Descargo de responsabilidad: Hunter x Hunter no nos pertenece, le pertenece a Togashi-sensei. Este fic está hecho con propósitos de entretenimiento y no lucrativos.
Advertencias: puede tener contenido Shounen ai y Yaoi.
Capítulo 2: La rosa
Sus besos... Sus labios sobre los suyos... Su piel tan suave...
Cuando despertó, fue en lo primero que pensó, ¿había sido un sueño?
Sonrió al recordar que no lo fue, en verdad había pasado. Finalmente estaría con la persona a la que más había amado en todos estos años.
Todavía era temprano, y aún así se levantó con mucha energía y entusiasmo. Quería verlo cuanto antes.
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Kurapika suspiro por enésima vez en la mañana, aún no podía creer que Leorio no lo había rechazado. Se sentía como entre nubes y las mariposas en su estómago no desaparecían. Y cada vez que recordaba como lo había besado con tanta dulzura y cariño, sus mejillas se coloraban y sonreía.
Escuchó como la puerta de su casa se abría, era Leorio. Hace un tiempo le había dado una copia de la llave de su casa, fue más por insistencia de Leorio. Tal vez porque creía que Kurapika cometería tal tontería de suicidarse como su hermano. Pero no, él no lo haría. No sin antes hacerle pagar a Kuroro por lo que le había hecho a Pairo.
Un beso en la mejilla hizo olvidarse de ese "engreído bastardo" -según los términos de Kurapika- y se sonrojó.
-¿Estas bien?- preguntó Leorio, un poco preocupado. Kurapika estaba preparando el desayuno.
-Sí, lo estoy.- dijo haciendo una pausa para apagar el fuego de la sartén con huevos y tocino, sirviéndole un plato a Leorio.
-¿En qué pensabas?- preguntó Leorio.
-Mañana es 22 de Febrero- mencionó, no necesitaba decir más para que Leorio entendiera. Era el cumpleaños de Pairo.
-¿Quieres que te acompañe?- le preguntó y Kurapika asintió. Después, se sentó con Leorio a comer el desayuno.
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-Pareces muy feliz hoy- mencionó Neón, al ver entrar a Leorio en el aula.
-¿tú crees?- dijo inocentemente, aunque su rostro mostraba que estaba completamente feliz.
-¡Si! No quitas esa boba sonrisa de tu cara- dijo apuntando a su rostro- así que cuenta, ¿qué paso?
-Nada en especial, sólo es un día maravilloso ¿No crees?
-No, no lo es. Vamos a tener tres exámenes, por si no lo recordabas.
-¡¿Qué?!- preguntó Leorio, totalmente sorprendido.
-No estudiaste, ¿verdad?- Neón no necesitaba una respuesta, ya que inmediatamente Leorio saco sus cuadernos y trato de memorizar todo lo que pudo.
Leorio estaba tan preocupado por los exámenes que no prestó atención a la persona que lo miraba de lejos.
Kuroro miraba las fotos y luego al chico en su clase. Obviamente eran el mismo, lo que le sorprendió fue que estaba saliendo con el chico rubio que vio en la biblioteca la otra vez.
Desde qué lo había visto sintió curiosidad por el Rubio, así que le pidió a uno de sus compañeros más fiables que investigara sobre él.
Kurapika Kuruta, un alumno becado y de excelencia académica. Pero lo más impresionante, fue descubrir que era el hermano mayor de Pairo.
Cuando lo vio en la biblioteca había pensado que tenía cierto parecido con Pairo, y ahora sabía por qué.
-Seguramente me odia- pensó mientras veía la imagen- después de todo, fui quien causo la muerte de su hermano.
Kuroro rompió las fotos, su curiosidad había sido saciada, así que ya no le interesaba saber más.
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La mañana siguiente, Leorio lo acompaño a visitar la tumba de su hermano, antes de ir a la escuela.
Kurapika llevaba un ramo de flores frescas para poner en la tumba de su hermano. Aún sintiendo tristeza y enojo, porque su hermano ya no crecería.
Si estuviera vivo, estaría con Gon y Killua, en su salón. Pero eso nunca pasaría. Nunca conocería alguna chica de la cual enamorarse, nunca se casaría ni tendría hijos. No iría a la universidad, ni cumpliría ninguno de sus sueños.
Había perdido toda oportunidad de tener felicidad y todo era por culpa de él.
Sintió una mano sobre la suya, tomándola con cariño. Y no la dejo ir. Lo necesitaba más ahora que nunca.
Caminaron juntos, mano a mano, hasta que llegaron al cementerio.
Kurapika se sorprendió al ver una rosa de Julieta sobre la tumba de su hermano.
-¿Qué hace esto aquí?- se preguntó. La rosa de Julieta era muy rara, por no decir cara. Y que de hecho, era la flor favorita de Pairo.
-Tal vez Gon o Killua la trajeron- dijo Leorio. Bien, eso podía ser muy posible, después de todo, Gon con sus encantos sería capaz de conseguir cualquier cosa, y Killua podría haberla comprado también, su familia era rica, así que una flor no sería problema para él.
Kurapika sonrió, esos chicos apreciaban tanto a Pairo como a otro hermano, que de hecho no le sorprendía que hubiesen hecho algo así por él.
Kurapika tomó la rosa y la puso en el centro de su ramo. Resaltaba y parecía que esa solitaria flor, ahora tenía un hogar. Puso el ramo sobre la tumba, y por alguna razón, esa rosa le trajo paz.
Todo estaría bien ahora, ya era tiempo de seguir adelante.
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-¿Estás seguro que quieres hacer esto?
-Sí, lo estoy. Ya es tiempo.
-No te arrepentirás cuando estemos a mitad de terminar, ¿verdad?
-No, estoy seguro de mi decisión.
-Entonces, ¿por dónde comenzamos?
Kurapika miro a la habitación, con la ropa regada por el piso. La cama un poco desatendida y libros por todas partes.
-Bien- suspiró- toda la ropa irá en cajas para donar. Igual que los muebles.
-Entonces- dijo Leorio- comenzare por bajar este escritorio- y empezó a sacar todas las cosas que habían dentro y las puso dentro de una caja.
-Gracias por ayudarme con esto.
-No hay de que, para eso están los amigos- dijo con una sonrisa y después dijo- corrección, para eso están las parejas.
Kurapika se sonrojó.
-¡Nosotros empacaremos la ropa en cajas!- anuncio Gon tomando algunas prendas y metiéndolas en cajas.
-¿Estás seguro que quieres deshacerte de sus cosas? Era tu hermano, ¿no vas a echarlas de menos?- le preguntó Killua, mientras comenzaba a ayudar a Gon.
-Él ya está muerto, y aunque conserve sus cosas él no regresara. Es mejor así- dijo con un suspiro- conservare algunas cosas, pero la mayoría se tienen que ir. Sé que él apoyaría mi decisión.
Los demás no dijeron nada más y siguieron con sus tareas. Kurapika revisaba las cosas que conservaría, algunos libros, fotos y un peluche al cual Pairo apreciaba mucho.
En ese momento mientras él y Leorio movían un armario, Kurapika se encontró un cuaderno grueso. Lo reconocía. Era un diario. Su padre se lo había dado a Pairo desde que supo que deseaba convertirse en escritor.
Kurapika tomó el diario y lo abrió. Miro a las páginas hasta que una en especial llamó su atención.
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Querido diario:
Hoy me paso algo muy raro, pero muy bueno. ¿Recuerdas al chico mayor del que te había hablado? el que dio el discurso de apertura a los estudiantes. La verdad es que desde ese día he sentido algo de admiración por él. Y de hecho, hoy, mientras buscaba a mi hermano mayor, me lo encontré.
Fue muy amable conmigo, y se ofreció a ayudarme a encontrar a mi hermano.
Mientras lo buscábamos, hablamos de varias cosas y tenemos mucho en común.
A él también le fascina leer. Y varios de sus escritores favoritos, también son los míos. Hablamos de otras cosas, y a pesar de ser alguien mayor que yo, me escuchó todo el tiempo. Generalmente los chicos de otros grados ignoran a los de menores grados, pero él no lo hizo. Además su compañía fue agradable.
Pienso que es una buena persona, y puede que esto suene raro, pero creo que me gusta.
Espero verlo pronto otra vez y saber más sobre él.
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El camión de mudanzas estaba listo para partir, llevándose así las cosas a un orfanato donde otros niños le darían gran utilidad a las cosas del hermano de Kurapika.
Leorio miro el camión mientras se marchaba.
-Bueno- anuncio Killua- nosotros también debemos irnos. Nos vemos mañana en la escuela.
-¡Adiós Leorio!- anuncio Gon y comenzó una carrera con Killua.
Leorio regreso al interior de la casa, donde Kurapika estaba.
La habitación que era de Pairo, ahora estaba completamente vacía. Kurapika estaba en el suelo, descansando.
Leorio se acercó y se recostó junto a él.
-Si duermes aquí, te resfriaras- le mencionó.
-Lo mismo te digo- le respondió.
-¿Qué pasa?- le preguntó, todo el día Kurapika había estado algo alterado. Y sabía que no podía ser por donar las cosas de Pairo, ya que había sido su decisión propia.
-Encontré su diario- dijo en un susurro- escribió del día en que lo conoció...
Leorio lo escucho, palabra por palabra.
-Cuando lo leí supe que en verdad lo quería, y a pesar de ello, el sólo lo humillo.- dijo con rabia en su voz- Pairo murió por su culpa y no le importó. Lo olvidó como si nada.
Leorio suspiro, no sabía que decir para consolarlo. Sólo se quedó ahí, escuchándolo.
Finalmente cuando Kurapika término de expresar todo su odio y rencor contra Kuroro, Leorio se sentó y lo miro a los ojos.
-Si Pairo estuviera aquí- comenzó- sé que te diría que no desperdicies tu vida odiando a alguien que no vale la pena. - dijo acercándose y besando su frente- Sé que te diría que te olvidaras del asunto - dijo, besando sus mejillas - y que fueras feliz. - término de decir mientras besaba sus labios.
Kurapika sonrió e hizo rodar sus ojos. Se quitó de encima a Leorio y se sentó.
-No dejes que te afecte, se hacen locuras por amor. Y a pesar de todo, pienso que nunca se arrepentiría de lo que hizo.
Kurapika suspiro y dijo:- aún así, seguiré odiándolo.
-Terco- le espetó Leorio y Kurapika sonrió.
-Sólo cállate y bésame otra vez.
Y lo hizo.
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Bien, en estos momentos se arrepentía de no haber escuchado a Leorio. Ahora estaba atascado con Kuroro, todo por culpa de sus impulsos.
Al día siguiente, durante su clase de deportes había visto a Kuroro con su grupo de amigos, sonriendo.
Kurapika no soportaba ver su arrogante cara, mientras que su hermano estaba muerto.
Algo se apoderó de él, y sólo se lanzó a Kuroro, golpeándolo con furia. Claro que Kuroro no le dejo las cosas fáciles y se defendió.
Al final, llegaron los profesores a separarlos y ahora estaba castigado junto con él. Tenían que limpiar el almacén, ordenar el equipo, entre otras cosas.
Estaba molesto porque estaba castigado, y lo peor era que parecía que a Kuroro no le afectaba ni en lo más mínimo.
Kuroro estaba haciendo su parte del castigo y empezaba a cansarse de las miradas de reproche de Kurapika. Bueno no lo culpaba, tenía muchas razones para odiarlo. Sólo que nunca se imaginó que tendría las agallas para atacarlo de esa forma y mucho menos de que pudiera hacerle daño, fueron daños menores pero había otros que no habían logrado ni la mitad de lo que Kurapika le había hecho.
Kuroro suspiro y lo miro.
-¡¿Qué?!- le gritó
-Si tienes algo que decir, sólo dilo.- se encogió de hombros, como si no le importara escuchar sus quejas.
-¡Te odio!
-Lo sé- dijo Kuroro.
Kurapika comenzó a reír con desprecio en su voz: -no lo entiendo, ¿cómo puedes tratar a la gente así? Cómo si te importara y después, sólo los dejas...
-Si esperas una disculpa por lo de tu hermano- lo interrumpió- olvídalo, no recibirás ninguna.
Kurapika lo miro con mayor odio y desprecio. Sus ojos se volvieron rojos como la sangre y Kuroro lo observo, maravillado por como sus ojos cambiaron de color drásticamente. Parecía que el chico estaba a punto de atacarlo de nuevo, pero estaba preparado en cualquier caso.
-¿Esto es lo que el querría?- le preguntó- ¿que su hermano se convirtiera en asesino?
Kuroro le sonrió burlonamente, porque sabía que tenía la razón.
-Un día de estos, haré que te arrepientas por lo que hiciste.
Kuroro le dio otra de sus sonrisas escépticas y después lo ignoró. Siguió encargándose de su parte del trabajo. Kurapika seguía dándole esas miradas mortales, pero eso sólo lo entretenía aún más.
-Tal vez, es más interesante de lo que pensé.
Continuará…
