Segunda parte de este pequeño fic, dedicado a Minos de Grifo.

Muchas gracias a Raixander, Victoria Niké, Tomoechan100, PrincessVirgo, Lobunaluna y LiaraPrincetone por seguirla y dejar comentarios. A ésta última, que tanto te gusta Minos ;)

¡Espero que os guste!


2. Grifo

Canción: "3 am" de Liv Kristine, junto a Nick Holmes.

I can guarantee that…

Polvo de ángel…

Bonito nombre para una droga. Con una mueca de perplejidad, Minos observó el contenido de la bolsita de plástico.

Rebuscó en los bolsillos de la chaqueta de cuero y encontró un pedazo de papel albal. Justo lo que necesitaba en esos momentos.

Los dedos habilidosos del juez desenvolvieron rápidamente el aluminio y descubrió la bala de marihuana. Deshaciéndola rápidamente, lo mezcló con un poco de tabaco picado y lió un cigarro, que pasó a fumarse con avidez.

Canturreó una canción de la que ni siquiera se sabía la letra, pero que era lo poco que podía recordar desde que aterrizó en el mundo de los vivos.

Chasqueó la lengua cuando escuchó el sonido de la música tecno proveniente de la pista, más audible que nunca. Y el chirriar de las bisagras de la puerta abriéndose, haciendo que alguien entrara en el cuarto de baño.

Para su fortuna, los hombres usaban pocas veces el retrete, ya que el consumo de alcohol durante la noche obligaba a servirse de los urinarios anclados en la pared.

Aún así, Minos aguantó la respiración, esperando a que el que quiera que anduviera interrumpiendo su proceso de intoxicación nocturna saliera de una vez por todas.

Arrodillado frente al váter, depositó una pequeña cantidad de aquel polvo de divino nombre.
Comenzó a pensar en una deriva de tonterías que había escuchado en un canal presuntamente educativo, mientras hacía zapping para poder dormir.

Rió entre dientes al recordar la sarta de imbecilidades que había escuchado y que ahora recordaba con claridad.

—Mira que decir que los ángeles eran alienígenas.

Volvió a entrarle una risa floja que se mantuvo en su garganta mientras continuaba recordando a aquel griego de peinado estrambótico y que estaba obsesionado con los extraterrestres. La raya del polvo fue tomando forma gracias a la tarjeta que el noruego iba moviendo habilidosamente.

—Debería visitarle y mostrarle la verdadera naturaleza de los dioses griegos.

Masculló entre risas, pero siguió pensando que sería mala idea, puesto que seguro que no le agradaría ver en la tele como aquel griego diría que había hablado con un alienígena, en lugar de con un juez del Inframundo.

El Inframundo…

Ciertamente lo echaba de menos. Si no hubiera sido por esa ambiciosa mujer…ahora él estaría dictando sentencias, con su mano derecha Lune.

—Ya me jode admitir que echo de menos a ese idiota y su obsesión con el silencio.

Volvió a reírse pero calló al instante, mordiéndose el labio inferior. Repiqueteó la tarjeta de plástico sobre la tapa del inodoro, en un gesto de puro nerviosismo.

Las imágenes se sucedían rápidamente. Le vio sentado en aquel trono. A su vera, aquella maldita mujer de cabellos oscuros y piel marmórea.

La voz aterciopelada no amortiguó aquellas puñaladas lanzadas desde su boca, desgarrando y cortando los hilos que ataban a sus compañeros y a él mismo a su fe.

Como un borboteo, la ira resurgió con fuerza, como en aquellas noches que no podía dormir y terminaba hiriéndose al estrellar cualquier objeto que estuviera a su alcance contra el suelo.

Ya era hora. Algo le decía que debía unirse a sus dos compañeros de fatigas.

Ahora sabía cómo hacerlo.

Un suspiro largo que dejó exhalar sus añoranzas, antes de partir.

Si al menos la orden hubiera provenido de Hades…

Recogió la bolsa de plástico y vació todo el contenido, formando una montañita.

Si al menos hubiera podido despedirme…

Separó en varios montículos pequeños el polvo.

Si al menos nos hubieran dicho de qué iba este mundo…

Formó varias rayas, finas y perfectas.

Echo de menos a mis compañeros…

Enrolló un billete de 200 kroner entre sus dedos.

Echo de menos el Inframundo…

Esnifó la primera. Y la segunda. Y la tercera. Y la cuarta. Sentía su cuerpo agitado.

Quiero volver, sólo allí significo algo…

Y la quinta. Y la sexta. Y la séptima. Corazón taquicárdico. Golpes en la puerta del baño.

Quiero seguir juzgando a los muertos y no a los vivos…

Lo último que escuchó fueron los gritos de varios hombres. Al fin y al cabo era el último sentido en perderse ante el umbral de la muerte.

…I will come to life.