Cuando esa mujer de pechos grandes apareció frente a la puerta de mi casa con un bebé en brazos, supe que mi padre ya no tenía escapatoria.

Él siempre había sido un maldito mujeriego desde que tengo memoria. Mis abuelos se quejaban de que no asentaba cabeza y fue por eso que lo obligaron a casarse con mi madre, solo para poder reclamar su derecho de herencia. Al principio, mi madre no soportaba que su orgullo de mujer fuera pisoteado por un hombre que le ponía los cuernos todas las noches, pero con el tiempo y las sumas de dinero que Grisha le daba, ella pudo soportarlo hasta acostumbrarse. Solo había una regla: nada de amantes en la casa. Su estilo de vida era aceptable y no querían recibir críticas de la gente ajena a la situación, incluso llegaron al extremo de tenerme con tal de cubrir su situación actual. Fui un hijo ejemplar, con buenas notas y comportamiento recto, aunque mi lenguaje a veces dejaba para desear. Amor de mi madre no faltó, pero mi padre era una historia distinta, solo me tuvo para poder seguir jugueteando por ahí sin preocuparse por la crítica pública, me exigía todo lo que un hijo de un doctor reconocido debe ofrecer, eso era lo único que nos conectaba, incluso cuando ya estuve a punto de acabar la universidad y recibir mi título en medicina.

Cuando una amante llegó a casa con un bebé en los brazos, exigiendo dinero para alimentar al bastardo que Grisha había engendrado con ella, todo en la vida de mi padre colapso. Mis abuelos se negaron a darle ayuda económica para mantener a la criatura y callar a la mujer, mi madre le pidió el divorcio junto con más de la mitad de sus bienes, entre ellos una casa que fue destinada para mi vivienda, sus colegas se burlaban tanto de él que no pudo soportar ir a trabajar y terminó por perder su fuente de ingresos, y para colmo de males, la arpía que había iniciado todo expuso su situación en la televisión, revelando que podría tener más amantes con niños que mantener, suficiente para que mi padre perdiera su prestigio y terminara sin ningún lugar en donde trabajar. Para poder pagar la pensión que se le pedía, se ahogó en deudas con todo tipo de bancos, y al acabarse los lugares que aceptaban darle prestamos, recurrió a los yakuzas. Esa fue quizás su peor idea, porque ellos no eran personas precisamente pacientes, y al no ver su dinero en el tiempo estimado, hicieron que mi padre bastardo se "suicide", arrojándolo desde la ventana de su apartamento con una soga en el cuello.

Una vez que todo acabó, mi madre con su dignidad por los suelos al descubrirse la burla de mi padre, decidió que no quería compartir el dinero que mis abuelos le dejarían a ella y a sus amantes que tuvieron un hijo suyo. Así, de la nada, decidió que quería vengarse de mi padre, dándoles a esas malditas prostitutas, como ella les decía, una lección severa.

Fue fácil conseguir la información de cada una. Solo tuvo que indagar en las pertenencias de mi padre para saber sus nombres. Luego contrató a un investigador privado para que averiguara todo sobre ellas: nombres, domicilios, familia (si la tuvieran) y sus historiales médicos. De las seis amantes que mi padre tuvo, solo tres llegaron a dar a luz, una de ellas fue la mujer que, según ella, había arruinado todo. Y fue precisamente ella quien recibió el primer castigo.

Mandó reportes falsos que alegaban su incapacidad para cuidar de su hijo por su consumo de drogas y fue suficiente para que servicios infantiles se lo llevaran lejos. Luego dio su ubicación a los yakuzas que habían ayudado a mi padre a pasar a mejor vida y les dijo:

- Si quieren su dinero de regreso, les recomiendo que vayan a ver a esta mujer. Ella tiene el resto guardado.

Claro, mi madre pagó su parte, pero la amante n°1 no tenía tanta suerte. No sé qué le hicieron ni tampoco me interesa saberlo, pero por la risa de mi madre ese día, creo que ella nunca tendrá la oportunidad de ver a su hijo crecer.

La segunda amanta que tuvo un bebé, en este caso una niña, tuvo un castigo más compasivo por ser una mujer casada. Unos registros de ADN fueron mandados a su marido, quien era un hombre asalariado común, pero sus amistades eran variadas, y entre esas amistades había un abogado que se encargó de dejar a la mujer en la calle. ¿Cómo consiguió el registro? Solo mi madre lo sabe, pero ahora la niña se fue a vivir con el padre que la crió, dejando a esa bella asiática sin hogar ni familia que la acogiera.

La tercera amante, y aparentemente la favorita de mi padre, fue un hueso duro de roer. El investigador privado no pudo dar con el nombre del niño ni tampoco su paradero.

- Parece que la mujer lo abandono en alguna institución benéfica. No hay registros ni nada que indique que el bebé haya nacido, pero en efecto hay pruebas de que ella dio a luz hace nueve años.

El niño tenía nueve años. Vaya, Grisha supo ocultarlo bien.

- ¿No puedes averiguar nada sobre ese niño? ¿No tienes ni una pista?

- Bueno, según mis fuentes, el dueño del cabaret donde trabaja esta tal Carla Jeager podría saber algo, pero se niega a hablar conmigo.

- ¿Ella sigue trabajando en ese lugar? ¿Incluso después de tener un hijo y arruinarme la vida?

- Bueno, la pensión que su difunto esposo le dio no era del todo suficiente para ocultar al niño, así que siguió trabajando allí.

- Una mujer bastante desvergonzada… Menuda mujer se buscó Grisha. – mi madre comenzó a morderse el pulgar antes de sacar un fajo de billetes de su escritorio – Antes de pagarte, dime una cosa: ¿Ese hombre dueño del cabaret se negaría a recibirme?

- Bueno… - El investigador, desconcertado por la pregunta de mi madre, buscó las palabras más adecuadas para responder – Según lo investigado, ese hombre no se niega a ninguna mujer que se le acerque.

Mi madre le pagó a aquel hombre y luego lo despidió en la puerta. Miró por la ventana como se iba y sacó un pedazo de papel que había sobre los montones de información que él le había entregado.

Arrugo aquel papel y fue a su cuarto presurosa a cambiarse de ropa. Había ingresado como una mujer de clase alta que pasaba por sus 45 años y salió como una acompañante de 30 con un vestido corto escotado por la espalda que no dejaba nada a la imaginación.

- Levi, voy a ir a averiguar todo de ese pequeño bastardo. Estate atento a tu teléfono, te llamaré para que me recojas.

Dichas esas palabras, salió azotando la puerta.

Recuerdo que esa noche la esperé hasta hacerse que oscurecio . A las 9:30 ella me llamó y me dijo que la recogiera frente a un hotel en el barrio de Shinjuku, en la zona roja.

Al llegar en mi auto, fue suficiente para mí ver sus ropas desarregladas y los chupetones en su cuello para saber que tuvo relaciones a cambio de la información.

Durante la mitad del camino, ella acomodó su bolso lleno con las hojas de información que aquel cerdo le había dado luego de sus servicios. Sacó una foto y en el primer semáforo rojo que encontramos, me la mostró.

- Mira bien Levi, este niño es lo único que impide que toda la fortuna de ese bastardo de Grisha sea nuestra. – Su rostro tenía una expresión sádica, su cabello estaba medio desarreglado y su maquillaje completamente corrido. Mi propia madre parecía una prostituta de las que a mi padre le gustaban – Una vez que lo encuentre, te aseguro que lo haré desaparecer completamente.

Tomé la foto en mis manos y la observé con detenimiento. Un niño de ojos acaramelados, piel canela y mirada angelical con una sonrisa en su rostro estaba a punto de recibir un mal rato, cortesía de mi madre y su obsesión por la venganza contra mi padre. Un niño, completamente inocente y puro, estaba a punto de ser objeto de venganza de mi madre. Este niño, que había venido al mundo sin pedirlo, iba a sufrir por culpa de mi padre y sus jugueteos en vida, igual que yo.

- Ya me encargué de que la zorra de Carla se quede sin trabajo, ahora solo debo encargarme de ese mocoso y todo el dinero de Grisha estará en nuestras manos.

- Deja que me encargue yo de él.

Las palabras salieron por si solas de mi boca, no las había pensado y tampoco había medido el impacto que tendrían, solo sabía que si no hacía algo, al menos por este niño, no podría vivir conmigo mismo.

- ¿Qué acabas de decir?

- Deja que me encargue yo de él. Si lo adopto como mi protegido, no solo podré recibir el dinero directamente de mis abuelos, sino que también me ganaré la simpatía de mis colegas y podré hacer con él lo que quiera – Me relamí los labios como parte del acto, aunque en mi interior sabía que quería manchar a este niño – Tú sabes perfectamente sobre mis gustos y este pequeño encaja bastante bien con el perfil.

- Levi, no debes tomarte a la ligera este asunto. No me molesta que te gusten los hombres jóvenes, pero si este niño llegase a hablar….

- No te preocupes, lo haré callar si se da la necesidad. Además, tú ya tuviste una buena parte de tu venganza, ahora me toca a mí agarrarla contra mi padre.

La expresión de preocupación fue sustituida por una sonrisa macabra. Mi madre comenzó a acomodar todos los papeles y me los dejó en un sobre que tenía guardado en la cajuela.

Al llegar a casa, mi madre se despidió con un beso en la mejilla mientras susurraba en mi oído:

- Asegúrate de hacer sufrir a ese niño Levi. Enorgullece a tu madre.


A pasado un tiempo y Eren ya tiene 17 años. Por más increíble que parezca, él resultó ser un chico con muchas capacidades: inteligente, bien portado, buen deportista y muy caballeroso; en más de una oportunidad sus maestros me felicitaban por tenerlo tan bien educado, e incluso algunas madres me pedían que permitiera a sus hijas acercarse con la intención de un matrimonio futuro. Si estas mujeres ilusas supieran lo que en verdad ocurre entre nosotros, seguro que se espantarían a lo grande, me provoca gracia imaginar sus expresiones de desagrado y decepción algunas veces.

Mis compañeros de trabajo también se han acercado con las mismas intenciones, pero no les he dado ni la menor oportunidad de sacar el tema en las reuniones donde llevó a Eren. Las pocas personas que saben lo que en verdad hacemos son colegas igual de enfermos, como Erwin que tiene bajo su control a un pequeño rubio amigo de Eren llamado Armin, y casualmente le gusta usar ropa de chicas; y Hanji, que encontró a un enfermero masoquista amante de sus latigazos. Ambos me han invitado a ser partícipes de orgías y otras obscenidades, pero prefiero mantener la expresión erótica de Eren para mí solo.

Mi pequeño me dijo que quiere ser médico como yo. No sé de dónde sacó esa idea, pero si eso es lo que quiere, yo no voy a oponerme. Sé que él no es como Grisha, porque lo he entrenado específicamente para que no reaccione ante nadie más aparte de mí. Dijo que estudiara en la Todai, con su inteligencia no lo dudo, yo soy un egresado de allí así que puedo ayudarlo si lo necesita.

Él ha logrado muchas cosas en esta vida, y si yo no le hubiera dicho a mi madre que no a su venganza, probablemente él no estaría aquí ahora

- ¡¿Qué acabas de decir Levi?!

La copa de vino cae al suelo y se rompe, ella esta con los ojos desorbitados de la ira y me mira como si me hubiera vuelto loco. Hace mucho tiempo no veía a mi madre con esa expresión, desde que los verdaderos colores de mi padre fueron expuestos al mundo.

- Como escuchaste. No planeo deshacerme de Eren, es un chico bastante talentoso y sería un desperdicio eliminarlo, incluso si es un hijo bastardo de Grisha.

Mi madre comenzó a dar vueltas por todo el cuarto, tirando cada foto nuestra en los estantes junto con algunas medallas que había ganado para ella en pre-escolar. Una vez que terminó de desahogar su ira, respiró hondo y trató de recuperar su tranquilidad.

- Levi, cariño, creo que no comprendes bien lo que estás diciendo. Necesitas un poco de té.

- De hecho madre, creo que eres tú la que no entiende lo que digo. Eren es un buen niño, eliminarlo para tener la fortuna de mi padre bastardo y mis abuelos no me parece buena idea.

- ¡Es que acaso enloqueciste! ¡Ese niño es una peste! ¡Es el único rastro de la deshorna que tu padre dejó sobre nosotros! ¡¿Y vienes aquí a decirme que quieres mantenerlo?! ¡No juegues con tu madre Levi! ¡No estoy para bromas absurdas!

Luego de su ataque, se sentó en su sofá y recuperó el aliento. Para tener 47 años, su forma física no era la mejor. El doctor le había dicho que tanto estrés por el escándalo de mi padre le había dejado secuelas en el corazón y ahora las impresiones fuertes le afectaban duramente. Tal vez debí tomar eso en consideración cuando decidí venir a informarle mi decisión de mantener a Eren con vida. Tuve que mentirle a mi pequeño tesoro diciéndole que tenía trabajo para poder cumplir con mi cometido.

Unos sollozos comenzaron a escucharse, interrumpiendo el silencio infundado por la tensión del ambiente. Mi madre se acercó a mí con el cuerpo tembloroso y agarró mi camisa. Su rostro cubierto de lágrimas y sus labios fruncidos demostraban su completo desagrado ante la situación.

- ¿Es que acaso tú, pequeña rata, me vas a traicionar también? ¿Por ese niño maldito que solo me recuerda constantemente mis desgracia al casarme con tu padre? Tú eras lo único bueno que había sacado de esa unión y ahora te has vuelto una deshonra – ella seguía hablando y yo seguía sin inmutarme – Acepté tu gusto por los hombres y el hecho de que solo salías con jovencitos por el simple hecho de que no había forma de que saliera un bastardo de esas uniones, junto con tu habilidad para ocultar bien tus amoríos, pero ahora resulta que te gusta ese niño, que además es tu medio hermano. Dime Levi, ¿cómo es que llegaste a ser tanto o más basura que Grisha?

Agarre sus manos e hice que me soltara. Acerqué mi boca a su oreja y le susurré aquello que ella nunca quiso escuchar.

- En estos instantes, quien está más cerca de ser la peor basura eres tú madre, por el simple hecho de arruinar la vida de niños inocentes hijos bastardos de tu ex esposo, y querer matar al protegido de tu propio hijo solo por venganza.

Ella se soltó de mi agarre y me empujó lejos mientras su rostro expresaba desprecio por mi existencia.

- ¡Tú no eres nadie para hablarme así! ¡Haré que te quiten a ese niño y yo misma me encargaré de matarlo con mis propias manos!

- Si tú haces eso, yo expondré los fraudes y los tratos con los yakuzas que hiciste hace años con tal de eliminar a las amantes de mi padre y a sus hijos – saqué una grabadora de mi bolsillo y se la mostré aun grabando – Además de mostrar esta grabación donde claramente estas amenazando de muerte a mi pequeño Eren.

Su rostro se quedó hecho piedra y se desplomó en el sofá ante mi amenaza. No se esperaba que su propio hijo, cómplice indirecto de sus crímenes, se revelara de esta forma. Yo fácilmente podía lavarme las manos del asunto si decía que no sabía nada al respecto, y estoy seguro de que Erwin y Hanji me habrían ayudado a encubrirme con tal de no exponer sus pequeños secretos, eso y por el sentimiento de camaradería que compartíamos.

Agarré mi saco y me dirigí a la puerta. Una vez en el marco, le dediqué una sonrisa de burla a mi madre.

- Hasta luego madre. No te acerques a Eren.

- Nunca más vuelvas a decirme así pequeña mierda, y no te atrevas a volver tampoco.


- Levi, ¿qué ocurre?

Eren me abraza por detrás mientras observa la foto que tengo en mis manos. Es una foto de mi madre conmigo en brazos cuando recién había nacido. Fue el único recuerdo que pude sacar de aquella casa ese día, cuando rompí lazos con ella y había iniciado una relación con Eren.

- Nada, solo recordaba el día en que te diste cuenta de mis sentimientos.

- ¿Cuándo cruce esa puerta al final del pasillo?

- Sí, el cuarto de juegos.

Ese lugar donde guardaba la muñeca que había encargado para controlar mis deseos por Eren ahora había adoptado el papel de "cuarto de juegos". Cada noche de fin de semana, Eren y yo nos encerrábamos ahí a hacer cosas malas como juegos de rol, sadomasoquismo, cosplay y todo tipo de cosas consideradas obscenas. Él resultó más lujurioso de lo que anticipé, no decía que no a una nueva experiencia sexual, menos a las orgías y los intercambios de pareja, él nunca aceptaría compartirme con nadie, y yo tenía el mismo sentimiento. Una vez fue a clases con un vibrador en su trasero, está demás decir que ese día regresó temprano a casa por "problemas de salud" y yo terminé regresando temprano del trabajo para "cuidarlo".

- Levi – Eren se montó encima de mí y comenzó a besarme el cuello – Quiero hacer cosas malas….

- ¿El niño quiere que papi lo castigue? – Comencé a masajear sus nalgas mientras él comenzaba a frotarse contra mi entrepierna, causando una erección.

- Este niño quiere que papi le dé duro toda la noche.

Tomé a Eren entre mis brazos y fui al interior de la casa, al fondo del pasillo del segundo piso, detrás de la puerta que hace años nos volvió una pareja. Mi amante se encargó de abrirla mientras atacaba mi boca y ambos nos adentramos en ella entre risas y algunas miradas coquetas.

Cierro la puerta y no dejó que nadie entre, porque como ya dije, a ninguno de los dos nos gusta compartir nuestras travesuras detrás de la puerta.