Disclaimer: todos los personajes pertenecen a J. K. Rowling
'Este fic participa en el reto off-Scorse de Octubre "Escala de Grises" del foro El Escorpión Que Coleccionaba Rosas'
Crueldad: Acción cruel e inhumana.
Lo primero que hace al salir de aquella horrible prisión, es tomar una gran bocanada de aire. El aire fresco le llena los pulmones y por primera vez en quince años, se siente libre. Ya no sentirá el terrible frío de los dementores, ni los gritos y lamentos de los otros prisioneros, y justo como prometió su marido, va a divertirse mucho.
Oh sí, va a disfrutar tanto torturar y matar.
Mira a su alrededor y ve a Rodolphus parado a lado de su hermano. Los dos miran ansiosos al grupo de mortifagos que poco a poco se está reuniendo fuera de la prisión. Ve a Dolohov, más cadavérico que nunca, acercarse con una gran sonrisa.
—Ha vuelto— anuncia feliz y los Lestrange sonríen en respuesta.
Unos segundos más tarde Rookwood, Mulciber, Travers y otros tres hombres salen de entre los escombros, parándose a unos pasos de ellos, justo a tiempo para ver aparecer a Yaxley con sus varitas en las manos.
—Tengan y aparézcanse—dice mientras les pasa a cada uno su varita.
Se siente extraña al tomar su varita por primera vez después de tantos años. La mira con veneración, dándole vueltas en sus manos para poder admirarla por cada ángulo. La aprieta con fuerza e intenta el primer hechizo que se le ocurre.
—Crucio— susurra apuntando hacia Pettigrew que se encuentra transformado en rata en una esquina.
El ratón gordo empieza a chillar y Bellatrix estalla en carcajadas.
—Eso fue cruel Bella— comenta divertido Rodolphus.
—Necesito practicar un poco— responde ella mirando a su alrededor—. Parece ser que es el único del cual podamos prescindir. En caso de que algo salga mal, claro— comenta maliciosa. Su esposo ríe con ella.
Todos se callan cuando Voldemort aparece, y Bella se lanza a sus pies.
—Amo— saluda con verdadera alegría. Jamás se ha sentido tan feliz antes.
—Levántate Bellatrix— dice con voz firme el Señor Tenebroso.
Ella lo mira emocionada, y él le hace un pequeño gesto indicándole que vuelva a su fila. Cuando toma su puesto, el Lord empieza a hablar.
—Tengo una misión— menciona y la sala se llena de murmullos excitados.
Los prisioneros recién liberados están ansiosos por volver a hechizar y maldecir cuanto muggle se le cruce, y Bella no se queda atrás. Las palmas de sus manos pican con anticipación. Ha anhelado durante tantos años volver a estar en el frente de la batalla, y finalmente sus suplicas han sido escuchadas y va a cumplir sus más oscuros deseos.
A la señal del Señor Tenebroso, todo el grupo de mortifagos desaparece rumbo al poblado que el Lord ha escogido como blanco. Es hora de sembrar el terror.
En cuanto Bella toca el suelo, apunta su varita hacia el grupo de asquerosos muggles que comienzan a gritar y correr en todas direcciones como animales. Están asustados por le repentina aparición de los magos, y parece que huelen el peligro (como las criaturas que son) porque tratan de escapar.
—Estúpidos muggles— escupe con saña la mujer.
—Demuéstrale de lo que eres capaz— la reta Rabastan llegando a su lado —.Demuéstrale que no eres solamente una cara bonita.
Bellatrix esboza una mueca y avanza hacia una familia que está reunida en un pequeño callejón, tratando de pasar desapercibidos. Llega frente a ellos silenciosamente y se sobresaltan, retrocediendo e imponiendo distancia.
—¿Qué tenemos aquí?— se mofa ella y el hombre se para valientemente delante de su esposa e hijo.
—¡Aléjate!— grita —. ¡No te atrevas a acercarte!
La mortifaga estalla en carcajadas y pregunta con sorna —Y si no, ¿qué me vas a hacer?
El hombre calla, y ella sabe que no sería capaz de lastimarla a pesar de ser una amenaza.
—Ya veo…— comenta ella con una desagradable sonrisa dando un paso hacia la familia.
—¡Para!— exclama otra vez el padre, pero ella no le hace caso —. Tendrás que pasar sobre mi cadáver antes de tocarlos a ellos.
Bellatrix eleva sus cejas mirando al hombre —Con gusto lo haría, pero me apetece hacerte sufrir un poco por tu insolencia.
Levantando su varita, la apunta hacia el hombre, y un rayo rojo impacta contra su pecho, haciéndolo trastabillar y caer al piso. El grito que suelta, hace estremecer a su esposa, que empieza a sollozar, tratando de pedir piedad.
—Por favor— ruega la muggle —.Te daremos todo lo que quieras—intenta negociar.
—¿Qué podría tener una asquerosa muggle como tú?— pregunta Bella levantando la maldición del cuerpo tembloroso de su victima.
—Tenemos dinero— dice en un jadeo el hombre mientras intenta levantarse.
—No necesito de tu sucio dinero— contesta enfadada antes de volver a pronunciar la maldición imperdonable una y otra vez contra los dos adultos y el niño.
Bella esta disfrutando enormemente los gritos de sus victimas, y ni siquiera se ha percatado del tiempo que ha pasado, hasta que Rodolphus se para a su lado.
—Bella, termina con ellos— ordena —. Los aurores no tardan en llegar.
Ella asiente, y apunta primero al niño que deja de llorar al recibir el rayo verde; la mujer solloza más fuerte, se acerca a su hijo para tratar de despertarlo y es la siguiente en recibir la maldición. Luego, voltea a ver al muggle y da vueltas a su varita fingiendo pensar.
—¿Qué es peor, vivir sin tu familia o morir?— pregunta al aire.
—Apúrate— la apremia Rodolphus.
—Arruinas mi diversión cariño.— responde ella.
Rodolphus le lanza una mala mirada antes de ver la victima y liquidarla él mismo.
—¿Qué te pasa? ¡Era mío!— chilla histérica Bellatrix.
—Vamos— dice él antes de tocarle el brazo y desaparecerse con ella.
Aterrizan en el jardín de la mansión Malfoy, y en cuanto ella se estabiliza, empieza a reprocharle.
—No vuelvas a hacer eso. No puedes quitarme mis presas. Nunca. La próxima vez te mataré a ti.— amenaza, y Rodolphus sabe que no miente.
Bellatrix es muchas cosas. Es inteligente, es hermosa, es astuta, es fuerte, es eficaz en todo lo que se propone, pero su rasgo más característicos es sin duda su crueldad.
