Capítulo II

"Las personas dañadas son peligrosas porque saben que pueden sobrevivir"

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¿En qué demonios me acabo de meter? ¿Acaso es un juego en venganza? ¿Venganza de quien? ¿Mía? ¿De mi estúpida familia? ¿Del maldito distrito 12? ¿De Rachel?

Reposo mis manos en la mesa de madera de una de las oficinas de mi padre donde me tenían reclutada, tratando de respirar de una forma no tan rápida para lograr contener las lagrimas acumuladas en mis ojos que luchaban por salir, más no les daría cabida libre para hacer tal cosa. Debo mantenerme firme, fuerte, y sin ningún sentimiento de por medio para no hacer más difícil todo esto, porque ¿qué pasaría si me pusiera a llorar como una magdalena? ¿Y que ganaría con ello? Absolutamente nada. Bueno, solo una cosa. El consentimiento de verme derrotada y eso es un gusto que no tendrán el privilegio de observar.

Noto como con rapidez se abre la puerta para encontrarme con mi mismísima familia. Una risa sarcástica y llena de odio resuena en mi cabeza, pero no sonrío, los observo detenidamente sin ninguna expresión en mi rostro, más que la de desprecio.

Así es, siento un total asco hacia mi familia. ¿Quién lo diría?

Es totalmente sencillo de entenderlo. Digan ustedes ¿Un padre es que el te defiende de todo? ¿No? ¿Qué bajo ninguna circunstancia duda en dar su vida por la de su hijo?

-Quinn, preciosa…- la voz de mi madre se quiebra al pronunciar esas frágiles palabras y se lanza a mis brazos, que están extendidos de alguna forma y logro abrasarla unos cuantos segundos para luego separarme de ella y observarla con tristeza al igual que a Russel.

-Te dije que no te opusieran frente al capitolio, por tú culpa estoy en grandes problemas. Eres una idiota.- Fueron las únicas palabras que salieron de sus delgados labios que con una dureza extrema me golpeo en lo más profundo de mi alma. Es verdad, me dolió, pero me dolió más el hecho de que el no me defendió, que no fue capaz de ir ante los agentes de la paz y decir que todo era un error, que mi nombre no debía haber estado ahí, que detuvieran esa parte de los juegos y que sortearan el nombre de otro tributo. Pero no, no hizo nada, solo se quedo de pie observando cómo me condenaban a muerte.

-¿Y tú no tienes nada que reclamarme?- pregunte sencillamente a Judy mientras su llanto se hizo presente de un momento a otro y cubrió su rostro con sus delgadas manos para susurrar palabras inentendibles para mis oídos.

La condena termino, es ahí cuando observo que todo está perdido, que ellos no harán nada para salvar a su única hija y que moriré en cuando entre a la arena de juego.

-Hagan algo. No se preocupen por mí cuando entre en la arena, no recen por mí cuando estén a punto de matarme y sobre todo no lloren por mí si reciben mi cuerpo desmembrado, que eso solo revelara lo hipócritas que son ante todo el distrito. Prefiero horrarles la humillación pública.- un golpe resuena por toda la habitación, y siento como mi mejilla izquierda empieza a arder y punzar con fuerza mientras veo la mano levantada de Russel, una cara estupefacta de Judy y el orgullo de Russel en el suelo. Es fantástico. Y no lloro, ni lo dejo sin estribos como suelo hacerlo, solo comienzo a reírme agriamente de su incompetencia y poca tenacidad. Sin duda ese es el hombre cobarde que conocí y no vale la pena recordarlo.

Con la misma rapidez con que entraron, salen sin decirme ninguna palabra, y lo admito, es lo mejor que han hecho en toda su vida, no despedirme con falsas palabras.

Un agente de la paz entra a la habitación diciéndome que es hora. Hora de partir y dejar el Distrito 12. Me vuelvo observando al pueblo tranquilo y sin ninguna preocupación, porque este año ningún adolecente en sus familias morirá.

Camino sin prisa a lo largo del pasillo principal del palacio de justicia dejando atrás toda mi vida sin sentido y continuando más mi mente y cuerpo a la eternidad donde solo luchare hasta que muera.

Un tren extremadamente lujoso aborda la vía de tren, formando vagones infinitos que no pareciesen tener fin.

-Señorita, suba por favor.- recita un agente de la paz, Cray, creo que es su nombre. Ya que bueno… el me ha hecho varios favores.

Piso con cautela los 4 escalones que separan el suelo del tren para subir con cuidado y darme del lujo se suspirar con más tranquilidad. No lo puedo creer, estar en un lugar que me lleva al final de mis días me da más tranquilidad que el lugar donde crecí y me forme durante 17 años. Algo fantástico para anotarlo en mis notar mentales.

Nunca estuve en un hogar.

Antes de que la tranquilidad se valla, llega hacia mí, Effie, con diferente ropa a la que traía puesta hace una hora, ahora no lleva su tonos rosas, pero si un color pastel más bajo y no tan extravagante: ella lo llama un traje para viajar.

-¡Querida rápido, el almuerzo está listo!

Ella toma mi mano y me lleva a rastras hacia un hermoso comedor a lo largo de una cabina del tres. Son impresionantes los detalles de las cosas.

Una mesa larga, aproximadamente de 3 metros esta abastada de las típicas comidas del capitolio. Dos pavos horneados lucían la mesa a cada extremo, en el centro 4 arreglos prácticamente de frutas, hielo, vinos y bebidas, descansaban al alcance de todos. Creo que hay más comida pero no le presto atención, en estos momentos mi estomago quiere regresar lo poco que cene anoche y no es muy bueno ver tanta comida junta.

De nuevo escucho la voz chillona de Effie que cada vez se acercaba más, la ignoro y procedo a observar un gran ventanal del tren donde todas las imágenes del distrito doce se visualizan en mi mente. No puedo evitarme sentirme culpable, por condenar al distrito, pero era algo que no podía evitar y se, que si yo no hubiera hablado nadie más lo hubiera hecho.

Incluso he llegado a pensar que me siento bien estando aquí, puesto que ya no tendré que ver con tanta insistencia los juegos, que cada vez se vuelven más duros, peligrosos y sanguinarios. Por un lado intento sacarle lo positivo, y me doy cuenta que eso es lo único positivo que veo.

Volteo levemente y me encuentro con una imagen que no esperaba. A la orilla de la mesa Rachel está observando la comida con ¿adoración? Debe de ser así porque sus ojos se abren cada vez más al poder observar aquella comida tan extravagante y exquisita, sin embargo hay algo en su mirada, parece culpa.

-¿Tienes hambre?- pregunto estúpidamente acercándome con paso lento hasta llegar a un metro de distancia de donde ella se encontraba. Ella niega con su cabeza sin apartar sus ojos de un pavo asado con salsa agridulce que caía a cada costado del animal cocinado.

-¿Y tú?- al escuchar su voz me da un vuelco al corazón. Se percibe tan triste y pagada que su pregunta fue un susurro que oí con claridad.

-No, el solo ver la comida del capitolio me da asco.- escupo con amargura teniendo presente el recuerdo de la cena con el Panem. ¿Como esas personas podía producir tanto odio en mí? Oh, encuentro el por qué. Por tratarnos como animales de circo.

-Debe de estar deliciosa.-susurró prestando atención a mi postura, pero sin despegarse ni siquiera un centímetro de la mesa.

¿Qué rayos estoy haciendo? Me preguntó internamente relajando más mi cuerpo. Hasta ahora tengo en mi mente una lista de cosas de las cuales no debo hacer. La primera en la lista es no socializar con el enemigo, pero ¿Quién es el enemigo? ¿Rachel? ¿El capitolio? ¿Los demás distritos? ¿A los tributos?

Absolutamente todos son mis enemigos, aquí no puedo confiar en nadie, porque sé que si confió moriré más pronto.

-Lo sé, pero aun así no me apetece comerla.-comento como si nada olvidándome de Rachel y dándole la espalda me paseo con seguridad a través de la mesa con un toque de autoridad.

-Que esperan, el almuerzo está servido y no las esperara toda la vida.

Debo decir que Effie no me agrada del todo, en las pocas horas que llevo de conocerla lo único que hace es dar órdenes y quejarse de que no todo está bien hecho. Además de ser del capitolio, tiene una cómica manera de hablar y de llevar las cosas. Los juegos para ella son juegos, nada más.

Tomo asiento ante la estúpida mirada suplicante de Effie que no deja de observarme, para permanecer inerte en la mesa. Solo miro mi plato vacio y escucho el sonido de los cubiertos moverse con una agilidad impresionante.

-Come, está demasiado bueno.

Levanto mi vista y observo la penetrante mirada de Rachel prestándome extrema atención. Sus pestañas largas y espesas se cierran una y otra vez mientras que sus labios embozan una ligera comida.

-No quiero.-reprocho como una niña pequeña.

-Quinn… Disfruta antes de que puedas perderlo todo.-su mirada triste me anima y por difícil que parezca tomo un panecillo que se encuentra en una canasta perfectamente tejida dándole un aspecto a casa. Muerdo el panecillo y mis papilas gustativas explotan. Rachel tenía razón, absolutamente todo esta delicioso, yo lose, todos lo saben, hasta un animal podría saberlo, pero con la pequeña razón de que miles de gentes podrían estar comiendo esto y no solo la comida podrida que da cada distrito hace que la culpa vuelva a mí, mientras que Rachel sigue comiendo. Se ve feliz rodeada de decenas de platillos que puedo asegurar que nuca probó y no sé porque una sonrisa invade mi rostro sin quererlo, al menos ella disfruta antes de su muerte.

-¿Pero miren a quien tenemos aquí? Nuevas presas este año, perfecto.

La sonrisa se borra de un momento a otro al observar al causante de mis problemas.

Conozco al rubio que camina tambaleante por todo el comedor y arrastras consigue sentarse no tan decentemente en una de las sillas del comedor. Su mirada azul está perdida y veo que no deja de mezclar el agua que le ofrecen con alcohol.

-¡Haymitch compórtate!...-grita Effie totalmente enfada por su comportamiento.

-Valla ¿y tú de dónde saliste?… ¿te escapaste del orfanato?- Rachel no contesto, continuo comiendo con su rostro cabizbajo.- Bien, creo que estarás mejor aquí que dentro de él, sobre todo si sabes que te juegas tu futuro y nunca volverás…- no lo dejo terminar por que incisivamente tomo el primer cuchillo que veo y trato de darle en su mano que esta reposada. Finalmente fallo, pero quedo a centímetros de su manga provocándole un susto o tal vez impresión.

-Cortándome la mano no evitaras el futuro de ella ni el tuyo, así que mejor compórtate y trata de no matarme para poder aconsejarte de cómo seguir con vida.- su aliento a alcohol penetra hasta lo más profundo de mis pulmones y no puedo evitar voltear mi rostro totalmente furioso.

-Viéndote, creo que no me llegarían ningunos de tus concejos.-contesto aun sin verlo y evadiendo la mirada de Rachel y Effie.

Un silencio incomodo se forma en la meza. Effie comienza a parlotear de lo interesante y difíciles que serán los juegos este año, sobre cómo debemos de presentarnos ante el capitolio, también menciona que debemos estar impecables en cuanto a todo.

Ahí comprendo, al decir impecables, se refiere a la estética, pero le veo un doble sentido. La comida que vemos al alrededor y todas las atenciones son para dar la mejor cara ante la situación, quieres hacernos pensar que ganaras los juegos del hambre y permanecerás con una vida llena de lujos iguales a estos. Todo es una motivación, absolutamente todo.

Haymitch no despega sus ojos azules de mi ¿Qué estará pensando? ¿Qué habrá detrás de toda esa imagen e borracho amanecido? No sé lo que piensa, pero su mirada es parecida a la mía, aunque es raro admitirlo, es la misma que forme el día que me fue de a cena. Una mirada llena de arrogancia y pesadez, pero al mismo tiempo llena de ira e impotencia.

-¿Algún consejo?- la voz de Rachel parece distraerlo un poco, porque ya no está mirándome ahora la observa a ella haciendo una mueca con su cara. Sin decir más toma su vaso lleno de vino y nos da la espalda.

Effie reclama de sus modales, Rachel lo observa plenamente esperando una respuesta, y lo simplemente lo ignoro.

-Coman todo lo que puedan porque en poco tiempo no lo volverán a hacer… a menos que los fantasmas puedan comer.

La manera tan dura y perfecta de decirlo me forma un nudo en la garganta, al paso de que ya no sé si mi mano se mueve con inquietud o es por miedo. Rachel asiente tristemente para observarme.

-Al menos es honesto.- susurra poniendo repentinamente su mano sobre la mía.

La calidez es inmediata y también el alivio, porque cuando siento el toque de nuestras pieles dejo de temblar y rápidamente volteo hacia su rostro.

Me está demostrando compasión, eso es algo que los tributos no deben hacer, porque dentro de unos pocos días tendré que asesinarla.

Separo bruscamente mi mano, dejándola estupefacta por mi actitud descortés, para levantarme sin decir nada, para no mirar a nadie, para no dar miradas de complacencias, para ya no ser la niñita perfecta, para empezar a fomentar un forma de pensar diferente, y lo más importante, para que ella no sienta lastima por mí.

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Gracias por comentar y Leer, aprecio mucho sus comentarios y también el hecho de haber recibido muy bien el Ficc… Hasta la próxima C: