CAPÍTULO 2: ¡Felices Juegos Del Hambre!


Hemos llegado al lugar en donde se hace el sorteo. Veo las caras desconocidas de siempre, más unas nuevas de los posibles tributos de doce años.

No he intentado lucir excepcional, nunca lo hago, me vestí de una forma casi formal; con una blusa blanca de botones y un pantalón negro deslavado. Algo que a nadie le favorecería. Mi peinado tampoco es algo especial; suelto, acomodado para dejar únicamente uno de mis dos ojos azules a la vista de la muchedumbre.

Después de Pasar por todos las formalidades para el sorteo, me reúno con Onika, que, al igual que a todos, muestra una cara de preocupación.

— Soy la única hija de mis padres… Creo que eso es lo que más me preocupa. — dice Onika con mucho pesar.

En sus planes están el tener hijos, criarlos y verlos crecer; es muy positiva cuando se trata de sus seres queridos.

— Descuida, si llegas a ser elegida como tributo, seré voluntaria para tomar tu lugar. —

Realmente lo haría y creo que ella merece más la oportunidad de vivir que yo. Mi único plan a futuro es seguir trabajando marcando árboles, ver los éxitos de mi familia y entonces, ya con una edad avanzada, fallecer. Además, creo que me estoy haciendo a la idea de que tengo que participar. Pero entonces varios pensamientos pasan por mi cabeza: Si muero en estos juegos ¿Cómo reaccionarían mis padres? ¿Si pierdo, todos estarán decepcionados?

Llega el nuevo encargado del sorteo; se presenta cómo Joan Wolph y da una aburrida plática con un tono de voz demasiado alegre para mi gusto. Es delgado, casi tanto como los más desnutridos en nuestro distrito; tiene un cabello alto, de color rojo intenso, que contrasta con un atuendo totalmente blanco. Su nariz puntiaguda asemejaba a las de las cabezas de cerdos que venden en el mercado para ocasiones especiales. Su piel, posiblemente alterada, es incluso más blanca que la mía, adornada por un rubor rosado; no es fácil decidir si es del mismo color del traje.

— Sé que estarán tan emocionados como yo por saber quiénes serán el y la joven que representará al su... hermoso distrito en la ¡septuagésima segunda edición de los Juegos del Hambre! — Al decir esto se quedó con los brazos arriba con una enorme sonrisa. Al parecer esperaba una reacción de felicidad, novato.

Se aclara la garganta y algo desilusionado voltea a la urna, que contiene el nombre de los destinados a ser arrojados en una arena de muerte.

Primero elegiremos a la afortunada jovencita. Siento una sensación fría en el cuerpo, como todos los años. Su pálida mano con uñas pintadas de rojo intenso baja lentamente al contenedor. Se ve que Alza su brazo, rápidamente en forma de victoria sin dejar a un lado el suspenso. Baja el papel que elige el destino de una vida y lo comienza a leer. Entonces, con una expresión de felicidad incrédula grita el nombre:

— ¡Aurora Roblee! —

Todos murmuran. Todos menos yo. Siento una gran depresión en mi interior, volteo a ver, con nervio, a caras aleatorias de mi alrededor. Al parecer nadie, más que Onika, sabe quién soy…

— ¡Aurora Roblee! ¡Pase al frente por favor! —

Lentamente empiezo a avanzar, encorvada mientras las miradas se enfocan en mí. En lo único en lo que pienso es… "esto ya lo sabía".

Todo pasa muy rápido, de repente me doy cuenta de que estoy en el estrado. Se escucha un grito que lleva dolor en él

— ¡Aurora No! —

Me doy cuenta al instante que es Oleander, siendo detenido por Alerce; él sabe bien que los agentes de la paz utilizan cualquier medio para detener alborotadores.

Intento no mirar a nadie más, nadie más que no sea Alerce, Oleander u Onika. Intento imaginarme que únicamente están ellos ahí abajo.

— Muy bien pues… continuemos — dice Joan Wolph con un despreciable tono cómico.

—El Afortunado Joven que peleará para el bien del distrito 7 es… —

Al parecer ha agarrado dos papeles con nombres. Si hay algo que hace más horrible el sorteo, seguramente es haber sido la elección de dos opciones.

— ¡Gordon Beaver! —

Al escuchar el nombre los presentes empiezan a hablar y a hacer expresiones de sorpresa. Beaver… me suena conocido ese nombre.

Al acercarse el obeso chico al estrado se ve despreocupado, incluso diría contento. Al subir avanza más de lo que debe avanzar, incluso de vueltas alrededor de Joan con un bailecito que da algo de gracia.

— Bien, Bien Gordon, Ahora toma tu lugar — Joan se ve algo exasperado por la actitud de Gordon.

— ¿Yo? ¿Que no puedo celebrar que haya ganado el sorteo? — Con una cara de ingenuidad ligeramente falsa y una mano dirigida hacia su propia cara, por fin avanza a su sitio.

— ¡Muy Bien Distrito 7, les presento a sus tributos para la septuagésima segunda edición de los Juegos del hambre! —

— ¡Que la Suerte esté Siempre en su Favor! ¡Felices Juegos! —

Mientras todo pasaba a nuestro alrededor yo observaba a Gordon. Intentaba recordad su piel morena y su complexión obesa. Ese debería de ser el indicador principal para reconocerlo. En éste distrito la obesidad es realmente extraña, incluso aunque no era extremadamente obeso, se podría decir que era Gordo…

Gordo… Gordon… ¡Un momento! ¡Eso es! Nunca he hablado con él, sin embargo él siempre ha sido muy popular en el distrito; por lo menos lo suficientemente popular para que yo lo conozca, con razón hubo tanto ruido al ser seleccionado.

Gordon saludaba a todos como si fuera algún famoso del Capitolio, incluso con una sonrisa. Yo simplemente intentaba ocultarme mirando hacia atrás y no ver al público.

En el edificio de Justicia recibo la visita de mi familia. Sus reacciones son muy predecibles. Oleander tiene los ojos húmedos, pero detiene sus lágrimas, siempre ha intentado verse como un tipo rudo. Alerce definitivamente no puede contenerse, pero no hace un escándalo, al contrario de mi madre. Mi padre me mira como si estuviera viendo a un animal pequeño morir, creo que me tiene lástima. Pine empieza a hablar de técnicas de supervivencia pero súbitamente se le ocurre la idea ridícula de remplazarme, no los culpo, yo estaría en la misma situación; no podría ser voluntaria de ellos, así como ellos no pueden ser de mí.

El poco tiempo que tuvimos lo utilizamos para abrazarnos en silencio, y finalmente, despedirnos. Mi madre simplemente no podía soltarme y mi padre la intentaba consolar de toda forma posible, sin éxito alguno.

— Mamá, iré al Capitolio, incluso veré si todo lo que dicen las revistas es verdad; cuando regrese como vencedora te diré si es cierto o no — Al parecer mi intento de consolarla la hace llorar aun más.

— Fíjate bien en todo lo que comes, cuando regreses debes de describirme lo que viste para que te prepare todos esos platillos y más — Dice Alerce con las lágrimas cayendo de su cara.

— Y no comas ninguna baya, eres demasiado torpe para recordar las venenosas— me aconseja Oleander y me da un pequeño empujón en el hombro.

—Haz todo lo necesario para ganar, nuestra familia es de vencedores ¿Entendido?—

Agito la cabeza en modo de afirmación a Pine y mi padre me da un último abrazo antes de que los agentes de paz los saquen a la fuerza de la habitación.

Después de mi familia entra chillando inmediatamente Onika.

— ¡Aurora lo siento! ¡No pude hacerme voluntaria! ¡Soy débil!—

— Onika, nunca digas eso, jamás te hubiera dejado ser un tributo, tú tienes planes, una verdadera vida— le respondo — Además, ya sabes que yo ya me había echo a la idea de salir seleccionada. —

Onika sorbe por la nariz y de improviso saca un pequeño broche amarillo de su bolsillo.

— En el instante en el que pude salir de ahí fui a tu casa, le conté a tus padres lo sucedido y tomé el broche que hice para ti hace 7 años— Sorbe nuevamente por la nariz — Éste era el plan en el que habíamos quedado en caso de ser elegidas ¿Recuerdas? —

Cuando teníamos 8 años armamos unos pequeños broches en forma de mariposa. Cuerpo de madera y alas de un bonito color; la de ella con alas amarillas y la mía con alas azul claro. Los hicimos cada quién para la otra y acordamos de que, en caso de ser seleccionadas como tributos, los utilizaríamos como recuerdo de nuestro distrito.

El agente de paz dice que es suficiente tiempo y Onika me abraza fuertemente.

— Siempre has sido mi mejor Amiga — me dice con gran tristeza.

— Tú también has sido la mía Onika —

Nos despedimos con una sonrisa sincera y sale del cuarto.

Al llegar a la estación yo simplemente intento ser indiferente ante las cámaras. No quiero que me vean, no quiero ser notada. Gordon Beaver, parece amarlas. Se regodea, guiña el ojo de su no muy agraciada cara, y ríe sin preocupación. Pareciera que se ha ganado la presidencia al Capitolio.