CAPÍTULO 2 ¿Cuál es este Pokémon?
De nada sirvió decirle al comisario que solo llevaba un año en el cuerpo y que no se veía preparado para una misión de tal calibre. Tampoco le sirvió que le dijese que no le gustaban los Pokémon. Ni que argumentase que no tenía ninguna experiencia sobre ser entrenador Pokémon. De hecho, eso le hacía ganar puntos para la misión. Que Rhett fuese la persona elegida para la misión se había decidido mucho antes de que él entrase en aquel despacho. Así que se resignó y salió del despacho del comisario con el dossier que le había entregado Handsome.
Realmente, el dossier no contenía más información sobre el Team Sunrise que la que Handsome le había dado durante la reunión, pero sí que había unas instrucciones sobre cómo llevar a cabo la misión. La Policía internacional le había asignado a Eponine como su enlace con ellos, ya que era originaria de la región de Bekaree. Esto alegró bastante a Rhett. Si tenía que ir a una región que no conocía a hacer algo que no le gustaba, por lo menos tendría una cara conocida con la que hablar.
Rhett se reunió con Eponine para ultimar los preparativos de la misión. El entusiasmo de Eponine era más que evidente. Su misión era la de recibir la información que Rhett consiguiese, para lo cual utilizarían unos videomisores que les había dejado la Policia Internacional. Su tarea consistiría básicamente en estar encerrada en las instalaciones de la Policia Internacional en Bekaree y hablar con Rhett por videomisor, pero ella desbordaba felicidad igualmente.
Lo primero que hizo Eponine fue entregarle ropa de entrenador Pokémon. Le entregó una chaqueta de color verde y amarillo que imitaba el pelaje de un Electrike, y un camiseta azul con el dibujo de una Honor ball.
-Vaya, no les ha dado por ser sutiles.-Comentó Rhett mientras miraba la ropa con escepticismo.
-Si queremos que crean que eres un entrenador Pokémon, lo que menos necesitamos es ser sutiles.-Contestó Eponine.
Lo siguiente que le entregó fue una gorra que al parecer era una réplica de la que llevó en sus tiempos un campeón de la Liga Pokémon de Kanto. Lo último que le entregó fue el videomisor con el que estarían en contacto, un billete para el S.S. Esplendor con destino a Bekaree y una mochila.
-Te recomiendo sacar dinero antes de viajar. Verte sacar Pokecuartos de un banco levantaría sospechas sobre ser un entrenador. Bueno, estaremos en contacto por videomisor. No conviene que nos vean juntos en Bekaree.-Dicho esto, se despidieron deseándose buen viaje.
Para alegría de Rhett, el viaje hasta Ciudad Trufa transcurrió sin incidentes. Ciudad Trufa era la principal ciudad portuaria de la región de Bekaree, por lo que le habían comentado otros pasajeros durante el viaje. La ciudad contaba con un Gimnasio Pokémon así como de un enorme mercado al aire libre muy popular entre los visitantes. Ciudad Trufa era además la antesala a la Liga Pokémon de Bekaree, que se encontraba al norte de la misma; ya que era la última ciudad antes de la Calle Victoria. Era verdaderamente una ciudad bulliciosa, con multitud de personas y Pokémon que transitaban sus calles.
Rhett tenía que avisar a Eponine de su llegada, así que comenzó a caminar para encontrar un lugar tranquilo en el que llamarla. Sin saber cómo, acabó en el mercado de Ciudad Trufa. Un gran número de tenderetes exhibían sus productos, desde ropa, artesanía y productos para los Pokémon hasta puestos de alimentación. Rhett iba mirando los puestos por encima cuando un vendedor de bayas especialmente ruidoso le llamó la atención.
- ¡Bayas! ¡Bayas Enigma! ¡Compre aquí una baya Enigma!
En el puesto se exhibían una gran variedad de bayas de todas las formas y colores, desde las más comunes, como las bayas Aranja hasta las más extrañas, como la que estaba anunciando el vendedor.
-¿Bayas Enigma? ¿De qué región son?
El vendedor se encogió de hombros sonriendo.
-Ah, amigo mío, eso es todo un misterio…
Mientras el vendedor le hablaba de las bayas, Rhett no pudo evitar observar como un pequeño Pokémon de color rosa cogía unas bayas del puesto y se las comía sin dudar un segundo. Inconscientemente, exclamó:
- ¡Eh, tú! ¡Ladrón!
Las palabras de Rhett pillaron sorprendieron al Pokémon, al comerciante y a los transeúntes que estaban por las proximidades. El Pokémon miró a Rhett desafiante, agarró unas bayas, se las metió en la boca y salió corriendo. Rhett empezó a perseguirlo.
-¡Eh, alto ahí… tú!- Rhett había visto Pokémon de esa especie antes, pero no recordaba su nombre. El Pokémon le hacía caso omiso. Rhett consiguió alcanzarle saltando sobre él- Lo inmovilizó e intentó ponerle las esposas. Fue entonces cuando sintió como una punzada en el estomago. La fuerza de la costumbre había hecho que cogiera sus esposas, se las colgara en el cinturón e intentase atrapar al Pokémon con ellas. Acababa de destrozar su tapadera antes de empezar siquiera su misión. Pero ya que había pillado al ladronzuelo, acabaría lo que había empezado. Viendo, que las esposas eran inútiles con ese Pokémon (algo evidente, por otra parte) buscó a su alrededor algo con lo que inmovilizarlo. Al no encontrar nada. decidió sujetarlo con los brazos. El Pokémon pesaba mas de lo que aparentaba.
Le llevó un rato volver al puesto, debido al peso del Pokémon y a que no paraba de forcejear para escapar, pero consiguió llegar, no sin recibir unos cuantos mordiscos. Allí dijo en voz alta:
-¡A ver! ¿A quién pertenece este Pokémon?
Si el Pokémon pertenecía a un entrenador y se le había escapado para delinquir, alguien lo reclamaría, y entonces se haría cargo de las bayas que se había comido. Pero solo consiguió que la gente que pasaba le mirase extrañada. Si ese Pokémon pertenecía a alguien, se había desentendido de él. Tras un rato, el dependiente vio las esposas que todavía colgaban en el cinturón y le preguntó:
-¿Por qué llevas unas esposas?
Rhett titubeó antes de responder.
-Eh, si… son… un recuerdo. Mi padre era un... mago profesional, un escapista. Sí, eso es. Y son un recuerdo. De mi padre. El mago profesional.
El comerciante le dedicó una mueca de incredulidad antes de responderle.
-El caso es que lo más probable es que sea un Pokémon salvaje, hay muchos por esta zona por toda la gente y comida que hay, les atraen todas las sobras que se generan; y las bayas que ha cogido no son tan valiosas.
-¿Y qué hago ahora con él?
El vendedor se encogió de hombros. -Bueno, tú lo has atrapado. Decide tú qué hacer con él.
Esas palabras aturdieron a Rhett. Había atrapado a un Pokémon. A su primer Pokémon. Se sentó en el primer banco que encontró vacío. Miro al Pokémon que todavia sujetaba con los brazos, que pivotaba entre forcejear para librarse de él y mirarle con resignación. Entonces se acordó de su nombre.
-Snubbull.
