Capítulo 1:

Dar el sentido a la vida.

A veces me pregunto de qué me servirá estudiar en un futuro, yo no tengo un propósito definido… No me interesan esas cosas. Supongo que viene de familia el no luchar por nada. Un día mi padre dijo que, en cuanto conoció el amor verdadero, conseguir la felicidad para mamá y él fue su mayor deseo y meta: cuando nací, también entré en el círculo de felicidad.

Yo sigo sin creer que el amor exista, lo veo como un capricho humano que nos tiene atados hasta cierto punto. Creíble o increíblemente, siempre el ser va a olvidarse de esa persona a la que una vez le tomó tanta importancia y le regaló su tiempo inconscientemente.

Sumidos ambos en sus pensamientos, la profesora y su alumno llegaron sin darse cuenta a la Editorial Luna, lugar de trabajo de Furobashi. A leguas se notaba su elegancia y seriedad, el edificio era grande y con muchas ventanas que reflejaban la luz de un gigantesco sol.

—Llegamos —levantó la mirada Kaoruko—, te doy la bienvenida a la editorial que publica mis libros.

—¿Y quién pidió la opinión de alguien sobre tu trabajo?

—… Mi padre

—¿Por qué? —Preguntó el adolescente.

─Aparentemente tiene varias dudas acerca de mis conclusiones y cree que no sirvo para esto —contestó Kaoruko—. Dice cosas hirientes, que no te intimide.

—Esas no son palabras alentadoras, maestra —Nicolás se rascó la nuca y entró al edificio.

Un sitio lleno de oficinas, más arreglado de lo que el muchacho se esperaba para tener problemas financieros. Subieron por un elevador al tercer piso, la planta de Literatura, en donde ya los esperaban un señor y una señora, el hombre llevaba un traje negro.

El primero no se veía tan joven, pero sí que presumía una buena salud y equilibrada fuerza. Sus entrecerrados ojos turquesa y gran barba plateada, sin duda japonés. Mientras la otra poseía ojos "normales" color marrón, cabello hasta el cuello castaño; vestía una falda blanca, saco plateado y zapatillas del mismo tono.

¿El papá de mi mentora y… Su jefa, esposa o algo parecido?

—Hija mía, ¿de cuánto tiempo? —El señor se mostraba con una sonrisa de alegría.

—Ese saludo no le queda a quien me cuestionó… —Dijo haciendo mueca de disgusto la peli-negra—. Dairekuto, padre.

Sí, lo presentía, era muy obvio.

—¿Y él? ¿Es tu novio? —Furobashi señaló al chico.

—No —negaron.

—Soy Nicolás Arias, estudiante de vuestra hija

Al escuchar estudiante, la expresión serena del viejo se transformó en una de molestia. El aire se hizo más pesado al cabo de unos segundos silenciosos.

—Así que obligas a tus aprendices a leer tus libros, qué pe…

—Os equivocáis, señor Dairekuto. Yo los leía antes de saber que vuestra hija era la autora —interrumpió el muchacho—, personalmente, espero que hayáis entendido perfectamente las emociones que nos transmitieron las historias. Si no, podría ser fácil obtener quejas.

Decir eso sin más me causó nudos en la boca y el estómago, estaba nervioso y sentía algo de miedo ya que no conocía bien al padre de la maestra… Creo que soy el primero en afrontar una situación como ésta.

—Tu edad se acerca a la de Kaoruko, ¿o me equivoco?

Nicolás asintió desconfiado, pero el señor Furobashi pronto volvió a cambiar su semblante, esta vez a uno de alegría. Cada uno de los presentes, incluyendo a la editora en jefe, arquearon una ceja sin saber exactamente lo que tenía en mente.

—Fiona —llamó el vejestorio.

—¡Sí!

—Hazme un pequeño favor, lleva a Nicolás a que vea el arduo trabajo de la empresa. Yo hablaré con mi hijita

—¿Qué pretendes, eh? —Kaoruko se cruzó de brazos—. El chico tiene clases así que…

—Me agradas, Nico. ¿Te parecería que nos viéramos en algún lugar después? Necesito discutir unas cosas contigo

¿Y a él qué le ocurre? ¿No ha escuchado lo que le dijo la profesora?

—M-me encantaría, pero la universidad me lo impide —fingió una sonrisa.

—Tranquilo, un día no te matará, ¿verdad?

Tenía cara seria antes, veo que no lo es tanto.

—Llévalo, Fiona

—Entendido —la mujer tomó del brazo al estudiante y se lo llevó consigo—. Yo soy la dueña de la compañía, mi nombre es Fiona Duarte, un gusto conocerte.

¿Si eres la dueña por qué él te dice qué hacer? Hay que aceptar que tienes apariencia de severidad, pero te comportas un tanto más dulce de lo que tenía en mente.

—Sé lo que piensas, no soy lo adulta que debería ser —Fiona sonrió levemente—, es complicado no ser tan tierna viendo a menudo a niños de primaria.

—¿Niños de primaria?

—Sí. Mi hermana menor se hace cargo de unos chiquitines por las tardes. ¿Te parece si primero te muestro al editor de Kaoruko?

—Suena interesante —el chico de cabello chocolate comenzó a caminar.

—¿Qué estás hacien…? —La superior se vio cortada por una risa hipócrita de su padre.

—Te preocupas mucho por él, tiene suficiente edad como para cuidarse solo. Vamos, Kaoruko, tomemos una taza de té y hablemos —Dairekuto acompañó a su hija.

Por supuesto que la maestra desconfiaba de que las intenciones de su papá fueran buenas, ¿qué podría hacer para zafarse de él en estos momentos? Le parecía algo justo que su alumno no tuviera tanto problema en tener una inasistencia, lo mismo no pasaba con ella; que tenía un trabajo al cual no podía faltar.

Mientras que el viejo parecía mayormente tranquilo y feliz, lo contrario minutos atrás, ¿a qué se debía este cambio repentino?

—¿Estoy en lo correcto si digo que quieres más a Nico que a mí, que soy tu familiar? —Inquirió, bebiendo té.

—Ya te dije que solamente es un amigo…

—Lo conoces desde antes de ser su mentora, es por eso que me saca de casillas el tema

—No parece que te saque de tu pacífico juicio —la oji-azul suspiró—. De todos modos, ¿qué interés tienes sobre su edad?

El vejestorio dejó la taza en la mesa, cerró sus ojos y junto las manos. —¿Tú a qué crees que se deba? Es joven y puedo ver en ti el resplandor que nunca has mostrado con alguien más

—Te estás confundiendo. Yo soy una mujer a la que poco le interesan las relaciones —Furobashi se levantó—. Si me disculpas.

—En ese caso, no te importará que le presente a Mitsuki —Susurró el japonés.

—No me interesa si tienes comunicación con traidoras como ella, haz lo que quieras —dijo Kaoruko antes de retirarse.

—¿Qué le habrá hecho Mitsuki?


Tiempo más tarde, Nicolás se encontraba caminando por las calles de la ciudad. Sin rumbo definido gracias a que no sabía dónde estaba. Su mente era controlada por la situación que vivió aproximadamente una hora atrás.

No puedo creer que me haya llevado a ver todas las oficinas, fue imposible siquiera saludar a la gente. Lo peor está por empezar: me fui sin quedar bien con el señor. Ah… Qué se le va a hacer, por ahora tengo que asistir a mis clases.

Cierto, ya va siendo el día de mi cumpleaños. Adivinaré lo que me harán, o sea lo mismo desde hace años: cosas que no pasan de "un feliz cumpleaños".

Con la vista hacia el piso, ambas manos dentro de la chamarra roja que traía puesta, el joven pronto llegó a un parque abandonado de Madrid, alejado del resto de las personas sin razón que él conocía.

Sus ojos amarillos captaron el cuerpo de una mujer que yacía acostada a los pies de un árbol y cubierta de hojas otoñales. Decidió acercarse para ver sí seguía viva y podía ayudarle en algo, mayor fue la sorpresa que se llevó cuando la vio totalmente despierta.

—¿No te parecen bellas… Las ramas caídas? ¿Tú también puedes apreciar lo que se olvidó en este lugar? —La chica se levantó con lentitud.

El viento hizo volar los rizos albinos que lucía, mirada igual al pastizal de primavera. De tan sólo ver ese iris verde, Nicolás recordó la llanura en la que pasó los últimos instantes de su madre… Él cayó de rodillas y se quedó perplejo.

La muchacha le dio la mano. —¿Cómo te llamas?

—Nicolás… —aceptó el ofrecimiento y se irguió.

—Mucho gusto, soy Mitsuki —se presentó, sonriendo—, ¿pasa algo? ¿Te molesté con mis preguntas?

—¿Qué haces aquí sola? ¿No vas al colegio? —Inquirió el de cabello chocolate.

—Sí, me ausenté por hoy, ¿sabes? Regresaré a casa hasta que sea de noche, escuché que habrá luna llena… ¿Te gustaría acompañarme?

—No… Será para otra ocasión —respondió Nicolás, alejándose poco a poco.

—De acuerdo, nos veremos de nuevo —Mitsuki se recargó en un tronco y alzó la mirada al cielo—. No hace falta que me taches de loca.

—D-de ninguna forma, seguro y vuelvo a pasar por aquí

—… Ya veo

Esto… ¿Debería remediar mi error hablándole con respeto? ¿Siendo caballeroso? ¿O tan sólo debo irme sin decir una palabra?

El estudiante optó por la tercera opción, así que solamente se dio la media vuelta, rumbo a su hogar.

—Adiós —alcanzó a escuchar de una voz femenina.

De la nada, ideas que nunca antes había escuchado llegaron a mi ser. No venían solas, sino que acompañadas de la suave sonrisa de Mitsuki, parecida a la de mi mamá. De entre todas las frases que llegaban a mí con simpleza, una destacaba de las otras por mucho...

Dar sentido a las acciones, siendo optimista hasta en los problemas, eso es vivir. Y, para darle aprobación a ésta, se necesita de la felicidad.


Supongo que me debería disculpar por lo tediosa que está esta cosa. Estoy trabajando para hacerla más emocionante, lo cual es casi imposible… Lo lamento.