02
Pronto el lugar se llenó de gente: policías, detectives, médicos y miembros de la B.S.A.A. A ninguno les importaba el gran chaparrón que caía, el descubrimiento que Jill y yo habíamos hecho era más importante que unas ropas mojadas. Ozwell E. Spencer, el fundador de Umbrella había muerto a manos del hombre más buscado por las organizaciones antiterroristas de Estados Unidos: Albert Wesker. Pero eso no era todo: la agente Jill Valentine había desaparecido intentando salvar a su compañero. Ese era yo: Chris Redfield.
Intentando analizar por completo lo que había sucedido, me encontraba al borde del acantilado, en un rincón algo alejado del ajetreo que se había formado. Las grandes y rápidas gotas de lluvia me habían empapado, y no parecían querer cesar. El frío y los dolores físicos que sentía no se comparaban con la gran congoja que sentía en el corazón: Jill no aparecía por ningún lado.
Ella había dado la vida por mí sin importar las consecuencias, y era algo que me costaba asimilar. Claro, yo también habría hecho lo mismo si hubiera estado en su lugar, pero eso era exactamente lo que no me dejaba tranquilo, que hubiera sido ella quien me salvó, y no al revés. En ese caso, yo estaría ahora desaparecido. Con mucho gusto habría cambiado los papeles.
Pude notar por el rabillo del ojo que Mike Johnson se me acercaba bajo la espesa lluvia.
-Chris, ¿estás bien?
-Claro que no, Mike. – Me costó responder. - ¿Aún no hallaron nada?
Vi como mi jefe negaba con la cabeza.
-No, lo siento.
Se produjo un silencio en el cual ninguno se movió. Mi cabello goteaba agua, pero no me importaba. Podía ver como Mike se abrazaba el torso debido al frío, pero yo, en cambio, estaba inmóvil, con ambos brazos colgando al costado.
-¿Qué tal si vamos hacía allá?, hay un médico al que le gustaría revisarte por si tienes alguna herida… - Lo interrumpí negando con la cabeza.
-Estoy bien.
Podía sentir lo incómodo que estaba Mike. Claro, ¿qué podía decir uno en una situación como ésta? "Lo siento, hermano, sé que eran muy unidos. ¿Vamos a tomar una copa y seguir adelante?".
-Oye, vamos, camarada… la división de criminalística está haciendo todo lo que puede, pero la verdad es que esta lluvia no ayuda mucho. – Sentía pena en su voz, pero fui incapaz de moverme. – Te dejaré solo, pero sabes que puedes venir cuando quieras.
Se giró y se alejó caminando sin decir nada más. Mike Johnson era realmente un muy buen tipo, habíamos hecho buenas migas desde que nos conocimos en la B.S.A.A, y él sabía del grado de unión que poseíamos Jill y yo. Cuando le contamos sobre la ubicación que nos habían facilitado de Spencer, quiso ayudarnos, diciendo que un hombre buscado como él era algo que le interesaba a la B.S.A.A.
Podía oír el movimiento de los detectives y policías, pero no parecía que encontrasen nada importante. Decidí que era hora de moverme, no podía lograr nada estando allí lamentándome de la situación, ese no era yo. Ése no era el Chris Redfield que había sobrevivido al incidente de la mansión en las montañas Arklay, ni el que había escapado de Raccoon City o que había ido hasta Rockfort Island por su hermana.
Sólo que no sabía qué hacer.
Luego de dar otra rápida mirada al acantilado, y verificar que seguía igual que antes, me giré y caminé despacio hacia la carpa que habían armado para resguardarse de la lluvia. Los pies me pesaban como nunca, no sólo porque mis ropas estaban empapadas, sino porque me costaba moverme. Había permanecido tanto tiempo quieto que mi cuerpo se negaba a caminar con facilidad.
Podía notar que las personas con las que me cruzaba me miraban y cuchicheaban entre ellos, la mayoría con lástima en su rostro. Ahora sería recordado como "Chris Redfield, el agente que vive gracias a que su compañera dio su vida por él, y ahora tiene que cargar con el sentimiento". Pero no quería dar lástima, claro que no. Jill era una persona muy importante para mí, la compañera con la que había luchado lado a lado en incontables pesadillas, y no estaba dispuesto a recordarla sólo por este último accidente.
Me acerqué decidido a Mike, quien se levantó de su asiento a mi llegada.
-¿Qué quieres que haga? – pregunté firmemente, más firme de lo que me imaginé que sería capaz.
-¿Cómo? – respondió mi jefe, sorprendido.
-¿Qué puedo hacer para ayudar?
Mike me observó algo desconcertado, para luego agachar la cabeza. Supe que ese gesto no auguraba nada bueno.
-Chris…
-Sólo dime qué puedo…
-No, estás alterado ahora mismo y no piensas con claridad.
En sus ojos podía ver que sentía pena por mí, por Jill y por la situación. Pero yo no planeaba quedarme sin hacer nada.
-No quiero quedarme con los brazos cruzados. – Comencé a decir.
-Lo sé, pero lo mejor que puedes hacer ahora es sentarte y dejar a los expertos trabajar. – A pesar de los sentimientos que pudiera sentir, su tono de voz era autoritario.
-Ella era mi compañera, y no creo que…
-¡Chris! – exclamó antes de que pudiera decir nada más. – No quiero comenzar a discutir contigo. Estoy de acuerdo, Jill era una muy buena agente, y una excelente persona, pero no olvido que tú también estuviste involucrado en lo que ocurrió en esa mansión, y también luchaste contra ese hombre, Albert Wesker. – Hizo una pausa en la que exhaló aire y, a continuación, habló más calmado. – Ahora, por favor, siéntate, deja que los médicos te revisen y luego vete a casa. Jill no es la única agente que muere en cumplimiento del deber.
Esa última frase me cayó como un baldazo frío de agua que no se comparaba con la incesante lluvia. Mike no notó que me habían afectado sus palabras y se alejó para examinar el trabajo de los de criminalística. Me senté aturdido en la silla que mi jefe acababa de abandonar. "Jill… ¿muerta?". Estaba claro que eso debían de estar pensando todos los que se encontraban allí, pero mi mente se negaba a aceptarlo, y no lo había pensado sólo porque no quería asumirlo. No quería aceptar que mi compañera de toda la vida, Jill Valentine estaba muerta.
Un médico joven vestido con una gran campera azul marino se acercó a mí con un maletín. Apenas escuché lo que me dijo, asentí con la cabeza y dejé que me examinara. Mi mente estaba en otro lado, en los recuerdos que tenía de mi compañera muerta. Recordaba cuando la había conocido, vestida con el uniforme de S.T.A.R.S, era nueva y se había perdido en el gran edificio que era la estación de policía. Yo estaba almorzando, pero acepté con gusto llevarla a nuestra oficina, y le sonreí con amabilidad al notar que su escritorio estaba junto al mío.
Ambos estábamos en el equipo Alpha de la unidad S.T.A.R.S, así que nos vimos con frecuencia envueltos en los mismos casos policiales, y nuestro compañerismo aumentó. Luego el fatídico accidente en la mansión de las montañas Arklay sucedió: unos extraños asesinatos llevaron al equipo Bravo a investigar, sólo que éstos desaparecieron y nos enviaron a nosotros. El resultado fue el descubrimiento más espantoso para toda Raccoon City, del cual sólo sobrevivieron unos pocos. Todo gracias a Umbrella… y a Wesker.
No fuimos tomados muy en serio, así que Jill, Barry, Rebecca y yo decidimos viajar a Europa e investigar Umbrella nosotros mismos. Luego de muchos preparativos, nos encontraríamos allí, ya que Barry quería primero viajar con su familia a Canadá y Jill quería permanecer en Raccoon City un tiempo más, pero un par de meses después, la ciudad fue infectada, y Jill apenas logró escapar su destrucción. Luego de eso, pasaron muchas cosas, viajé a Rockfort Island, nos unimos a diferentes grupos anti-bioterrorismo, fuimos a todas partes del mundo aniquilando lo que pudimos del rastro de Umbrella y de organizaciones parecidas.
Ahora Jill ya no estaba a mi lado, y eso sí que me afectaba terriblemente. Luego de todo lo que habíamos pasado, ella no sólo era mi compañera, amiga y confidente… era algo más, alguien con quien luchar, alguien en quien apoyarse, a sabiendas que ella siempre estaría cuidando mis espaldas.
Tomé el consejo de Mike de irme a casa. Más que consejo, fue una orden, conociéndolo como lo hacía. Llegué a mi vacío y oscuro departamento, y no podía creer lo irreal que me parecía todo. Una persona de la que no dudabas que estaría siempre contigo, de pronto desaparecía y no la verías nunca más. Había tantas cosas que me hubiera gustado decirle… Si hubiera sabido que esto terminaría así, ¿qué habría hecho?
Era la primera vez en mucho tiempo que me iba a casa con ese sentimiento. Dejé las llaves en la mesita de la entrada y prácticamente arrastré los pies hasta la habitación, donde comencé a desvestirme, pero me detuve en medio de la acción. Observé mi arma y parte de mi uniforme sobre la cama. Imágenes y recuerdos revoloteaban en mi mente, y no parecía que quisiesen irse. Me pregunté si valía la pena todo por lo que estábamos luchando… por un mundo sin miedo… perdíamos mucho, y lo que ganábamos eran pequeños granos de arena en una gran playa…
La lluvia no quería parar, y cada vez caía con más fuerza. Los cristales de la ventana vibraban a causa del viento y las gotas de agua que los golpeaban. Los relámpagos iluminaban mi habitación por segundos, acompañados de truenos ensordecedores.
Debía valer la pena, luego de todo lo que había luchado, por todo lo que había pasado, algo bueno tenía que salir de esto.
Terminé de desvestirme con ese pensamiento para darme ánimo. Jill habría querido que continuara, y yo lo haría… por ambos.
