Capítulo 2: Primer encuentro
Otra práctica más, esta vez con un Nadder de color azul. Todos intentaban esconderse del dragón o intentar evitarlo entre todas las paredes de madera de ese laberinto, estaba siguiendo a Snotlout y Astrid mientras escuchaban las instrucciones de Gobber, quien otra vez estaba fuera de peligro.
- Los dragones tienen excelentes sentidos, es por eso que cuando peleen contra uno en tierra tienen que buscar su punto siego.
Los gemelos lograron quedar frente al dragón, pero este no los veía, todo debido al cuerno que tenía en su hocico.
- Por el amor de Thor ¿Cuándo fue la última vez que te bañaste?
- ¿Qué tiene de malo mi olor?
- Apestas, búscate otro punto siego
- Claro que no, mejor tú busca otro punto ciego. – Ambos se separaron y trabaron los cuernos de sus cascos, estaban viéndose con mala cara, hasta que escucharon el dragón rugir y comenzar a escupir fuego.
- Punto siego si, punto sordo no tanto.
El dragón volvió a correr por todos lados, rugiendo y saltando entre las paredes hasta llegar a un punto en que no sabía en donde se encontraba, lo único que quería era escapar. Todos parecían querer atacarla o hacerle daño, necesitaba defenderse en ese caso. Escucho un sonido a su espalda, algo pesado cayó al suelo, al girarse encontró a uno de esos Vikingos en el suelo. Comenzó a perseguirlos, no dejaría que la maltrataran más, los vio separarse en dos grupos. Buscaba por todos lados a esos vikingos, pero no veía nadie en los alrededores, fue hasta que giro que vio a una hembra humana y un macho. El macho la aparto y le lanzo lo que parecía ser un mazo, le golpeo el cuerno de su hocico, la aturdió un poco, no se lo perdonaría.
Comenzó a perseguir a los jóvenes vikingos por todos los rincones, hasta que se separaron, la más cercana era la hembra. Por donde pasaba las paredes caían y la chica era escurridiza, decidió saltar sobre una de las paredes para caer cerca de ella. La vio chocar contra el chico que intento levantar el escudo antes, ambos cayeron juntos y por lo que veía la chica intentaba zafarse de el, estaba corriendo en su dirección cuando vio que ella quería su arma de vuelta. Estaba por dar el mordisco, cuando ella quito su hacha con todo y escudo incrustado y se lo impacto en el rostro.
No veía nada, todo era borroso y veía doble, opto por alejarse. Pero alcanzo a ver como el chico, el que parecía ser el más débil era acusado y criticado por algo, una guerra, le cuestionaban de qué lado estaba. Se veía triste, solo, marcado, pobre chico. Quería ayudarlo, pero el gancho de acero de su captor la guío de vuelta a su jaula ¿Cómo se llamaría ese chico? No lo sabía, pero quería conocerlo.
Gobber lo encontró en la forja golpeando una barra de acero al rojo vivo, cuando estuvo plana la coloco alrededor de un escudo de madera, coloco los remaches y al centro su gorro de acero. Tomo pintura y le hizo un dibujo de un dragón escupiendo fuego al cielo, otro escudo bien hecho.
- Dime lo que opinas.
- ¿Sobre qué? – Lo vio girarse, ojos muertos, sin luz ni vida.
- Sobre el entrenamiento, sé que no te está yendo bien.
- Solo confirmamos lo que todos sabíamos, no soy uno de ustedes.
- Hiccup, claro que eres uno de nosotros.
- No, no es cierto. Mírame Gobber, soy débil, sin músculos y sin valor alguno. No puedo ni levantar un escudo o una espada, ni siquiera puedo lanzar unas boleadoras.
- Hiccup, no es eso es…esto… - Otra vez lo señalaron completo, se estaba cansando de eso. – Queremos ayudarte a cambiarlo, lo demás vendrá por tu parte.
- Gobber, no me des falsas esperanzas, tu y yo sabemos muy bien que eso no se podrá hacer. Todos en la isla me odian y los dragones me ven como si fuera un mondadientes.
- Hiccup, en algún momento te darás cuenta de cuál es tu rol en esta isla.
- ¿No puedo quedarme solo con la herrería?
- Si tú lo decides ¿No quieres ser como tu padre?
- Yo no puedo ser como mi padre, ni como tú, no puedo ser alguien. Tan solo quiero que me acepten.
Lo vio levantarse e ir a su cuarto, las últimas palabras le hicieron peso, solo un par de días y el chico estaba más que deprimido. Lo veía todos los días hacer su mejor esfuerzo en los entrenamientos, no se quejaba, no se quebraba, pero si se daba cuenta de que no era lo suyo ser un cazador de dragones.
Era definitivo, lo dejaría ser un herrero en el momento que terminara su entrenamiento. Sabía que una vez que algo lo comenzaba no lo dejaba hasta terminarlo. Observo los escudos, todos de diferentes tamaños y pesos, cada uno con el nombre de los chicos en el entrenamiento. Tomo uno de los escudos, era liviano pero resistente, la pintura era de un grupo de dragones volando a la niebla. Por alguna razón sentía que había algo más en ese pintado, lo dejo de vuelta y observo a Hiccup haciendo un prototipo de escudo nuevo, veía los planos de cuerdas, resortes y otras cosas más. Lo dejo seguir con lo suyo, apenas salió se encontró con los chicos del ruedo yendo al Grate Hall.
- Hiccup, en cuanto termines con eso ven a la torre de vigilancia, haremos una fogata en ese lugar.
- Claro…más problemas.
Lo dejo en su trabajo y tomo los escudos, el de los dragones voladores le grabo el nombre de su aprendiz y lo dejo a la entrada de su cuarto. Hiccup salió y tomo el escudo, era extraño, había hecho ese dibujo pensando en sí y no en nadie más, noto que los demás escudos no estaban. Miro al suelo pensando que Gobber se los debía haber llevado, puso su escudo en el suelo y continúo con su trabajo.
Apenas llego al lugar su primo le dio un golpe en la nuca y los demás se rieron, fue Gobber quien le dio otro a su primo y así callo a todos, Astrid llego detrás de él.
- Bien, vamos a contar algunas historias hoy. Historias de batalla contra dragones, para que aprendan un poco de tácticas.
Hiccup se sentó lejos de todos, no escuchaba a nadie ni nada, apenas y ponía atención, solo asaba en la fogata una pieza de pollo y tomaba de su bebida. Ponía más atención a la nada que a otra cosa, nadie lo tomaba en cuenta, incluso Gobber se adentró tanto en la historia de cómo perdió su brazo y pierna que no notaba que el chico no le ponía atención en absoluto.
Escuchaba como su primo decía cosas sobre vengar pierna y mano con sus dientes y luego a los gemelos pelearse por un posible tatuaje, un tatuaje…tal vez se haga uno…algún día. Observo la noche, el viento no era fuerte y se acercaban nubes del norte, una tormenta se acercaba. Noto como Gobber decía lo que presentía, hablo de ir por el Zippleback y seguir avanzando hasta llegar al Nightmare.
Eso no le importaba realmente, vio que todos tomaron sus escudos y se retiraron agradecidos con Gobber, otro trabajo pensando que fue Gobber. Tomo su escudo pero observo a Astrid mirar su escudo detenidamente, quería preguntarle que le parecía, pero ella simplemente lo tomo y se alejó, otra oportunidad de hablarle perdida. Gobber se sentó a su lado mirando al horizonte y masticando su comida con la tenaza de acero que tenía por mano.
- ¿Tan patético me veo, como para que las cosas que hago crean que fueron hechas por otros?
- Yo sé que no quieres su admiración, sino su aceptación.
- ¿Qué hago mal?
- Nada, no haces nada mal. Solo te juzgan por cómo te vez, tu sabes eso.
- ¿Qué pasara cuando crezca Gobber? ¿Seguiré igual que ahora?
- No lo sé hijo, tendrás que descubrir eso por tu cuenta. Te hago un trato.
- ¿Qué trato?
- Termina el entrenamiento sin morir o salir herido y ten ensañare más cosas sobre la herrería.
- Gobber, eso ya me lo enseñaste.
- ¿Enserio? ¿Desde cuándo?
- Desde que tenía 8, soy tu ayudante, es más que tiempo suficiente para aprender todo sobre el oficio.
- Siete años bajo mi tutela, en ese caso te daré los títulos oficiales, una vez termines el entrenamiento ¿Quién sabe y tal vez crees armas para el combate contra dragones?
- Si, quien sabe.
- ¿Cómo vas con las chicas?
- ¿A qué te refieres?
- A que si hay alguien en quien pensar todos los días.
- Si, pero jamás se fijara en mí, de hecho, creo que ninguna chica se fijaría en mí.
- Eso no lo sabes.
- Claro que sí.
- Claro que no.
- Claro que sí.
- Claro que no.
- Gobber mírame, no tengo aspecto Vikingo, sino más bien, de un fideo caminante.
- Veras que si, en eso nadie tiene terreno, ni siquiera tu padre.
- ¿Mi padre?
- ¿Sabes cómo se conocieron tus padres?
- No, papá nunca habla sobre mamá.
Al gigantón no le sorprendía eso, cuando su esposa desapareció de su vida, Stoick se volvió alguien distante, duro y frío. Le sonrió al chico que estaba a su lado, comenzó a relatar historias sobre el pasado y sobre su madre, ya que el chico nunca conoció a su madre y ahora que lo pensaba, eran tan parecidos que se preguntaba si su amiga había vuelto en forma de chico.
Era de mañana y estaba nublado, salió a tomar madera, hierbas y otros materiales para encender el fogón y el crisol. Al caminar por el bosque escucho gritos, gruñidos y también algo chocar contra madera, llamado por la atención se acercó al sonido. No se sorprendió de ver a Astrid practicar, sino de cómo tenía sus manos en ese momento. Todas llenas de cortes y raspones, se notaba que ella se esforzaba en ser la mejor guerrera de todas, es algo que siempre pensó que ella lo lograría sin dificultad alguna.
Se estaba por retirar cuando un pequeño crujido se escuchó a su espalda, apenas dio un paso el hacha se incrusto en el tronco del árbol más cercano. Por inercia y miedo tiro las cosas y salió corriendo del lugar, escuchaba los gritos de Astrid de detenerse, por alguna razón pensó que si lo hacía acabaría como el árbol de prácticas, roto y desfigurado.
Aumento la velocidad y se metió entre algunos arbustos, vio a Astrid alejarse con su hacha en mano, tenía que irse de ese lugar. Apenas se dio vuelta se golpeó la cara contra algo duro y suave a la vez, seco, escamoso y… ¿escamoso? Al elevar la mirada al cielo vio un dragón, un dragón negro, ojos verdes y por lo visto molesto. Era oficial, moriría joven y sin conocer el amor de su vida. Dio pasos cortos y calculados, no quería que la criatura lo atacara. Apenas piso una rama el dragón saco un potente rugido que a cualquiera haría hacerlo morirse de miedo, no había de otra tenía que correr.
Apenas se dio la vuelta el dragón comenzó a perseguirlo por tierra, esquivaba los disparos, disparos de un color purpura y otros azules ¿Sería el dragón que creía que era? No podía ser, jamás habían visto uno y resulta ser que lo estaba persiguiendo para matarlo. Otro grito, uno de una vikinga, no se detuvo, apenas Astrid apareció la tomo de la mano para jalarla, no contaba que ella de un solo movimiento lo jalaría a él para tirarlo al suelo.
- ¿Hiccup?
- ¡Corre!
- ¿Qué corra? ¿De qué?
- ¡De eso! – al girarse se encontró con el disparo destrozando un árbol cercano, era el mismo dragón.
- Tienes razón, corre ¡Corre!
Ambos chicos salieron corriendo sin importarles a donde ir, solo querían alejarse lo más pronto posible de su reptil atacante. Hiccup vio una cueva entre dos árboles y una roca, necesitaban esconderse a como der lugar. Tomo a la chica de la muñeca y con el impulso que tenía logro hacerla cambiar de dirección, la metió a las rocas y el seguido de ella. Entre la oscuridad y ocultos gracias a los árboles, el dragón los paso de largo, podían escuchar sus respiraciones rápidas y fuertes, todas por la adrenalina y la carrera por su vida.
Quería salir a comprobar que el peligro había pasado, pero algo pesado cayó sobre la roca que los cubría. Escucharon el sonido de las fosas nasales buscar el olor de la presa, escucharon como gruñía en señal de su fracaso y también como desplegaba sus alas negras como la noche, fue un rugido y luego el inconfundible sonido de la criatura alejarse volando. Escuchaban sus corazones latir fuertemente, corrían al mismo ritmo y tiempo, necesitaban aire. Hiccup hizo señal de no hacer ruido, saco su rostro un poco para mirar el cielo y la tierra, no había nada ni nadie.
Astrid salió en cuanto vio a Hiccup darle señal de que todo estaba en orden, con hacha en mano y en guardia se acercó al chico quien se dejó caer al suelo y soltó un suspiro de alivio. Bajo el hacha y se sentó a su lado para darle un golpe al hombro.
- ¿Eso porque fue? – dijo frotando su hombro.
- Eso por asustarme y hacerme creer que eras un dragón al principio.
- Pero esa no era mi atención yo solo… - Un beso, no, no lo imaginaba, ella le dio un beso en la mejilla - ¿Y eso?
- Por, ayudarme a escapar de un dragón. – Lo haría con gusto las veces que fueran necesarias, si con eso obtenía otro beso de ella.
La vio levantarse e intentar irse, pero al intentar tomar su arma vio como la soltaba para mirarse las palmas de las manos. Recordó que tenía cortes y raspones por su práctica, cargo como pudo el hacha y la tomo de nuevo de la mano.
- Sígueme – No pudo protestar ni decir nada, el chico la estaba jalando para hacerla caminar, en cierto punto la soltó, pero no su arma.
- A dónde vamos.
- No vamos, buscamos.
- ¿Y que buscamos?
- Eso – En una rama se encontraba un panal de abejas.
- Un panal ¿Para qué? – Lo vio tomar una roca cercana y arrojarla al soporte que la colgaba de la rama, al caer las abejas salieron por todos lados. - ¿Estás loco?
La hizo correr de nuevo hasta un pequeño lago, ambos entraron al agua y aguantaron la respiración unos minutos, al salir las abejas se habían retirado. Estaba por golpearlo pero lo vio alejarse nuevamente en dirección del panal caído. Al llegar lo vio tomar los paneles de cera y colocarlos sobre hojas de palmera para envolverlas, al terminar se acercó a ella y le hizo señas de que lo siguiera. Aún tenía su hacha en manos, estaba forzada a seguirlo.
Al llegar donde entrenaba lo vio tomar una bolsa de tela y sacar un hacha de mano para la madera, metió la miel y luego varios trozos de tela, le indico que se sentara en una roca cercana mientras con su cuchillo cortaba tiras de tela largas. Lo vio ir a un tronco tirado y arranco con los golpes del hacha una rama para convertirla en una vara corta, el resto lo metió en su bolsa para otras cosas. Lo vio ir a una telaraña y con la vara comenzar a hacer una bola en la punta, alejo a las arañas cercanas y con todas las cosas se acercó a donde estaba ella.
Se puso nerviosa al ver el cuchillo casi sin filo que saco de su cintura, se le quito el sentimiento y lo remplazo por curiosidad. Lo veía tomar los paneles de cera, para con el cuchillo, comenzar a extraer la miel y colocarla en recipientes hechos con las hojas en las que los envolvió. Tomo una de las manos y ella la retiro inmediatamente.
- ¿Qué crees que haces?
- Curarte tus heridas.
- No lo necesito.
- No puedes sujetar tu hacha ¿Cómo pelearas en el ruedo si no puedes sostenerla?
Eso la desarmo, se miró las manos llenas de raspones, piel levantada y sangre. Le dolían era cierto, pero no dejaría que nadie la tocara. Hiccup la miraba expectante con su mano esperando a que le diera la suya, no se las pensaba dar, pero el tan solo ver esa mirada expectante y tranquila la hizo rendirse. Apenas tomo una de sus manos lo vio hundir un poco de telaraña en la miel y luego frotarla en los cortes, al final le coloco, de forma expandida, la telaraña en su palma. Con un pedazo de tela le vendo la mano, en la última parte de la tira hizo un corte en medio para pasar los dos extremos alrededor de la muñeca y terminar con un amarre.
Se miró la mano, no sabía que el chico supiera este tipo de cosas. Lo vio hacer lo mismo con su otra mano, era extraño, desde que recordaba lo veía cazando trolls, duendes o quien sabe que otras cosas más. Jamás se estaba quieto y siempre se metía en problemas, no podía hacer nada de lo de un guerrero. Las hachas le pesaban, los mazos ni hablar; lo tiraban, no sabía cómo utilizar una espada.
Pero ahora lo veía curar sus manos, una vez termino tomo sus manos, esto lo sorprendió. Le indico que no se moviera, quería ver esas manos. No eran de guerrero, pero si eran duras, con callos y un poco ásperas; veía las ampollas hechas por el calor y el intenso golpeteo del martillo. Eran manos de un trabajador, también las sentía cándidas y al mismo tiempo suaves.
- ¿No me vas a golpear como antes?
- ¿Por qué? – Se veía nervioso, soltó sus manos y se levantó para guardar las cosas, su espalda era un poco ancha, no mucho, lo suficiente para demostrar su trabajo en la herrería
- Siempre que te toca Snotlout, Fishlegs o Tuffnut los golpeas. Por contactos como este, por eso mi pregunta.
- Bueno, eso es porque en esta ocasión lo hacías para ayudarme, no para intentar llamar mi atención.
- Bueno…si, después de todo quien no se fijaría en ti.
- ¿Cómo?
- Bueno, es que…rayos…es que…tu…bueno yo…linda…yo…tu sabes…yo…
- Hiccup, tranquilo, respira. – Lo veía hiperventilar ¿Tantos eran sus nervios y flaqueza al estar cerca de alguien? Ahora entendía porque se apartaba de todos.
- Si, yo…creo que necesito un poco de aire. – No sabía cómo decirle que se fijaban en ella por ser la chica más linda de Berk y también la mejor guerrera. Apenas recupero el aire la miro de nuevo, se rasco su brazo derecho y fue a tomar sus cosas.
- Hiccup, eres alguien interesante – Eso no se lo esperaba, de la impresión casi deja caer sus cosas, hizo todo un circo para evitar que se cayeran.
- ¿Interesante?
- Si, algo así…bueno…hasta luego.
La vio alejarse de nuevo a la aldea, tuvo que hacer un gran esfuerzo en evitar que su corazón saliera del pecho…esto era un gran paso y un gran cambio.
