La 'normalidad' es cuestión de números, porque al dejar de ser mayoría pasará a ser extraño...

Beyblade no me pertenece…

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Disfruten la lectura...


-oO8( Para una Vida Normal )8Oo-

Capítulo II Nuestra Primera Conversación

por Kiray Himawari

Tu amigo es muy callado no me había percatado de lo mucho que guarda silencio. –

Sí, no es muy conversador… – pensó un momento – ¿Sabes quién era la mujer que se despidió de Kai? – inquirió cuidadosamente.

– En realidad no, pero supongo que se estiman mutuamente. –

Se sentó sobre la cama, Isis se le acercó buscando acurrucarse en sus piernas, una vez que lo logró comenzó a ronronear…

– Espero que no sea tan complicado adaptarme – le comentó a la gata mientras acariciaba la cabecita.

La removió con cuidado y se puso de pie. Comenzó a sacar la ropa que había empacado. La dobló con sumo cuidado y la fue colocando en la cajonera que previamente había limpiado. Ropa interior, calcetines, playeras, pijamas, Continuó con la otra, ropa casual; la colocó en ganchos que estaban en el closet y las colgó bien organizada. Luego un poco de ropa formal de la otra, camisas, sacos, pantalones; allí mismo sudaderas, abrigos, suéteres. Terminó con su ropa, estaba toda en perfecto orden. Prosiguió con la primera caja; cuadernos, un portarretratos, una pequeña caja de madera, una caja de metal de tamaño considerable y una bolsa con artículos de higiene. La segunda caja tenía un montón de libros, al igual que en las otras dos cajas restantes. Tanteó el librero y supo que no cabrían todos, probablemente el contenido de dos cajas. Limpió cada repisa y comenzó a colocar los libros. Para ese rato Isis dormía en la silla giratoria. Había pasado una hora y tocaron a la puerta…

– Kai, la cena está lista, te esperamos – se escuchó la voz de Max.

No hubo respuesta, pero cuando Max iba bajando las escaleras escuchó los pasos del bicolor. Bajó a prisa y entró a la cocina. Ayudaba a colocar la mesa. Se quedó parado frente al comedor intentado descifrar el movimiento que observaba tras la barra.

– Toma asiento donde quieras – dijo el Sr. Mizuhara.

Max salió de la cocina con los platos y los colocó sobre los manteles individuales. Miró como volvía por los cubiertos, los vasos y las servilletas, hacía varios malabares. El Sr. Mizuhara repasaba para cerciorarse que no faltaba nada.

– ¿Dónde quieres sentarte, Kai? – preguntó Max antes de tomar posesión de algún puesto. Su padre se paró tras él y tomo los hombros del rubio…

– Vamos, no tengas pena – agregó el Sr. Mizuhara.

Kai dio un paso al frente y observó los platos detenidamente, luego la vista directo a los ojos de los Mizuhara. Tomó asiento a la derecha mirando hacia la cocina, luego Max frente a él y el Sr. Mizuhara al centro. Max notó la ligera desventaja en alimentos del plato de Kai…

– Deja cambiarlo, tiene menos… –

– Está bien así – contestó de inmediato.

Era una situación tensa. Iniciaron la cena en absoluto silencio. Kai comía despacio, Max repasaba el tenedor en busca de algo que decir, mientras el Sr. Mizuhara miraba la tensión…

– Y ¿cuál es tu platillo favorito, Kai? – inquirió.

– No tengo uno en específico – contestó.

Hubo otro silencio hasta que Kai terminó. Recogió sus trastos y…

– Yo lo recojo, no te preocupes – dijo Max dispuesto a tomarlos.

– Puedo solo – respondió el bicolor molesto.

Max regresó a su asiento. Miró a su padre, el otro devolvió la mirada. Kai lavó lo que utilizó y salió de la cocina.

– Gracias por la cena – se retiró a su habitación.

Iba a ser más difícil de lo que pensaba, pero podría lograrlo, después de todo, quería tener una vida normal. Tomó el contenido de la primera caja, los cuadernos los colocó sobre el escritorio en forma ordenada. La caja de madera la limpió y la puso en la cajonera en el último espacio; y la caja de metálica la puso sobre una de las repisas del closet. Los zapatos que en realidad eran tres pares: zapatos de vestir, zapatos deportivos y botas, las colocó en la parte inferior del mismo closet. Los artículos de higiene personal y los medicamentos fueron colocados tras el espejo del baño, acomodados de manera minuciosa: desodorante, talco, pasta dental, colonia, jabón, etc. Inspeccionó el baño, era pequeño, pero bastante agradable tenerlo en la misma habitación.

Eran casi las nueve y media. Caminó hacia la silla giratoria y contempló a la gata. Salió de la habitación y fue hacia la cocina. Abrió la puerta del refrigerador. Desde la sala lo contemplaron Max y el Sr. Mizuhara. Tomó un vaso y lo llenó a la mitad con leche, luego de regreso a su cuarto. Lo siguieron con la mirada. Tomó la leche y la colocó en un pequeño traste en el piso. Isis bajó de inmediato y comenzó a cenar. Kai tomó asiento en su cama, colocó el vaso vacío sobre el buró. Se quitó los zapatos y se recostó un breve rato. Decidió tomar una ducha. Sacó un par de pantalones pants, una camiseta de algodón sin mangas, ropa interior, una toalla blanca limpia, se dirigió al baño. Cerró con seguro y abrió la regadera. Se despojó de su actual vestimenta y entró en contacto con el agua. Estaba tibia, bastante relajante. Enseguida de verlo pasar por la sala el Sr. Mizuhara decidió ir al estudio a revisar algunas facturas por pagar del negocio, era sábado, pero la tienda tendría que pagar sus deudas el lunes por la mañana y los domingos prefería no trabajar en asuntos relacionados con números y letras. Max apagó el televisor y subió rumbo a su cuarto, antes de entrar decidió hablar un poco con Kai y darle la bienvenida, puesto que su llegada había sido extraña y el nerviosismo no le había permitido hablar con él de una manera apropiada. Caminó hasta estar enfrente de la puerta. Tocó sutilmente, pero no recibió respuesta.

– Quizás ya se durmió – se dijo en voz baja.

Escuchó el maullar de la gata y la puerta se abrió. Kai acababa de terminar su baño. Abrió la puerta…

– Pasa. –

Volvió hacia el baño para recoger su ropa sucia. La dobló con cuidado y la colocó encima de la cajonera…

– Si quieres puedes depositarla en un cesto que está en el cuarto de lavado. –

– Está bien. –

Hubo otro silencio mientras acomodaba las cosas tras el espejo del baño. Max tomó asiento en la cama, observaba a Isis lamer una de sus patas delanteras y limpiar su hocico.

– ¿Quieres preguntar algo? – soltó una vez que notó la ausencia de decisión por parte del rubio.

– Lo siento, no… –

– Es normal que te sientas así, no todos los días llega un extraño a tu casa a vivir. –

– No eres ningún extraño, eres mi amigo. –

Hizo una sonrisa ante el comentario…

– Eso supongo. –

– ¿Puedo preguntarte algo? –

– Supongo. –

– ¿Por qué aceptaste vivir con nosotros y no con Tyson? –

Caminó hacia la silla giratoria y tomó asiento. Isis brincó a sus piernas…

– Es muy simple. Supuse que era lo mejor. – fue su respuesta.

– No quiero que creas que no me gusta la idea, pero siempre creí que te llevabas mejor con Ray, tal vez eso me hizo pensar que aceptarías estar con los Granger. –

Acarició la oreja de la gata…

– Kenny me tiene miedo, puedo verlo temblar cada que lo miro fijamente. Ray es una persona bastante bien instruida en leer mis estados de ánimo, incluso podría sermonearme por horas sin lograr que me enfade, sin embargo eso lo hace difícil, creo que todo el tiempo estaría preocupado por si estoy bien o si estoy de ánimos. Con Tyson sería muy complicado lidiar con su molesta curiosidad, todo el tiempo me hace preguntas, quiere saber todo de una sola vez. Y finalmente tú… – miró a la gata y luego le sostuvo la mirada al rubio. – Tu familia es pequeña, tienes independencia, eres hijo único, no me conoces demasiado, respetas mi silencio, aunque en ocasiones la curiosidad te vence, pero es mucho más sencillo lidiar contigo que con ellos. –

– No esperaba tanta sinceridad de tu parte. – dijo con una sonrisa. – Espero no cambiar esa impresión – mofándose de su descripción.

– No voy a ser un hermano para ti, tampoco un ladrón de cariño con tus padres, no pienso intervenir en tu vida. –

– No pienses así, ahora eres parte de la familia Mizuhara, Kai. Esta es tu casa ahora. Siéntete con la libertad de hacer lo que quieras, mientras no sea volarla en mil pedazos – se veía más relajado.

– No soy Tyson ni Daichi – respondió con sarcasmo.

– Me alegra que hayas elegido vivir con nosotros, espero que estés cómodo… –

– No necesito que me des una bienvenida. Sé que estaré bien aquí. – interrumpió.

– Es algo curioso. – rió suavemente.

– ¿Qué es curioso? – frunció el ceño.

– No te enojes, pero creo que es la primera vez que platico contigo, fuera del entrenamiento. – se apoyó con los codos hacia atrás.

– Es verdad, nunca había platicado contigo. –

– ¿Puedo preguntar algo más? –

– Mientras no sea para pedirme dinero – bromeó con ironía.

Meneó la cabeza en negativa.

– No, es un poco más personal – desvió la mirada hacia Isis.

– Tal vez sea tiempo. – respondió.

Dudó por unos instantes…

– ¿Quién era la mujer de la que te despediste hace un rato? –

– ¿Nicoleta? – sonrió para sí. – Era mi nana. –

– ¿Tu nana? No sabía que tenías nana. – estaba sorprendido.

– Nicoleta trabajó para la familia durante mucho tiempo, desde antes de que naciera. Cuando mis padres murieron mi abuelo fue quien se quedó con mi custodia, pero no es del tipo que canta canciones de cuna, ni de los que leen cuentos para dormir, todo eso lo hizo Nicoleta. –

– ¿Por qué la esposaron? ¿Hizo algo malo? – preguntó entristecido.

– Su error fue querer protegerme, calló todo lo que sucedía alrededor de Voltaire, así que fue acusada de complicidad de Voltaire y Boris, le dieron 25 años por aceptar su culpabilidad. –

– Lo siento mucho, no sabía. – bajó su tono de voz.

– No, no lo sabías, porque si no hubieras sabido, no hubieras preguntado. – soltó una breve risa.

– En verdad que te noto muy cambiado. – se sentó bien de nueva cuenta.

– Es porque ahora seré normal. –

La gata bajó de sus piernas y se acercó a la ventana. Maulló un par de veces. El bicolor entendió el mensaje y abrió la ventana. La gata salió por el breve espacio y trepó por una de las ramas del árbol y desapareció.

– ¿A dónde va? –

– No lo sé, probablemente a dar un paseo nocturno. –

Dejó la ventana entreabierta. Max se levantó y comenzó a ver el librero…

– Tienes muchos libros. –

– Sólo pude traer mis favoritos. Lo demás los recolectó el gobierno. –

– Lo siento, no quise… –

– No es tu culpa, ni la de nadie. Así que técnicamente no tienes que disculparte. –

– Es que me cuesta trabajo creer lo que te ha pasado. –

– No siempre las cosas son como queremos, deberías de ser menos positivo. –

Tomó la ropa que había dejado sobre la cajonera y se dirigió a la puerta, la abrió y salió de allí. Max sabía que iría a depositar la ropa sucia en el cuarto de lavado, así que comenzó a curiosear un poco de las pertenencias con las que había llegado su amigo ruso-japonés. Notó que sobre el escritorio había un portarretratos bocabajo y justo cuando lo iba a levantar…

– Creí que dormías temprano. – anunció su retorno con su característico sarcasmo.

– Es que pensé que querías platicar un poco más conmigo, – respondió, olvidando así la idea de ver el portarretratos.

– No soy tan sociable, como ya te habrás dado cuenta. No se cambia de la noche a la mañana. – esta vez su tono era serio, mas no enfadoso.

– Lo siento, es que me tiene inquieto tu presencia, yo quiero que nos llevemos bien. –

– Creo que deberías ir a dormir ya. – cortó de tajo el tema.

– Tienes razón, debes de estar cansado con todo el movimiento. – se acercó a la salida – ¡Descansa y buenas noches! –

– Max, – llamó Kai – deja de preocuparte por mí, puedo cuidarme solo. – dijo para luego cerrar la puerta tras la salida del rubio.

No sabía exactamente como iban a ser las cosas de ese día en adelante, sólo tenía un objetivo en su mente: ser tan normal como pudiera.