Los personajes no me pertenecen, son propiedad de R.T
Simplemente los utilizamos por diversión.
Autora: Fb/ Romina Chavez, Wp/ Romiii94
Redacción y edición: Fb/Wp/Ins: Stella Aparicio Pereyra.
La edición de esta Historia ha sido minuciosamente leída y aprobada por su Autora y Mentora.
Él ha perdido su vida…
Ella sus sueños…
¿Quién podría salvar sus almas?...
10:00 King Clinic – Tokio
Los gritos extenuantes de una mujer se avecinaban hacia la sala de emergencia del hospital, los alaridos eran desesperantes y podrían definirlo como molesto. Sin embargo las personas que permanecían en aquella sala guardaron silencio y se limitaron a mirar a la mujer que ingresaba en una camilla a medida que los gritos se hacían cada vez más constantes.
Podía notarse su vientre abultado dando como señal que pronto daría a luz, junto a ella ingresaba un joven de cabello plateado, tez blanca casi pálida, alto y dueño de unos inigualables e inconfundibles ojos dorados. Sus prendas delataban su posición social mientras que su rostro reflejaba preocupación.
En unas pocas horas la vida de ambos cambiaria para siempre…
9 meses atrás….
Se había encerrado en el baño del departamento de su amante casual, estaba sentada dentro del jacuzzi con sus ojos cerrados y entre sus manos mantenía una prueba de embarazo. Se negaba a mirar el resultado, estaba completamente aterrada, no sabía que esperar.
Había perdido la noción del tiempo, sus piernas estaban entumecidas gracias a la posición mientras que su respiración comenzaba a entre cortarse, no podía alargarlo más tenía que mirar, tenía que ser valiente de una vez por todas.
Abrió sus grandes ojos y poso su mirada rojiza en aquel pequeño artefacto, los latidos de su corazón se aceleraron mientras que sus pupilas se dilataban y sus manso comenzaban a temblar. Frente a ella se dibujaban dos finas líneas, una roja y otra azul en señal de positivo, con su mano derecha atrapo un grito que amenazo con salir, mientras que con la otra aún mantenía el agarre firme de aquella prueba de embarazo y la llevaba con fuerza hacia su pecho para tratar de calmar el palpitar de su corazón.
La preocupación comenzaba a hacerse presente y los nervios la invadían aún más, su piel blanca comenzó a tornarse pálida y sintió como el mundo a sus pies se derrumbaba, por inercia se levantó del lugar que minutos atrás había transformado como su refugio y a pasos lentos camino hacia la puerta.
Con la mano libre tomo la perilla y la hizo girar mientras que al mismo tiempo tomaba una gran bocanada de aire, cuando por fin pudo abrir la puerta se encontró con la figura de aquel hombre que permanecía recargado sobre la pared con los brazos cruzados, no hacía falta decir nada para saber qué era lo que estaba esperando, su sola mirada exigía una respuesta, una que solamente ella podía darle.
- ¿y, bien? – fue todo lo que dijo. No era un hombre expresivo, ni de muchas palabras, no se podía esperar de él grandes demostraciones ni gestos de amor.
- Dio positivo, estoy embarazada Sesshomaru – trato de sonar lo más calmada que pudo, pero por dentro era un mar de emociones encontradas, no sabía cómo definir el momento.
- Hmp! – ese sonido tan particular en él fue todo lo que obtuvo como respuesta, pero en cuanto llevo sus manos a su aun plano vientre pudo ver como sus ojos se abrieron en señal de sorpresa.
- No lo abortare – se apresuró a decir mientras bajaba su mirada. Sintió como el hombre frente a ella cambiaba de posición y el silencio se apoderaba del lugar.
- Tampoco planeaba pedírtelo –
- ¿Qué? – dijo mientras sus ojos buscaban encontrarse con la mirada ambarina.
- Pero no esperes que me case contigo Kagura, sabes que esto no era más que sexo -
- Lo se… no espero absolutamente nada de tu parte – continuo mientras enarcaba una sonrisa casi irónica. Necesitaba ocultar todo lo que sentía por el a como diera lugar, no le daría el gusto de verla abatida. Mentiría si dijera que no amaba a aquel hombre que ahora sin proponérselo le estaba otorgando el más grande de los regalos, tener en su vientre un hijo suyo era más de lo que podía esperar de alguien como él.
- Pero aun así me are cargo de ti y todo aquello que tenga que ver con el niño…-
- No hace falta… yo –
- No es tu decisión, y tampoco es algo que tenga que discutir, es mi hijo y nada le faltara – su tono de voz era aún más frio de lo usual, estaba molesto, y tenía razones para estarlo, ella se moría de ganas por tenerlo a su lado era consiente que no podría retenerlo y prefería alejarlo.
- Gracias… - pero aunque lo intentara no podía…
Fin recuerdos
Y ahora, en esa sala de hospital, luego de agobiantes meses llenos de antojos extraños, controles médicos, cambios bruscos de humor, peleas innecesarias con la futura abuela del niño, ambos estaban a punto de recibir sin dudas el regalo más importante de sus vidas.
23:00 hr – Centro, Tokio
Era la noche perfecta, el cielo estaba completamente despejado dejando ver en su firmamento las resplandecientes estrellas, mientras que la luna se posaba en lo alto con toda su majestuosidad.
La cena había sido planeada muchas semanas atrás, en un pequeño restaurante de la gran ciudad de tokio. Podía verse una mesa para dos perfectamente preparada, el mantel, las copas junto a las velas que daban un tenue resplandor a aquel apartado lugar, cada detalle estaba preparado para la ocasión.
Una joven pareja ocupaba los lugares junto a la mesa a la espera de quien tomaría su orden, el silencio reinaba entre ambos dejando entre ver los nervios de uno de ellos, algo importante estaba por suceder y no sabía muy bien cómo afrontar la situación.
- ¿Kohaku?... – Pregunto la joven de grandes ojos chocolates que estaba justo frente a él, esa mirada llena de luz y vida lo habían cautivado desde el primer momento y le era imposible no fundirse en ella perdiendo la noción del tiempo – gracias por invitarme, el lugar es precioso.. – continuo mientras enarcaba una sonrisa, su voz era tan dulce que cada palabra que pronunciaba lo hacían vibrar.
- De… de nada Rin, te invite a este lugar... para poder decirte algo importante… - se apresuró a decir, los nervios estaban haciendo estragos en él y sentía como sus manos comenzaban a sudar, su corazón latía aún más rápido de lo normal, si no lo decía pronto podría jurar que iba a desfallecer en ese mismo momento.
- ¿Algo importante? – realmente la estaba tomando por sorpresa, frente a ella estaba una persona completamente diferente a la que conocía.
- Rin…sabes yo… te invite a este lugar… - realmente estaba nervioso, las palabras se agolpaban una tras otra en su garganta y se negaban a salir.
- ¿Qué sucede? – la mujer no comprendía nada, pero aun así poso una de sus mano sobre la mano de su acompañante que estaba sobre la mesa tratando de darle valor, al sentir el calor en un rápido movimiento la tomo y sintió como el nudo en su estómago de a poco cedía, sin soltarla se puso de pie y de a poco se acercó hacia ella, la calidez con la que le hablaba fue la señal esperada, sin dudas era la persona indicada.
- Quiero que compartas tu vida conmigo, no existe en este mundo alguien capaz de hacerme sentir las miles de emociones que siento cuando tan solo me regalas una de tus miles de sonrisas, y juro ante todos los dioses que existen en este frio mundo que prometo dar mi vida si así fuera necesario con tal de saberte bien,… - con su mano libre tomo de su bolsillo una pequeña caja roja aterciopelada y sin soltar su mano se arrodillo frente a la mujer completamente pasmada, abrió lentamente la caja y continuo - ¿me darías el honor de ser mi esposa? –
Rin no podía emitir palabra alguna, estaba completamente paralizada, había soñado con ese momento desde muy pequeña y jamás imagino que sería de tal manera, las palabra que pronuncio lleno de amor cada rincón de su corazón. Las lágrimas de emoción no se hicieron esperar y una a una cayeron por sus sonrojadas mejillas.
- Claro… claro que si – contesto con su vos entre cortada, la dicha se apodero de ella y sin pensarlo dejo caer su cuerpo para fundirse en un abrazo cargado de emociones.
Podía escucharse a lo lejos como poco a poco los aplausos y ovaciones se adueñaban de lugar, el rostro de la joven se tornó completamente rojo, había olvidado por completo donde estaban.
Mientras tanto en King Clinic…
Felicidades, es un niño – se escuchó decir al médico, mientras sostenía entre sus manos al recién nacido, junto a él las enfermeras preparadas para cumplir con el protocolo lo esperaban.
El grito agudo de la mujer llamo la atención del médico que acababa de entregar al niño, la sangre entre sus piernas no había menguado y no parecía querer hacerlo.
- ¿Qué sucede? – fueron las palabras que Sesshomaru apenas pudo pronunciar, noto como la blanca piel de la madre de su hijo se tornaba perlada y poco a poco perdía su color.
- Es una hemorragia, por favor debe retirarse – contesto el medico sin mirarlo haciendo una señal al camillero para que lo sacaran del quirófano.
La espera era agobiante, cada minuto que pasaba para él era una eternidad y como una bestia enjaulada caminaba sin cesar de un extremo a otro en esa pequeña sala de espera, en donde el aire cada vez era más pesado.
Se encontraba de espalda a la puerta de ingreso cuando sintió que lentamente se habría dejado entre ver al médico que hace unos instantes había recibido a su pequeño hijo. Su bata aún estaba bañada en sangre y su rostro no reflejaba lo que esperaba escuchar.
- ¿Cómo se encuentra? – su voz era un más fría de lo normal pero aun así en ella se podía notar un deje de preocupación, haciendo que el medico guardara silencio por unos momentos que para él fueron eternos.
- Lamento decirle que su Sra. ha fallecido –
- ¿Qué? ¡Eso es imposible! – grito alterado mientras se abalanzaba sobre el médico - ¡Es mentira! – había perdido por completo el control de sus acciones y sin pensarlo lo tomo de las solapas de su bata - ¡Dígame la verdad! –
- Sr. Taisho, entiendo su frustración, pero debe comprender que hemos hecho todo lo humanamente posible para salvar su vida – El medico estaba completamente tranquilo demostrando su profesionalismo y seguramente no era la primera vez que un hecho como ese se hacía presente en aquella sala.
Sesshomaru sin decir una palabra más lo soltó, ahora frente a él se presentaba una nueva realidad, una donde se encontraba completamente solo junto a un niño y para ser sinceros no tenía la menor idea de cómo sobre llevar la situación.
Los días pasaban y los recuerdos no parecían menguar, todo había sucedido tan rápido. El cortejo fúnebre de su amante se habían llevado a cabo tal cual lo decía su testamento, y ahora en la intimidad de su hogar se permitía pensar.
Se encontraba bebiendo un vaso de whisky junto al ventanal de la sala principal con vista al inmenso jardín rodeado de magnificas flores, se consideraba un hombre más que exitoso, dueño de una empresa prospera, tenía el dinero suficiente para vivir rodeado de lujos por los años que le quedaban de vida y aun así dejar un buen capital si quisiera a cinco generaciones después de él, pero ahora era todo completamente diferente, en una de las tantas alcoba de la mansión se encontraba durmiendo su hijo, un hijo fuera del matrimonio , un bastardo.
Junto al infante estaba su madre Irasue, quien hasta el último momento se negaba a reconocer no solo la relación que el mantenía con aquella mujer sino que también a la idea de convertirse en abuela y fue aún más notorio su rechazo al enterarse su negativa al matrimonio por ambas partes.
Pero dejo su orgullo cuando por fin lo tubo en entre sus bazos, al ver que no solo compartían los mismos rasgos de su propio hijo sino también su nombre, había decidido dejar todo atrás para poder ayudarlo con el niño…
Por otra parte…
Aquella pareja de jóvenes comprometidos no marchaban nada mal, se amaban de eso no había dudas.
Habían decidido que lo mejor era casarse por civil, querían hacerlo lo más pronto posible, temían que aquel respetado oficial de policía que tenía por padre Rin se arrepintiera de conceder en matrimonio a su única hija.
Tan solo un mes, un mes sus vidas estarían unidas para toda la eternidad, pero antes de semejante acontecimiento debían festejar por última vez junto a sus amigas Kagome y Sango.
Organizaron su despedida de soltera en una reconocida discoteca, en el centro de la cuidad, la habían planeado por semanas, todo iba a ser perfecto, cada pequeño detalle fue minuciosamente planificado, nada podía salir mal ¿Verdad?
Tres años después…
El firmamento estaba completamente vestido de azul, no había rastros de nubes que pudieran opacar su grandeza, mientras que a lo lejos podía verse como el sol de a poco hacia su majestuosa aparición iluminando de a poco la gran cuidad con sus tenues rayos.
Un avión privado descendía sobre una de las pistas del aeropuerto internacional de Tokio dejando a su paso una estela, en su interior podía verse a un joven con varios documentos sobre su mesa, esparcidos sin ningún sentido aparente, mientras que entre sus manos tenía el más importante de todos.
Tomo la taza que contenía un humeante café echo con los más exquisitos granos Colombianos, que se encontraba entre tanto desorden, bebió de él y pudo sentir como sus fosas nasales se inundaron de ese dulce aroma mientras que su garganta podía sentir el calor que poco a poco descendía por la tráquea para llegar hasta su destino., sin dudas un placer que pocos podían darse.
Miro con atención cada detalle de aquella fotografía que no se animaba a dejar junto al resto, en ella podía observarse a un niño de no más de tres años, su cabello completamente negro, mientras que sus ojos reflejaban felicidad y estaban bañados en un color oro, sus facciones casi perfectas y aniñadas lo hacían ver como el ángel que había estado esperando por años. Junto a la imagen tenía entre sus manos unos análisis de ADN tomados de un pequeño cabello pulcramente guardado en un frasco, confirmando la información de aquella nota.
"…Esta vivo…"
La sostuvo con fuerza, presionando su puño con ira mezclada con frustración que poco a poco se apoderaban de todo su ser, dejo escapar el aire que estaba conteniendo minutos antes tratando de calmarse, no podía darse el lujo de perder el control, después de todo junto a todos esos documentos estaba la dirección exacta en donde encontrar al infante y la situación demandaba todo su auto control posible.
Se acercó a paso lento y sensual una azafata, habían llegado y podía descender para emprender el rumbo hacia su destino.
A pasos firmes eh indiferente de todos los medios de comunicación, Sesshomaru bajo las escaleras de la aeronave. Los periodistas al verlo pisar tierra firme se abalanzaron a él para tratar de hablar con él o tan solo obtener la mejor de las fotografías.
Aunque la muchedumbre lo increpo, él no detuvo su caminar, tenía en su mente un único objetivo y nada podría detenerlo, su prioridad era encontrar a su único hijo, ese que hace meses atrás creía muerto y ahora los papeles que guardo cuidadosamente en su maletín confirmaban lo contrario.
La seguridad del lugar le brindó apoyo abriéndole paso entre la gente para poder llegar al vehículo que lo estaba aguardando para llevarlo hacia su destino, su verdadero destino….
Mientras tanto…
En una pequeña casa, ubicada en un tranquilo barrio de la gran ciudad, se podía escuchar el sonido de una melodía infantil proveniente del baño, era un pequeño niño que entonaba las estrofas de la canción ladeaba su cabeza de un lado a otro sin cesar, mientras que por otro lado se podía ver a una joven de ojos chocolate cepillarse su larga melena mientras reía.
- Veo que estas muy animado ¿verdad Haru? – pregunto la mujer mientras le sonreía sin dejar de cepillar sus cabellos, llevaba puesto un sencillo vestido negro, un sutil maquillaje apenas perceptible en sus ojos que hace poco volvía a usar, y en su cuello podía verse una cadena delgada adornándolo con anillo más grande del que podía usar.
- Así es mamá – contesto con una sonrisa aún más grande.
Bien, después de la guardería te prometo que iremos al parque ¿de acuerdo?-
- Si, si –
La mujer miro el reloj que adornaba su mano izquierda, pudo ver como se le hacía tarde, ambos corrieron por el pasillo del modesto hogar el pequeño tomo su mochila mientras que ella agarro su bolso y antes de salir se detuvo frente a un pequeño altar.
- Buenos días papá – susurro enarcando una sonrisa melancólica, sintió como una pequeña mano tomaba la suya llamando su atención, sus ojos se encontraron con la dulce mirada ambarina del pequeño provocando que sonriera.
Ambos salieron del hogar para retomar su rutina diaria, dejaría al infante en la guardería, esa guardería a al que tanto le había costado adaptarse, mientras que ella a pasos apresurados debía ir a la universidad.
Con veinte años recién cumplidos, estaba tomando la responsabilidad que lleva ser dueña de casa, estudiante de abogacía, hermana y madre a la vez. Todas esas tareas demandaban mucho de ella, no podía darse el lujo de fallar pues tenía una gran carga en sus hombros. A pesar de estar afrontando su realidad en soledad no odiaba su estilo de vida, al contrario, estaba agradecida a todos los dioses por la oportunidad que le estaban dando.
La oportunidad de salir delante de la profunda depresión en la cual se vio inmersa durante mucho tiempo, y todo eso era gracias a la única persona que fue capaz de devolverle el sentido a su vida: Haru.
El pequeño se había convertido en su vida, todo su mundo giraba a su alrededor, tan solo se tenían el uno al otro.
- Mami… ¿Quién es él? - Pregunto, afianzando el agarre de su mano, mientras que ella miraba con suma extrañeza al hombre que tenía en frente, sus finas prendas dejaban entre ver su posición social.
- Dígame, ¿Qué necesita Señor…? –
- Mi nombre es… Sesshomaru, Sesshomaru Taisho y estaría necesitando asesoría legal…
¡Hola! Mi nombre es Stella M. y antes que nada quería agradecer a esta excelente escritora que me permitió ser quien edite y redacte nuevamente una de sus obras de artes.
Y ahora uno anuncio importante: cada detalle, situación, escena que se ha cambiado fue echa bajo la vigilancia estricta de su autora.
Espero que sea de su agrado la nueva versión de esta exquisita historia de amor.
Recuerden que los dias sabados a las 23:00 Chile/Argentina se haran las actualizaciones.
Xoxo
