Capitulo 2: Un toque a violeta
Subió a toda prisa las escaleras. Aquella situación ya comenzaba a estresarle. Sabía perfectamente las intenciones de Saori y creía prever cuales eran las de Ertia, pero por más que su cuerpo le pidiera un revolcón con aquellas bellezas, no era eso lo que estaba buscando. Ya tuvo bastante con la temporada que pasó con Saori. No se iba a engañar, pues se lo había pasado en demasía bien, pero él buscaba algo más que eso. Buscaba a una compañera con quien compartir la vida y no solo la cama, aunque no podía descartar eso, pues era obvio, eso también era importante. Suspiró pesadamente mientras dejaba el casco en su lugar y se dejó caer en la cama. El entrevistador le había puesto en más de un aprieto por todo lo que le había pasado al cantante de aquel grupo.
Mientras, las muchachas que una vez estuvieron en la cocina, se encontraban cada una en un lugar distinto. Saori, aprovechando que era la dueña de la casa, subió las escaleras para dirigirse a la habitación de aquel Adonis. Se aseguró que nadie más estaba en los alrededores y tocó la puerta de aquella habitación.
Shun, un tanto descolocado y preparado para darse una ducha abrió la puerta sin siquiera contestar. Cual fue su sorpresa al ver a Saori. La muchacha tampoco se quedó tranquila, pues aquella imagen de Shun descamisado y sujetando la puerta de aquella habitación le emocionó en demasía. Se mordió el labio inferior ante aquella visión, cosa que incomodó al joven caballero.
- ¿Puedo ayudarte en algo?
"¿Qué si puedes ayudarme en algo? Pues claro que sí que me puedes ayudar" Suspiró tras pensar y se adentró de manera tranquila en la habitación.
- Pues… la verdad… quería que me ayudaras un momento. – Ya sabía perfectamente que le iba a pedir – Verás, es que hay unas cajas en mi armario que no puedo alcanzar y como tú eres más alto… - Miró de nuevo aquel perfecto abdomen marcado por aquellos bien formados músculos – pensé que…
- Vamos
El muchacho suspiró levemente y tras sujetar a Saori de la muñeca izquierda, salieron de su habitación, camino hasta la de ella, entraron y la soltó para encararla tranquilamente.
- ¿Qué caja tengo que bajar?
Saori le mostró una sonrisa un tanto pícara y se dirigió al armario, abrió la puerta corredera y le señalo una de las cajas colocadas en la parte superior del mismo. No le engaño al decirle que no llegaba, pues en verdad el estante estaba alejado de las manos de la chica. Shun suspiró comenzando con aquella labor, pero en cuanto alzo las manos para llevarlas a la caja, Saori se le colocó en su espalda, remarcándole con gracia aquellos dos bultos perfectos que tenía como pechos. Las manos de la muchacha recorrieron el bien formado tórax del chico, recorriendo todo sus músculos hasta llegar a la entrepierna.
Shun dio un brinco y se libro de Saori.
- Ohh.. Para. – Las manos del muchacho estaban levantadas a la altura de su pecho, mostrando las palmas, como tratando de alejar a la chica de su lado.
No era para menos, pues no tenía ganas de caer en las redes bien tejidas de su Diosa. Estaba cansado de esa situación y quería cambiarla. Y aunque estaba necesitado, no podía dejarse llevar o volvería a caer en la relación enfermiza que compartía con Saori.
Sin embargo, a la muchacha en cuestión, le habían entrado ganas de jugar y él era su juego favorito. Se mordió el labio inferior de una forma muy sensual y caminó hacia Shun con paso firme, dispuesta a cabalgar sobre él si hiciera falta.
- Déjalo ya Saori.
El muchacho la esquivo cuando esta le saltó encima, haciéndole utilizar un poco de su cosmos para actuar rápidamente. Se colocó a espaldas de la chica y se dirigió hábilmente hacia la puerta.
- Shun! – Llamó la chica con un tono autoritario – Aún no me has bajado la caja!
"La caja que quieres que te baje no está accesible" pensó el muchacho, pero no podía decirle que no a un pedido como aquel a su Diosa. Esa misma obligación que sentía para con ella era la misma que le había causado caer en sus manos y aun así, era prácticamente imposible decirle que no. Volteó suspirando y accedió a la dichosa caja, la depositó sobre la cama y se volvió a alejar hasta la puerta.
Sin duda Saori ya estaba recostada en la misma, con el tirante de aquel estrecho mini vestido bien caído, dejando visible el hombro y demostrando que no carecía exactamente de pechos firmes. Se puso el dedo índice de la mano izquierda en la boca y movió el cuerpo brevemente de un costado a otro, mostrándose inocente y realmente apetecible.
El corazón de Shun no podía ir más acelerado, y no hablemos de su entrepierna, que clamaba por colarse en la de la chica. Su voz salió con voluntad propia cuando sus verdes ojos se posaron en aquel escote.
- Joder!
Fue lo único que necesito para que Saori se le arrimara y lo empujara hasta la cama, justo al lado de la caja recién dejada. Hábilmente se colocó sobre Shun y comenzó a desabrochar la camisa que llevaba su caballero puesta. Shun estaba absortó, perdido en aquel pequeño hueco entre esos perfectos pechos, tantas veces degustados con anterioridad. Sin uso de la razón, pues su amigo nublaba cualquier rastro de ella, volteó a la muchacha y comenzó a devorar con ganas aquel cuello, bajando lentamente por su hombro hasta llegar a aquel canalillo que le volvía loco. Saori no pudo evitar soltar un gemido de placer y más sabiendo que se iba a entretener un rato con aquel magnífico y torneado cuerpo.
Andrómeda había desprendido un poco más el vestido y estaba degustando del pecho izquierdo de la muchacha mientras le masajeaba, no muy dulcemente, el derecho. Aquello era perfecto para descargar su hombría pues ya hacía bastante que eso no le pasaba y lo venía necesitando.
- Oh! Shun!
Un atisbo de su razón regreso al escuchar aquel nombrado. Se levantó y salió de la habitación sin decir nada, dejando a la muchacha tan caliente como lo estaba él. Él así lo había decidido. No se iba a dejar llevar por ese tipo de juegos, pues aunque sí eran placenteros, le dejaban la mala sensación de estar perdiendo el tiempo.
Se dirigió hacia su habitación, pero antes de cerrar la puerta, una de las amazonas se le coló en la misma.
- Shun, me gustaría hablar contigo.
"¿Hablar? Eso no es exactamente lo que necesito ahora y Dios! ¿Otro escote? No! No! No!" Sus ojos habían ido a parar irremediablemente al escote de la chica, que vestía un pequeño palabra de honor, dejando al descubierto sus bellos y atractivos hombros. Abrió los ojos, al parecer demasiado, y dio media vuelta para salir de su habitación. Si se quedaba ahí podría hacer algo que realmente le estaba costando no hacer.
La puerta se cerró en sus narices y quedó atrapado entre los brazos de la chica, que se recargaba en la puerta, quedando bien cerca del muchacho, tanto que este tubo que ubicar sus manos en su abultado paquete para no ser descubierto.
- ¿Qué haces? – La voz le salió en un hilo, tan apenas audible para alguien que no estuviera tan cerca como aquella chica.
- Verás… - La amazona llevó sus manos al pecho del chico y continuó con la tarea que Saori había dejado a medias. – He pensado que… - Se mordió el labio inferior mientras recorría aquel fuerte pecho con el dedo índice de la mano derecha – Me gustaría…. – Acortó la diminuta distancia que quedaba entre ellos y llevó su mano izquierda por sobre las de Shun, obvio notando su estado – Vaya! Veo que te alegras de verme!.
Shun se avergonzó por un momento y sacando fortaleza de donde solo Dios supo, alejó a la muchacha y salió a todo prisa de su propia habitación. Necesita encontrar un lugar donde descargarse y a ser posible, alejado de toda entrepierna femenina.
"Hermano!" su menté pensó con rapidez y salió de allí como alma que lleva el diablo, dispuesto a que el aire que recibiría al conducir le serviría para alejar todo pensamiento pecaminoso. Salió de la mansión y se dirigió hasta el garaje, en donde estaba guardada la moto, pero se maldijo por haber dejado el casco en su habitación. Decidido salió del lugar corriendo, prácticamente a la velocidad de la luz.
Llegó hasta la concurrida calle en donde su hermano estaba afincado y tras bajar la velocidad, se adentró hasta el portal de aquella céntrica y bien conservada finca, tocó el interfono y espero hasta que escuchó el sonido característico de la puerta al abrirse. Se adentró en el edificio y subió las escaleras, más para calmarse que por necesidad, hasta el ático en donde vivía su, ahora rico, hermano. Llegó al octavo piso y se dirigió por el pasillo hasta entrar en el lugar.
- Ikki? Hermano? – Su voz sonó cansada y un tanto alterada por el ejercicio realizado.
Shun cerró la puerta tras de sí y comenzó a buscar a su hermano con la vista, pero al no encontrarle, comenzó a buscarlo físicamente por el lugar.
- Cocina.
Tras escuchar aquella palabra, se encaminó directo hacia esa estancia. Podía escuchar el característico sonido del aceite en la sartén y ese olor que le acercaba a su juventud, cuando compartió la casa de su hermano mayor. Una sonrisa se plantó en su rostro, al recordar a Ikki con aquel extravagante delantal negro pero se borró al ver a su hermano extrañamente acompañado por una amazona, y no cualquier amazona, sino la que fuera su amiga: June de Camaleón.
- ¿June?
Eso fue lo primero que pudo decir al entrar, sin siquiera saludar al dueño de la casa, que ahora le miraba como recriminando aquella actitud.
- ¿Qué? ¿No te enseñé a saludar?
- Aa… - El chico aún estaba un tanto confundido, pero siendo regañado por su hermano, volvió a actuar como siempre le habían enseñado – Buenas noches hermano…. – Miró a la muchacha, que le sonreía de una manera divertida – June.
- Buenas noches Shun. – Respondió la muchacha con un leve rubor en las mejillas y no era para menos pues aun conservaba la camisa desabrochada.
- ¿Ahora eres exhibicionista o es…. – Señalo Ikki al pecho de su hermano menor – una nueva moda?
Shun se percató en ese instante de la camisa desabrochada. Había estado tan ensimismado que no se había dado cuenta de ella. Con un leve sonrojo en sus mejillas, comenzó a abrochar los botones lentamente, deseando desaparecer en ese instante por presentarse así ante su hermano mayor. Ikki regresó la vista a los fogones y June, amablemente se prestó a ayudarle. Se levantó de la silla silenciosamente y se quedó a escasos centímetros de Shun, abrochando aquellos sueltos botones. Shun se dejó hacer y contempló como la chica le abotonaba y adecentaba la camisa, sin embargo sus ojos no cayeron en aquel profundo escote, sino que seguían perdidos en aquellas finas y delicadas manos. Su corazón volvió a brincar en su lugar y cerró los ojos al notar aquel olor que le había acompañado desde pequeño. Un leve olor a violetas, aquel que siempre le había rodeado desde que estaba en la isla de Andrómeda y que siempre notaba cuando June estaba presente. Seguía ensimismado en aquel leve aroma cuando notó que el contacto ceso. Abrió los ojos y se ruborizó al notar que June volvía a estar sentada en aquella silla, pues no sabía en que momento había abandonado su lado y él seguía divagando.
Esa sensación era la que le invadía últimamente y no le dejaba descansar en la cama. Su hermano le sacó de toda ensoñación.
- June me dijo que vendrías a cenar, así que siéntate.
Miró a la muchacha extrañado, ¿Cómo podía ella saber que iba a acabar en casa de su hermano? ¿Es que acaso sabía lo que le había pasado con las otras dos chicas? Dejó de pensar en ello, cuando su hermano sirvió la cena para los tres y se acomodó en una de las cuatro sillas junto a ellos.
June sonrió complacida: Su primer ataque había sido una victoria.
