Nuevo capítulo, muy prontito :3 Pensaba subirlo mañana (hace una semana del anterior) pero tengo un día muy liado y quizás no me dé tiempo.
Quiero agradecer a jacky7610 por su review (el primero!) y a cami-san. Ojalá la página me permitiera responder los comentarios de manera personalizada porque me hicieron mucha ilusión (pensé que nadie leería este primer capítulo). Gracias también a Korisiano, Marda Evans y aylencarro12345 por el fav 3
Cáp. 2: Compañeros de viaje
La claridad iluminó poco a poco la pequeña estancia. Midoriya abrió los ojos, desorientado al principio. Se giró sobre sí mismo, queriendo volver a dormir. En frente tenía al rubio, muy cerca, y que parecía dormir. Tenía la capa sobre las piernas dobladas.
Desde donde estaba, el de ojos claros podía ver el cuero de sus pantalones, desgastado por el uso y las sombras que su pelo proyectaba sobre sus párpados cerrados. Se incorporó y automáticamente el rubio abrió los ojos, tenso.
-Tranquilo, soy yo.
-No me has asustado, baka Deku.
-¿No has dormido nada? –el rubio no contestó. Midoriya apagó la lámpara de un soplido y se puso de pie. Se estiró y bostezó varias veces.
-Gracias por la capa, no pensé que pasaría frío sin una hoguera. –avergonzado, se dirigió hacia la salida.
-Trae agua fresca.
-Ahora mismo. –salió con paso ligero, en dirección a la cascada. Bakugou se quedó mirando el hueco por donde se había ido, sonrió para sí justo cuando su cabeza volvía a aparecer:
-He pensado cazar un poco, ya que tú estás…
-Tsk, ¿crees que no podría cazar mi propia comida? ¡Mírate! Baka Deku –trató de levantarse, apoyándose contra la pared, pero no pudo. Midoriya entró y trató de ayudarlo pero el otro lo apartó bruscamente. Del empujón, se cayó de su bolsa el libro de anotaciones. El rubio se agachó y lo cogió, su mano chisporroteó.
-Mírame, puede que tengas razón, parece que no podría atrapar ni a un ratoncito –mientras sonreía, movió el cuaderno frente a los ojos del otro, que estaba tenso tratando de recuperarlo en cuanto se descuidara. No tuvo esa oportunidad, ya que la explosión era inminente.
Bakugou no se esperaba lo que ocurrió a continuación: cuando estaba a punto de hacerlo explotar, notó su mano quitarle el libro. La sorpresa hizo que se descontrolara y la explosión fue más violenta de lo que esperaba. Cuando el humo se disipó, lo vio. Apretaba el libro contra su pecho, una de sus manos estaba herida aunque el guante había protegido su piel del fuego.
El rubio se quedó paralizado, su mirada roja se encontró con la de sus ojos verdes. No había miedo, ni duda. Solo decisión y fuerza, una que nunca antes había visto en nadie.
-¿Por qué lo has hecho? –no contestó, pero de todas formas no sabía qué decir. Mantuvo su habitual actitud mientras el otro guardaba el libro y salía de la gruta sin decir nada. Pronto dejó de oír sus pasos y el silencio inundó la estancia.
-Baka Deku –no podía olvidar su mirada. Casi lo había hecho sentir culpable.
Cuando estaba seguro de que no podría oírlo, se dejó caer al suelo y se apretó la mano dolorida, gimiendo. Nunca antes se había enfrentado a un demonio pero el carácter de Bakugou era más amenazante que su poder explosivo. Se preguntó, mientras se curaba la mano, qué parte sería verdad y qué parte fachada. ¿Era el mismo que la noche anterior se había movido pese a las heridas para taparlo? Suspiró y se fue en cuanto tuvo vendada la mano. Necesitaba que le diera el aire y de paso conseguir comida. Aunque el rubio hubiera dicho eso, llevaba sin comer por lo menos un día, quizás más porque no sabía si habría comido justo antes de que lo atacaran.
Las horas pasaron lentamente. La herida había empezado de nuevo a dolerle, no tenía comida ni casi agua. Golpeó la roca con fuerza mientras una pequeña explosión salía de su mano derecha.
-¿Dónde estará ese Deku? –no podía apartar de su mente la mirada del de pelo verde. La forma en la que lo había enfrentado para salvar su cuaderno. La heridas que le había provocado a pesar de haberlo salvado. Una parte pequeña de su ser se encogió ante la vergüenza por su comportamiento. Habría muerto por la fiebre o desangrado si él no…
-¡Silencio! –se gritó a sí mismo, apretando los dientes de rabia. Casi se había hecho de noche y no aparecía. La oscuridad iba poco a poco devorando la cueva, solo sus chispas aportaban algo de luz. ¿Lo habría abandonado a su suerte? No tenía por qué quedarse con él, ya lo había ayudado sin razón pero, al haber sido tan desagradecido, solo había confirmado lo que el de pelo verde ya habría notado: que no se merecía su ayuda.
-No necesito… a nadie –murmuró mientras se apoyaba contra la pared para intentar levantarse. La herida le latió de dolor y la apretó para tratar de mitigarlo. Resopló y continuó tratando de levantarse. Se iría de allí, ya estaba perfectamente.
Con gran esfuerzo consiguió ponerse de pie pero se quedó quieto, si daba un solo paso podría volver a caerse. Y nada le haría más daño a su orgullo que verse de nuevo tirado, sin poder levantarse. Gritó mientras daba el primer paso. La tensión recorrió todo su cuerpo y la herida pareció latir con vida propia, recordándole que a pesar de lo rápido que su cuerpo demoníaco se curaba, hasta él tenía sus límites.
-¡Maldita sea, Deku! –y de repente allí estaba. Como una aparición, con las mejillas rosadas por la carrera y una expresión interrogante en la cara.
-¿¡Qué haces aquí!? –se apartó de la pared para caminar hacia él pero una de sus piernas falló. No le dio tiempo a caer sin embargo, porque de un momento a otro se vio acorralado contra la pared, con el cuerpo del otro pegado al suyo.
Midoriya lo sujetó mientras le tapaba la boca con una mano, que estaba áspera y olía parecido al ungüento que había usado en su herida.
-Silencio, podrían oírnos –el otro gruñó y trató de soltarse pero el de ojos claros se pegó aún más a él. Bakugou no hizo caso y, con la mano que no estaba contra la herida, empezó a provocar chispas. Se lo quitaría de encima a la fuerza. Pero entonces notó su mano, suave y cálida, agarrando la suya. El de ojos verdes agarró su mano, entrelazando suavemente los dedos para tenerlos todos controlados. Aquél contacto dejó al rubio aturdido, sin aliento. En la oscuridad solo podía ver uno de sus ojos, el que quedaba de cara a la luz que entraba desde fuera, la luna estaría llena.
-Por favor, no hagas ruido –Midoriya prestó toda su atención en el exterior y lo sonidos de fuera, sin percatarse de que el otro estaba cavilando sobre temas totalmente ajenos a la situación que tenían entre manos. Como el tono de sus ojos, que parecía verde pero con esa luz tenía matices azules. O el olor de su pelo, que seguía in identificar. Una extraña sensación lo recorrió a pesar de estar evitando, a propósito, prestar atención a sus manos unidas. La voz de Izuku hizo que perdiera el hilo de sus pensamientos, relajando el cuerpo y obedeciendo al otro, que le volvió a pedir silencio.
-Me crucé con unos soldados –le susurró sin mirarlo. -Insistieron mucho en saber qué hacía por aquí y me preocupa que me hayan seguido.
Lo que le decía era cierto, cuando había cazado un conejo gordo y se disponía a despellejarlo y cocinarlo para no tener que encender un fuego cerca del escondite del rubio, lo vio. Cruzaban el río junto al que se había detenido. Se acercaron para preguntarle si se había perdido.
-Buenas tardes soldados. Soy Midoriya Izuku, aficionado al estudio de las hierbas. He salido en busca de nuevas –sonrió y sacó de su bolsa la primera que encontró, para demostrar que decía la verdad.
-Este lugar es peligroso de noche, no deberías quedarte mucho tiempo.
-Lo sé, pero hay flores que solo se abren al atardecer, justo antes de que salga la luna. –lo soldados le ofrecieron compañía y él no la pudo rechazar. Con la excusa de guardar comida para la larga caminata de vuelta, no perdió los suministros que quería llevarle a Bakugou.
-¿Estás seguro de que no necesitas que te guiemos hasta la muralla? –el muchacho se había negado ya en varias ocasiones, empezaba a preocuparle no librarse de ellos en toda la tarde.
-Os lo agradezco, pero no hay temor alguno en que pueda perderme, no me alejaré del camino. Ahora debo irme o perderé la oportunidad de conseguir esas hierbas. Gracias por el ofrecimiento, que tengan una vuelta agradable. –se despidió y se giró, siguiendo el camino más obvio y el más alejado del que debía tomar para volver a donde el otro lo esperaba. Ninguno de los soldados hizo amago de ir tras él, sino que siguieron el camino que deberían de haber tomado un buen rato antes. Solo el capitán se quedó mirando al muchacho, preguntándose si escondían algo esa prisa y ese interés por las hierbas nocturnas.
Midoriya dio un gran rodeo, cuidando de no hacer ruido ni dejar huellas. Cuando ya tenía la cascada a la vista, oyó crujir una rama tras él. Se quedó totalmente quieto, agudizando el oído y la vista, intentando captar el sónico de una respiración o el brillar de una armadura.
Un grito sordo, lejano y familiar, lo hizo volver a sobresaltarse. Parecía provenir de la dirección del escondite donde había dejado al rubio.
-No puede ser –corrió hacia la entrada de la cueva, preocupado de que lo hubieran encontrado.
Pero estaba solo, de pie y tratando de andar por una razón que solo Dios podía saber.
-Parece que no me han seguido –se giró a mirarlo. Sus ojos rojos ardían pero su cuerpo se había relajado. Quitó lentamente la mano de su boca pero no se apartó de él.
-Deku… –su extraño apodo sonó diferente dicho de aquella manera tan suave, apenas un susurro. Midoriya tragó saliva, sin saber qué hacer. Después de un momento de silencio en el que solo se miraron a los ojos, el rubio empezó a dejar caer su peso sobre el otro. Fue en ese momento cuando el de ojos claros notó que algo no iba bien con él.
-¿Es la herida? –el otro solo asintió, apretando los dientes. Tenía el gesto crispado y la frente perlada de sudor. Lo ayudó a sentarse en el suelo y, tras mirar una última vez hacia el exterior para comprobar que no había nadie, encendió la pequeña lámpara de aceite que se había dejado allí esa mañana.
Cuando los ojos rojos del muchacho se acostumbraron a la luz, descubrió porqué la mano del otro olía a hierbas y no estaba tan suave como la que había tenido agarrada a la suya: llevaba una venda alrededor de toda la palma, la que le había herido esa mañana. No pudo mirarlo a los ojos mientras se acercaba a él para examinar su herida.
-Está bastante mejor pero aún hay que tener cuidado con ella –notó que su cuerpo se relajaba mientras le aplicaba una nueva venda impregnada del ungüento. No sabía las hierbas que tendría pero lo aliviaba con solo tocar su piel.
-¿Crees que mañana podrías caminar? Aunque no emprendamos el camino a la frontera por ahora, sería buena idea cambiar de cueva.
-¿Cómo?
-No es seguro quedarnos aquí pero todavía necesitas unos días más antes de poder irnos.
-¿Irnos? –el de ojos claros sonrió con una sonrisa que parecía típica de él y dijo, seguro de cada palabra:
-Yo voy a ir contigo. No perderé la oportunidad de ver a las criaturas que viven en la frontera.
-¿QUÉ? Si crees que voy a permitir… –su estómago empezó a quejarse.
-¡Casi lo olvido! Tengo comida para ti –le tendió la carne de conejo que había guardado para él.
-Siento no poder ofrecértela caliente pero al menos está cocinada –el rubio se la arrebató de las manos y empezó a devorarla con ansia. También pidió agua, que recibió sin tardanza; su estómago agradeció tener por fin alimento. Mientras comía, Midoriya repasó las hierbas que le quedaban, las herramientas y el aceite para recargar la lámpara.
-Fue idea de mi madre que saliera siempre con una lámpara. Y hasta ahora no me he arrepentido de cargar con ella. Necesitaría recoger algunas hierbas más de esta zona antes de partir, quizás sería mejor que saliera en cuanto amanezca para estar listo antes del medio día.
-Oye, Deku, no vamos a ir juntos a ninguna parte –el otro hizo como si no lo hubiera oído. Recogió sus cosas y repasó sus anotaciones. El rubio trató de llamar su atención pero sin éxito.
Terminó de cenar y, cuanto el otro estaba mirando en su dirección, trató de levantarse. Como era de esperar, el de ojos claros se acercó a él para que no se moviera. En ese momento, el rubio lo agarró por el cuello de la camisa y lo atrajo hacia sí con brusquedad.
-¿Te ha quedado claro antes? No vamos a ir juntos a ninguna parte, maldito Deku –el otro se quedó quieto, aguantando la respiración. Sostuvo su mirada, no quería que lo viera nervioso.
-No… no necesito tu permiso –los ojos rojos se abrieron como platos. ¡Qué osadía por su parte!
-¡¿Cómo te atreves?! –lo empujó con fuerza, tirándolo al suelo. Aguantó las ganas de volarlo todo en pedazos con una explosión, dejándose caer otra vez al suelo.
-¡Está bien! Perdona, no quería ofenderte –el rubio lo fulminó con la mirada, ¿ofenderlo? ¿Qué pensaba que era, un niño berrinchudo herido por perder a algún juego infantil? Lo habría matado allí mismo de haberlo tenido en sus manos.
Midoriya no dijo nada, ya había pensado en un plan para acompañarlo aunque él no quisiera. Lo que el del pelo verde no sabía es que Bakugou también tenía ya algo en mente.
-Será mejor que vayamos a dormir, mañana será un día largo. –el rubio asintió y cambió de postura pero sin dejar de estar sentado. El de ojos claros se lo quedó mirando un momento, después apagó la llama y se acurrucó junto a él. Ninguno de los dos dijo nada cuando el rubio los tapó a ambos con su capa. Midoriya sonrió en la oscuridad, en el fondo de Bakugou había un corazoncito.
Muy temprano, cuando el rubio todavía dormía profundamente, Midoriya salió para recoger hierbas que necesitaría en su viaje. Se lavó un poco en la cascada y llenó todo lo que pudo con agua. Cuando ya estaba listo, volvió a la gruta.
-Bien, estoy listo Bakugou, ya podemos… –el silencio y la oscuridad fue todo lo que lo recibió dentro. Apartó algunas plantas para que la luz del amanecer entrara e iluminara el hueco vacío donde debería haber estado el otro. Tampoco seguía su capa ni nada más.
-No puede ser… ¡se ha marchado!
No tan lejos como le gustaría al rubio, estaba en aquél momento. La herida no le dolía pero aún le costaba apoyar la pierna de ese lado del cuerpo. Había sido descortés por su parte marcharse sin darle ni las gracias pero ese no era su estilo. Él no había llegado a ser quien era dando las gracias y preocupándose por los demás.
-Adiós Deku.
Continuará…
¿Tendrá de verdad Bakugou un corazón escondido? ¿Qué hará Midoriya ahora que el rubio se ha ido? ¿Cómo se puede ser tan desagradecido?
Gracias por leer, si dejáis un review me haréis muy feliz :3
