Hola...no, de verdad, lo siento.

Me molestó dejar esta historia porque realmente me pareció que les interesó a muchos, y eso me gustó. Pero por falta de inspiración y de algo de tiempo, no la seguí, se que fueron muchos meses pero la retomaré.

Espero les guste!

Nota 1: Decidí cambiar las "comillas" por -rayas- en los diálogos.

Nota 2: No conozco bien el Área Oscura, por lo que en su mayoría son ideas hechas por mí, todo de acorde a lo que necesito. Y a lo que Wiki puede darme.

Nota 3: Ibwamon está sacado del Demonio Filipino "Ibwa", demonio que se alimenta de cadáveres.


Ni digimon ni sus personajes son de mi propiedad, le pertenecen a Bandai. O a Hongo, o no sé.


Capítulo 2:

(Nido de los Demonios, Área Oscura.)

Barbamon se encontraba en su guarida, descansando en su imponente trono, observando por una esfera de cristal como el líder de los elegidos de segunda generación caminaba por el inmenso bosque, sin saber siquiera donde se encontraba. Rio de manera divertida al verlo dar vueltas en círculos, si algo tenía el Bosque Malvado era esa peculiaridad, si no conocías bien ese lugar era muy probable que termines perdido en cuestión de segundos. Juntó ambas manos, sonriendo malévolamente al ver que su plan estaba cerca de comenzar.

- Señor Barbamon, ya tenemos todo listo para ir en busca del elegido del Valor y la Amistad - oyó decir a un Devimon hizo acto de presencia ante él, hincándose de rodillas antes de dirigirle la palabra, sabiendo que era muy probable que lo ejecutara si no le trataba con el respeto que merecía.

- Bien, Devimon, entonces ¿Qué esperan? - sonrió con gracia al ver como el ángel caído sudaba frio.

- Bueno…nosotros…

- ¿Cómo está el digihuevo? - cambiando de tema, y no queriendo acabar con su lacayo, Barbamon decidió preguntar sobre su huevo, su más valioso tesoro.

El ser digital suspiró con alivio, recomponiéndose.

- Bien, señor, no se ha presentado ninguna anomalía y se espera a que nazca en breve. Más precisamente cuando tengamos al niño en nuestro poder - respondió.

- Bien, entonces vayan a buscar al chico, y tráiganmelo. Iré a ver al huevo - el señor demonio dejó marchar a su sirviente y se dispuso a revisar su preciado tesoro. Ya vería que pasaba con el elegido después.


(Bosque Malvado, Área Oscura.)

Davis estudiaba, con sorpresa y desconcierto, el inmenso bosque oscuro que lo rodeaba. Había estado caminando por más de dos horas y no pudo encontrar ningún indicio que lo pudiera ayudarle a orientarse, no tenía idea donde se encontraba y menos como podría llegar a la Isla File.

- ¡Hola! - gritó, intentando que alguien apareciera y pudiera ayudarle. Resopló con fastidio al caer en cuenta de lo tonto y arriesgado que era eso; si estaba la mínima posibilidad de que lo escuchara alguien, en este momento, quien sea, probablemente no sea nada amigable. Lo mejor, de momento, era seguir avanzando en silencio e intentar no toparse con nadie.

Caminó varios metros, que realmente le parecieron kilómetros. Agradeció su buena forma física, ya que de otra manera se encontraría agotado por el tiempo que llevaba dando vueltas.

- ¿Uh?

Un extraño sonido hizo eco en sus oídos, al principio no pudo distinguir con claridad que era o de donde provenía, pero al agudizar sus sentidos, lo supo. ¿Ronquidos?, Decidió que no era momento de acobardarse, menos por algo así, y se adentró más en las profundidades del bosque oscuro, buscando al dueño de ese sonido. Siguió caminando, sintiéndose cada vez más cansado y con dificultades para respirar, agregándole el hecho de que no podía ver casi nada debido a que la luna comenzaba a esconderse entre las nubes grises del cielo.

Davis sentía como sus fuerzas se iban debilitando con cada paso que daba. Sus ojos le pesaban y empezaba a sentirse cansado, pero no se detenía, comenzaba a percatarse de que el ronquido se hacía más fuerte con cada paso que avanzaba. Hasta que se detuvo y vio cómo, en la copa de un gran árbol, descansaba una especie de demonio koala. Davis se acercó y se sostuvo de la corteza del árbol, jadeando al sentir su cuerpo extremadamente pesado.

- ¿Qué clase de digimon es ese…? - murmuró con cansancio. No entendía la razón de su estado, hace unos momentos se encontraba perfectamente bien y ahora le costaba todo, incluso respirar.

- ¿Hum?

Para su muy mala suerte, vio como el digimon parecía despertar y se percataba de su presencia. En su actual condición, le era imposible defenderse si esa criatura sentía deseos de hacerle algo. Aunque se veía inofensiva. Sin poder sostenerse por cuenta propia, llamó a la pequeña criatura, creyendo que a lo mejor no era maligna e intentó aferrarse al árbol, pero desistió y cayó de espalda al suelo.

"¿Solo esto puedes hacer, Davis? Que patético".

Se maldijo por su debilidad. Recordando la razón por la cual estaba en ese lugar, volvió a intentar reincorporarse pero esa criatura se lanzó desde arriba del árbol hasta su pecho, haciéndolo chocar contra el duro suelo. Podía ver unas garras jugar con su ropa hasta que vio, ya con la vista nublosa, como la vista de ese koala demoniaco se posaba en algo que estaba frente a ellos, pero que a él le era imposible de ver. Lo sintió moverse de su pecho y salir huyendo.

- ¿Este es el chico? - escuchó una voz, algo fría para su gusto. Sintió varias criaturas acercarse a él.

- Sí. ¡Ustedes, cárguenlo! – una voz más grave y autoritaria que la anterior lo hizo removerse, aunque poco pudo hacer.

- Sí, señor Devimon – al instante, sintió como varios pares de manos lo tomaban de sus extremidades y no supo qué ocurrió después. Todo fue oscuridad.


(Tiempo después…no muy lejos de ahí.)

Su cabeza le dolía a horrores. Era como si cientos de agujas se insertaran en su cerebro y se lo perforaran, haciéndole soltar un gemido de dolor al momento de despertar de su inconsciencia, en un lugar que no reconoció.

- ¿Dónde estoy? - se preguntó a sí mismo, percatándose de donde se encontraba. Un amplio cuarto, completamente blanco, con una cama, una pequeña mesita y unas cortinas tapando las ventanas, todo completamente blanco.

Aun con el dolor punzante en su cabeza, decidió inspeccionar el lugar, revisando los cajones de la mesita y encontrándolos completamente vacíos. Decidido a averiguar donde se encontraba, se dirigió a la ventana, haciendo a un lado las cortinas y topándose con una imagen surreal.

- Este no es el Digimundo… - no sabía si estaba en lo cierto, pero aquel paraíso demoniaco no le agradaba en nada. Allí, fuera de donde sea que se encontraba, podía ver con claridad un inmenso territorio de tenebroso aspecto; montañas volcánicas, un cráter de apariencia extraña, un valle oscuro e incluso pudo dar con el bosque donde se encontraba hace no mucho.

Tragó duro al ver que ese bosque era inmenso, casi parecía no tener fin y perderse en la infinita oscuridad que rodeaba todo ese lugar. Aunque aquello no le llamó tanto la atención como el inmenso e imponente castillo que se alzaba, a varios kilómetros de donde se encontraba actualmente.

- Veo que ya has despertado – una voz a su espalda lo alertó de sobremanera, poniéndose en guardia y dando media de vuelta rápidamente. Frente a él, un ser con apariencia de payaso que reconoció al instante, lo veía con cierta diversión.

- ¿Piedmon?

- Lord Barbamon está esperándote, niño, quiere verte – avisó con cierta advertencia el digimon oscuro, advertencia que le decía que no intente negarse.

Davis suspiró con resignación. ¿Qué iba a hacer él, sin Veemon para ayudarle?, decidió obedecerlo sin rechistar. Siguió al payaso hasta la puerta que, hasta ese momento, no había notado. Comprobó al salir que era igual de blanca que la pared y, al no tener picaporte de su lado, siquiera se percató de que estaba allí.

Caminaba, en silencio, varios metros detrás de Piedmon. Con sus ojos revisaba cada rincón del pasillo, sin perder detalle de cualquier cosa que pudiera ayudarle en una posible huida, las paredes y el techo eran igual de blancos que el cuarto donde despertó y siquiera había otras habitaciones para esconderé, aunque Piedmon pareció percatarse de su intención.

- No tiene sentido que lo intentes, no hay forma de que escapes de aquí. El Área Oscura decide quien sale y quien entra.

"Oh, mierda. El Área Oscura. Entonces sí estoy en el Digimundo, aunque sería mejor si no lo estuviera".

No respondió, solo siguió su camino. Pero, a pesar de la confusión que albergaba en su ser, no estaba temeroso de encontrarse con ese sujeto llamado Lord Barbamon, se sentía inusualmente calmado.

De repente, su cuerpo se convulsionó. Sus pasos se detuvieron y tuvo que sostenerse la cabeza y apretar los dientes con fuerza, en un vano intento de calmar ese profundo dolo que sentía. No gritó, no lloró, ni emitió sonido alguno, luego de varios minutos en esa posición el dolor ceso y pudo volver a respirar.

Piedmon no se había movido de su lugar, y lo observaba con seriedad. Davis inhaló y exhaló varias veces, antes de pronunciar un escueto "sigamos".

- Parece que comienza a hacerte efecto.

- ¿Hacerme efecto? ¿Qué cosa?

- La oscuridad de aquí – Piedmon extendió ambos brazos, indicando todo el territorio - del Área Oscura, está llena de los sentimientos oscuros de los humanos, y al cruzarse con los tuyos, te ocasionan esos malestares.

- Vaya, ¿dices que mis sentimientos negativos me causan esto? – preguntó para aclarar.

Sin embargo, Piedmon no respondió, en su lugar reanudó su andar en silencio. Luego de suspirar con alivio, Davis decidió que no tenía caso indagar más; ahora mismo sentía odio, rabia, tristeza, decepción, un conjunto de sentimientos que no eran usuales en su persona.

Cuando el trayecto parecía no tener fin, divisó una enorme puerta (qué casualidad, también blanca) frente a él y aquel payaso. Hizo caso a las palabras del digimon, y se adentró solo en aquel cuarto. La oscuridad cubrió sus ojos varios segundos hasta que sus ojos comenzaron a acostumbrarse a la falta de luz, aunque poco tuvo que esperar ya que la sala se iluminó intensamente, irritándole los ojos por un momento.

- ¿Qué rayos…? – frente a él, se encontraba un enorme huevo de un cristal transparente, que le permitía ver su interior. Un líquido carmesí se hallaba dentro de él, pero su atención se encontraba centrada en una pequeña criatura que descansaba dentro de él. No podía distinguir más que una sombra, pero daba la apariencia de un humano…con cuernos y en la posición de un feto.

- ¿Te gusta?

Una voz a su espalda lo alertó. Se giró para toparse con el anciano que, suponía, era Barbamon. Este se le acercó lentamente, pero con la vista en el enorme huevo, hasta ese entonces Davis no había notados las tres pequeñas mangueras que estaban conectadas al huevo y que parecían inyectarle una sustancia.

-¿Quién eres?, ¿Qué hago aquí?, ¿Y Gennai? – no fue algo ingenioso, pero pensó que a lo mejor ese sujeto sabría las respuestas. Aún no entendía por qué se comportaba de manera tan relajada; estaba en el Área más siniestra del Digimundo y no estaba asustado.

- Calma un poco chico, deja que hable, luego preguntas – le respondió el Señor Demonio con serenidad – Tal vez, estés confundido. Pero quiero que sepas que no pretendo ser tu enemigo, quiero que me ayudes, a conquistar el Digimundo y al mundo humano.

- ¿Qué?, sinceramente, abuelo, no creo que tengas bien la cabeza si crees qu… - y otra vez. Su cuerpo se volvió a convulsionar, aunque esta vez más dolorosamente, haciéndole quedar de rodillas en el suelo y tomándose la cabeza: está vez si gritó.

- Eso es lo que sucede con las personas que tienen un corazón lleno de sentimientos negativos, Davis Motomiya. Tu boca dice una cosa, pero tu corazón otra; tu corazón está siendo consumido por la oscuridad de este lugar con rapidez…y pronto no querrás ver en lo que te has convertido. La oscuridad afecta a cada persona de manera diferente, pero siempre se obtiene el mismo resultado: esa persona es consumida por sus propios sentimientos, y convertida en alimento para nosotros, los digimons oscuros.

- Cierra…la…boca…no sabes…nada de…mí – masculló entre dientes. Sentía como si su cerebro fuera a explotar en cualquier momento, y no era nada agradable.

- Pero, desde que llegaste aquí, supe que eras diferente. Tienes esa voluntad que te permitirá mantener controlado a Ibwamon.

- ¿Quién? – preguntó lastimosamente.

Barbamon no le respondió, en su lugar, señaló al ser que descansaba dentro de aquel huevo, y comenzaba a despertarse súbitamente, tomando presencia de los sentimientos de Davis.

- Encantado tomaría el mando de Ibwamon, pero ella no es nada dócil, ¿sabes? Los digimons no podemos domarla, por lo que recurrí a ti, siéntete afortunado…

- No…haré…nada… - intentado respirar, Davis sentía su cuerpo ser corroído por un odio incontenible hacia todo ser vivo. No entendía el origen, o mejor dicho, no quería entenderlo.

El cristal del huevo comenzó a resquebrajarse.

- Oh, lo harás – un báculo apareció en la mano del Señor Oscuro, que rápidamente lo dirigió a su pecho. Davis abrió los ojos con sorpresa, terror e impotencia al ver cómo, sin dificultad o que siquiera sangrara, la esfera oscura del bastón se incrustaba en su interior.

Su vista se nubló, y perdió el conocimiento.


(En la Isla File, Montaña mugen)

TK observaba con preocupación a la menor de los Kamiya, que se encontraba inconsciente en aquella cama improvisada. Estaba junto con los demás elegidos, a la espera de la información que le pudiera dar Gennai. El agente había salido del escondite en busca de sus compañeros digimons.

Apretó los puños.

Sin Patamon, poco podía hacer para ayudar a Gennai, por lo que al igual que sus amigos, ninguno objetó nada cuando pidió que solamente lo esperaran. De eso ya casi tres horas, no quería preocuparse, pero lo hacía.

- ¿Está bien? – una voz a su espalda lo hizo girar el rostro. Era Yolei.

- Eso creo. Su fiebre ya bajó hace más de una hora, pero aun no despierta – respondió, volviendo a ver a Kari. La castaña frunció el ceño y, casi como si los escuchara, abrió los ojos. TK ensanchó una sonrisa, y supuso que la pelimorada hizo lo mismo.

- ¡Kari, que alegría! – sin esperar respuesta, la mayor del grupo la abrazó efusivamente. Él se mantuvo en su asiento, pero igual de alegre.

-… ¿Y Davis? – la pregunta lo tomó desprevenido, pero entendió que debía de estar confundida. Luego de recordarle lo ocurrido, y de avisarle de lo que ella no se había enterado, la obligó a descansar un poco, pero ella desistió a su propuesta y se puso de pie. Pudo notar que, a pesar de que fingía, estaba algo mareada, por lo que tomó su mano una vez Yolei se alejó.

- Me siento bien, de verdad – le sonrió forzosamente, y él pudo notarlo. No dijo nada ya que en ese momento, Gennai, hizo aparición con todos sus compañeros digimons detrás de él.

- ¡Kari!

- ¡TK! – la voz alegre de sus respectivos compañeros los hizo olvidar de momento el tema. A no muchos metros de donde estaba, sus amigos también reían de felicidad por el reencuentro, TK debía admitir que estaba mucho más aliviado ahora, Patamon estaba con él y Kari había despertado, pero aún faltaba Davis.

- ¿y Davis, dónde está? – escuchar la voz de Veemon acalló todas las risas.

TK se preparó para contestarle, pero cierta castaña se le adelantó, posicionándose frente al dinosaurio azul y agachándose para quedar a su altura. A su lado, Gatomon, se mantenía expectante de lo que pudiera llegarle a decir a su amigo.

- Veras, Veemon, ocurrió algo muy complicado de decir… -pareció dudar que decir, pero eso no borró la sonrisa tranquilizadora que le daba al ser digital – pero Davis ahora se encuentra en peligro, y debemos salvarlo…y pedirle disculpas.

- ¿Disculpas, por qué? – inquirió él, casi olfateando lo sucedido.

Kari abrió la boca para hablar, pero fue interrumpida.

- Vengan, ahora que están todos aquí, procederemos a intentar ver que podemos hacer para liberar esta zona – dijo el anciano comenzando a prepararse, y tomando una espada que mantenía guardada entre sus pertenencias.

- Espera, ¿no iríamos a salvar a Davis? – preguntó Ken al verlo con otra idea en mente, sus compañeros lo secundaron, en especial Veemon.

- Todo a su tiempo, chicos, primero debemos asegurar la Isla File, sino, no habrá forma de que tengan alguna oportunidad de salvarlo – respondió sin siquiera voltearse, saliendo del lugar y ordenando a que lo sigan.

El grupo de elegidos, con sus respectivos compañeros y Veemon, salieron detrás del agente. Se adentraron rápidamente en el bosque, manteniéndose en silencio durante el trayecto, siguiendo el camino que les indicaba Gennai que parecía llevarlos a la playa, donde parecía ser la base del ejército de Barbamon.

TK marchaba último, con Patamon sobre su cabeza. El rubio terminaba de contarle lo que sucedió con el Motomiya, luego de unos segundos en silencio, el digimon habló:

- Espero que esté bien, Veemon se pondrá triste si algo le sucede – TK no pareció conformarse con la respuesta.

- ¿No dirás nada más?

- No. Lo que opines de Davis es cosa tuya, TK, eres mi amigo y te quiero, pero no puedo decir nada sobre ello – y, casi dando por finalizada la conversación, se acomodó sobre su cabeza para descansar. TK no emitió sonido alguno durante varios segundos. Se sentía como un tonto, y más aún, como un pésimo amigo, deseó que Davis lo perdonara.

Unos metros delante de él, Kari caminaba con Gatomon a un lado, al igual que el rubio y los demás elegidos, había decidido contarle lo ocurrido en el mundo humano. La gata, a diferencia de Patamon, fue dura con sus palabras.

- Kari, escúchame, sé que te sientes mal por lo que dijiste, pero eso solo quiere decir que te arrepientes y es un comienzo. Pero en lugar de decirme esto a mí, deberías decírselo a Veemon, él lo necesita mas que yo – al decir esto último observó al dinosaurio, algo distraído y decaído, caminando lentamente delante de ellas. Se adelantó unos pasos, llegando al mencionado.

- ¿Gatomon? – este se giró, e intentó sonreírle lo mejor que pudo. En la cabeza del digimon azul no había otro deseo que el de ver a su camarada sano y salvo, como sea.

- Kari debe contarte algo – dijo con seriedad la gata, luego se adelantó a pasos rápidos para dejarlos solos.

Veemon se detuvo, imaginándose que sería algo sobre su amigo, y esperó a que la portadora del emblema de la Luz se detuviera frente a él. Kari lo observó con seriedad, algo apenada por lo que iba a decirle.

- Cuéntame, Kari, ¿qué le hicieron a Davis? – la voz decidida del digimon sorprendió a la joven.

- Bueno, Veemon, primero que nada quiero que sepas que estoy muy arrepentida por lo que ocurrió, pero sobre todo avergonzada…ayer, durante las clases, nos reunimos todos nosotros antes de vernos con Davis… - las manos de la castaña temblaban al recordar la escena - ¡no sé qué nos pasó, de verdad! P-pero estábamos hablando…y de repente…no sé cómo surgió el tema…y comenzamos a decir que Davis era odioso...un inútil, muchas cosas desagradables – Kari ya no sabía cómo continuar. Inhaló un poco de aire y luego lo expulsó, logrando su objetivo de relajarse – Davis nos escuchó…y se enojó…y luego alguien le envió un mensaje de que el Digimundo estaba en peligro…y no era Gennai…nos advirtió a todos. Se marchó.

Veemon en todo ese tiempo se mantuvo en silencio, digiriendo sus palabras.

- ¿Qué dijiste tú, sobre él? – de todas las preguntas que pudo haber formulado, era la que más deseaba Kari que pasara por alto.

- Y-yo…bueno… - a ella nunca le había parecido intimidante aquel dinosaurio azul, pero esta vez se veía aterrador y apunto de matar a alguien. Sentía como su mirada la perforaba, por lo que giró el rostro, hace un rato que ambos habían sido rebasados por TK y Patamon.

- Dilo, por favor.

Suspirando con resignación, la joven decidió hablar.

- Dije que era insoportable…y que no tenía razones para que sintiera celos cuando él y yo no éramos nada. Yo…

- No quiero saber más.

Kari se vio sorprendida por su acción, mirándolo con incredulidad como se giraba y se marchaba con rapidez para alcanzar al resto. La Kamiya apretó los puños con impotencia, ahora no solo Davis la odiaba, también lo hacia su compañero, y ambos con razones para hacerlo.

"Tonta, Kari".

Se recriminó mentalmente su error, pero decidió que lo mejor sería superar este problema que se le presentaba, salvar a Davis y pedirle disculpas personalmente. Incluso si este luego no quería verla. Cuando iba a imitar a Veemon, sintió un mareo que casi la hizo caer, sino fuera porque se apoyó sobre un árbol, su cuerpo comenzó a convulsionarse y un escalofrió recorrió su columna vertebral y, como si un fantasma le hablara al oído, escuchó una voz infantil susurrarle:

"Ibwamon".


(Área Oscura, Palacio de Barbamon)

Entreabrió los ojos con cierta dificultad.

Por unos segundos no supo ni quien era.

Solo lo supo cuando una ira incontenible se apoderó de su cuerpo y lo hizo ponerse de pie. Sentía que mataría a quien fuera que se le cruce enfrente, pero la primera persona que vio no se inmutó al notarlo despierto, siquiera se molestó en ver en su dirección.

- Veo que despertaste, ¿cómo te sientes? ¡Déjame adivinar! ¿Lleno de odio? ¿O ira? Cualquiera de las dos está bien – Barbamon sonreía sin despegar la vista del huevo cristalino, que parecía a punto de estallar. El Señor Oscuro pareció recordar algo - ¡Casi lo olvido! Toma esto.

A sus pies, le había arrojado un dispositivo que se le hizo vagamente familiar. Era su D-3, pero algo estaba distinto en él.

- El color de ahora está mejor, ¿no te parece? El negro es el mejor color, representa la oscuridad, la noche, las Tinieblas – comentó el digimon, aun sin moverse, y con un tono de voz alegremente malvado.

Davis lo tomó entre sus manos, inspeccionándolo con lentitud, su rostro estaba inusualmente inexpresivo, carente de sentimientos. Examinaba cuidadosamente el aparato, sin percatarse de lo que estaba por ocurrir.

El huevo explotó.

El cristal voló en todas direcciones, el líquido carmesí, similar a la sangre, salió chorreando en todas direcciones. Los pies del castaño se vieron alcanzados por aquel líquido, pero no pareció importarle demasiado. Sus ojos viajaron de aquel fluido rojo hasta los restos del huevo de cristal, deteniéndose en el pequeño cuerpo humanoide que se mantenía de pie, inmóvil.

- ¡Sin duda, hermoso! ¡Este nacimiento será el comienzo del fin! – exclamó el Señor Oscuro, alzando las manos al cielo. Luego de varios segundos, giró su vista hacía él – y tú, Motomiya Davis, será el encargado de alzarte con el caos y la destrucción de este patético mundo impuro. Crearemos otro nuevo, uno mejor.

Pero no le prestaba la mínima atención al anciano, sus ojos fríos se encontraban clavados en aquella criatura que seguía sin moverse, también observándolo a él.

Ojos cafés contra ojos carmesí. Frio contra frio.

Aquel ser recién nacido daba la apariencia de ser un demonio más que un digimon*, o eso le pareció a Davis luego de inspeccionarlo. De aspecto de niño, de cabello largo y ondulado, color morado oscuro que casi como arte de magia se mantenía flotando, un flequillo cubriendo parte de su cara y, tal vez las cosas más sobresalientes en él; un par de alas de murciélago sobre su espalda y dos cuernos sobre su cabeza bastante pequeños. Vestía un inusual atuendo.

- Soy Davis – se presentó al ver que esa criatura parecía esperar eso. Davis se sentía completamente diferente, estaba lleno de odio, pero al mismo tiempo estaba muy calmado, no sabía qué le había ocurrido.

Alzó su mano con el D-3, que ahora era completamente negro.

El digimon oscuro asintió, lentamente, casi como si estuviera haciéndolo en cámara lenta.

- Lo sé – su voz sonó igual de infantil que su apariencia, pero de un modo neutro y casi inexpresivo. Desprendía un aura siniestra, que incluso repelía la del Área Oscura - ¿Cuáles son las ordenes, Davis?

Él se mantuvo en silencio unos segundos, sin saber que decirle. Barbamon se le acercó en ese momento, extasiado por el resultado de su experimento.

-Él, Davis, es Ibwamon, un digimon ancestral creado a través de todos los sentimientos negativos de las personas. ¿Y quién mejor que un humano para manejar su propia creación, eh?

- ¿Cuál es tu objetivo, Barbamon? – preguntó sin vacilar, decidido a cumplir lo que quisiera decirle. Ignoró en ese momento, una voz muy en su interior, que le gritaba que se detuviera, que dejara de comportarse como un idiota, que no dejara que esos sentimientos oscuros le ganaran y, sobre todo, que no le haga nada a sus amigos. Pero otras voces, mucho más numerosas y furiosas, deseosas de destrucción, le gritaban; "¿Qué amigos?".

Vio como la sonrisa de Barbamon se ensanchó enormemente.

- Quiero que destruyas el Digimundo – observó de reojo a Ibwamon – Perdón, que destruyan al Digimundo.

Davis se mantuvo en silencio un momento, ya no escuchando aquella irritante voz que quería detenerlo, pero sí las numerosas que esta vez le decían: "¡Destrúyelos a todos!".

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*Este digimon, además de que su nombre se basa en un demonio, su apariencia también lo hace. No sé por qué, pero al momento de imaginármelo, se me vino a la cabeza la imagen de Asuramaru, del anime Owari no Seraph.

Aquí sus características básicas (aclaro que no sé si será el único digimon que invente, pero en caso de que no, siempre haré esto):

Nombre: Ibwamon

Nivel: ¿Definitivo?

Tipo: Dios Demonio

Atributos: Virus

Familia/s: Área Oscura/Desconocidos

Espero les haya gustado!

Agradecimiento a los que dejan reviews (prietar, neverdie, yupiyo, Rodrigo Dragneel y piccolaamica) y favorites o follows (ShadowTails98, vaan de fanelia, Mirizore y WereWolfMazuko117)

Saludos!