Buenas, aquí Blast llegando del hiatus de... 4 o 2 meses?

En fin, traigo este two-shot que se me ocurrió yendo una vez a walmart. es una asquerosa cosa, una reverenda mierda.

pero espero los haga reír :)

me despido, los huelo luego, cuídense, satanás los bendiga.


Nombre: BAD KIDS ON WALMART
Tipo: Two-Shot


[Chicos Malos en Walmart]

1era Parte.

Un día normal donde las provisiones en la Mansión Phantomhive se terminaron, Sebastian (quien era el mayordomo principal del hombre –niño− de la casa), decidió que sería buena idea llevar a su señor de paseo al supermercado.

¿Qué mejor supermercado para asistir que Walmart, cuyas ofertas eran buenas a la vista de los ojos del mayordomo y los precios hasta el suelo? Además, había descuento en la dulcería.

Fue difícil sacar a Ciel de la cama, contando el hecho de que dormía a eso de las cuatro de la tarde una ligera siesta. Lo bañó, lo cambió y junto con Tanaka le dijeron al chófer de la limo que los llevara al Walmart más cercano.

Al llegar, lo primero que hicieron fue tomar un carrito y bromeando, Sebastian le dijo a Ciel:

—¿Debería ponerle en la zona de bebés por seguridad, Bocchan?

A lo que Ciel, quien estaba muy enojado y miraba en la sección de verduras unas naranjas, tomó una y la exprimió en frente de los ojos del demonio que aterrado, tembló y vio como el jugo salió de la fruta. Después, con una sonrisa sarcástica en la cara del niño, éste le contestó:

—¿Debería tomar tú cabeza, exprimirla como este mango y después comérmela?

—Eso, mi señor, es una naranja… Y sería canibalismo.

—…Ya sabía.

Decidieron dejar esa conversación y siguieron su camino hacia el pasillo de las frutas. Tardaron un buen rato tomando los víveres de la lista que Bard le había hecho a Sebastian.

Un rato después, se detuvieron en el pasillo de los juguetes cuando Ciel vio un trampolín muy grande. Mágicamente le brillaron los ojos.

—Sebastian, ¿me comprarías ese trampolín?

—¿Para qué lo quiere? No lo necesita, Bocchan.

—Por favor, Sebassss… Es un trampolín genial —e hizo una mueca—. Quiero uno en el patio de la mansión.

—Un no es un no.

Enojado por no tener su trampolín, Ciel decidió rodar los ojos y volvieron a rondar por el supermercado.

Increíblemente llegaron a una sección no esperada para Ciel: lencería para señoritas. Durante algunos segundos en recorrer dicha sección, los ojos de Ciel captaron un extraño bikini de dos piezas color rosa con pequeños adornos en las orillas. Se le ocurrió una idea excelente, y con una muy sutil sonrisa se acercó a Sebastian mientras este empujaba el carrito.

—Hey, Sebastian…

—¿Sí, mi señor?

—¿Quieres jugar?

Por obviedad, Sebastian lo miró a los ojos con algo de miedo y bastante confusión, pues sabía que si a su amo se le ocurría alguna idea alocada, prácticamente no le diría tan fácil.

Se aclaró la garganta y se acomodó la bufanda color negra que se estaba aflojando en su cuello.

‹‹Si él me pregunta una cosa así es muy probable de que haya malas noticias para mí›› pensó Sebastian.

Dejó salir una pequeña risa y con su total carisma, se peinó el cabello y le murmuró:

—Bocchan, no podemos jugar. Tenemos una lista de cosas que comprar y me gustaría llegar a la mansión en una pieza, ahora súbase al carrito o lo dejo.

Estaba a punto de tomar el carrito de titanio y empujarlo cuando Ciel se rio, burlándose de él.

—Oh, vaya, Sebastian… —le dijo mientras pretendía limarse las uñas— parece que tenemos a un gallina rondando por aquí, ¿escuchas eso? —y con sus brazos a los costados de sus axilas comenzó a cacarear— las gallinas hacen ‹‹PACK PACK PACK›› ¿qué es lo que está en frente de mí? Oh sí, el hombre gallina.

El semblante de Sebastian se frunció y volteó a ver a su señor. Los dientes le chirrearon y Ciel intentó cacaraquear más.

—¿Qué fue lo que dijo? ¿Yo, gallina? ¿Quién es el que duerme con una luz de noche en forma de dinosaurio?

—¿Qué hace ‹‹PACK PACK PACK››? Una gallina.

Sebastian se mordió la lengua y quiso arrancarse los ojos.

—Okey, ¿Qué quiere hacer? Tenemos tiempo todavía pero que sea rápido… Si no, llegaré tarde para ver mi novela: Sleeping in Cherry Blossoms*.

—¿La que trata de ese tipo millonario de un solo ojo que, mediante diversas situaciones, hace que su mayordomo se enamore de él? —A Ciel le entraron náuseas.

—En primer lugar, tiene un parche. Pero sí… —y los ojos de Sebas comenzaron a tener brillo— Es una de las pocas novelas con humor y romance al mismo tiempo. Me encanta, hacen una muy buena parodia de lo que es Stupidshitsuji.

—¿Esa que trata sobre un estúpido demonio que es al mismo tiempo mayordomo y tiene a un imbécil contratista que quiere vengarse de todo mundo porque sus padres murieron en un incendio?

—Sí, ese mismo. Una serie llena de drama y acción que en ciertas partes tiene fanservice. Muy adictiva —a Ciel le volvieron a dar náuseas—. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

—Ajá, cómo sea… Hagamos retos, ¿te parece o es mucho para tu demoniaco ser inferior?

—No se burle de mí —se quejó— ¿Y retos? ¿Para qué?

—A eso voy, papanatas —lo golpeó en el brazo—; ésta es mi propuesta, estúpido: haremos cada quien un reto y el ganador hará lo que el otro le pida. ¿Captas?

—Uhm… —tardó un poco en decidirse, pero a fin de cuentas, ¿Qué podía perder? ¿Dignidad? BAH, OSEA ES SEBASTIAN MICHAELIS— Bien. Lo haré.

Y Ciel frotó sus manos al estilo Montgomery Burns* cuando dice 'excelente'. La canción de Lean On empezó por las bocinas de Walmart.

—Pero, espere —habló Sebastian después de un rato de silencio. Ciel sacó una goma de mascar de su bolsillo y la llevó a su boca— ¿Y qué hará el perdedor? Es decir, ¿dónde están las reglas? ¿Hay un manual o que rayos? No mame, Bocchan.

—No me importa realmente porque no voy a perder —y optó por tener una postura orgullosa, como siempre, como todo—. Pero bueno, uhm… ¿qué quieres qué pase?

—Si usted pierde, tendrá que hacerme un masaje en los pies.

—P-Pero… ¡Pero te apestan bien horrible a queso cheedar, no mames, Sebastian!

—Cállese, Bocchan. Estamos en público… Sólo acepte.

Ciel observó a la gente que se les quedaba viendo. Gritó algo como ‹‹¿Qué miran escorias humanas?!›› y las personas volvieron a hacer sus actividades.

Sebastian rio y rodó los ojos.

—Okey, cómo sea, ajá, lo que tú quieras… Pero si tú pierdes, tendrás que comprarme el trampolín más caro de esta tienda. O sea, el que vimos.

—Óigame que pasó, ni que cagara dinero.

—¿Lo olvidas? Soy un Phantomhive, yo soy el que caga dinero.

—Uy si, se me olvidó, hijo de Paris Hilton —murmuró con sarcasmo el de ojos rojos— y sobrino de Bill Gates y London Tipton —agregó más tarde—.

—A ver, imbécil, escoge: eso o tener una cita con Grell en la mansión. Te doy permiso.

—Uhm, qué curioso, de repente el catálogo de Walmart promociona unos fantásticos trampolines con elástico extra, ¡qué divertidos se ven! —habló Sebastian mientras leía una revista con las promociones del supermercado (que quien sabe de dónde la habría agarrado).

Ciel sonrió de una manera macabra, casi como el gato del país de las maravillas. Sebastian se arrepentía.

—¿Inicio yo o usted?

—Inicio yo —y Ciel señaló un maniquí que tenía el bikini de dos piezas color rosa, Sebastian se mordió los dedos al entender—. Te reto a que te pongas ese sostén de mujer en la cabeza y las panties por sobre el pantalón y camines así por todo el Walmart; luego que te tomes una selfie y con obviedad de que se las mandes a todos.

—¿A todos?

—A todos.

—¿Quiénes son todos?

—No puedo creer que diga esto, pero: Mi servidumbre de la mansión, los Trancy, a Lau y Ran-Mao, a los estúpidos shinigamis, a Sieglinde y Wolf, y una larga lista de contactos que te cargas.

—¿Usted ha revisado mi celular?

—Claro que no. Por cierto, tienes una cita el jueves con Nina para los nuevos trajes que me diseñaste secretamente.

—… Usted, ¿estuvo viendo los modelos de mi laptop?

—Claro que no. Uhm, por cierto, quiero que borres esa foto que tienes de mí durmiendo con Elizabeth.

La risa de Sebastian se oyó un tanto enigmática, cómo si la estuviese falseando. Ciel hizo una mueca.

A lo lejos se miró una canasta llena de pelotas inflables de plástico, llena de colores y dibujos animados en ellas, junto con grandes y pequeñas. Sebastian sonrió mientras se movía de postura y se acercaba al maniquí.

—Entonces, yo lo reto a usted a que se meta en la canasta de las pelotas —finalmente dijo el mayordomo mientras paraba la trompa en forma de victoria—. Es usted tan pequeño que se pierde allí adentro.

—Uy si tú, como no, pendejo –se quejó Ciel— Claro, lo que digas. Ya ponte el maldito bikini —y le enseño su celular—. Estoy esperando tus fotos porno.

—¿Se la va a jalar con ellas, Bocchan?

Ciel le pateó muy cerca del muslo, claro que el mayordomo ni se inmuto.

Sebastian tomó su propio celular y se metió a la cámara del carítsimo Iphone 6 (porque como ya sabemos, la servidumbre de un Phantomhive moderno siempre tiene un Iphone. no matter what) Entonces, mientras Ciel lo grababa en su Iphone 6 plus (porque como ya sabemos, un Phantomhive moderno siempre tiene un Iphone más moderno que el de la servidumbre. no matter what), Sebastian quitó el bikini del maniquí y se lo puso por sobre la ropa. Al principio le incomodaba, pero a Ciel le causaba bastante gracia.

Sebastian se acomodó las panties en su triángulo de las bermudas y el sostén en forma de anteojos sobre su cabeza. Modeló primero para el niño y después camino hacia el pasillo de la ropa interior de varones, donde algunos sujetos le vieron y con su hermosura, quisieron tomarse fotos con él. Aprovechó el momento para tomarse la selfie que Ciel le había dicho, pero dicha selfie se convirtió en una foto grupal de él con una manada de muchachos a su alrededor.

Parecía una orgía homosetsual.

Ciel estaba impactado. Sebastian había cautivado a los jóvenes con su muy estúpido y muy mal estilo de modelaje.

El mayordomo regresó a donde el niño seguía aún grabándole. Le tronó los dedos y le señaló la canasta de pelotas que esperaba a por el destino de Ciel.

—No puedo creerlo —dijo sin más el mocoso—. Eres un torpe.

—Pero mi torpeza los cautivó.

—Al menos yo no tengo la canoa volteada…

—Hable todo lo que quiera, igual usted me masajeará los pies si no hace su reto.

—¿De verdad tengo que meterme en la canasta? ¿No puede ser otra cosa?

—Bien, ¿qué tal si…? —el mayordomo miró a su alrededor para ver qué podía hacer el orgulloso niño y recordó algo:— Sería meterse a la canasta de pelotas o ir a decirle algunos piropos a la señorita que vende el jamón.

Un tick en el ojo de Ciel apareció.

—...Te odio tanto.

—El sentimiento es mutuo.

Ciel aceptó hacer el segundo reto.