Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, la historia está basada en una hermosa canción de Adele que lleva el nombre de He won´t go.
Primero quiero agradecer a todas las chicas que se tomaron un poco de tiempo para leer y votar por esta historia. Es mi segundo concurso y fue realmente maravilloso haber ganado. Muchas gracias : )
Ahora, empezamos esta historia con inspiración en la canción He won't go de Adele y para terminarla Edward nos contará lo que pasó inspirado en "Make you feel my love" por supuesto de la maravillosa Adele.
Espero que les guste.
PD: Por favor escuchen la canción mientras leen el cap. Es muy, muy hermosa. Mi canción favorita de Adele.
Make you feel my love
Podría decir que entendía lo que pasó. Que los gritos, los disparos, los estallidos, la muerte, la miseria y al final… la oscuridad tenían un significado; pero después de que el tiempo ya no fue más tiempo y descubrí que el negro puede ser aún más profundo de lo que cualquiera creería, estoy seguro que no lo tuvo. No hubo una razón.
Nada de lo que viví, por lo que luché y por lo que me encontraba en este limbo valió la pena.
La guerra no fue más que el desperdicio de todo un mundo.
Sentía a mí alrededor el extraño zumbido de la muerte llamando y extendiendo su mano con una sonrisa. En realidad es muy diferente de lo que la mayoría piensa. Ni siquiera usa la túnica negra o tiene las manos huesudas ni el rostro marcado con esa cruel expresión que atormentaba los sueños de los que le temían.
La muerte no era así.
Era un ángel el que mostraba su rostro de compasión trayendo consigo una promesa de alivio, de campos extensos cubiertos de oro y felicidad. Tal como mamá había dicho.
– Ven conmigo – dijo su voz muda.
Sus inmensas alas trayendo luz
– ¿A dónde?
– Lejos de aquí
– ¿Ya no dolerá?
– No
– ¿Por qué debo irme contigo? – sus ojos blancos estaban fijos en mí.
– Porque debes descansar.
– ¿Y ellos? – le dije indicándole el montón de cuerpos estáticos que rodeaban la podredumbre de mi alrededor. Y a pesar de haber una oscuridad total yo podía mirarlos. Tal vez ese era un castigo.
– No puedo verlos. Soy ciego
– ¿Por qué?
– El Señor cegó mis ojos para que sólo pudiera ver la gloria de su presencia.
– ¿Entonces cómo sabes que estoy aquí?
– Puedo sentirte. Estás a punto de morir.
Miré mis manos tenuemente iluminadas por la luz que desprendía el ángel.
Voy a morir.
Sería un pensamiento reconfortante, sería una promesa que aceptaría con desesperado agrado. Sería lo único por lo que rogaría. Me arrastraría sobre mis pies y lloraría por obtenerla. Cuando el alma está tan rota y maltratada como la mía, cuando el cuerpo ha sido destrozado hasta la invalidez como el mío, la muerte sería la única solución.
Daría todo lo que soy por morir… sino fuera por ella.
Aun en la oscuridad puedo verla. Con sus labios rojos y su sonrisa transparente, abriendo sus brazos en un juramento de amor eterno.
A pesar del destrozo de mi cuerpo y mi alma mi corazón seguía latiendo fuerte y vigoroso en mi pecho por ella.
– ¿Y Bella?
– Ella está muy lejos de aquí
– ¿Qué pasará con ella?
– Sólo está en sus manos decidirlo. Tú ya no formas parte de su vida.
Esas únicas palabras destrozaron este ser más de lo que cualquier guerra en el mundo pudiera hacer.
¿Cómo no puedo ser parte de su vida?
¿Cómo no puede ser su vida la mía?
No hay forma en la que siga viviendo si no es porque la vida de mi esposa espera por la mía.
El ángel estaba equivocado.
– Hice una promesa
El ángel se quedó en silencio.
– ¿No significa eso nada para ti?
La desesperación crecía y burbujeaba dentro de mí. Debía haber una manera, algo que pudiera hacer para volver con ella.
No podía irme.
Ella me esperaba.
– No está en mis manos.
– ¿De quién?
– Está en las manos del Señor.
Volví a mirar alrededor buscando una salida. Una forma de salir de esta oscuridad. Nunca había luchado con un ángel ¿sería difícil?
– Nunca podrías vencer a un ángel del Señor – dijo con su voz de trueno.
– Entonces déjame volver con ella.
De repente una brisa arrolladora golpeó contra los dos. Sin embargo el Ángel de la Muerte no se inmutó. Seguía con su mirada vacía fija en mí.
– ¿Qué harías por ella?
– Todo. Lo haría todo.
El ángel permaneció quieto durante mucho tiempo hasta que levantó una espada detrás de su túnica. Era una espada de fuego.
Me señaló con ella.
– El Señor te ha dado otra oportunidad.
Casi me arrodillo frente a él. Felicidad de nuevo. La sentía correr por todo mi ser.
El fuego que desprendía la espada era cálido y no quemaba. El ángel se acercó aún más y la puso sobre mi pecho.
– Esta espada tiene dos filos – dijo batiéndola demasiado cerca de mi corazón – mientras que uno corta el otro sana la herida. Si puedes ser como esta espada podrás permanecer con tu mujer hasta que el Señor te vuelva a llamar.
Y entonces todo desapareció…
Y la oscuridad fue más profunda… y el dolor más agudo.
Desperté en medio de un campo de cuerpos mientras veía cómo los que fueron mis amigos, compañeros y hermanos en la guerra ahora estaban siendo tragados por la tierra.
Yo desperté de entre los muertos y lágrimas de agradecimiento corrieron por mis ojos.
Me levanté tambaleante todavía sintiendo el peso de las balas en mis costillas y en mi hombro.
Me arrastré sobre la tierra y la besé. Abracé el dolor con toda mi alma porque gracias a eso sabía que estaba vivo. Que tenía otra oportunidad para volver a ella. Para cumplir con todas mi promesas y para demostrarle mi amor.
La oscuridad trataba de llevarme de nuevo a su exilio, pero ahora había una fuerza en mí que nacía desde mi propia alma enardecida que gritaba por el renacimiento. Mi alma gritaba por Bella.
Traté de levantarme de ese campo lleno de miseria y crueldad. Mis sueños de grandeza y gloria quedaron abandonados y estancados bajo mis pies con cada paso. Y me sentía enormemente bendecido por eso.
No sé cuánto tiempo caminé en busca de ayuda hasta que el espíritu se rindió y caí de nuevo al suelo. Sentía que estaba destinado a sentir la aridez de la roca contra mi rostro, golpeando y arañando. Pero a pesar de haber perdido el control sobre mi mismo ahora ya no había oscuridad alrededor. Una brillante luz rodeaba el espacio, una luz que nacía desde el centro de mi pecho donde el ángel había posado su espada.
Ya no estaba atrapado entre las sombras.
Nunca más…
...
Es extraño cómo un hombre puede perder todo lo que ha conseguido durante toda su vida en tan sólo un segundo. El segundo exacto en el que la primera bala impactó en mi hombro. Ahora no puedo mover bien el brazo y me siento extremadamente débil.
Tan débil e incapaz como me veo.
Ya no soy ese hombre que se despidió de su esposa aquella tarde, cuando todavía creía que la fuerza de voluntad podía hacerlo todo, cuando creía que los sueños son todo.
Ahora me he perdido a mí mismo dentro de esta persona a la que ya no reconozco.
Mi rostro es diferente y mi alma también, hay cicatrices fuera y dentro de mí. La oscuridad que un día desapareció en medio del calor de una segunda oportunidad, ha vuelto sobre mí aún con más fuerza.
Y todo fue aún más oscuro.
Alguien me encontró entre los escombros y me rescataron, después de curar mis heridas me retuvieron de nuevo.
Es tan fácil que un ave vuelva a caer dentro de la jaula … y a veces puede ser una mucho, mucho peor.
Los rusos.
Cómo odio a esos hijos de puta.
Cuando pensé que las cosas mejorarían, cuando creí que viviría para verla de nuevo, todo se fue al infierno.
Ellos me retuvieron, me atacaron y rompieron mi espíritu más allá de lo que la misma guerra logró. Trataron de convertirme en un mercenario, en alguien al que pudieran ver y reflejarse a sí mismos. Golpearon mi cuerpo y mi honor, intentaron cambiar mi aspecto para que no pareciera "un puto yanqui" y mataron todo lo bueno que hubo en mí alguna vez.
Muchas veces le pedí a Dios que me llevará, que cumpliera con lo que el ángel dijo. Que ya no habría dolor, que podría descansar, pero entonces, como si fueran puestas en mi cabeza, imágenes de Bella me llenaban durante el dolor.
Y ya no podía arrepentirme de lo que pasaba.
Debía haber un propósito, debía existir una razón.
¿Cómo puede un hombre pasar por todo lo que yo pasé sin justificación?
Dios no haría eso, no el Dios que me dio otra oportunidad.
Así que soporté. Me encerré en mi mismo, cegué mis ojos y atrofié mis sentidos para que ellos sólo pudieran destrozar algo que ya estaba muerto.
Y lo hicieron, me destrozaron completamente.
Cada noche después de volver a abrir mis ojos al presente, después de todo un día de muerte, volvía a verla.
– No puedes atraparme Edward – su risa llenaba mis oídos.
La veía correr con su falda ondulante al viento y sus cabellos golpeando su rostro.
Hasta que ella se tropezó con una piedra y se raspó la rodilla.
Corrí hacia Bella.
– ¿Estás bien?
– Sólo duele un poco, nada que algo de amor no pueda curar – dijo ella con una sonrisa, aún cuando podía ver las lágrimas en sus ojos.
– Bella no quiero que finjas que no duele, eso lo hace peor.
– ¿No es lo que mamá siempre dice?
– Nunca entiendo lo que ella dice.
– Pues es verdad Edward, si puedes creer que hay alguien que estaría dispuesto a hacer todo lo que sea posible para hacerte sentir mejor el dolor disminuye. A mí no me duele porque te tengo a ti y a mamá.
Siempre pensé que Bella estaba un poco zafada, después de todo lo que pasó para salir de ese orfanato pensaba que debía tener secuelas, pero ahora, cuando he experimentado todas las clases de dolor puedo al fin entender.
Ella y mamá siempre tuvieron razón.
Durante mi cautiverio sueños sobre Bella, del pasado y del futuro, me mantuvieron cuerdo. Ella me llamaba y me consolaba, me dejaba poner mi cabeza sobre su regazo y acariciaba mis cabellos. Y cuando no podía dejarme morir frente a mis captores ella volvía y me susurraba al oído.
– Te amo Edward. Estoy esperando por ti.
Así sobreviví durante 14 meses hasta que fui rescatado y traído de vuelta a Estados Unidos.
A pesar de mi cuerpo magullado y las heridas corrí hacia Bella. Ni siquiera me preocupé sobre mi aspecto porque sabía que ella me amaría de la misma manera, así como yo la amé en medio del desastre, pero nunca imaginé que tan doloroso fue que ella me hubiera olvidado.
Corrí hacia la que un día fue nuestra casa, donde creí que podríamos tener juntos esa vida de amor que siempre soñé para los dos.
Ella estaba en el porche y su rostro estaba muerto, toda ella estaba muerta. Fue un golpe como ninguno encontrar a mi Bella de esa manera. Ella que siempre tenía una sonrisa, que con su bondad y su inocencia podía curarlo todo. La que casi me golpea cuando entré al ejército.
Mi mujer ya no estaba en ese cuerpo frío que miraba ausente hacia el océano. Ella ni siquiera me dedicó una mirada. No hizo ningún movimiento. Estaba estática como una antigua escultura y sus ojos clavados a la distancia como si no existiera nada más en el mundo.
Y a pesar de todo yo la seguía amando con toda la fuerza de este cuerpo destruido por la maldad de mundo. Yo la seguía amando de la misma manera. Mi amor no había cambiado y el de ella…. El amor de Bella había muerto como ella misma.
Salí derrotado de allí como nunca me había sentido, no me creía capaz de hacerla reaccionar, de hacerle ver que estaba con ella de nuevo. Porque yo también estaba muerto.
Me perdí de nuevo… volví a caer en la oscuridad de la que una vez el Ángel de la Muerte me sacó y esta vez… ya no había una razón para regresar.
…
La fuerza, la voluntad y la vida me habían dejado hace mucho tiempo.
Me acogió la calle en su duro regazo y no tuve nunca el deseo de salir y buscar algo más.
Me convertí en un mendigo, un vago, un bueno para nada, pero no me siento menos por eso. Soy lo que soy, un hombre al que nadie recuerda, alguien en quien nadie creyó. Ni siquiera mi esposa.
Mis amigos me fallaron y mis padres… incluso ellos me defraudaron.
Nunca vi a Bella por estas calles, me preguntaba si ella abandonó la ciudad y buscó una vida de verdad para ella. No lo sabía.
No volví a buscarla. Me hería demasiado verla.
Cada noche en cualquier esquina de cualquier lugar trataba de volver a perderme en mi mismo. No quería recordar, no quería ver el rostro de este hombre al que todos olvidaron. Alguien que no existe, un "nadie"
Y eso es lo que he estado haciendo durante los últimos meses.
– ¡Fuera de aquí vago! – gritó un hombre.
Abrí los ojos y vi al que un día fue mi amigo. Mike Newton.
Era un imbécil por no haber huido a otra ciudad, pero todavía había algo que me retenía aquí. Tal vez al final Bella no se fue.
– ¿No me escuchas imbécil? ¡Estás molestando a la gente! – miré alrededor, un pequeño grupo de espectadores se había congregado mirando con curiosidad.
– ¿Eres tonto? – dijo él tomándome del brazo – ¡FUERA DE AQUÍ!
En otros tiempos lo hubiera golpeado, pero hoy… tal vez unos días en la cárcel serían buenos, cualquier cosa estaría bien ahora. Ya no importa nada.
– ¡Dejen a ese hombre en paz! ¡Por Dios! – gritó alterada una voz femenina.
Es posible que mis sentidos y mi propio ser estuvieran muy entumecidos, pero mi corazón no. Ese desgraciado reconocería esa voz en cualquier lugar.
Bella sí se había quedado.
– Señora Cullen estamos haciendo nuestro trabajo. Hay albergues que se encargaran mejor de él – dijo Newton señalándome como si fuera lo peor que le había pasado en la vida. Y así sería si no me soltaba pronto.
Por alguna razón la fuerza y la esperanza volvían lentamente a mí.
– No necesitaba que lo maltrataran de esa manera – dijo Bella.
Quise mirarla, ver si en sus ojos yo seguía siendo un extraño, un marido al que no valió la pena recordar, pero no fui lo suficientemente valiente.
Salí huyendo de allí.
Corrí con todas mis fuerzas a los muelles, llorando como un niño porque la había vuelto a ver. Porque ella no se había ido.
Quería creer que ella se quedaba porque no podía dejarme ir, que quizás yo fui tan importante para Bella como nuestro amor fue para mí.
Quería volver a creer.
De repente unas palabras llegaron a mi mente, una voz de trueno hablaba atravesando todo mi cuerpo.
Esta espada tiene dos filos, mientras que uno corta el otro sana la herida. Si puedes ser como esta espada podrás permanecer con tu mujer hasta que el Señor te vuelva a llamar.
Me dejé caer sobre mis rodillas y empecé a llorar de nuevo.
El dolor y el alivio, la vida y la muerte, la herida y la cura. Todos eran parte de un mismo ente, así como Bella y yo éramos uno solo. Su dolor fue mi dolor en la guerra y mi tortura fue su muerte.
¿Cómo volver ahora?
Esta espada tiene dos filos, mientras que uno corta el otro sana la herida.
¿Cómo empezar de nuevo?
Mientras que uno corta el otro sana la herida.
¿Era eso posible?
Ella me lastimó y yo la maté ¿podíamos ser la cura aún cuando somos la enfermedad?
Una voz desde el fondo de mi pecho habló.
"Sólo duele un poco, nada que algo de amor no pueda curar"
El calor volvió y con él la esperanza y la fuerza.
Bella me necesitaba y yo necesitaba a mi mujer de vuelta. Tal vez ella no pueda amar a un Edward que había muerto olvidando sus promesas, pero al hombre que era ahora… ella debía amarlo.
Bella tenía que seguir amándome, aunque no me reconociera ella tenía que amarme.
Salí de los muelles y fui a un albergue.
No tenía nada, pero tenía este fuego creciendo con fuerza en mi corazón, propagándose a todas las partes de mi cuerpo y todas ellas gritaban por el toque de Bella.
Durante meses la seguí, la veía en nuestra casa cosiendo, haciendo la comida, sembrando y cosechando.
La expresión de su rostro nunca cambiaba, siempre una mueca de total indiferencia. Todas las tardes se sentaba en una banca y miraba al horizonte de nuevo. Como si esperara que el hombre que fui volviera por ella.
Volví Bella y tú no me reconociste.
Llegué a su vida de nuevo, como el mendigo que ahora soy. Ella no me rechazó, no le importó mi nombre y tampoco las razones por las que un hombre joven se había convertido en un vago. Bella me miraba como miraba a todo lo demás. Y eso era aún peor que cualquier masacre.
Ella veía los trenes pasar, aun sabiendo que su marido estaba muerto ella seguía esperando. Mi corazón se hinchó de orgullo y dolor por ella.
A veces lloraba en silencio, se abrazaba a sí misma y perdía todo contacto con el mundo. Otras sólo regresaba a su estado de pasividad y no sonreía. Ahora Bella ya nunca sonreía. Los dos seguíamos haciéndonos daño, ella con su dolor y yo con mi muerte. Pero no me rendía.
Cuando las sombras de la noche y las estrellas aparecían yo quería estar allí para abrazarla y secar sus lágrimas. Hacerle sentir mi amor. Algo que de todo lo que fui nunca murió, pero Bella no me dejaba tomar ese lugar aún. Ella seguía esperando algo que nunca volvería.
Bella seguía siendo la mujer que me atrapó con su vestido blanco y cabello café, de ojos tan brillantes que te podías reflejar en ellos, la mujer que he amado toda mi vida. Mi Bella seguía viva dentro de esta extraña.
Esta extraña era fuerte y fría, callada y triste. Tan hermosa como un día de primavera.
Los dos éramos dos desconocidos que necesitaban volver a encontrarse, dos almas perdidas que debían volver a estar juntas.
El tiempo pasaba y nunca sentí que fue suficiente para estar a su lado, ella dejaba que me acercara cada vez hasta que en Navidad pude tocarla y recordarle la promesa que mantenía.
Mi amor siempre me haría volver a ella. Siempre.
Fueron seis más hasta que ella decidió irse.
– ¿Qué haces? – le pregunté observando las maletas a su lado.
Las cortinas de la casa estaban cerradas y la puerta tenía un candado. Era como si ella me cerrara todo lo que era.
– Me iré – dijo como simpleza y caminó hacia la carretera.
– ¿Qué? ¿No ibas a despedirte? Pensé que éramos amigos – el miedo flotaba y se esparcía por todo mi cuerpo.
– Lo somos – su pequeña sonrisa seguía siendo tan triste como siempre, una sonrisa no debería ser así – Iba a pasar por la estación primero a ver si aparecías.
– Estoy aquí.
Ella dejó las maletas a su lado y se acercó a mí. Mi corazón latía con tanta fuerza que estaba seguro que podría escucharlo. Se paró de puntillas y puso sus labios demasiado cerca de mi rostro. Sentí que me iba a desmayas.
– Gracias por todo, fue un gusto haberte conocido – dejo un casi inexistente beso en una de mis mejillas y luego se fue.
Bella me estaba dejando.
Corrí hacia ella y la detuve.
– ¿A dónde vas? – Bella se acercó al camino principal y luego siguió la senda hacia el cementerio.
– A despedirme de todo lo que me ata aquí
– ¿Y yo?
– Ya me despedí de ti
– ¿No soy una razón para quedarte?
Bella seguía caminando sin regresar sus ojos hacia mí. Estaba total y completamente desesperado. Mi mente vagaba entre las distintas posibilidades para lograr que ella se quedara.
– Lo siento, pero esto es lo que debo hacer.
Bella caminó casi corriendo alejándose de mí.
La seguí en silencio hasta que la vi arrodillada frente a una tumba antigua llena de flores. Me acerqué sigilosamente hasta que leí la inscripción.
Edward Cullen
1922-1946
Amado esposo e hijo
Un extraño escalofrío recorrió todo mi ser al leer las palabras. Bella creía que su esposo estaba en esa tumba. El esposo que la amó tanto que volvió de entre los muertos para regresar a ella.
Bella seguía sin reconocerme.
Quería tanto decirle quien era, todo lo que había pasado hasta volver a verla, pero sabía que ella no me creería. Tal vez había perdido a mi esposa para siempre.
Estaba a punto de dejar el cementerio, un lugar en el que me gustaría descansar ahora sólo para que Bella me mirara de la misma manera en la que miraba esa lápida inservible, pero ella me retuvo de nuevo.
Sus ojos estaban en los míos y ya no había dolor en ellos. Sus cejas se fruncían en concentración y sus manos temblaban.
Me acerqué sin pensar y me arrodillé a su lado.
– ¿Su nombre era Edward?
– Si
Bella seguía temblando y sus manos agarraban con fuerza el dobladillo de su falda. Bella me necesitaba, Bella sufría aún.
La abracé fuerte contra mi costado y ella empezó a llorar. Esta vez no fue en silencio.
Dejé que se desahogara en mi hombro todo lo que quisiera, tal vez dejando todo el dolor atrás Bella pudiera volver a comenzar de nuevo. Y yo estaría con ella.
Ya no importaba si ella me quería a su lado o no.
Bella levantó la cabeza de mi hombro y se limpió las lágrimas de sus ojos.
– Voy a empezar de nuevo. Iré a Chicago y dejaré todo este dolor atrás
No lo pensé. Sólo me dejé a mismo hablar.
– Iré contigo.
Ella volvió a llorar aún más y tomó mis manos entre las suyas y las besó.
– Está bien
Bella se levantó del suelo y tomó sus maletas. Ella regresó su rostro con una sonrisa verdadera después de tanto tiempo y fue como si el sol hubiera salido para derretir el cortante hielo que se había instalado entre los dos.
– Vamos
Era increíble como una sola palabra era capaz de dar tanta vida, como una acción podía salvar un alma perdida.
Corrí por ella y envolví su cintura para acercarla a mí. Bella nunca más se volvería a alejar.
…..
– Podemos hacer esto juntos. ¿Has hecho algún estudio? – dijo Bella mientras cortaba algunas verduras para el almuerzo.
– Bueno… en realidad aprendí un poco sobre mecánica en las calles.
Odiaba mentirle, pero no había otra manera.
Bella posó sus ojos en mí y sonrió con tristeza. Odiaba cada vez que hacía eso.
– Está bien. Escuché que necesitan un poco de ayuda en el taller del Señor Foster.
Bella y yo habíamos llegado a Chicago hace una semana. Bella alquiló una pequeña casa en las afueras de la ciudad. Me sentía tan indigno de ella cuando ni siquiera podía ser un sustento económico para esta pequeña familia que formaríamos.
Tal vez Bella no lo sabía, pero pensaba unirla a mí para siempre… de nuevo.
Cada noche nos sentábamos frente al fuego de la chimenea y ella tomaba mi mano. A veces me sentía tan torpe por ni siquiera tener la valentía para poder hacerlo por mí mismo, pero todavía estaba demasiado sorprendido por el cambio que se había obrado en Bella. Era casi como un milagro.
Sus ojos ya no eran oscuros, eran tan brillantes y claros como la miel ahora. A veces la encontraba cantando o simplemente sonriendo. Ella ya no me alejaba, tomaba mi mano, me abraza y en una ocasión me dio otro pequeño beso en la mejilla.
Pensé que de verdad había muerto y estaba en el cielo.
Dejar a su esposo muerto atrás fue lo mejor para los dos.
Ahora sentía que podíamos respirar, abrir los ojos y mirar las infinitas posibilidades que había para los dos. Un futuro donde nada podría separarnos. Ya no habrían guerras estúpidas ni sueños absurdos. Sólo seríamos los dos para siempre.
El tiempo siguió su curso ajeno a lo que poco a poco se construía en la pequeña casa donde vivíamos. Cuando el cielo se oscurecía al punto del negro Bella se despedía y se acostaba en su cuarto. Todas las noches, sin excepción, tenía el fuerte impulso de abrir su puerta y mostrarle mi amor.
Con cada hora que pasaba me era más difícil no ceder a la tentación de su cuerpo. Yo la conocía completa, de los pies a la cabeza y en cada ocasión que ella mostraba un poco más de piel de lo normal el hombre que anhelaba el toque de su mujer se volvía loco.
Sabía que Bella aún no estaba lista, pero la extrañaba tanto que dolía.
– ¿Cómo te fue? – dijo Bella con su hermosa sonrisa cuando llegué a casa después del trabajo.
– Bien, sólo que… um…. tal vez deberíamos empezar a pensar en una historia para la gente – me sonrojé un poco antes de hablar de nuevo – El señor Foster piensa que eres mi esposa.
– ¿Y no lo soy?
– ¿Qué? – mis pies ya habían tomado la decisión y estaba frente a ella extendiendo inconscientemente los brazos por la necesidad incansable de tocarla.
– Mmm… uh… quiero decir que eso es lo que todos deben pensar
La esperanza se desvaneció tan rápido como sus palabras tomaron otro significado.
– Sí lo entiendo
Dejé un pequeño beso sobre su cabeza y Bella se estremeció.
Sonreí ante su reacción.
Íbamos a pasos de tortuga, pero tal vez un día llegáramos a la meta.
Bella sirvió la comida y se sentó a mi lado.
– Sabes, he pensado que nos conocemos desde hace… ¿dos años? En todo este tiempo nunca me has dicho tu nombre.
Casi me atraganto con la sopa.
– No tengo un nombre ¿cómo te gustaría llamarme?
Bella me miró fijo a los ojos durante mucho tiempo.
– Tienes los ojos verdes, un poco oscuros, pero verdes al fin. Cuando te conocí los tenías mucho más oscuros.
El silencio se extendió entre los dos como antes.
– ¿Thomas? ¿Te gusta ese nombre?
Pensé que realmente no importaba.
– Está bien.
Bella sonrió y siguió con su comida.
– ¿Cuántos años tienes Thomas?
Se sentía extraño responder a ese nombre, pero al final lo único que importaba era quien lo pronunciaba. Bella podía llamarme como quisiera.
– Algo entre 27 y 29. No estoy seguro.
– ¿Cuándo cumples años?
– No lo recuerdo
Bella bajó su cabeza con tristeza y dolor en su rostro. No lo entendía.
– Si te hace feliz puedes escoger una fecha
Bella me miró enigmáticamente, las esquinas de su boca se levantaron en una sonrisa pequeña.
– 13 de mayo – casi vuelvo a escupir la sopa al descubrir que había nombrado mi verdadera fecha de cumpleaños – ¿Está bien esa fecha? – dijo Bella con un dejo de inocencia.
– Sí, perfecto.
Bella volvió a sonreír.
– Buenas noches Thomas.
Ella me dio un ligero beso en la mejilla y se fue.
Suspiré derrotado en mi silla.
Bella seguía sin olvidar a su muerto, no me hubiera sorprendido que quisiera llamarme Edward, pero eso hubiera sido el tope de mi soporte. Sabía que a pesar de eso y más yo me hubiera quedado.
– ¡Qué difícil es hacer que me ames de nuevo Bella Cullen! – susurré para mí mismo.
El día antes de acción de gracias el Señor Foster nos invitó a Bella y a mí a su cena.
– Es un gusto tenerlos aquí. Me hace muy feliz volver a verla Señora Cullen – dijo el rechoncho señor Foster dándole un fuerte abrazo a Bella, ella sonrió y devolvió el saludo.
Es tan irónico que después de ser un "nadie" volviera al mundo real con mi antiguo apellido. Bella no quiso cambiárselo y yo no soy lo suficientemente fuerte como para negarle algo.
Así que ahora soy Thomas Cullen, nací un trece de mayo y estoy casado con Isabella Cullen.
De todos esos datos el único me importaba que fuera real era la parte del matrimonio.
– Tienen una hermosa casa señor y señora Foster – dijo Bella sonriéndoles a los antes aludidos.
– Gracias Isabella. Es un placer por fin conocerte, Thomas siempre está hablando de su amada esposa.
Bella me sonrió y apretó mi mano bajo la mesa.
La cena fue tranquila, con anécdotas de dos personas mayores que veían como la vida se terminaba para ellos y aún así seguían sonriendo. Tenía mucho aprecio por los señores Foster.
– ¿Era verdad lo que dijeron? – dijo Bella mientras regresábamos a casa.
– ¿Qué cosa?
– La parte en la que hablas de tu esposa.
– No tengo una esposa – Bella arrugó el ceño.
– ¿Y yo qué soy? – dijo con dolor.
Me pateé internamente por eso.
– Eres Isabella Cullen.
– ¿Hablas de mi como tu esposa?
– Si
Llegamos a la casa y encendí la chimenea esperando por Bella.
Disfrutaba mucho del tiempo de sólo abrazarnos viendo como los troncos se consumían frente a nuestros ojos.
Bella se sentó a mi lado y yo pasé un brazo alrededor de su hombro.
– ¿Te gustaría? – preguntó ella de pronto
– ¿Qué cosa?
– Que fuera tu esposa de verdad
Me paralicé por completo y la miré asombrado.
– ¿Quisieras ser mi esposa?
Bella sonrió
– No lo has preguntado adecuadamente.
Casi me desmayo, tomé a Bella de la cintura y la senté sobre mi regazo ya siendo incapaz de no tocarla. Había vivido en la agonía de la falta de su piel durante demasiados años.
– ¿Hablas en serio? – dije mirándola, disfrutando de la claridad de sus ojos.
Ella asintió con la cabeza.
Tenía tantas ganas de besarla, me moría por un beso de Bella.
– ¿Y tu esposo?
Sus ojos se llenaron de lágrimas, tomó mi mano y la puso sobre su corazón.
– Él está aquí, pero es hora de seguir adelante.
Mi cerebro estaba atrofiado, había dentro algo que se expandía y hacía que todas las terminaciones de mi cuerpo se aflojarán de la tensión que habían soportado al punto del dolor.
Bella posó sus manos detrás de mi cuello y acarició mi cabello. No soportaba más esta tortura y la besé.
Besar a Bella fue el bálsamo más poderoso que había sentido en toda mi vida. La cura llegó instalándose en lo más hondo y ramificándose por todas partes. Nuestros labios se reconocieron inmediatamente y sus manos envolvieron mi cuello sosteniendo su peso en mi regazo. Volví a recorrer esa piel que había sido mi fuente de realidad cuando la locura me acechaba. Su espalda seguía siendo tan suave como la recordaba y sus labios tan increíblemente dulces que estaba seguro que no podría seguir viviendo sino la besaba todos los días.
Mi lengua entró en contacto con la suya y dejé que ella me envolviera de nuevo con su calor. Fueron tantos años en el que las alucinaciones tomaron posesión de mí. En los que me despertaba sudando después de soñar con mi esposa sólo para darme cuenta que nada era real. Pero ahora era diferente, Bella estaba por fin conmigo. Sus labios no eran un fantasía y ciertamente el gemido salido desde lo más profundo de su garganta era muy, muy real.
Nos separamos en busca de aire y ella volvió a atrapar mi mirada.
Acarició mi rostro lentamente midiendo cada rasgo como si estuviera midiéndome en su memoria.
La tumbé sobre la alfombra y me puse con cuidado sobre su cuerpo cálido.
– No dejes que esto sea un sueño. Déjame por lo menos esta noche contigo – Bella jaló mi camisa y me besó.
– Es real, todo acerca de ti es real. Estás aquí y no te vas a ir. Promételo – sus ojos flameaban en los míos.
– Sí, lo prometo.
Una pequeña lágrima escapó de sus ojos y volvió a besarme.
Era como volver sobre el infierno y ver en mis ojos cada momento que pasé para volver por ella. Cada prenda que caía sobre el suelo era sólo un poco más del largo camino que recorrí para regresar con mi esposa.
Su nívea piel en todo su esplendor cremoso se mostró frente a mí y creí que moriría. Sus pechos blancos con esos pequeños pezones rosados que me recordaban los botones de rosa que recogía en primavera, su cintura estrecha, sus largas piernas que ahora envolvían mi cintura con decisión y su suave, cálido y húmedo centro que me acogía en su interior.
No sé cómo pude sobrevivir tanto tiempo lejos de su aroma, de sus besos, de los exquisitos sonidos que hacía cada vez que mi virilidad la penetraba y llegaba hasta lo más profundo de su cuerpo uniéndonos más allá de toda razón. Más allá del tiempo y el espacio, más allá del dolor y la muerte. Más allá de las promesas rotas.
Bella se agarró de mis hombros fuertemente, atrajo mi cabeza para un largo y apasionado beso al tiempo que sus caderas encontraban las mías en este ritual antiguo de amor.
– Quédate – decía ella entre gemidos – Quédate conmigo
– Siempre
Cuando el placer fue demasiado para contenerlo Bella gritó el nombre del hombre muerto al que debió haber olvidado.
– ¡Edward!
Mi corazón se rompió en ese momento.
Salí de ella y tomé mis ropas.
Llegué al jardín y me escondí detrás de uno de los rosales.
Bella nunca olvidó a su esposo.
Bella nunca podría amar a alguien más.
Yo simplemente era un sustituto. Alguien que no pudo curarla adecuadamente.
Había fallado en la que se suponía era la misión de mi vida. Me había fallado a mí mismo, a Bella y a Dios.
Ella no puede amar al hombre en el que me convertí.
Pensé en las diversas posibilidades hundiéndome en mi propia miseria, tan profundo estaba en este pozo de amargura que no sentí cuando Bella llegó junto a mí y me abrazó. Quise alejarla, pero no tenía las fuerzas para hacerlo. Creo que nunca tendría la fuerza de voluntad para alejar a Bella.
Levantó el rostro de mi pecho, lágrimas corrían por sus ojos.
– ¿Creías que no sabía quién eras? – dijo con dolor
Mis brazos la envolvieron con fuerza siendo incapaz de soportar verla llorar.
– ¿Creíste que no reconocería a mi esposo?
Sus ojos eran tan cristalinos ahora.
– Sé quién eres, sé lo que hay dentro de tu corazón. Puedes usar el nombre que quieras, pero nunca dejarás de ser este hombre. El hombre al que amo.
Bella me encontró por fin, con años cargando sobre nuestras espaldas ella me había reconocido al fin.
– ¿Desde cuándo lo sabes?
– Desde aquella vez en el cementerio.
Tanto tiempo desperdiciado para los dos.
– ¿Por qué no me dijiste? – pregunté más brusco de lo que me gustaría.
– Estuvimos juntos durante casi dos años después de que volviste y nunca dijiste nada. Pensé que lo preferías así
Bella volvió a hundir su rostro en mi cuello y me acercó más a ella.
– ¿Por qué no quisiste volver conmigo? – musitó con voz apagada sobre mi chaqueta.
– Volví Bella, sólo que tú no me reconociste.
Ella tomó mi rostro en sus manos.
– Te esperé durante demasiado tiempo y no luchaste por hacerme ver.
– Luché cada día Bella, todo el tiempo con la esperanza de que me vieras.
Hacía frío, mucho frío, pero ya no sentía el aire desgarrador de antes en mi corazón. Bella se encargó de extinguirlo con su calor de mujer.
– No voy a dejar que te vayas nunca más. No me importa si tengo que esposarte a la cama – solté una carcajada y los ojos de Bella se llenaron de lágrimas.
– ¡Dios! ¡Cómo te extrañé!
La llevé dentro de la casa y la envolví en una manta mientras yacíamos abrazados frente al fuego.
– ¿Por qué Jasper dijo que estabas muerto?
– Atacaron el campamento por sorpresa. Estaba de guardia y justo después de que advirtiera al resto comenzaron los disparos. Todo se volvió negro y no desperté – Bella envolvió una de sus piernas en mi cintura y me abrazó con fuerza.
– Fui atrapado por rusos y me retuvieron durante 14 meses. Lo único que me mantuvo vivo fue la esperanza de volver a verte
Pequeñas lágrimas surcaban los ojos de Bella.
– Volví al país y te busqué, pero no me reconociste.
– Estaba muerta en vida Edward, no sabía lo que pasaba a mí alrededor.
– ¿No pensaste que cumpliría mi promesa?
– Tu promesa me mantuvo viva
Puse a mi esposa sobre mi pecho y la envolví con mis brazos.
– Eso quedó en el pasado para los dos. Ahora estamos juntos y vamos a estar así por el resto de nuestras vidas.
– Te amo Edward, siempre voy a amarte.
Bella y yo empezamos una vida de nuevo. Después de 2 años nuestro primer hijo nació.
El pequeño Thomas.
Nunca podría resentir completamente el tiempo que permanecimos lejos porque de alguna manera nos demostró a los dos que a pesar de todo, el amor nos mantendría vivos.
Ella fue mi herida y también mi cura. Yo fui la espada que la mató y quien la regresó a la vida.
Mi segunda oportunidad, esta vida que me fue regalada no sería en vano.
No había nada en este mundo que no haría por ella, nada que no hiciera para demostrarle mi amor.
Dejaría que el por siempre se encargara de hacer todas mis promesas verdaderas.
Porque mi amor siempre me haría volver a ella. Siempre
Bien ese fue el fin. Espero que les haya gustado y si tienen alguna duda más recuerden preguntar por PM o review.
Gracias por llegar hasta aquí y por haber permitido que esta pequeña historia llegara a sus corazones.
Mil gracias por todos los votos.
Nos leemos pronto en las próximas historias.
Las quiere, fer92
