Flash back
-He decidido dejarme el cabello crecer- sonríe la morena, clavando sus ojos castaños en Saotome en espera de una respuesta favorecedora.
Su distraído receptor devoraba a una velocidad inverosímil su desayuno. Imposible era que el ojo humano siguiese la estela de los palillos bailarines en sus manos
Nabiki arqueó una ceja y esbozó una sonrisa ladeada. Advirtió que se atoró por un par de segundos y que siguió comiendo con más velocidad aún en son de disimular; ¿Qué se le estará pasando por la mente a su atolondrado cuñadito? .
-Estás rojo Ranma, deberías comer más despacio- exclamó alto tal si lo proclamara, desviando la mirada con la diversión tiñendo sus facciones.
-Nabiki - oyó pronunciar en aquel tono tenuemente golpeado que utilizaba su hermana mayor para hacerle ver que debía guardar silencio y no inmiscuirse en dónde, en definitiva, no la llamaban.
Y por supuesto que la mediana de las Tendo omitió no sólo la reprimenda de Kasumi sino que también pasó por alto el brillo asesino en los ojos grisáceos de su 'cuñadito', quién sin soltar su platillo de arroz le lanzaba improperios impronunciables tan explícitos como la ascendente rabia que se gestaba en Akane, la cual sin comprender el mensaje anterior, seguía a la espera de una respuesta que no pisoteara su autoestima.
-Vamos Ranma, mi hermanita quiere una respuesta. ¿No te gustaría que ella volviese a tener el cabello largo? Ya sabes... como las chicas de tus 'revis...
El platillo sin un solo grano de arroz que evidenciara que hacía unos segundos éste lo estaba rebosar, impactó contra la dura madera de la mesa y su eco imaginario rebotó en cada esquina del lugar.
Sonrojado a más no poder, susurró un 'Lo siento' y un 'Gracias por la comida'. Acto seguido se levantó llevando consigo los utensilios sucios para dejarlos en el fregadero, seguido por los ojos curiosos de las presentes. La mayor desconcertada; la mediana inmensamente divertida; y la menor sin comprender del todo el contexto de lo que ocurría. ¡Oh pero de algo estaba segura! ...Que Tendo Nabiki podría conseguirle la respuestas a la extraña situación y el gesto que ésta le dedicó al responder su mirada inquieta, le aseguró que a cambio de unos cuántos yenes, saciaría sus demandas con gusto.
Nabiki estaba contando cada billete del fajo que sostenía, mientras se cargaba en el marco de la puerta corrediza. Dividía su atención entre los billetes verdes y su hermana menor que, arrodillada junto al mueble, revisaba con ojos agrandados el cúmulo de revistas que había rescatado de la oscuridad del fondo del cajón último.
-¿Ves cómo tu prometido no es tan inocente como parecía? ¡Ja! - habló elevando su vista al cielo del cuarto - Crecen tan rápido los chiquillos de hoy en día.
Fotografías de mujeres provocativas, seductoras y desnudas saltaban a la vista en cada página. Todas eran revistas porno de curioso proceder. Varias tenían un largo cabello, ya sea ondulado o liso, peinado o despeinado con todo propósito de un mensaje sexual.
Sintiéndose como ofendida y enrojecida hasta la raíz del cabello, ordenó con rabia las revistas dispersas en el suelo y las guardó en el mismo hueco del cajón en el que estaban. Lo cerró con fuerza dejando el mueble tembloroso y se levantó del suelo exhalando sonoras bocanadas de aire.
Nabiki achicó la mirada.
-¡¿Dónde está ese... ese... pervertido?!
Fin del flash back
-Le dije que estabas en el dojo y te fue a buscar...
Ranma la oía atónito. En realidad sentía vergüenza...aunque Akane ya no estuviera ahí para reclamarle. Pero no era sólo eso. Su corazón latía desbocado.
-Ella no llegó al dojo ese día.
Nabiki lo quedó mirando unos segundos, desconcertada. Recordó que los días posteriores de que Akane conociera el morboso secreto de su prometido, ella se mostró alegre y normal, distando completamente de lo que esperaba, es decir, ataques e insinuaciones contra un acalorado Saotome lleno de vergüenza. Akane parecía haber olvidado completamente el asunto de las revistas, como si nunca las hubiera visto o como si hubiera dejado de ser importante.
-Es extraño. Después de eso se comportó muy normal contigo. Como si no hubiese visto nada.- respondió finalmente, habiendo digerido la nueva información - Akane partió furiosa hacia el dojo, me pregunto hacia dónde habrá ido, qué la habrá hecho desviarse...
Se quedaron en silencio un momento inmersos en interrogantes que les era imposible responder. Akane se había vuelto un auténtico misterio.
-Al mes siguiente se cortó el cabello de nuevo, ¿Cierto? -Ranma guardó las manos en los bolsillos y se apoyó en el pilar de madera. Se sentía secretamente herido, porque la vergüenza inicial se había convertido en una impotencia sin nombre.
Ranma suspiró enarcando una ceja.
Flash back.
Se asomó en la habitación de Akane aquella tarde, a pedido de Kasumi que a modo de favor, le había pedido que le avisara a la chica que ya era hora de comer.
Entonces, la vio. Con tijeras en mano y frente al espejo, había recortado sus puntas deshaciéndose del largo que había alcanzado su cabello desde aquel día en que, por accidente en un altercado con un recién llegado Ryoga a su vida, su larga melena fue cortada en contra de su voluntad.
Los ojos de Akane se dirigieron a él a través del espejo, y al notar la expresión de sorpresa en el rostro de su prometido, sonrió.
-Qué tal, Ranma, ¿Me queda bien?
El aludido parpadeó un par de veces seguidas, evidenciando su desconcierto.
No sólo no le había reclamado por no llamar a la puerta, sino que también le sonreía y pedía su opinión por su nueva apariencia. La diferencia no era mucha, la verdad, sólo había cortado algunos centímetros que ahora revelaban su cuello...Pero para ella era importante, lo advirtió en la expectación con la que esperaba su respuesta.
-¿Y bien? - amplió su sonrisa...pero ¿Qué era aquella mirada? Tan triste.
-Te ves bien - atinó a devolver la sonrisa -Te ves... - respiró hondo -...Realmente bonita.
Akane se sonrojó y desvió la mirada.
-K-Kasumi me ha dicho que...
-Lo sé - lo interrumpió volteando a mirarlo directamente. Volvió a sonreír- Hora de comer, ¿No?. Pues, vamos.
Fin del flash back
Conversaban en la ancha salida al jardín. Nabiki estaba sentada en el peldaño y sus pies descalzos pesaban en el pasto, mientras que Ranma estaba de pie a unos pasos de ella, junto al marco de la puerta corrediza.
Allá, a unos metros, el tranquilo estanque resultaba una visión penosa. Lo envolvía el resquicio de tiempos mejores, cuando Ranma peleaba con su padre por las mañanas en disputa de un trozo de pescado, y acababan los dos empapados emergiendo de sus aguas inquietas. Él convertido en chica y su padre en un enorme panda gruñón.
Todas las vivencias del pasado tienen gusto a ajeno. Como si hubiesen sido contadas por otros, como si aquella calma de entonces se resistiera a formar parte incluso de la memoria.
Nabiki rió quedo.
-¿Recuerdas lo bien que lo pasábamos? Nunca faltaba algo que pasara en casa.
-Y tú bien que sacaste provecho de ello en varias ocasiones - sonrió divertido, Nabiki le sonrió de vuelta, pero no respondió.
Había tanta tranquilidad en el jardín, tanto silencio en casa... Alguien faltaba, el corazón lo percibía y en cada habitante pesaba dicha ausencia de manera distinta. Ranma y Nabiki compartían algo en común, el presentimiento de que algo no acababa de encajar.
- ¿Crees que el detective tenga razón?
-¿En qué?
-Akane... ella pudo haber tenido una doble vida.
Nabiki frunció los labios.
Hablar de su hermana le era secretamente incómodo. La inquietaba no conocer todas las respuestas, que Akane se hubiera convertido en un símbolo enigmático. No sólo para ella sino para su familia, Nerima y el país entero.
Tendo Akane había alcanzado sus más altos índices de popularidad jamás pensados. Este pensamiento le arrancó una sonrisa.
-Nos estamos enterando de cosas de su vida que se tuvo 'bien calladito'. Es una ofensa para mí, ¿Sabes?
-Imagino cómo debe estar tu orgullo- le siguió la broma.
Nabiki unió ambas palmas, inclinada hacia adelante y con seriedad respondió:
-No te lo puedes ni imaginar.
Contemplaba absorto la fotografía que se le puso frente a sus ojos, pero le era imposible asociarlo con la hija de sus recuerdos.
El detective con las manos entrecruzadas escondiendo su boca y los codos apoyados en el escritorio, aguardaba pacientemente a que el absorto hombre de ojos tristes lanzara su veredicto.
El cuarto olía a tinta. En la pared había un mural en donde estaban pegadas fotografías de los personajes principales y secundarios en la vida de Tendo Akane. En un segundo mural, se hallaban recortes de periódicos del caso.
"Chica desaparece en el barrio de Nerima"; "El caso de Tendo Akane, desaparecida"; "La menor Tendo Akane es hallada muerta a las a fueras del distrito de Nerima"; "Misterioso caso de asesinato"; " La adolescente de 16 años Tendo Akane fue hallada sin vida" ; "Consternación en Nerima, ¿Homicidio o suicidio?".
EL escritorio estaba lleno de papeles, lápices y carpetas. Entre el desorden, en el centro y sobre una carpeta amarilla, descansaba la fotografía de una guapa adolescente con dos amigas que en un primer vistazo Tendo Sound no reconoció. Es más, si caminando por las calles hubiese pasado por su lado, tampoco la hubiese reconocido.
En la fotografía figuraba la imagen de una hermosa chica de dieciséis años que vestía un femenino vestido azul, con un ligero escote, y unos zapatos de taco alto. Sus ojos mostraban un falso color verde claro, pestañas postizas y su largo cabello castaño claro caía en graciosas ondas hasta donde la espalda pierde el nombre. Usaba chasquilla recta y la ancha sonrisa que enseñaba daban la impresión de que su rostro fuera más redondo de lo que en realidad era.
A cada lado suyo, sonreían a la cámara otras dos chicas. Rubias y de aparente procedencia occidental. Lucían vestidos y tacones altos, como ella. Parecían extremadamente divertidas, como si el fotógrafo les estuviese haciendo morisquetas tras la cámara.
La chica de azul, la de largo cabello castaño claro ondulado, la de ojos verdes... Era Tendo Akane, y dichas características no correspondían a la Tendo Akane que él conocía: ojos castaños, cabello corto y azulado, y ropas no tan 'a la moda' .
La chica de la fotografía parecía otra. Pero si se la quedaba mirando fijamente, si colocaba atención a sus rasgos camuflados e imaginaba el verdadero tono de sus ojos y su verdadero cabello escondido tras aquella peluca, podía hallarla, podía visualizarla.
Era ella.
-¿Y?
-Sí - declaró rotundo, apartando finalmente la mirada -Es mi hija.
Suspiró desviando la atención del libro que leía. Lo dejó abierto en la página hasta dónde había llegado encima del colchón.
-¿Lista? -Le había dicho él desde el marco de la puerta.
La chica se levantó de la cama, que no era otra cosa que un conjunto de fierro y un colchón sucio y apestoso, y se dirigió a un antiguo ropero de madera de donde extrajo un grande polerón masculino, luego alcanzó el gorro con visera que había colgado de un clavo al interior del mueble.
El hombre, que había seguido los movimientos de la muchacha, informó:
-Traje comida china, ¿No quieres comer antes? - la siguió cuando ella se dirigía al cuarto de baño de la habitación. Se volvió a acomodar en el marco mientras la veía quitarse la camiseta amarilla y quedar en sujetador sin pudor alguno por su presencia.
Los ojos de él recorrieron cada centímetro de la nueva piel al descubierto, y se fijó sobre todo, a través del espejo, en sus senos escondidos tras la tela de la prenda interior. Y el deseo de agarrarla del brazo, girarla, pegarla contra el lavamanos y apretarla contra su cuerpo para sentir cómo aquellos senos, ni tan grandes ni tan pequeños, entraban en contacto con él, le quemó las entrañas.
No se dio cuenta, tan perdido en sus fantasías como estaba, cuando ella ya estaba vestida con el polerón masculino y con sus dedos acomodaba su corta cabellera un poco desordenada.
-Te pregunté si tenías hambre - insiste el hombre mirándola a los ojos, intentando controlar sus instintos bajos.
-No. Come tú - dijo mientras se acomodaba ahora la gorra. Acto seguido, se subió la capucha y se bajó un poco la visera de tal forma que escondiera parte de su identidad.
El hombre extrajo del bolsillo de su camisa, un carnet de identidad que le tendió. Ella lo recibió y lo escondió en su bolsillo.
Continuará...
