Esa misma noche me llamo Susan disculpándose por el comportamiento de su primo, pero a partir de ese día evite visitar la casa de mi amiga. Así fue como llegó el inicio de clases, acepté que Susan pasara por mí para ir a la escuela, ya que ahora mamá no podía ir a dejarme y la verdad no me apetecía caminar unos kilómetros.

El ser amiga de Susan traía ciertas ventajas; dotada de una belleza única y espíritu colaborador, ella estaba en muchos comités, aunque ella evitara a toda costa la popularidad. Eso si, conocía a muchas personas en la escuela y en consecuencia yo también los conocía.

Cuando Susan estaciono frente a mi casa yo ya estaba lista. Unos jeans ajustados, camisa sin manga y una chaqueta de mezclilla. Tome mi mochila y salí gritando sobre mi hombro.

— ¡Me voy mamá! ya llego Susan.

— ¡Suerte en tu primer día! —dijo mi madre desde la cocina donde lavaba los platos del desayuno.

Susan estaba radiante al volante de su automóvil, hoy descapotado. Al verme sonrió y de la misma manera su primo -me rehúso a tener una relación más personal con ese bribón- salió del asiento delantero y sostuvo la puerta para mí. Yo me quede estática un segundo y luego reaccione. ¡Claro! Yo iba en la parte de atrás, ¡tenía que cederme el paso! Entonces tome la manija para doblar el asiento y antes que pudiera accionarlo me detuvo.

— No, yo voy atrás, tu vas adelante —sus ojos fríos me atraparon y solamente pude hacer lo que me dijo.

Cuando me senté, cerro la puerta y de un salto trepó al asiento trasero donde se acomodó en la parte media.

— ¿Lista para iniciar una nueva aventura? —dijo Susan alegremente mientras hacia caminar su auto.

— ¡Claro!, ¡estoy lista para que caiga la guillotina! —dije en el mismo tono, ella solo rodó los ojos.

Llegamos a la escuela atrayendo miradas tanto de hombres como de mujeres. De hombres por el auto de Susan y la misma Susan, y de mujeres por nuestro silencioso pasajero.

El primer día por lo regular es un caos, buscar nuestros casilleros, verificar horarios, comprobar salones, en fin, un ir y venir constante.

Cuando íbamos camino a la oficina del director a recoger nuestros horarios le pregunté a Susan.

— ¿Y a éste que mosca le picó? —Dije señalando sobre mi hombro a su primo que caminaba tras nosotras observando todo con detalle— no se esta comportando como él, ¿a que se debe tanta amabilidad? —le terminé diciendo, ya que al entrar al edificio sostuvo la puerta para mi, no me había dado ninguna mirada despectiva ni aterradora, aunque claro, tampoco unos ojos risueños.

— Le dije que se tenia que disculpar por su comportamiento del último día —dijo Susan muy despacito riéndose entre dientes— es muy orgulloso, así que no sabe muy bien como hacerlo.

— ¿Porque no simplemente dice lo siento y acabamos con el drama? —le dije pero tuvimos que callarnos ya que la señora Martínez, la secretaria del director, nos entregaba nuestros horarios.

Para mi desgracia compartía algunos de mis cursos opcionales con el primo detestable, estuve tentada a dejarlos pero necesitaba los créditos.

Fui a dejar mis libros al casillero, así no tendría que cargarlos todo el día y cuando lo cerraba me di cuenta que a unos tres casilleros a la derecha estaba el primo indeseable peleándose con la puerta de su casillero. Parecía que no podía abrirlo. Me apiadé de él notando que era el mismo casillero que yo usaba el año anterior, él me observó mientras me acercaba y tomaba la perilla.

— Cinco —dije haciendo girar la perilla ante la mirada atenta de el— dos, siete, tres, cero y accionas la manija— dije sin voltear a verlo, cuando escuche el clic de la puerta al abrirse me retire de allí sin esperar a que hablara. Avance poniendo la mayor distancia entre nosotros.

Según mi horario, me tocaba la clase de cálculo, así que me dirigí al salón indicado pensando en la nada, al entrar saludé a varias personas y me dirigí a mi asiento preferido junto a la ventana en la parte trasera del salón, así el señor Meyer no podría atacarme a preguntas, saque mi libro y me puse a ojearlo pero un repentino aumento en los rumores me hizo levantar la mirada.

¡Oh, genial! Tenia que compartir clase con el bribón y para mayor desgracia había escogido el asiento detrás del mió. ¿Qué he hecho para merecer esto? ¿Atropellé un perro? ¿Qué?

Se encaminó al lugar cuando la campana sonaba. Mmm, no había notado el garbo que tenia al caminar. Pero ¡hey! Diana, ¿recuerdas quien es? ¡Si!, exacto, el bribón ingles. Así que no añadas una fan mas, suficientes con las que ya tiene babeando tras de él.

El señor Meyer inicio su clase con un repaso del curso anterior por lo que me resulto aburrida, me limite a tomar notas.

— ¿Que dice la última línea? — Dijo de repente una voz a mis espaldas, volteé sobre mi hombro y lo tenía a 10 centímetros de mí— no entiendo esos garabatos, ¿que dice?

Enderece mi espalda y vi hacia la pizarra buscando los garabatos a los que se refería, ¡ah!, claro, la hipotenusa.

— Dice la raíz cuadrada de X al cuadrado mas Y al cuadrado es igual a Z, donde Z es la hipotenusa del triangulo —dije sobre mi hombro evitando ver hacia atrás, pero no lo logré, así que vi y lo que vi me pareció gracioso, tenia estampado en la frente un gran signo de interrogación (?), así que agregué— trigonometría, la vimos en el curso pasado.

— Yo no lleve eso, yo lleve arit... metica, no trigonoseque — dijo seriamente y luego se puso a ver por la ventana.

— De nada —dije al aire reanudando mis copias.

No vi a Susan en el siguiente curso, así que a la hora del almuerzo me dirigí a la cafetería, allí seguro la encontraba. Al entrar eché un vistazo alrededor, Susan no había llegado aún, pero al parecer éste era el día de mi mala suerte.

— ¿Como están organizadas las mesas aquí? —me preguntó una voz fría y seca. Genial, mi almuerzo se acababa de amargar.

— Hola que tal, yo bien gracias, me fue estupendo en mis clases, gracias por preguntar —dije sarcásticamente, el ingles entrecerró los ojos y frunció la boca, se notaba que se estaba mordiendo la lengua— puedes sentarte donde quieras —le dije secamente dirigiéndome a la barra de la comida.

— ¿Donde te sentaras tú? — preguntó en un mal intento de ser amable. Hasta una serpiente hablaría en un mejor tono que ese.

— En el lugar contrario donde te sientes tú —dije tomando una bandeja.

El se quedó parado con la cara muy seria, cuando reaccionó yo ya había avanzado un par de pasos, me siguió con su mala cara incluida.

— Te comportas como una niña de once años —dijo alcanzándome— ¡tú no puedes hablarme así!

— ¿a no? —Dije enarcando una ceja, y luego encarándolo añadí— pero tú si puedes llamarme metiche, husmeadora e inculta sin conocerme antes ¿verdad? —dije furiosa pero silenciosamente, estábamos en medio de la cafetería y el chico nuevo atraía miradas. No me dijo nada pero me estaba pulverizando con la mirada.

—Soy un Malfoy —dijo orgullosamente— puedo portarme como yo quiera.

— ¿Y? por mi puedes ser el príncipe William que a mí me da igual, yo puedo tratarte como a mi se me pegue mi regalada gana —dije reprimiendo el impulso de sacarle la lengua, eso definitivamente seria infantil.

— De todas maneras, ¿quien eres tu? Una insignificante muggle que no merece siquiera que le dirija la palabra —dijo el cretino arrastrando las palabras, no sabia que era un muggle pero me sonó a ofensa— no tengo ni 6 horas en este lugar apestoso y ya sobresalgo, todos me admiran, en cambio tu. . . ¿cuantos años llevas intentando hacerte notar? ¿Aprovechándote de la popularidad de Susan para sobresalir? —dijo dirigiéndome una mirada mas fría que el ártico.

¡Cretino, estupido bribón de porquería, idiota fanfarrón! Esos insultos pasaban por mi boca y se colgaban de mi lengua, tenía el ego más grande que un estadio, detuve el impulso de torcerle la cara de una bofetada. En cambio preferí devolverle el insulto.

— ¿Y no has notado, rarito —dije poniendo énfasis en el adjetivo— que todo el mundo te observa porque eres el nuevo bicho raro? Eres la nueva adquisición de este circo, una vez pasen un par de semanas te volverás lo que eres, el chico solitario de la escuela, un fenómeno que no encaja ni aquí ni en Londres —se lo dije despacito, disfrutando de la mueca en la que se convertía su cara. — así que bájate de tu nube de grandeza y majestuosidad porque para mi no eres mas que un cretino engreído.

— Tengo suficiente glamour para interesarle a todos, tu opinión no me interesa —dijo como defensa levantando un poco la nariz de manera altiva, esa petulancia me hizo reír, lo que le hizo verme arrugando un poco la nariz con rabia. Noté que esperaba que le explicara porque me reía.

— Eres mas arrogante, engreído y vanidoso que cualquiera que conozco y quien te oyera diría que eres gay por que la verdad, hablas como una chica.

De acuerdo, eso lo dejo congelado en su sitio, yo aproveche la oportunidad para poner tierra de por medio, cuando se descongeló parecía que había regresado del infierno mismo, me siguió y susurro, destilando veneno con cada palabra.

— Tu dices eso porque no muestro interés por ti — ¡Rayos!, eso si me sorprendió, abrí los ojos incrédulos, para entrecerrarlos con sus siguientes palabras— pero claro, solamente un topo ciego podría fijarse en alguien como tu.

— Cuidado culebrita, te puedes morder la lengua y morirte con tu propio veneno —nunca me había dado a la tarea de insultar a otra persona, pero en este momento se sentía bastante bien.

— No sabes que tan bien me llevo con las serpientes— me dijo con una sonrisa burlona en los labios, capturando mi mirada en dos bloques grises.

Pero en ese momento llego Susan.

— Hola chicos, ¿como les fue?, emm, ¿interrumpo algo? —dijo al notar el ambiente tenso.

— Nada Susan, solo estábamos aclarando algunos puntitos con tu primo —dije aun sosteniéndole la mirada, lo reconozco soy muy testaruda.

— Si tú lo dices —dijo mi amiga tomando un refresco.

Nos dirigimos a una mesa en silencio. Cada uno tomo una silla y Susan quedo en medio de los dos, mientras comíamos pasó la mirada un par de veces entre su primo y yo, y al ver que ninguno decía nada lo comprendió.

— Ustedes dos volvieron a pelear, ¿no es cierto? —dijo seriamente.

— No —contestamos a la vez en un tono que decía todo lo contrario.

— ¿Entonces? —exigió Su.

— Nada, que aquí la señorita pretenciosa tiene mal genio y ha pasado gritándome todo el día —dijo el primo narcisista inclinándose sobre la mesa y viéndome acusadoramente.

— ¿Pretenciosa? ¿Gritándote? — dije furiosamente, luego inclinándome también añadí señalándolo con un dedo— tú eres el que empezó todo esto, tratándome como si fuese tu sirvienta en el aeropuerto y ofendiéndome luego, así que no me llames pretenciosa, agrandado.

— Pues hoy intente enmendarlo, pero tú eres mas arisca que un gato, sería más fácil pedirle disculpas a un dragón.

— ¿Qué? —dije furiosamente.

— De acuerdo, ¡basta! — Dijo Susan levantando las manos, y viendo a su primo dijo— tú, compórtate ¿si? Ya hablamos...

— Pero es irritante...— dijo él con asombro, sintiéndose ultrajado.

— Ya lo discutimos, sabes muy bien que las cosas no son como antes, así que te comportas o te comportas —dijo Susan fulminando a su primo con la mirada, y luego volteo y me vio a mí— y tú no seas tan orgullosa Diana.

— ¿que? —dije, esto definitivamente no lo esperaba.

— ¿Porque en vez de pelear con él, no intentas conocerlo?, ¿no se te ha pasado por la cabeza que no es fácil ser extranjero? ¿Estar en un nuevo país?

Y dicho esto, tomo su bandeja y se fue dejándonos a su primo y a mi frente a frente, con un silencio sepulcral comparado únicamente con mi nivel de vergüenza.

Con un par de palabras Susan había logrado que nos sintiéramos avergonzados.

— yo, eh...—dijo el chico viendo hacia la mesa— yo me disculpo por las ofensas dichas.

— Esto, disculpas aceptadas —dije sin poder levantar la vista de mis zapatos— yo también me disculpo por mi comportamiento.

— Esta bien —dijo solamente dirigiéndose más a la mesa que a mí.

Nos quedamos en silencio un par de minutos y cuando no pude aguantar más ese mutismo me levante y me fui de la cafetería. Había olvidado que Susan también era extranjera y que al igual que su primo al principio fue bastante extraña, en los dos años que llevaba de conocerla, Susan se había adaptado tanto que uno olvidaba que no era de aquí.

Cuando terminaron las clases yo aun estaba pensativa y aun muy avergonzada y en contra de todo pronóstico me fui caminando a casa.