historia no acaba aquí…

¿Otro insecto? — masculló Vegeta mirando al joven recién llegado con un gesto irritado —. ¿A cuantas sanguijuelas más tendremos que aguantar?

¿Su deseo era un muchacho? — preguntó Freeza abriendo los ojos con asombro —. ¿Para ver a un muchacho desperdició uno de mis estimados deseos? — y, después, su mueca se hizo escrutadora, mirando hacia Voldemort con un mohín de asco.

Bueno… tal vez extrañaba a ese joven — Gokú, por su parte, opinó con semblante alegre —, hasta no puede ocultar su emoción — observó.

¡Voldemort, deja de gritar que ya te escuché! — y Harry, cansado de oír los alaridos desesperados de su enemigo, le arrojó un conjuro —. ¡"Silencius"! — consiguiendo que el hechicero cerrara la boca y le lanzara una mirada de odio absoluto.

¡Hola, jovenazo! — el Saiyajin de peinado punk fue a saludar al joven mago —. ¿Acaso este señor mago es tu pariente? — le preguntó con educación.

¡Ni de broma! — respondió Harry ofendido sin haber prestado del todo atención a quien le hablaba, guardando su varita en la túnica —. ¡Él mató a mis padres, es el culpable de que yo sea huérfano!

Oh, eso si es feo… — Gokú demostró su pésame al poner gesto contrariado —. Así que es un sujeto malo…

Sí — puntualizó el muchacho y está vez sí dirigió la vista hacia su interlocutor, parpadeando atónito al reconocerlo —. ¿Go… Gokú? — balbuceó aturdido —. ¿Tú eres Gokú?, ¿Son Gokú, el del manga de "Dragon Ball"?

… — el aludido parpadeó con incredulidad —. Sí, mi nombre es Gokú — respondió afirmativamente, más en su rostro se dibujó una expresión de duda —. ¿Pero a que te refieres con eso de que soy el del manga de "Dragon Ball"? — y se rascó la nuca, intentando entender a que aludía el adolescente con esas palabras —. Por cierto, las "Dragon Balls" están allá — le señaló la dirección donde reposaban los mágicos orbes.

Guau… estoy en Namekusejin — Harry, por su parte, desvió la atención del Saiyajin y miró el paisaje oscurecido del planeta —. Es fabuloso… — pareció extasiado en sus introspecciones y después, como si apenas se percatara de que no estaba solo, se fijó en sus otros acompañantes —. ¡Allá están Vegeta y Freeza!... — exclamó emocionado —… ¡y los Namekusejin… y las esferas del Dragón… y Porunga! — dirigiendo la vista hacia arriba, admirando al ser sobrenatural —. Bueno, los dragones reales dan más miedo — agregó en voz baja y volvió la vista nuevamente a Gokú —. Dime una cosa, Gokú, ¿tú sabes por qué llegué a este lugar? — le preguntó educadamente con una media sonrisa de lado —. Sólo recuerdo que estaba en Hogwarts con mis amigos, y nos disponíamos a leer una de tus historias cuando… aparecí aquí por arte de magia.

Bueno, el señor mago pidió verte — respondió el aludido señalando a Voldemort —, por eso pensé que era algún familiar tuyo que te extrañaba.

¿¡Eso hizo Voldemort! — los verdes ojos de Harry se abrieron con sorpresa, y volvió la vista hacia el pálido hechicero, quien no hacía más que retorcer las manos con enfado —. Voldemort — el gesto y la mirada del joven mago se hicieron escrutadores —, ¿así que malgastaste un deseo de las "Dragon Balls" sólo para verme y burlarte de mi? — y se enderezó lo más que pudo, aguantando las ganas de carcajearse —. No cabe duda que Dumbledore tiene razón… — añadió tratando de sonar educado —… que necio eres.

¿Y ahora que vas a hacer? — le preguntó Gokú a Harry con amabilidad —. Estoy seguro que los Namekusejin podrían darte hospedaje… hasta los puedes acompañar a la fiesta que celebraran más tarde — le hizo la observación.

No, gracias — respondió el muchacho —, tengo que volver al colegio o mis amigos se preocuparan de más por mi ausencia. Pero antes… — y sacó de su túnica un pequeño rollo de pergamino y una pluma de ave —… me gustaría un autógrafo tuyo para presumirles a Ron y Hermione de que te conocí en persona — agregó extendiéndole el papel y dándole la pluma —. Y no te preocupes, esta pluma tiene corrector automático incluido — sonriéndole grandemente.

… — el de peinado punk parpadeó dudosamente mirando lo que el muchacho le entregaba —. ¿Qué tengo que hacer con esto? — preguntó.

… — Harry se quedó pasmado una fracción de segundo y después recapacitó porque nadie en el mundo de "Dragon Ball" le había pedido un autógrafo a Gokú —. Únicamente debes escribir tu nombre en el pergamino y me lo dedicas a mí, ¿de acuerdo? — le explicó con tranquilidad —. "Para mi amigo Harry, de Son Gokú" — y le dictó en tanto el cándido Saiyajin se esmeraba en escribir.

"Para mi amigo Harry…" — repitió —. Oye, joven, no es por ofenderte pero en realidad apenas te conozco… — y lo miró fijamente antes de continuar escribiendo —… así que no puedo decir que eres mi amigo.

Pero yo a ti si te conozco lo suficientemente bien — le indicó el de los verdes ojos encogiéndose un poco de hombros —. Muchas gracias — dijo guardando el pergamino en cuanto Gokú se lo regresó.

Voldemort pataleaba el suelo porque no podía hablar… tenía el coraje atravesado. Freeza y Vegeta parecían aburridos y los Namekusejin continuaban expectantes. Los mortífagos se iban acercando lentamente, pues la explosión que provocó Vegeta sí que los había enviado lejos. Se veían cansados por la caminata, y visiblemente lastimados.

¿Ese es… el pequeño Harry Potter? — exclamó Bellatrix Lestrange en tono de susto, tomando firmemente el brazo de Peter Pettigrew y señalando hacia donde el joven mago se encontraba parado, cerca de Gokú.

Así parece — dijo aquel fijando la vista en ese punto.

¿Y qué está haciendo en este planeta tan lejano? — volvió a cuestionarle, algo contrariada por la presencia del adolescente.

Posiblemente el señor Oscuro solicitó su presencia… aunque no tengo la menor idea de para qué — opinó no muy convencido.

¿Y cómo vas a regresar a tu casa? — por su parte, Gokú observó a Harry con gesto de duda —. Me imagino que queda muy lejos de Namekusejin… por eso el señor mago le pidió a este gran Shenlong que te trajera hasta acá.

Descuida, no tienes que preocuparte por eso. Voy a tener que aparecerme en Hogsmeade — respondió el chico con tranquilidad, y se encaminó hacia donde Vegeta y Freeza se encontraban —. Sólo espero no departirme — murmuró. Gokú le siguió —. Gran Vegeta, Príncipe de los Saiyajins… — saludó al arrogante Saiyajin con un poco de parsimonia —… me complacería obtener un autógrafo suyo — y le dedicó una leve reverencia en tanto le daba un pergamino y su pluma —. Sería todo un honor para mí.

… — el aludido cambió la cara por una mueca de asombro —. ¿Eh? — preguntó abriendo un poco la boca.

Vegeta, este simpático joven quiere que escribas tu nombre en ese raro papel — intervino el de peinado punk con su acostumbrada espontaneidad, dándole algunas palmaditas en el hombro a su coterráneo —. Yo creo que no te va a costar mucho trabajo porque me imagino que tú escribes mejor que yo — opinó —. Y tal vez le puedas dedicar más tarde poemas a Bulma — añadió sin pizca de vergüenza.

Kakarotto… — farfulló el Príncipe —, guárdate los comentarios impertinentes que nadie te ha pedido — y, aunque ustedes no lo crean, tomó con algo de brusquedad el pergamino y la pluma y firmó con elegancia —. Espero que te sea suficiente, mozalbete — le espetó al joven mago al darle nuevamente sus cosas.

Claro, majestad Vegeta — respondió el chico colocando sus artículos en un bolsillo interior de su túnica—. Bueno — se dirigió una vez más a Gokú —, ahora tengo que irme — y sacó su varita.

Oye, ese palito se parece al que trae el señor mago — observó Gokú —. ¿Para que sirve?

Es una varita mágica — explicó Harry levantándola —, y nos sirve para muchas cosas… Ah, por cierto, Freeza — se dirigió a la lagartija espacial —, vas a morir — le dijo antes de evaporarse en una nubecilla blanca.

¿¡Qué! — gritó el aludido, entre sorprendido y molesto —. ¡Maldito y mentiroso mocoso! — espetó y le disparó un poco de su energía maligna… no sirvió de nada porque Harry ya estaba en esos momentos en Escocia.

Fue en ese preciso instante que Voldemort recuperó el habla.

¡Pero como te odio, Harry Potter! — vociferó levantando el puño hacia arriba.

Nota de la autora: Y me fui más allá… ¿Qué pasará ahora con los mortífagos? ¿Harry habrá llegado sano y salvo a Hogwarts? ¿Cuáles son los deseos de Vegeta y Freeza? ¿Los conseguirán? No se pierdan el desenlace (al fin) de esta historietita que pretendía ser un solo acto. Sonrían.