Capítulo 2: Una prueba
Agotada. Estaba agotadísima. Llevábamos más de tres horas bailando sin parar y yo cada vez era más consciente de lo que iba necesitando hacer ejercicio de nuevo. Por fin Redha nos había dicho que podíamos descansar, que ya habíamos terminado por hoy así que nos limitamos a recoger nuestras cosas.
Estaba a punto de llamar a mi padre para que viniera a recogerme cuando Gérard anunció: -Todos aquellos que canten que se queden un rato más. Vamos a seguir haciendo pruebas.
Me empezó a latir el corazón más rápido de lo que esperaba que me latiera. Solo tenía ganas de tumbarme y volver a sentir mis pies y mis músculos, y ahora ¿había que cantar también? Cécilia, mejor que te vayas preparando porque en eso consiste un musical. No hay nada sin esfuerzo. Esperaba que con el tiempo adquiriese más resistencia para llegar a conseguir bailar mientras cantaba.
Me senté en una parte de la gran escalera central a esperar a que me llamasen mientras observaba a los que se quedaban. Muchos se habían ido, supuse que eran aquellos que solo estaban allí para bailar. Pero aun así, éramos bastantes los que nos habíamos quedado. Al igual que al principio de la mañana, cuando había llegado, había varios grupitos hechos mientras otras personas se sentaban en rincones como yo. No sé si se habían conocido allí mismo o si ya se conocían de antes pero envidié por unos instantes la facilidad de hacer amigos de la gente.
Pasaron unos diez minutos hasta que me llamaron y entré a la habitación temblando como un flan. Al entrar me fijé que era como una pequeña clase. Había una pizarra y un piano. Allí dentro estaba Gérard junto a un hombre el cual no había sido presentado antes. Puede que notara mi desconcierto en la cara porque dijo: -Hola, soy Richard Cross, director vocal.
-Cécilia Cara. Encantada.-me presenté dándole la mano.
-Lo que vamos a hacer es muy fácil. Haremos unas escalas para saber por dónde queda tu registro, ¿de acuerdo?
Asentí y enseguida nos pusimos a ello. Creo que nunca, en la vida, había desafinado tantísimo. No sé si fueron los nervios o que era por la mañana y no había calentado o qué pero no di ni una sola nota. En cuanto me dijeron de parar me sentí fatal. Salí cabizbaja de la habitación y me puse a recoger mis cosas sabiendo que no iba a llegar muy lejos así. Entonces, pensé que esa era una de las oportunidades que solo se presentan una vez en la vida. Me acordé de lo que había sentido esa misma mañana nada más entrar, de cómo sentía que ese era mi lugar y tomé una decisión. No me iba a rendir tan pronto. Yo deseaba estar ahí y tendría que luchar por ello. Decidí esperarme a que todos los que quedaban pasaran por la habitación y cuando ya no quedaba nadie, reuní todas las fuerzas del mundo para ser valiente y, sonrojada como nunca lo había estado en mi vida, llamé a la puerta.
-¿Sí? -era Gérard quién preguntaba.
-Perdón, soy Cécilia.
-¿Pasa algo?
Respiré hondo y no me lo pensé dos veces antes de decir: -Sé que he estado desastrosa en la prueba anterior, pero también sé y soy consciente de que lo puedo hacer mucho mejor. No pretendo justificarme ni buscar excusas, no sé por qué he desafinado tanto pero sí sé que no me ha pasado nunca. Confío en mí y, si me dais una segunda oportunidad, me gustaría demostrarlo.
-No es necesario.
-¿Cómo? –pregunté confusa.
-Cécilia, estuve en tu casting. Como director de este proyecto, he tenido que estar presente en todos y cada uno de los castings que habéis hecho los integrantes elegidos. Sé que lo puedes hacer mucho mejor, no necesitas demostrar nada. Tú solo descansa y prepárate para el ensayo de la semana que viene.
Energéticamente asentí y salí de la habitación literalmente dando saltos. En cuanto llegué a casa les conté muy emocionada todo lo que habíamos hecho a mis padres. Veía lo orgullosos e ilusionados que estaban por mí y yo me sentía cada vez más feliz. Tenía unas ganas enormes de que llegara la semana siguiente para poder seguir ensayando. Aquel había sido solo el primer ensayo de muchos más y no sabía si podría aguantar tanto tiempo a que llegara el próximo.
