-¿Y ahora qué hacemos?- le pregunté mientras enredaba mis dedos en su cabello rubio. La oscuridad nos rodeaba. Su cuarto, mi cuarto, nuestro cuarto desde hace tres años, casi cuatro, hoy me parecía absolutamente desconocido.

-Poner una cuna allí- rió mientras señalaba un pedazo de habitación oscura, iluminada por la luz que traspasaba las persianas desde la calle.- no queda mucho que hacer.

Eran unas de nuestras pocas palabras desde que salimos del hospital, en todo el día nos habíamos evadido sin disimular. Apenas llegamos él se metió en la cocina a preparar toda clases de cosas con lo que encontrara y yo había corrido a la habitación para cambiarme la elegante vestimenta por una de las tantas ropas de caza. Cuando terminé había descendido por las escaleras a modo silencioso y sin decirle nada huí al bosque despavorida. Jamás había cazado tanto en toda mi vida. Trece ardillas, cuatro pavos, seis conejos, siete armadillos, cinco erizos grandes e incluso dos ciervos. Ya era mucho tener un venado, realmente me arrepentí cuando maté a el segundo. Había pasado por las casas de algunos vecinos y les regalé toda la carne que podía. Finalmente, con ayuda de un pueblerino, llevé los dos ciervos hasta la aldea de los vencedores y también un pavo, cinco ardillas, dos conejos, tres armadillos y dos erizos. Agradecí al hombre y le entregué una buena suma de dinero. Antes de entrar a casa pase por el hogar de Haymitch y le dejé varias presas, incluido uno de los ciervos. Fui a mi antigua casa y me dediqué a despellejar a los animales. Guardé la mayoría en la nevera y llevé a casa un erizo y dos ardillas. Antes de salir había visto la hora: casi las once de la noche, Peeta estaría destilando preocupación.

Efectivamente, así era. Apenas si había cruzado el umbral de la puerta cuando corrió a mí y me abrazó con desesperación.

-¿Estás bien?- su habla era agitada y tenía los ojos enrojecidos solo puede besarlo y acariciarle el rostro.

-Lo siento- susurré- no quería asustarte, se me hizo tarde.

-Lo sé… ¿Estuviste en el bosque?

-Sí, pero tuve que pasar por varias casas para repartir las presas. No tienes idea de lo que conseguí hoy. Jamás había cazado tanto. En la otra casa hay comida de sobra, también en la de Haymitch. Traje un erizo y dos ardillas para ahora.

-Te cocinaré, debes de estar hambrienta.

-La verdad, no.

-Tampoco yo…

Silencios incómodos, malditos silencios incómodos

-Es tarde- comencé a decir y le acomodé la camisa- vamos a arriba.

Era todo lo que habíamos dicho en el día. Ahora, sobre su pecho, era más fácil abrirme a él.

-Quiero llamar a mi madre.- dije- no tengo ni idea de cómo cuidar un bebe. Solo se cuidar a niños de cinco años en adelante.

Se rió.

-¿Crees que todos los padres nacieron sabiendo lo que tenían que hacer?- inquirió con nerviosismo.

-No- respondí- pero no soy cualquier mujer Peeta, soy Katniss, conociendo mí suerte mataré al niño de seguro.

-No digas eso.

-Tengo que decirlo, porque tengo miedo, miedo a ser madre. A no ser una buena madre.

- Serás una buena madre.- suspiró- ya te lo dije en el vasallaje.

-Querías que fuera madre de los hijos de Gale ¿Verdad?

-Eso creo, quería que vivieras y fueras feliz.

-Sin ti hubiese sido imposible, tu eres el único que siempre fue destinado a ser el padre de mis hijos.- sonrió y obligó a mi corazón a sonreír también. Amo a Peeta Mellark.

-¿Mis hijos? ¿Quieres decir que tendremos más?- abrí mis ojos de forma brusca en medio del oscuro y me aparté de él con un sentimiento cobarde en el pecho.

-¡No quise decir eso! ¡Fue un error, algo…! ¡Cierra la boca Peeta!

Su risa sonora se extendió por toda la habitación y con sus brazos me llevó de nuevo hasta su pecho donde el suave golpeteo de su corazón me tranquilizó hasta dormirme.

La mañana se levantaba tranquila y apacible. Los sinsajos también ya habían madrugado, listos para escuchar la melodía que todos los días salía de mis labios. Miré hacia arriba, donde el rostro de mi chico del pan se encontraba en el mundo de los sueños. Lo contemplé y luego miré hacia la ventana abierta y me dispuse a cantar El árbol del ahorcado, no solo para que los pájaros lo cantaran, sino para que mi chico se despertara también. Cuando quise abrir la boca un olor llegó hasta mi, provenía de la casa de Haymitch, de seguro estaría intentando cocinar una de las presas que ayer le regalé. El aroma podía ser delicioso para cualquiera pero mi estomago comenzó a dar vueltas. Me zafé con energías de los brazos de Peeta, sin preocuparme siquiera por la preocupación que eso le causaría, y corrí al baño. Empujé la puerta y me arrodillé frente al inodoro. Lo solté todo. Peeta no tardó en estar a mi lado, apartándome con delicadeza y paciencia los cabellos de la cara, sin vestigio de asco alguno.

-Ya paso, ya paso- me susurraba mientras yo intentaba normalizar mi pulso cardiaco y gemía al sentir el asqueroso gusto a vomito en mi boca.

-Peeta…- y no pude continuar pues las arcadas volvieron y mi cabeza estuvo nuevamente dentro del retrete. Sentía unas punzadas y unos retorcijones realmente dolorosos en el estomago- Peeta me duele…- musité antes de volver a vomitar.

-Lo sé… - pronunció mientras me acariciaba el cabello y tomaba con otra mano un pedazo de papel sanitario. Me limpió la boca y me ayudó a ponerme de pie para que luego hiciera gárgaras en el lavabo- ¿Estas mejor?- asentí con vehemencia y levanté mi pulgar a modo de broma.

-En cuanto este pequeño cabrón salga de ahí le haré pagar esto.- Reí y rió.

-A bañarse, Chica en llamas.- Comenzó a llenar la bañera con agua a temperatura caliente, tal como sabe que me gusta y luego me dejó sola.- Katniss, llámame si te sientes mal o necesitas ayuda.

-Claro, gracias.

-Estaré abajo preparando el desayuno, Haré algo suave para que no te caiga mal.

Peeta. Siempre pensando en mí.

-¡Peeta!- elevé mi voz para impedir que dejara el cuarto de baño y pudiera oírme.

-¿Si?

-Te quiero.- se acercó a mí y me besó castamente para retirarse de una vez por todas. El sabe perfectamente que no suelo demostrar mis sentimientos con demasía, pero las pocas veces que lo hago con palabras son muy especiales para ambos.

Me desnudé y entré en la bañera, el calor me envolvió de inmediato. Dejé que el agua hidratara mi piel y me restregué el cuerpo. Al llegar a mi vientre me detuve y observé con detenimiento, esperando notar algún cambio prematuro. Nada. Pasé mi mano por la zona de mi útero ¿Realmente ahí dentro se hallaba una vida? La idea me parecía inconcebible, imposible.

Salí de la bañera y comencé a secarme, sentí los pechos un tanto más sensibles que de costumbre. Aun no me hago la idea de estar embarazada y es que desde hace meses que me lo venía negando. Tan solo dos días antes de ir con la doctora Terra Caller le había dicho a Peeta que hace mucho mas de dos meses la menstruación no hacía acto de presencia en mi cuerpo. Su primera reacción fue preguntarme veinte veces si le hablaba enserio y luego se sentó en el suelo, cerca de la ventana para ver ocultarse el atardecer naranja mientras susurraba que era un idiota por haber permitido traer un hijo al mundo teniendo un deplorable estado de salud mental. Tras dos días sin casi hablarnos fuimos al médico y el resto de la historia ya sale por cuenta propia.

Bajé a la cocina con un hambre sorprendentemente voraz. Eso era extraño teniendo en cuenta que acababa de vomitar. Lo primero en lo que centré mi vista fueron los bollos de queso. Me arrojé sobre la bandeja y comencé a atragantarme con ellos. En el bollito número cinco, mi estomago dio un vuelco desagradable y corrí al lavabo más cercano. Vomite todo lo que acababa de comer.

-Realmente me las pagaras cuando salgas…- le susurré molesta a mi estomago para luego devolver nuevamente.

-¿Katniss?- escuché la voz preocupada de Peeta y luego lo vi venir hacia mí con un repasador en mano. - ¿Estás bien?- negué con la cabeza- ¿has vuelto a vomitar?- Asentí y levanté la vista. Peeta limpió mi boca como hace apenas una media hora antes y luego me llevó de la mano hasta la cocina. Me sentó y me dio una taza de té que tomé con ganas. Comí unas galletas de agua y arroz para que él molesto habitante de mi estomago no se revolviera nuevamente. Funcionó.

-¿Ya has desayunado?- le pregunté a Peeta que parecía mirar muy concentrado los análisis que me había hecho el enfermero brusco.

-Si…- respondió sin darme mucha importancia- Katniss hoy tienes justo tres meses de embarazo ¿Cuándo pensabas decírmelo?

- Te lo dije hace dos días.

-Debiste decirme al primer mes, cuando notaste que no te bajaba la regla.

-No quería admitirlo ¿Si? Por favor ya no me lo reproches.

-De acuerdo pero tenemos mucho por hacer y cooperaras ¿Vale?

-Vale.- si, vale, vamos por estudios, ecografías y toqueteos en zonas íntimas por parte de los doctores. Vale, vale, vale. Voy a suicidarme.

Alguien llamó a la puerta y mi chico del pan se levantó a atender.

-Debe ser Haymitch- dijo- ayer pasé por su casa y casi no tenía licor. Sabe que tenemos reservas. – Explicó- y por cierto- se acercó a mis labios y susurró sobre ellos- los sinsajos están enojados.

Sonreí y lo besé. Se marchó a abrir la puerta y yo me acerqué a la ventana. Efectivamente los sinsajos revoloteaban peleándose entre ellos para ver si oían mi voz en algún lado.

- ¿Vas, vas a volver

al árbol en el que colgaron

a un hombre por matar a tres?

Cosas extrañas pasaron en él,

no más extraño sería

en el árbol del ahorcado reunirnos al anochecer.

¿Vas, vas a volver

al árbol donde el hombre muerto

pidió a su amor huir con él?

Cosas extrañas pasaron en él

no más extraño sería

en el árbol del ahorcado reunirnos al anochecer.

¿Vas, vas a volver

al árbol donde te pedí huir

y en libertad juntos correr?

Cosas extrañas pasaron en él

no más extraño sería

en el árbol del ahorcado reunirnos al anochecer.

¿Vas, vas a volver

al árbol con un collar de cuerda

para conmigo pender?

Cosas extrañas pasaron en él

no más extraño sería

en el árbol del ahorcado reunirnos al anochecer.-

Los sinsajos comenzaron a imitar mi melodía y los escuché durante un momento. Al oír a Haymitch entrar cerré las ventanas de golpe y caminé a su encuentro.

-Las estúpidas aves no hacen más que fastidiar todas las mañanas, preciosa- me dijo entrando con Peeta- Y tú les sigues cantando.

-Es para Peeta, si tu oyes es tu problema.

-¿Desde cuándo te has vuelto romántica, preciosa?

-Ya vale- gruñó mi esposo- Haymitch calla.

-Bien- aceptó mi mentor sentándose como si estuviera en su casa- ahora muchacho ¿Novedades?

-No muchas- comentó mi chico del pan mientras le pasaba una botella de licor y por un momento creí que no le diría nada- a no ser que cuentes como novedad que Katniss está embarazada.- La reacción de Haymitch fue inmediata y acabó sobre mí. Literalmente, escupió todo el brandy que acababa de llevarse a la boca sobre mi remera azul.

-Estas de broma- logró articular.

-¿Tengo cara de estar de broma?- inquirió Peeta.

-¡Con que lo conseguiste eh!- exclamó nuestro mentor golpeando el brazo de Peeta a modo de congratulación- Felicidades papá y desde luego muchas bendiciones para la bella y carismática madre.- ahí estaba su maldito sarcasmo.

-Cierra la boca Haymitch- le solté apretando los dientes.

-Supongo que seré el padrino y tendrá mi nombre.- se rió mientras volvía a beber.

-No erigiré a alguien que se pasa ebrio todo el día como padrino- alegué- Y tu nombre sería el ultimo que le daría hasta preferiría ponerle Coriolanus Snow.

-Muy graciosa- resopló Peeta.- no lo digas ni en broma.

-Lo siento, es que Haymitch tiene la mala costumbre de sacarme de quicio.

-Sí, claro, siempre tengo la culpa de todo- se rió nuestro mentor.- Dime Peeta ¿Cuál de todos los días en los que los oí hacerlo fue el que produjo el bebé?

-¡Eso no es de tu incumbencia!- grité sonrojada.

-Tienes razón- me apoyó Peeta.- Es privado.

-Si quieren hacerlo privado no griten como para que Panem los escuche.

La sangre volvió a subírseme al rostro y los nervios me alteraban poco a poco.

-Haymitch- habló Peeta- Katniss está embarazada y tú tienes la mala costumbre de alterarle, eso le hará daño al bebé.

-Ya vale- aceptó- No pongamos nerviosa a la madre.

-Gracias- musitó mi esposo y me tomó la mano.

Haymitch volvió su atención al licor un momento y luego volvió a tomar la palabra entre risas:

-¿Tienen idea de cómo criar un bebé?