Capítulo 2

Aquel día había firmado el documento final de adopción que reconocía oficialmente a Angelika como hija de Herr von Jungfrau, portadora de sus apellidos y que le daba el derecho también a usar el escudo de armas de la familia. Su testamento fue estampado con el sello real para reconocer a la niña como su legítima heredera.
Una vez finalizado este papeleo el destino hizo que por primera vez se fijara en la persona que se convertiría en el amor de su vida.

El joven herrero que vivía en la capital del reino se había presentado en el patio de armas pues traía el pedido que Aioros le hizo unas semanas antes para suplementar la armería real. Se acercó al grupito que formaban Shaka; Aldebarán Cesarini, el capitán de la guardia real que justamente había terminado de entrenar con el rey Shion; el príncipe Milo que venía a entrenar con Shaka y el "famoso" secretario de Aioros.
Aldebarán y Milo se sorprendieron muchísimo al saber que el estratega tenía una hija y se echaron unas risas por lo bajo cuando al secretario se le ocurrió declarar delante de todos ellos que Mu debía ser el futuro esposo del rubio, ya que definitivamente necesitaría tener a alguien que le ayudara con el cuidado de la chiquilla. Shaka se quedó sin palabras y el pobre Mu se ruborizó hasta las raíces del cabello y no se atrevía a mirar a nadie.

—¡Qué niño tan lindo! —dijo Aioros, que acababa de llegar y vio aquella escena. Agarró a Mu de una mano y le hizo ponerse junto a Shaka—, mi secretario tiene razón, haríais una pareja excelente, ¿no es cierto, Alteza?
El joven príncipe no se atrevió a decir ni pío pues Shaka le dirigió una mirada severísima y el jovencito sabía que su maestro era un instructor muy estricto.
Shaka echaba chispas, tanto por la vergüenza que estaba pasando al oír a otras personas discutir un asunto que consideraba íntimo como por el mal rato que estaban haciendo pasar al joven herrero. Finalmente perdió la paciencia y les increpó el que no tuvieran nada mejor que hacer que meterse en lo que no les importaba y les dijo que puesto que no tenían nada mejor que hacer les buscaría trabajo adicional en un tono que no dejaba lugar a dudas.

Mu se fue una vez que depositó su trabajo en el lugar correspondiente en el patio de armas. El pobre chico no sabía ni donde ponerse; no quiso decir ni media palabra puesto que aquellos hombres tenían un rango social muy superior al suyo y por otro motivo que no se habría atrevido a revelar a nadie y que, por casualidades de la vida, Herr Aioros había expuesto en público.

Al príncipe le cayeron sesiones dobles de entrenamiento, Shaka incluso le advirtió muy claramente que no se atreviera ni a chistar puesto que tenía permiso del rey Shion para disciplinarlo como mejor le pareciera. Aldebarán también optó por retirarse arguyendo que tenía que entrenar a sus hombres.
El secretario de Aioros, a quien las palabras de Shaka dejaron indiferente pues cuando estaba empeñado en algo no había quien lo parara, aún no se había ido y Herr Aioros le dirigió una mirada cómplice y susurró las siguientes palabras al oído del rubio.
—No sé por qué te ofendes, Shaka. A todos nos alegra mucho el que ya no estés solo porque tu hijita iluminará tus días y Mu... tus noches.

Justo entonces llegó Shion, la siguiente víctima de las palabras del secretario; el rey dio una rápida excusa y se fue de allí a toda prisa pues estaba a punto de darle un fuerte ataque de risa. Por suerte para aquel muchacho, Shion era un hombre benévolo que no se ofendía con cualquier tontería pues de haber vivido en otro lugar, quizás su cabeza ya no hubiera reposado sobre sus hombros.

Tras la lección con Milo, Shaka fue a los aposentos de Aioros para formalizar ciertos trámites y arreglar numerosos papeles. El tema de conversación de lo ocurrido anteriormente surgió, hasta que quedó zanjado en cuanto Aioros sugirió que Shaka viniera a cenar a su casa unos días después del baile en el palacio de Von Herzel. Shaka aceptó la invitación puesto que tenían varios asuntos por discutir pero dejó bien claro que no quería ver a aquel impertinente secretario o de lo contrario no respondería de sus acciones.
Aioros tenía otras ideas pero se calló y una vez que el "rubio teñido" se fue, se marchó a la herrería en donde había quedado en verse con Mu anteriormente pues había algo que quería discutir con él.