Disclaimer: El Potterverso no me pertenece. Una pena.

Este fic participa para el reto especial de aniversario "Lo bueno viene de a cuatro" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.

Primavera, verano, otoño, invierno… y otra vez primavera

II

Verano

Cuando eran pequeñas, las dos hijas de Percy Weasley eran inseparables. Ahora, en plena adolescencia, no hacen más que pelear y discutir por las cosas más tontas. Como el vestido que Lucy le ha cogido prestado a su hermana mayor.

—Pero si soy mucho más gorda que tú —protesta la afectada, cruzándose de brazos y arrugando el ceño de una forma que la hace aún más parecida a su abuela Weasley, de quién ha heredado la nariz y la forma de fruncir los labios—. Te va a quedar fatal.

Lucy sacude su melena caoba —ha heredado el rojizo de los Weasley, para envidia suprema de Molly, cuyo pelo es café apagado y soso. Ni siquiera es sedoso y bonito como el de su madre— y sonríe. Las pecas en la punta de su nariz parecen más notorias que nunca, seguramente por las horas que ha pasado afuera en las semanas que llevan de vacaciones.

—Puedo ajustarlo. Tía Fleur me enseñó unos hechizos para eso. No te preocupes —añade con un gesto de la mano—. Te juro que puedo dejarlo como antes.

—¿Y para qué lo quieres?

—Tengo una cita.

—¿Con quién?

Molly no puede evitar sentirse un poco celosa al escuchar eso. Todo el mundo ama a su hermana. Porque es guapa, simpática y todas las cosas que ella no es. Incluso es la capitana del equipo de Quidditch de Hufflepuff. Después de que aplastaran al equipo de Gryffindor —que es capitaneado por Lily, la que se pasó dos semanas sin hablar con su prima—, su hermana se había vuelto aún más popular.

Y ahora esto.

No es justo. No es justo que Lucy haya obtenido todo lo bueno y ella se haya quedado con lo peor. Con los kilos extras, los granos y los anteojos gruesos. Por mucho que sea la primera de su clase, a nadie le importa eso.

Nunca la han invitado a salir.

—McLaggen.

—¿Aidan McLaggen?

No sólo es el chico más guapo de Slytherin, sino que Molly también ha estado enamorada de él desde que entraron al colegio. Nunca se lo ha dicho a nadie, porque se muere de vergüenza de que alguien lo sepa y que se burlen de ella. Porque obviamente Aidan nunca querrá nada con ella.

—Que te vaya bien —musita, sin más ganas de discutir con su hermana. Sale de la habitación que comparten y cierra la puerta.

Es demasiado injusto.

-o-

Tía Fleur los ha invitado por unos días a Shell Cottage. Molly se ha llevado un montón de libros que quiere leer y se acuesta en su toalla mientras los demás empiezan a jugar vóleibol en la arena. No ha hablado con Lucy desde esa noche. No quiere escuchar nada acerca de Aidan y su cita con su hermana. Seguro que cuando vuelva a Hogwarts tendrá que escuchar todos los detalles en la sala común. Aidan nunca ha sido callado acerca de sus conquistas.

Intenta alejar el tema de su cabeza y concentrarse en lo que está leyendo. Una historia sobre una enfermedad que acaba con prácticamente toda la población mundial y cómo era la vida de los supervivientes veinte años después.

No ha avanzado mucho cuando una pelota aterriza en la mitad de su libro. Levanta la vista, sólo para encontrarse con Lucy mirándola con los ojos muy abiertos.

—Lo siento mucho, Molly —le dice mientras se inclina a recoger la pelota. Molly le lanza una mirada asesina y se levanta, sacudiéndose la arena de la trenza.

—Vete a la mierda, Lu —masculla mientras se aleja a grandes zancadas de ahí, dejando su libro sobre la arena.

Uno de sus lugares preferidos de la casa de su tío Bill son las rocas al final de la playa. Cuando era pequeña, sus padres no la dejaban subir a ellas, pero hacía años que podía hacerlo sin problemas. Trepa a las rocas y se sienta en lo más alto, rodeando sus piernas con los brazos. Se queda así mucho rato, a pesar del viento que corre a su alrededor. No quiere volver con sus primos por un buen rato.

—¿Molly?

Reconoce la voz de su tía Hermione. Tío Ron le ha insistido en que tome vacaciones, aunque se ha llevado varios informes para leer en la playa.

—Estoy bien —intenta decir, pero su voz la delata. Hermione ha trepado junto a ella y le pasa una mano por la espalda—. No quiero hablar de esto.

—Está bien —responde su tía, cuyo pelo espeso y rizado está suelto al viento—. Pero si quieres hablar, puedes hacerlo conmigo —añade con una sonrisa.

—No vas a entender.

—Pruébame —replica ella alzando una ceja.

—Es… Lucy. No es justo.

—¿Qué cosa no es justa?

—Que… ella tenga todo —musita Molly, sin mirar a su tía—. Es guapa, buena para los deportes, los chicos la quieren… Y yo soy gorda y patética.

—No eres nada de eso, Molly —responde su tía—. Eres una chica muy lista y simpática. No tienes nada que envidiarle a tu hermana.

La chica le dirige una mirada de soslayo. Su madre insistía en decirle lo mismo y ella tampoco estaba segura de que fuera verdad. Seguro que sólo lo decía porque la quería y esas cosas no cuentan. Lo sabe todo el mundo.

—Ya.

—¿No me crees? —pregunta su tía. Ella niega con la cabeza—. Seguro que esto lo sabes, pero supongo que no está de más que te lo repita: hay cosas mucho más importantes que ser bonita o popular.

Molly rueda los ojos. Conoce ese discurso. Y no lo soporta.

—No entiendes.

—Puede que no. Yo no tengo hermanas. Pero… recuerdo lo que se sentía cuando todas parecían más bonitas y populares que yo.

La adolescente mira a su tía con interés. Porque siempre ha pensado que su tía Hermione es una de esas mujeres a la que todo el mundo admira. Es listísima y es muy importante en el Ministerio. Y una heroína, para terminarlo.

Toda su familia está llena de gente genial. Ella es la que ha quedado afuera.

—¿Y sabes qué más? Ni siquiera soy capaz de subirme en una escoba —añade Hermione con una mueca burlona—. Y tu tío Ron no me soportaba cuando nos conocimos.

Molly arruga la nariz. Le cuesta creerlo.

—Te prometo que todo esto va a pasar —insiste su tía.

Ella decide aceptarlo. Quizás porque parece un tanto increíble. Tía Hermione es genial, ¿cómo podría ser que alguien no la soportara? Mucho menos el tío Ron, que obviamente la adora por sobre todas las cosas.

El sol se está empezando a poner y el viento en la playa hace que los vellos en su piel se ericen. Tía Hermione dice que es mejor que regresen a la casa, que seguramente la abuela Molly tendrá algo rico para comer.

Molly duerme en una habitación en el segundo piso, junto a Roxanne, Lily, Lucy y Rose. Están un poco apretadas, pero es divertido pasar tiempo juntas. A veces. La chica se dirige directamente al dormitorio, para quitarse el traje de baño y ponerse ropa de andar por casa.

Lucy está ahí, sentada sobre su cama.

—Mo… Siento lo que pasó allá. No quería tirarte la pelota encima, te lo juro. —Es lo primero que dice, rápidamente—. Por favor, no estés enfadada conmigo.

Lucy es de esas personas que no pueden evitar ser sinceras en todo momento. Su padre suele reírse y bromear con que su hija menor es físicamente incapaz de decir una mentira. Y parece realmente arrepentida por lo sucedido.

—Está bien —responde luego de unos momentos de silencio—. Yo también fui tonta, la verdad. No debería haber explotado así —añade con una mueca de disculpas.

—Todo bien.

Lucy parece querer decir algo más. Se nota en la forma en que mueve los dedos, como si estuviera particularmente nerviosa.

—¿Puedo preguntarte algo? —musita bajito. Molly no está acostumbrada a ver a su hermana así, porque Lu siempre es muy segura de sí—. Es… sobre Aidan.

Molly siente que el corazón se le detiene en el pecho. Duele un poquito.

—¿Qué cosa? —logra decir.

—Es… ¿siempre es tan idiota? —pregunta su hermana con una mueca—. En nuestra cita, lo único que hizo fue tratar de ponerme las manos encima. Tuve que usar un moco murciélago, Mo. ¡No me dejaba en paz! Y no tiene temas de conversación. Sólo él y su escoba.

Molly mira a su hermana, con un deje de incredulidad.

—¿De verdad?

—De verdad. ¿Cómo lo soportan en Slytherin? —Ha cogido un cojín y lo estrecha contra su cuerpo. Molly se deja caer de espaldas en la cama.

—No lo sé. Nunca me lo había preguntado. A la gente le cae bien y ya… —musita, preguntándose a sí misma por qué le gusta tanto el chico si lo que dice su hermana es verdad.

—¿De verdad? Porque tiene la personalidad de una planta muerta —se burla Lucy—. Molly, deberías juntarte con gente más interesante —añade con una sonrisa—. Eres demasiado genial para estar con alguien así, en serio.

Lucy nunca dice mentiras.


Nunca escribo de la TG, pero la verdad es que ahora me he quedado prendada de estas dos y probablemente escriba más acerca de ellas en el futuro. Pero no se apuren, porque no será pronto.

¡Hasta la otra viñeta!

Muselina