Pecado Segundo
Gula. Gluttony.

Gula y vanidad, crecen con la edad.

Me alegra que regresaras. Lo has hecho justo a tiempo, aún no me toca la siesta, así que aprovechare este suculento tiempo para continuar charlando contigo. ¿Qué te pasa? No te pongas chulo conmigo eh, que yo no estoy de humor para aguantar tus caprichos. Tú sabes, mejor que nadie, la nula paciencia que tengo y que si sigues así, me encargaré de golpearte hasta que desees cualquier castigo infernal a mí.

Bien, mejor cálmate, aunque a mí me gusta la Ira, prefiero no tener que aguantar tus caprichos de Soberbia. Ahora dime, ¿quieres oír lo que sigue? Bueno, antes que nada, tienes que decirme, ¿recuerdas a todos los Pecados? Supongo que debes recordarlos, a diario los experimentas. Ya conociste a Lujuria, y creo se cayeron bien. Ella es tan simpática~. Aunque eso sí, no la incomodes o le hables de celibato, que bueno, las cosas terminan mal.

¿Cuál pecado crees que sigue? Vamos, fue el segundo más castigado por la Iglesia… Exacto, la Gula, aunque si lo piensas bien, es un pecado simplón. ¿A quién le importa tanto Dios para tenerlo en mente todo el día? A mí no. Aquel delicioso castigo que se debía pagar, según Dante, y sin errar, viendo cómo crecen frutos desde los árboles y jamás poder probar bocado… Sí, Gula nunca disfrutó esos días… ¿Qué? ¿Quieres saber quién está relacionado con este singular pecado? Oh bueno, sé que tú ya sabes quién es, y resulta obvio. Se pasa el día comiendo, y más de una vez intentó tener a Temple, pero una vez que estas con Gula es inevitable seguir comiendo.

Alfred F. Jones, fue un país creado sin propósito. Sí, aunque no lo creas, nació sin tener un propósito en esta vida. Quizás su primer propósito fue llenar un vacío, pero más adelante, cuando vio que aquel vacío era demasiado grande para él, tan sólo pensó en buscar alguna forma de ser importante. De hacerse notar.

Quizás todo comenzó el día en que lo encontraron. Era un niño distinto al resto, demasiado fuerte, demasiado feliz, demasiado inocente. Los inocentes son los primeros en caer, no te preocupes, tú hace mucho que dejaste de serlo. En fin, ¿en qué estábamos? Oh sí, Alfred. Su inocencia inicial no le salvo de la soledad, una compañera que hasta el día de hoy, no le ha abandonado, quizás para su desgracia o fortuna. Abandonado por aquel que prometió cuidarlo, quererlo y protegerlo, Alfred se refugió en su mundo de juegos, donde él era un héroe (un egoísta héroe), y aún así estaba solo. Solo y sin nadie en el mundo que le explicara el propósito de su vida. Un chiquillo abandonado a su suerte. Lentamente, comenzó a crecer con la falsa idea de que así, como era, conseguiría aquella compañía tan anhelada.

Que error más estúpido.

Cuando él volvió, Alfred no era el mismo, ya no sentía igual y la memoria del otro seguía intacta e imperturbable. Para él aún era un niño. El día llegó y la traición afloró dentro de su corazón. ¡Alfred ya no era un niño! ¡No quería que le siguieran viendo como a esa colonia nueva y pequeña! No, él dejo que el dolor y el sufrimiento le cegaran por completo y se enfrentó contra el que alguna vez llamó: hermano.

Los humanos son tan… susceptibles. Sus pasiones bajas controlan sus vidas, y no se permiten disfrutar de nada, simplemente destrozan lo que tiene cerca para sentirse fuertes. Creo que por eso les quiero tanto. Siempre aplastando al resto, sólo para obtener lo que creen les llenara. Patéticamente hermoso.

El tiempo paso para Alfred, como las gotas de lluvia que caen del alfeizar hasta el suelo. Sin detenerse nunca, sin permitirle mirar atrás o añorar aquel pasado que jamás volvería a él. Él, para olvidarse de aquel abandono y sus errores, se sumergió en aquel mundo lleno de delicia para el paladar. Y aunque se sentía lleno, sólo duraba minutos, pues Gula siempre tiene hambre... siempre está hambrienta.

Sin darse cuenta, ella había llegado a su vida, entre fiestas de té y muchos bocadillos; le ofreció todo el amor y cariño que el pasado nunca le entregó. Le juró, que si algún día se sentía triste, con tan sólo probar un poco de sus delicias, se sentiría mejor, y el dolor se esfumaría, como las hojas que se lleva el viento en Otoño. Con sus cabellos color chocolate, y sus ojos marrones, ansioso de más comida, le extendió aquel dulce bocadillo que sellaría su pacto. Un pan partido a la mitad, con la carne más jugosa y exquisita que jamás haya probado el ser humano, fue el trato que se realizó entre ambos.

—Te prometo, Alfie —Gula sonrió, acariciando los rubios cabellos del americano—, que siempre tendrás mi amor en cada uno de estos bocadillos, y que esta carne tibia, que jamás rodeó tu cuerpo, te dará ese calor lleno del amor que siempre quisiste.

—¿En serio? —Alfred alzó su rostro, mirando a la Gula, con la confianza de un niño inocente—. Por favor, si esto es falso, vete. Ya no quiero… digo, soy un héroe, pero no me gusta sufrir…

—El pasado ya no existe Alfie —las manos tibias de Gula acariciaron el rostro de Alfred, mientras retiraba las migajas de su rostro, para consumirlas ella misma—. Ahora, lo único que hay es una vida conmigo —y sus labios, carnosos y rojos, se abrieron de forma grotesca para poder preservar aquellas migajas.

Ilusa, o sabiamente, Alfred le creyó y descubrió que el comer era en extremo suculento. No importaba qué era, o qué cantidad consumía. Al final, el dolor, la perdida, la soledad y lo demás se iba y era llenado con aquel sabor tan delicioso como amargo. Y cuando lo veía, el dolor se volvía insoportable hasta el punto en que necesitaba comer frente a él, para volverlo una amarga ilusión. Un simple recuerdo oxidado, como los soldados que descansaban en su ático, y que jamás, bajo ningún motivo, saldrían de ahí.

Dirás, que tal vez la Gula no es tan mala. Y no, no lo es. Pero déjala sin comer y verás lo que es maldad. Alfred lo ha experimentado dos veces; suficientes veces para jamás pensar en una dieta, ni en el temple ni en nada que incomode a Gula. Pues es tan voluble como Ira, tan viciosa como Lujuria, e incluso más avara que Avaricia con la comida. Me quedaría a contarte más, pero ya ha pasado mi tiempo y quiero dormir mi siesta, quiero ser perezosa y no tener que preocuparme por tu insignificante curiosidad.

No me digas nada, nos vemos mañana y procura recordar mejor quién soy. Una pista: Me llaman mito.


¡Taaa! Cómo me costo el capítulo xD Alfred me cuesta trabajo no ponerlo egocéntrico y activo y... siendo él xD Gracias por sus reviews, de verdad :3 me alegra que les guste la historia, aunque siento que me hace falta pulir más mi forma de escribir.


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Pecado Tercero
Avaricia. Avaritia. Avarice
Y el verlos a todos teniendo lo que deseaban, ser felices con sus cosas y gastando sus amistades como si de dinero se tratara... Por eso un día decidió que todos vivirían con él, que todos le sonreirían a él, y que nadie nunca le abandonaría... como aquella vez.