Chapter 2: Mensaje élfico
Caminaron durante varios minutos sin dirigirse la palabra. Cada uno estaba absorto en sus pensamientos; y si bien sabían por donde iban y a donde se dirigían parecían totalmente en otro mundo.
Salieron de la estación, y la señora Weasley hizo desaparecer el carro de Ginny con un movimiento brusco de su varita mandándolo directamente a la Madriguera, así no tendrían que cargar con el cuando se desaparecieran.
Volvieron a ponerse en fila, Ginny aún no había aprobado el examen de desaparición aunque ya había terminado su sexto año, así que se tomó del brazo de Harry para hacer una aparición conjunta pero solo para guiarla, tal como había hecho Dumbledore con el casi dos años atrás.
Giraron sobre sus talones y desaparecieron. Harry sentía la mano de Ginny firmemente agarrada a su brazo derecho. Lo estaba lastimando de tan fuerte que lo sujetaba, pero a los pocos segundos sintió un gran alivio al tocar suelo firme, justo a un kilómetro de la Madriguera. Ginny lo había soltado.
La agarro de la mano, ni siquiera sabía porque lo hacía. No eran novios, aunque tenía la idea de proponérselo, simplemente eran amigos como la primera vez que se vieron. Caminaron adelante de Ron y la señora Weasley unas diez cuadras que parecieron cien.
Seguían sin hablarse. Un aire fresco de verano les azotaba débilmente la cara y les revolvía el pelo con delicadeza mientras que los rayos del sol empezaban a pegar con más fuerza y calor.
Se acercaba el mediodía, por lo tanto la temperatura iba aumentando a medida que las horas pasaban.
Llegaron a la Madriguera, cansados y agotados, aunque solo habían caminado pocas cuadras y ninguno había gastado su aire en hablar con el otro.
Entraron, y fueron directamente a la cocina donde estaba en señor Weasley sentado.
-Buenos días, señor Weasley -lo saludó sentándose a la mesa.
-Harry, Ginny, Ron -saludó el señor Weasley levantando la vista de El Profeta que tenía sobre la mesa, el mismo que Harry había leído dos o tres horas antes.
-¿No fue al trabajo, señor Weasley? -preguntó Harry consultando su reloj de muñeca.
Faltaban quince minutos para que la aguja chica diera justo en el número uno, y la grande en el doce.
-Sí fui, Harry. Pero salí antes para almorzar, además no hay mucho trabajo últimamente -dijo cerrando el diario y contemplando a Harry que lo miraba intrigante.
Todo lo que tenía que ver con noticias del ministerio, le fascinaba. Siempre intentaba de que el padre de Ron le cuente cosas con respecto a lo que pasaba ahora que Kingsley era el nuevo Ministro, pero se limitaba a sonreír y a decir 'nada del otro mundo'.
-¿No hay mucho trabajo? Que raro... -expresó Harry tomando el diario.
Ginny estaba a su lado jugando con su micropuff Arnold que corría por la mesa, la señora Weasley había empezado a preparar el almuerzo de manera muggle (por eso empezaba mucho antes) y Ron había subido a su habitación que últimamente hablaba y participaba tan poco de las conversaciones que Harry empezaba a preocuparse por el.
-Yo no lo creo raro. Mirá Harry, mi trabajo era mucho más importante cuando el Innomb-- digo Voldemort todavía estaba vivo -explicó el señor Weasley-. Como ya sabrás, dirijo la Oficina para la Detención y Confiscación de Hechizos Defensivos y Objetos Protectores Falsos.
Harry asintió con la cabeza indicándole que podía continuar.
-Confisco objetos que podrían resultar tenebrosos. Y no hay mucho trabajo ahora que ya pasó todo¿no? -concluyó el señor Weasley recostándose sobre el asiento de su silla y cruzando sus brazos.
-Si, puede ser. Pero podría encargarse de los mortífagos que se escaparon -opinó Harry frunciendo el entrecejo-. Digo, de inspeccionar sus casas.
-No tenemos orden para hacerlo. Eso es un allanamiento y necesitamos autorización. Igualmente no creo que sean tan estúpidos de tener algo peligroso en su casa -dijo el señor Weasley.
-Créame que lo son, señor Weasley -contestó Harry con una sonrisa.
-¡Bajá ya a ese bicho de la mesa! -exclamó la señora Weasley a Ginny que aún seguía con Arnold.
-¡No es ningún bicho, mamá! -dijo Ginny agarrándolo y poniéndolo en sus piernas.
La señora Weasley murmuró algo que ninguno de los tres pudo oír, de modo que Harry quiso volver a la conversación.
-¿Leyó el artículo de Kingsley? -dijo señalando el diario.
-Sí, igualmente como es obvio ya sabía la mayoría de lo que decía ahí.
-Yo... bueno no entendí lo de Umbirdgue -dijo Harry tímidamente, temiendo que el señor Weasley diera por finalizado el tema.
-¿No leíste lo que pasó con ella¡Apareció en muchos artículos, Harry! -exclamó sonriendo-. Bueno... digamos que se portó muy mal con empleados del ministerio, y con el propio Kingsley.
-¿A qué se refiere con que se porto mal? -preguntó Harry indeciso.
-Al ser asesinado rufus, quiso por todos los medios que la asciendan al poder, pero sin embargo salió elegido Kingsley. No le gustó mucho así que intentó meterlo en problemas, y le salió muy mal. Es largo de explicar, Harry -dijo después de quedarse en silencio unos segundos-. Voy a buscarte el artículo algún día de estos, te lo prometo.
-No me extraña. Siempre dije que era una perra -expuso Harry con una maliciosa sonrisa en los labios-. Y con respecto a los duendes...
-¡Ah si! Que noticia¿no? Hasta yo me sorprendí cuando me enteré. Siempre dije que Kingsley era un buen hombre... demasiado para mi gusto.
-¿Le parece mal que estén trabajando en el Ministerio? -preguntó Harry dubitativo.
-Muy bien que digamos no me parece, pero en fin... supongo que el sabe lo que hace. Aunque no confío en los duendes -dijo el señor Weasley-. Como ya sabrás, no son los mejores amigos de los magos.
-Sí, ya lo sé -dijo Harry pensando en el último encuentro que había tenido con un duende, el año pasado-. ¿Pero cree que están planeando algo contra el Ministerio?
-No sé exactamente; pero no confío en ellos. Voy a estar expectante -concluyó con una sonrisa-. Aunque ese Girphook es más raro de lo que pensé.
-¿Griphook? -repitió Harry asombrado-. ¿Está trabajando en el Ministerio?
-Si¿lo conocés? -preguntó Arthur frunciendo el entrecejo.
-Emm, bueno escuché hablar de el una vez, pero nada más. ¿y qué hace exactamente? -preguntó tratando de desviar el tema, no quería explicarle que ese duende estaba ahora mismo con la espada de Godric Gryffindor que a el le pertenecía.
-No sé muy bien exactamente, pero se ocupa de inspeccionar objetos falsos y verdaderos del Ministerio.
-¿Podrías ir a llamar a Ron, querido? Es hora de comer -dijo la señora Weasley interrumpiendo la conversación.
-Como no, ya voy -dijo Harry poniéndose de pie y salió de la cocina a paso firme lanzándole a Ginny una mirada de complicidad.
Subió las escaleras de dos en dos mientras escuchaba a la madre de su amigo hablar de cosas que no lograba distinguir.
Llegó a la habitación que compartía con Ron y le pareció oportuno tocar la puerta antes de entrar, aunque nunca lo hacía.
La voz del pelirrojo lo hizo pasar, así que sin dudar abrió la puerta y entró.
Ron estaba tendido en la cama boca arriba con la mirada fija en donde ahora estaba parado Harry.
-¿Qué paso? -preguntó desde la cama.
Harry caminó hasta su cama y se sentó en la punta.
-Está la comida -anunció.
Ron amago a levantarse pero Harry le puso una mano en frente y lo devolvió a la posición anterior, de modo que quedó de nuevo acostado con las manos bajo la nuca.
-¿Qué? -le preguntó con aire impaciente.
-Tenemos que hablar -dijo Harry.
-¿Ahora? Tengo hambre -expuso Ron tratando de volver a pararse.
Pero sus intentos fueron en vano, ya que Harry había vuelto a poner su mano y empujado hacia atrás.
-Sí, ahora. Vas a tener que esperar para comer. Quiero hablar de porque estas así... -empezó Harry, pero Ron lo interrumpió.
-¿Así cómo?
-Tan distante. Ya no haces chistes, ni participas en las charlas, no te interesa saber lo que pasa en el Ministerio, ni siquiera queres jugar Quiddicht -dijo Harry contando con los dedos de su mano derecha.
-No es tan así, estás exagerando -expuso Ron incorporándose.
-No exagero, sabes muy bien que tengo razón, y alguna explicación tiene que haber -dijo Harry fulminándolo con la mirada-. ¿Es por Hermione, no?
Ron levantó la mirada. Parecía triste, confundido y hasta decepcionado.
-Sí -asintió con la cabeza.
-No te preocupes, a demás ella fue la que te besó. Estoy seguro que la vamos a ver muy pronto -dijo Harry con una sonrisa tratando de levantarle el ánimo a Ron.
-¿Cuándo? Ni siquiera me escrib--
Las palabras de Ron fueron interrumpidas por un ruido de chasquidos y un elfo doméstico apareció en la habitación.
-¡Kreacher! -exclamó Harry confundido-. Yo no te llamé.
-Ya sé que el amo no me ha llamado, vine para entregarle un mensaje de Hogwarts -dijo haciendo una exagerada reverencia.
-¿Un mensaje de Hogwarts? -preguntó Harry aún más confundido.
Kreacher sacó dos sobres marrones, como los que cada año recibían del colegio, y se los entregó a Harry haciendo otra reverencia, hasta que su larga nariz tocó el suelo.
-Uno es para el Señor Weasley -anunció Kreacher.
-¿Está más educado este año, no? -dijo Ron al oído de su amigo, para que solo Harry pudiera abrirlo.
-Bueno, gracias Kreacher -dijo Harry tratando de no hacerle caso a Ron para no reirse, y agarró los sobres que el elfo les estaba entregando.
-¿Sabes qué es? -preguntó Ron.
-Kreacher no debe abrir la correspondencia confidencial de Hogwarts -dijo y desapareció tras un breve 'crack' que resonó en toda la habitación.
-¿Qué será? -preguntó Harry sentándose en la cama. Le entregó el sobre a Ron y ambos lo empezaron a abrir con manos temblorosas y con toda la ansiedad recorriendo su sangre.
Harry lo sacó primero; el sobre era exactamente igual al que cada año recibían, y una sonrisa se le formó en la cara. Le hecho un vistazo rápido para ver si el contenido era el mismo, y vio que no era igual.
Leyó en voz baja:
"Estimado Señor Potter:
Desde el colegio Hogwarts de Magia y hechicería le enviamos este mensaje
para recordarle que podrá asistir este año, a penas finalice el receso escolar,
a cursar su séptimo año en el colegio.
Debido a que varios alumnos, el año anterior no asistieron, podrán hacerlo
y seguirán cursando sus materias.
En su caso, materias a seguir:
Astronomía
Encantamientos
Defensa contra las Artes Oscuras
Botánica
Posiones
Transformaciones
Mis más sinceros saludos,
Minerva McGonagall."
Cerró el sobre y miró a Ron que estaba con la boca entreabierta de la emoción.
-No sabía que podíamos ir a Hogwarts -exclamó doblando con cuidado la carta.
-Yo tampoco¿va a estar bueno, no? -dijo Harry sonriendo.
Estaba feliz, muy feliz. La simple idea de regresar a Hogwarts lo hacía sentir bien por varias razones.
Podría estar con Ginny mucho más tiempo, de modo que ahora ambos estarían en el séptimo año, y también podría terminar sus estudios, para luego más adelante poder cursar la carrera de Auror que tanto anhelaba.
-¿Crees que Hermione recibió también la carta? -preguntó Ron desde su cama.
Harry sacudió la cabeza para espantar sus pensamientos de allí.
-No sé, seguramente sí. ¿Vamos a comer? -preguntó poniéndose de pie y dirigiéndose a la puerta.
-¡Sí, vamos! Tengo mucha hambre¿te lo dije, no? -dijo Ron riendo y saliendo detrás de Harry.
Bajaron las escaleras precipitadamente e irrumpieron en la cocina, donde ya Ginny y los señores Weasley estaban sentados a la mesa dispuestos a comer.
-¿Por qué tardaron? –preguntó Ginny con el entrecejo fruncido.
-Kreacher nos trajo una cartas de Hogwarts –anunció Ron sentándose.
Harry lo imitó y sacó la carta que tenía en el bolsillo de su pantalón, y se lo pasó a la señora Weasley que había extendido un brazo.
-¡Felicitaciones! Van a poder terminar sus estudios, no saben cuanto me alegro –dijo con una sonrisa.
-¡Eso quiere decir que van a venir conmigo! –saltó Ginny radiante de alegría y con mucho disimulo le guiñó un ojo a Harry.
-Sí, ahora nos vamos a ver más seguidos que otros años, hermanita –dijo Ron agarrando una pata de pollo del centro de la mesa.
Pasaron el resto del almuerzo hablando y especulando lo que sería Hogwarts aquel año.
A Ron a veces se le escapaba el nombre 'Hermione' en alguna oración sin sentido y trataba de cambiar de tema para que no parezca obvio que no podía parar de pensar en ella. Aunque Harry y Ginny se lanzaban miradas de complicidad; sabían muy bien que Ron estaba perdidamente enamorado de su amiga.
Por la tarde, ya cuando el sol empezaba a descender por el horizonte, Harry, Ginny y Ron se encontraban sentados en el jardín de la Madriguera observando el ocaso, que tan bien se podía ver de allí.
Una lechuza traspasó los árboles y voló por el cielo tornándose azul más oscuro hasta llegar a los pies de los chicos.
Se paró justo en frente de Ron, quien le desató la carta de la pata y cuando la lechuza ya había levantado vuelto, la dio vuelta y vio el remitente. Era de Hermione.
