InFamous: Second Son es propiedad de Suker Punch Productions.
El hombre moreno caminó durante lo que le parecieron horas sin parecer avanzar. La linterna del teléfono casi no iluminaba el camino y la batería se le empezaba a agotar. Tampoco había ningún elemento que pudiera absorber en la solitaria carretera y comenzaba a desesperarse.
No quería llamarla pero cada momento que pasaba en la oscuridad le hacía replantearse su orgullo, pero también sus motivos. Riley parecía tranquila a pesar de haber asesinado a esa gente y eso le era, hasta cierto grado, preocupante.
En el pasado había tratado con Fetch, quien también tenía las manos manchadas de sangre, sin embargo, a diferencia de la pelirroja, había podido echar un vistazo a su pasado y con ello comprenderla. Con la chica de ojos azules no entendía nada. Primero era increíblemente educada, después se iba ofendida y enfadada, por su culpa, y por último aparecía para salvar el día. La fachada de persona noble que había mostrado en la reserva se había resquebrajado con los actos cometidos pocas horas atrás y no sabía si quería romperla.
Paró en medio de la nada dándose por vencido. Tenía hambre, estaba cansado y la única persona que sabía remotamente donde estaba era la última que le apetecía ver en esos momentos. Con un gruñido de frustración marcó su número acercando el teléfono a su oreja.
—¿Cómo vas?—le preguntó Riley nada más descolgar.
—Pues aquí, dando un paseo. No te imaginas la noche más bonita que hace—dijo Delsin rezumando sarcasmo.
—Creo que puedo hacerme una idea.
—¿Vienes a buscarme?
—¿Somos un equipo?
—Eso es chantaje.
—Yo lo llamo negociación.
—Eres dura—contestó Delsin dando un silbido—. Mira, tú ganas, pero si no puedes seguirme el ritmo no será culpa mía.
—Preocúpate de seguir tú el mío. ¿Sigues en la carretera?
—A ti qué te parece.
—Quédate quietecito, voy hacia allá—sin darle tiempo a contestar la comunicación se cortó.
El moreno miró su teléfono el cual no daba señales de vida.
—Lo que me faltaba, quedarme sin batería.
Resistiendo la tentación de lanzar la máquina por pura frustración se apartó de la calzada esperando que la chica llegara pronto y lo sacara de esa carretera dejada de la mano de Dios.
La pelirroja no se hizo esperar demasiado pudiendo vislumbrar la luz de su motocicleta en el horizonte. Se detuvo delante de él y se levantó abriendo el asiento.
—¿Te lo has pasado bien?—le preguntó ella tendiéndole un casco.
—De maravilla, pienso repetirlo todos los fines de semana—respondió el moreno mientras se ponía la protección y se subía tras Riley aferrándose a su cintura.
La de ojos azules condujo unos minutos hasta que la señal luminosa de un motel apareció junto la carretera. Aparcó el vehículo y sin quitarse el casco camino hasta las escaleras exteriores.
—¿Qué hacemos aquí?—cuestionó Delsin desabrochándose el seguro a punto de quitarse el casco pero la pelirroja se lo presionó en la cabeza cuando iba a tirar de el—.¿Por qué has hecho eso?
—No te lo quites, alguien podría reconocerte. Espera hasta que estemos en la habitación.
—¿Quien me va a reconocer? ¿El gordinflón ese?—respondió el hombre señalando a la garita del recepcionista.
—Nunca sabes quien puede ser un aislante, también hay civiles con ellos, no lo olvides—mencionó ella abriendo una puerta de la segunda planta.
La habitación en la que entraron era pequeña, con el suelo de moqueta azul y paredes cubiertas de papel pintado de un tono amarillento. La cama de matrimonio ocupaba la mitad del espacio dejando poco sitio por el que moverse estorbando cuando se intentaban abrir las puertas del baño o armarios.
—No me explico cómo consiguieron meter eso aquí—comentó el moreno al ver el tamaño de la sala refiriéndose a la cama.
—Mientras descubres el enigma yo me voy a dar una ducha, no toques nada—le dijo Riley al del gorro mientras abría el armario y recogía ropa—. Sabré si has estado registrando mis cosas—advirtió de forma siniestra mientras cerraba la puerta del baño lentamente.
Por un momento Delsin consideró el hacerle caso a la chica pero en cuanto oyó el sonido de la ducha abrió las puertas del armario empotrado y comenzó a buscar algo que le diera una pista sobre ella.
En las estanterías había una bolsa de lona negra que abrió rápidamente. Esta estaba llena de ropa doblada de cualquier manera que le dio la oportunidad al moreno a rebuscar en ella sorprendiéndose cuando encontró unas braguitas increíblemente sexis.
—Vaya, no te tomaba por ese tipo de chica—murmuró con una sonrisa devolviendo la ropa interior a su sitio y dejando la bolsa tal y como la había encontrado.
Continuando con su registro abrió la mochila que se encontraba en el suelo del armario abriendo los ojos de par en par al ver su contenido. Varios fajos de billetes se encontraban perfectamente apilados y sobre ellos varios cargadores de pistola. Más vacilante que antes afino el oído asegurándose que el agua seguía corriendo y siguió buscando. En el bolsillo interior noto algo grueso y rectangular. Cuando lo tuvo en sus manos comenzó a pasar los carnets de identidad uno tras otro viendo distintos nombres en ellos pero la misma foto. Riley, si es que ese era su verdadero nombre, era más peligrosa y sospechosa de lo que le había llegado a creer en un principio.
El sonido de la ducha se detuvo y tirando los carnets sobre la cama se preparó para enfrentar a la chica quien nada más salir lo primero que vio fue el rostro cabreado del moreno y las pruebas sobre la colcha.
—Y mira que le dije que no tocara nada...—murmuró frotando suavemente la toalla en su cabello húmedo.
—¿Tienes algo que explicar?
—No especialmente, ¿y tú?
—¿En serio? ¿Vas a hacerte la loca?—preguntó Delsin frustrado ante la indiferencia de la de ojos azules.
—No, solo estoy fingiendo no estar enfadada porque hayas registrado mis cosas.
—¿Qué es todo esto?
—Carnets de identidad, ¿no sabes leer?
—¿Por qué tienes tantos? El dinero en la mochila, las armas, ¿qué significa todo eso?
—Tranquilízate, no sé que crees que es pero no es tan grave como piensas.
—Ilumíname—respondió él viendo como sacaba una carpeta de debajo del colchón.
—Veras, es tan simple que hasta un cabeza hueca como tú puede entenderlo, ¿qué pasa cuando te opones a alguien que controla a las autoridades?
— ¿Te persiguen?
—Exacto. Si usara mi DNI, pagara con tarjeta de crédito o simplemente fuera al banco a por dinero las alarmas saltarían, me encontrarían y se encargarían de mi. ¿Lo entiendes ahora?
—Sí, pero lo que no entiendo es por qué. Tú no eres una conductora, esta no es tu lucha.
—Eso soy yo quien lo decide, ¿no crees?
—Si quieres que trabajemos juntos necesito poder confiar en ti y hasta ahora no has hecho más que actuar de forma sospechosa y esconderme cosas como...esto—mencionó Delsin señalando los carnets.
—Muy bien, ¿qué quieres saber?—dijo Riley poniendo la carpeta sobre la cama y recogiendo el lío que había hecho el chico.
—¿Por qué luchas?
—Por venganza.
—¿Venganza?
—¿Quieres la historia completa?
—Sería un detalle—afirmó el moreno sentándose en la cama delante de la chica quien suspiró con desgana.
—Los aislantes mataron a mi madre y a mi hermana pequeña—explicó calmadamente la pelirroja—. Ellas eran conductoras. Mi madre enseño a mi hermana como pasar desapercibida, ni siquiera yo sabía que lo eran hasta que el D.U.P cayó. Los aislantes no tardaron a venir a por ellas, su líder las usó como ejemplo. Vinieron en medio de la noche y las mataron, yo no pude hacer nada por ellas pero esos bastardos no se saldrán con la suya—escupió airada mientras su mirada se llenaba de odio—. Ellas eran mi familia no importa que.
Delsin la miró incapaz de apartar la vista de ella y sin poder pasar por alto sus palabras. Él mismo había emprendido una cruzada similar hacía unos meses y entendía perfectamente la rabia, el rencor y la sed de sangre que percibía de la chica pero por eso mismo sabía que ese no era el camino. Dejarse llevar por la venganza y arrasar a todos a su paso no era lo correcto, era lo mismo que hacían ellos. Matar y destruir no solo no le devolvería a su familia sino que además tendría que pagar un precio ante la ley.
—Se que no soy nadie para decírtelo pero matándolos no solucionaras nada.
—Dejándolos libres tampoco.
—Eso no es lo que he dicho. Míralo desde este lado, las personas a las que matas también tienen familia. Solo digo que hay otros modos de detener a esos cabrones.
Riley lo miró como si pudiera perforar su alma solo con sus fríos ojos mientras parecía meditar lo que le acababa de decir.
—Lo haremos a tu manera—dijo ella tras una pausa cogiendo de nuevo la carpeta y sacando varias hojas de su interior.
—¿Qué es todo esto?
—Información para elaborar nuestro plan de ataque. ¿De verdad creías que te dejaría entrar en Curdun Cay volando la entrada y liarte a palos con todos?
—Tenía esa esperanza, sí—la pelirroja solo suspiro ante su respuesta y extendió un mapa sobre la cama.
—Aquí está la prisión—explicó señalando el edificio visto desde arriba rodeado de bosque y montañas—, y esta es la única carretera que conduce hasta ella. La cual está vigilada en dos puntos sin contar el control de entrada del lugar.
—No pienso ir andando, me niego.
—Nadie ha dicho nada de andar.
—Solo lo aviso—se defendió él alzando las manos en señal de rendición.
—Una vez el quejica ha dado su opinión puedo continuar con la explicación.
—Seguro que te encanta el sonido de tu voz—se burló el moreno con una sonrisa.
—Cierra el pico. El plan es ir allí en trineo.
—¿Como Papa Noel? ¿En serio? ¿Nos colaremos por la chimenea diciendo "Hou hou hou"?
—No, nos colaremos por las alcantarillas.
—Prefería la chimenea…
—Y yo tener renos mágicos voladores pero tenemos perros y no de los que vuelan.
—Muy bien, nos acercamos en trineo y nos colamos por las alcantarillas. Lo tengo.
—Aún no he terminado.
—Blah, Blah, Blah—tras decir esas palabras Riley le golpeó en la cabeza con la carpeta—. ¡Eh!
—A la próxima te disparo—le advirtió sacando otro mapa de las instalaciones de Curdun Cay—. En total hay más de 300 celdas pero seguramente tendrán a tu compañero encerrado en las salas de aislamiento. De todos modos tu iras a sacarle de allí mientras yo busco información sobre ellos y sus apoyos. Si conseguimos llevar alguna prueba a la prensa y dar nombres podremos desenmascararlos.
—Creo que te olvidas de algo.
—¿De qué?
—Ahí estará Eugene o Fetch.
—Sí.
—¿Dónde están reteniendo al otro?
—De eso me encargaré yo. Tú concéntrate en soltar a tu amigo y salir de ahí.
—¿Volveremos en trineo?—preguntó el del gorro derrochando sarcasmo.
—Por supuesto que no, les robaremos un coche—le respondió ella mientras guardaba el mapa de la zona y le entregaba el de la prisión a Delsin—. ¿No querías liarte a palos con ellos? Pues es lo que vas a tener que hacer porque saldremos de ahí llevándonos todos los controles por delante.
—Eso ya me gusta más. ¿Para qué quiero yo esto?—dijo mientras le daba varias vueltas al papel.
—Apréndetelo, te hará falta.
Dando por zanjada la charla informativa la pelirroja se metió en la cama acomodándose en el lado más cercano a la puerta.
—No me harás dormir en la bañera, ¿verdad?—la de ojos azules alzó la cabeza de la almohada mirando a Delsin como si fuera idiota.
—Entras ahora en la cama o duermes en el felpudo de la entrada—amenazó Riley haciendo reaccionar al moreno quien se quitó las deportivas rápidamente, lanzó la chaqueta al armario se metió entre las sábanas tratando de no invadir el espacio de la chica por miedo a que esta lo asesinara mientras dormía.
Lo primero que noto el moreno al abrir los ojos fue lo oscura que estaba la habitación y lo frío que estaba el otro lado de la cama. Busco a tientas el interruptor de la luz presionándolo en cuanto lo encontró. Como suponía estaba solo y las persianas seguían bajadas. Incapaz de decir que hora era se levantó pasándose la mano por el cabello antes de volverse a poner su característico gorro y abrió ligeramente las persianas. La luz del sol lo cegó apartándose rápidamente de la ventana. Buscando algún rastro de la chica abrió el armario viendo que la bolsa de lona negra que seguía en el mismo lugar que ayer pero la mochila había desaparecido. Dejándose caer en la cama vio algo sobre la almohada. Era una hoja de papel con una letra clara y simple. "He salido a comprar, dúchate". El moreno alzó una ceja ante las instrucciones de Riley pero al mirarse en el espejo del baño lo comprendió. Tras el incidente de anoche estaba cubierto de sudor, polvo y cenizas. Realmente le extrañaba que le hubiera dejado descansar antes de tomar una ducha pero después de lo de ayer, aunque no lo reconociera, estaba agotado.
No sólo habían conseguido dejarlo fuera de combate sino que además poseían los medios para impedirle usar sus poderes. Se preguntaba qué era lo que podían querer de él pero en el fondo no quería estar presente para averiguarlo.
Dejando la ropa sobre la pica abrió el agua caliente dejándola correr unos momentos antes de meterse. El cálido vapor lo relajaba y le permitía pensar con claridad. Iba a rescatar a Fetch y Eugene, patearles el culo a esos aislantes y volver a casa para continuar con su vida.
—Sí, es un buen plan—se dijo mientras se secaba el pelo descuidadamente con una toalla.
—¿Hola?—oyó gritar a Riley desde la habitación—. Veis, os dije que no estaba aquí—continuó ella en un tono de voz más alto de lo necesario.
Captando el mensaje se puso los calzoncillos y los pantalones en el más absoluto silencio entreabriendo la puerta para ver la situación al otro lado. Un par de hombres armados apuntaban a la chica con ametralladoras mientras otro registraba el cuarto. Dándose cuenta de que no tardarían en encontrarle se convirtió en humo y rápidamente llegó hasta la espalda del que retenía a Riley inmovilizándole. Los demás lo apuntaron pero antes de que tuvieran tiempo a apretar el gatillo cayeron desplomados al suelo. Viendo la sangre empapando el suelo de madera el moreno miró a la mujer con desaprobación.
—Creía que habíamos dejado este tema zanjado ayer, nada de muertos.
—Puede que a ti te rellenen de plomo y sigas con vida pero si me pegan un tiro es probable que yo no tenga tanta suerte—le recordó la pelirroja recogiendo la bolsa de lona.
—Por eso mismo creo que deberías mantenerte al margen y dejármelo todo a mi.
—Lo llevas claro—respondió Riley abriendo la puerta de la habitación—. Date prisa, como encuentren los cadáveres antes de que nos hayamos largado nos darán problemas.
—Ves, si no fueras cargándote a la gente no tendríamos estos marrones, todo son ventajas.
—Deja de quejarte y mueve el culo, te espero en el coche—contestó la de ojos azules antes de marcharse.
—Deja de quejarte y mueve el culo—repitió Delsin burlándose de la chica.
—Te he oído—dijo ella a través de la puerta mientras se alejaba.
Continuando con una burla silenciosa recogió el resto de su ropa vistiéndose mientras salía del cuarto con cuidado de no pisar a los tres hombres.
—No sabía que también tenías coche—mencionó el moreno mientras se sentaba en el asiento del copiloto del BMV negro.
—Es prestado.
—Define prestado—dijo Delsin alzando una ceja.
—Los dos sabemos muy bien a lo que me refiero—contestó ella encendiendo el motor y poniendo rumbo a Seattle.
El chico de la gorra trasteo con la radio hasta encontrar una emisora de rock que le convenciera y entonces se relajó en el asiento mirando por la ventanilla.
—¿Crees que estarán bien?—preguntó sin apartar la vista del paisaje.
—Sí.
—Eres una mentirosa terrible.
—No creas, solo que la respuesta es demasiado obvia—contestó la pelirroja sin inmutarse—. Están secuestrados por un grupo de fanáticos que cree que el mundo sería mejor si los conductores estuvieran encerrados o muertos. Tienen suerte de estar vivos.
—Tú sí que sabes animar a alguien.
—No hagas preguntas de las que no quieras conocer la respuesta entonces.
El resto de la travesía transcurrió en el más absoluto silencio por parte de ambos únicamente con el sonido de la radio de fondo.
—Ya hemos llegado—anunció Riley arrojando unas llaves al regazo del chico—. Portal 3 cuarto tercero.
—¿Tú no vienes?
—Debo deshacerme del coche primero.
—Sabes, eres demasiado buena en esto de la ilegalidad. ¿A qué te dedicabas antes de perseguir y asesinar a capullos?
—Universitaria de día y asesina a sueldo de noche.
Delsin la miró fijamente sin decir nada viendo su rostro serio y sin signo de estar bromeando.
—Ves como soy buena mentirosa—dijo la de ojos azules riéndose de su cara—. Estudiaba administración y dirección de empresas mientras trabajaba en un Starbucks. ¿Contento?
—Visto lo visto no me sorprendería que lo hubieras sido, seguro que se te daría bien.
—Anda sube al piso.
El moreno vio el coche alejarse y lanzando las llaves al aire un par de veces entro en el portal. Si la zona ya le había parecido mala el interior casi le pareció peor. En cuanto apretó el interruptor de la luz esta parpadeo un par de veces antes de apagarse definitivamente. Los escalones de piedra estaban gastados y desiguales mientras que la barandilla de metal se zarandeo en cuanto le puso la mano encima. Subiendo pegado a la pared tratando de evitar un accidente llegó a la cuarta planta y entró en el piso.
El interior del apartamento era ligeramente mejor que el portal sin embargo parecía que nadie había estado viviendo en el. La entrada carecía de muebles y lo mismo sucedía en la mayoría de habitaciones. Únicamente una tenía lo suficiente para sobrevivir lo cual al muchacho le pareció extraño. En ella había un colchón en el suelo, una nevera y un escritorio rodeado de carpetas y papeles en el suelo. La pared que estaba tras la mesa estaba cubierta de fotografías y mapas. Dando un silbido de admiración se acercó a revisar los papeles en lo que la pelirroja volvía.
Aburriéndose al poco rato de leer abrió la nevera alzando una ceja al ver la cantidad de monster que había en ella. Cogiendo una lata se dejó caer en la cama pensando formas de molestar a la pelirroja.
La puerta de la entrada se abrió hacia mediodía y lo que Riley se encontró en la cama la hizo sonreír.
—Mira como duerme el condenado tras saquear mi nevera—murmuró recogiendo varias latas de bebida energética y tirarlas en la papelera—. Despierta bella durmiente porque no te pienso dar un beso—le dijo mientras le daba pataditas en el pie.
—Esa hubiera sido una forma perfecta de despertar, pero podría mejorarse si además me trajeras el desayuno.
—En eso vas a tener suerte—respondió ella alzando una bolsa de plástico—. ¿Hamburguesa?
—Me comería una vaca, trae.
Riley le tendió una caja y el moreno se apresuró en abrirla y comenzar a comer mientras la muchacha iba a la nevera a por un par de bebidas.
—Toma—le ofreció la chica colocando una de ellas delante de su cara.
—Gracias—dijo él con la boca llena—. Sabes, cuando no estás en modo psicópata eres hasta agradable.
—Vaya, tendré que esforzarme más entonces—respondió la pelirroja sentándose a su lado y empezando a comer.
—No era necesario que te lo tomaras como un reto.
Ella se limitó a sonreír y a continuar con su hamburguesa dando algún trago ocasional de su monster. Una vez terminaron de comer lanzaron la basura a la papelera y Riley se puso en pie, recogió una carpeta del suelo y volvió con el chico.
—¿Cómo es posible que me haya quedado frito tras beberme todo eso?—se preguntó el moreno viendo la cantidad de latas en la basura.
—Quizás sea la tolerancia. En época de exámenes llegaba un momento en el cual no importaba cuanto monster tomara que caía desmayada sobre los apuntes. Buenos tiempos aquellos.
—Un momento…¿Tú no deberías estar en clase o algo así?
—Digamos que estoy de excedencia.
—Haciendo campana descaradamente—contestó Delsin antes de chasquear la lengua un par de veces y mover el dedo índice de un lado a otro—- Muy mal.
—Como si tú nunca te hubieras saltado las clases.
—Que mi pinta de chico malo no te engañe, yo era puntual como un reloj a la hora de ir a la escuela.
—Un reloj roto—comentó ella en un tono de burla.
—¡Eh! Siempre llegaba a gimnasia y a plástica.
—Apuesto a que eran las únicas a las que ibas.
—Ahí te tengo que dar la razón. ¿Qué es eso?—preguntó el del gorro señalando la carpeta-
—Imágenes satélite de Curdun Cay de hace unas semanas. Fue cuando detecte más movimiento de lo habitual y averigüé lo que estaban haciendo. Estaban ingresando a alguien en las antiguas instalaciones de la prisión.
—Tenemos que ir ya—dijo Delsin levantándose.
—No tan rápido, tigre.
—Uno de mis amigos está allí encerrado y esos cabrones están haciéndole vete a saber tú qué.
—Tranquilo, iremos esta noche. Ya lo tengo todo preparado, descansaremos hasta entonces.
El moreno iba a replicar pero rápidamente dejó la idea. Ser impulsivo era lo que le había perdido tantas otras veces y ya había pagado el precio por ello. El plan de Riley parecía sólido además de que parecía haber estado haciendo los deberes por lo que había estado viendo.
—¿Qué propones entonces?—preguntó el chico de ojos castaños.
—No se tú pero yo me voy a echar una siesta, probablemente pasaremos la noche en vela y las armas de fuego y el agotamiento no son una combinación buena para nadie—respondió Riley sacándose las botas y sacando un pijama de la bolsa de lona—. Te he dejado algo de ropa limpia en el baño.
—¿Me estás echando para poderte cambiar?—cuestionó Delsin con una sonrisa socarrona mientras la pelirroja le acompañaba hasta la puerta para asegurarse que se marchaba..
—¿Desde cuándo eres tan coqueta conmigo?
—Desde que pareces más simpática, pero no te emociones porque soy todo un rompecorazones—continuó él llevándose la mano al pecho.
—Entonces es una suerte que yo no tenga uno—respondió ella con una sonrisa de suficiencia mientras le cerraba la puerta en las narices.
Gracias por leer y a las personas que dejaron un review en el capítulo anterior, sois geniales.
