Mr. Misterious.



Summary: Bella es huérfana y es enviada a estudiar a la universidad gracias a un benefactor anónimo que sacó de la ruina al orfanato. Su vida caótica se ve aún peor cuando conoce la identidad de aquel generoso protector.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephenie Meyer. Este Fic está inspirado en el libro Papaíto Piernas Largas de Jean Webster, aún así la trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.


Capitulo I.

Recuerdos.



Enero, 2003

Estaba sentada, mirando por la vieja ventana que me mostraba su triste panorama. El orfanato San Francisco de Asís iba a ser rematado o demolido por las múltiples deudas que poseía y también por la falta de apoyo de los benefactores.

Intenté contener las lágrimas ¿Qué haría una chica huérfana de dieciséis años en un mundo completamente desconocido?

Lo peor de todo es que no temía solamente por mí, quizá mi persona era lo menos importante, con dieciséis años puedes trabajar, pero la mayoría de los niños no superaban los siete años, incluso había bebés de dos años que no tenían protección de nadie y realmente era por ellos que temía.

La pequeña Christine era mi protegida, ella aún no sabía caminar y todavía comía papillas, con sus escasos diez meses sólo se dejaba alimentar por mí, ella creía que yo era su madre y de hecho lo parecía.

Esa tarde la Srta. Robbins me mandó a llamar a su despacho.

—Isabella, como ya te habrás enterado este orfanato cerrará, los niños no tienen un porvenir seguro, estamos consiguiendo que los más pequeños sean derivados a otros centros infantiles, pero en cuanto a ti, el tema es distinto. Hemos hecho una excepción al mantenerte con nosotros a tus dieciséis años, puesto que Christine te necesitaba, ahora existe la posibilidad de que sea dada en adopción y que tú trabajes para una empresa textil —explicó la Srta. Robbins quien no me inspiraba buenos recuerdos como para agradecérselo de corazón.

—Gracias — susurré débilmente.

—Esta tarde será el remate y lo más probable es que nuestros benefactores no estén de acuerdo en aumentar sus inversiones en una suma tan considerable —señaló —. Es por esto que es de suma urgencia que comiences a contactar los padrinos de los niños para que se les solicite su cooperación.

—¿Los padrinos de los niños? —inquirí sorprendida.

Los padrinos de un huérfano eran aquellos que pretendían adoptarte o quizá compartir contigo en fechas importantes, pero en este caso no existían padrinos para los niños, que yo recuerde el último padrino que vino a visitar a algún huérfano fue el de Federico Still y salió huyendo al ver que el niño tenía sarampión, aunque en realidad sólo eran pintas hechas por ellos mismos para ahuyentarle.

—Si, Isabella. Hay que llamar a todos los padrinos y tú te encargaras de esa tarea. Debemos reunirlos aquí antes de las tres de la tarde —exigió con su voz desagradable e imperante.

—Disculpe, Srta. Robbins, pero los niños no tienen padrinos, usted sabe lo que ocurrió con el último que vino aquí y desde ese entonces no ha aparecido más —le recordé.

—¡Isabella! Te estoy dando una orden, ¡Niña por Dios! ¿Cómo es posible que me critiques cuando te he educado tan bien para que obedezcas las órdenes de tus mayores? Ve de inmediato y contacta a todos los padrinos de niños que estén aún en el orfanato y los que no están también, más de alguno querrá cooperar —dijo tomándose la cabeza.

Salí de inmediato para hacer el mandado antes que la Srta. Robbins comenzara con su interminable sermón.

Era absolutamente ridículo tener que llamar a los padrinos en estos casos, más aún cuando el último que visitó el orfanato fue hace dos años.

Me senté frente al escritorio y hojeé el cuaderno de padrinos.

Había muchos que hacía años no asistían a visitar a los niños, incluso otros aparecían fallecidos.

—Buenos días —saludé al padrino de Petronila Allamand.

Buenos días —escuché del otro lado al hombre.

—Le estoy llamando del Orfanato San Francisco de Asís —dije con mi mejor voz.

Perdóneme, pero creo que el número que llama es equivocado —cortó la llamada.

Excelente forma de empezar, me habían cortado el teléfono sin siquiera escuchar mi petición.

Llamé así a los treinta padrinos que eran los encargados de los niños con apellidos de la A hasta la C.

—Buenos días —dije algo cansada de oír negativas por respuesta.

Buenos días ¿Con quién desea hablar? —me respondió una amable mujer.

—¿Se encontrara Edward Cullen? —pregunté.

¿Quién le llama? —cuestionó la mujer.

—El orfanato San Francisco de Asís —expliqué.

Esperé que cortaran de inmediato la llamada, pero no fue así.

Le llamo de inmediato —dijo la amable mujer.

Se tardaron unos minutos en responder.

Buenos días, Srta. perdone usted que la haya hecho esperar, pero creo que he acordado con su orfanato que visitaría a los niños la semana entrante —explicó rápidamente.

—Me confunde usted —expliqué —. Este orfanato es primera vez que le llama, usted es el padrino de Theodore Smith y se le llama a una sesión especial.

—¿Theodore Smith? Srta. usted me confunde —dijo el hombre.

Aquí entonces venía la excusa para sacarse de encima la responsabilidad.

—Señor ¿Es usted Edward Cullen? —inquirí.

Así es —respondió.

—Bien, usted está casado y su última visita fue hace un año y siete meses —expliqué.

No era mi tarea dar esos datos, pero realmente estaba agotada y molesta, nadie se hacía responsable de sus compromisos. De los treinta padrinos que había llamado sólo cinco han aceptado en venir.

Insisto, usted me confunde con mi padre. Él falleció hace un año y medio, de seguro era el padrino de aquel niño —explicó tranquilamente.

—Disculpe usted la confusión y lamento mucho haber hecho pasar tan mal rato —dije avergonzada —. Adiós.

Me iba a disponer a colgar cuando escuché su voz en el teléfono.

Espere —gritó —. ¿Aló?

—Si, diga —respondí y escuché atentamente.

Yo me haré cargo de Theodore Smith, no tengo problemas en asistir a la reunión —explicó.

¡Gracias a Dios un hombre bondadoso!

—Gracias señor, estaremos felices de recibirle aquí en el orfanato a las 15:00 —sonreí —. ¿Sabe usted como llegar aquí?

Si, no hay inconvenientes, estaré allí a las 15:00.

—Hasta luego —sonreí y colgué.

Continué así llamando al resto de los padrinos de la lista, no tardé en terminar. De los noventa niños, sólo veinte padrinos habían decidido asistir, quizá cuantos de ellos llegarían aquí.

Entré al estudio de la Srta. Robbins y la vi ordenando sus cosas en una caja.

—¿Has terminado ya? —dijo a penas me vio.

—Si señora, de los noventa padrinos sólo vendrán veinte —expliqué.

—¿Qué? ¿Sólo veinte? De seguro niña no has tenido tacto para hablarles ¡Qué no sepas hacer ni un solo mandado! —me criticó —. Vete de inmediato a organizar los niños y vístelos con la mejor ropa que tengan, pasaré a hacer revista en un momento —chilló.

Salí de allí molesta, la Srta. Robbins jamás había tenido un gesto para conmigo, a pesar de que he sido de gran ayuda y jamás me he quejado de nada ante los antiguos benefactores. Me atrevería a decir que su mala gestión nos tiene al borde de este abismo.

Entre a la habitación de los más pequeños.

Allí estaba Alice Brandon una chica de catorce años que, al igual que yo, cooperaba en el orfanato.

—Los niños están vestidos, pero Isadora Perkins ha roto su media —explicó.

—Cósela rápidamente a las 15:00 estarán los padrinos de algunos niños —le recomendé con cariño.

—Bella —me llamó antes de que me fuese.

—¿Si?

—Dominique Wood se ha orinado en su vestido —hizo una mueca de dolor.

—No te preocupes, búscale otro y pónselo —sonreí.

—Gracias —dijo mientras tomaba las medias de Isadora y las cocía.

Salí rápidamente de allí y me dirigí hacía la habitación de los más pequeños, allí estaba Rosalie Hale ella era otra de las huérfanas que cooperaban en el orfanato con tal de permanecer aquí, ella tenía quince años.

—Christine —sonreí al verla jalándole el cabello a Rose.

—Déjalo ya —rió Rosalie.

—¡Dios! No dejes que haga eso o si no lo hará en cualquier lugar —le dije mientras tomaba en brazos a Christine.

—Es que lloraba por ti y fue la única forma de entretenerle —sonrió Rose.

—No te preocupes —sonreí —. Encárgate de cambiarle los paños a Mike Newton.

—¿Otra vez? —criticó.

—Hasta aquí llega el olor de sus pañales —reí.

—¡Este niño! —dijo agotada Rose.

Salí con Christine en brazos y me fui a ver los dormitorios de los niños de cinco a ocho años.

Al entrar tenían un desorden atroz, gritaban y saltaban sobre las camas y peor… aún estaban en pijamas.

—¡Dejen de hacer eso! —grité.

Christine se impaciento al oírme, la mecí un poco en mis brazos.

—¡Paren ya! —ordené.

Algunos niños continuaban saltado en las camas, bajé a Petronila de su cama y la mandé a vestirse.

—¡Rupert! —chillé —. ¡Deja a Cyrille!

Rupert estaba ahogando a Cyrille con un almohadón.

El niño al verme soltó el cojín y pude ver casi morada a Cyrille.

—Rupert, te quedarás sin postre hasta el domingo —le critiqué.

—Pero, Bella —intentó defenderse.

—Nada de peros, si reclamas te dejaré sin postre toda la semana que viene también —le dije molesta.

El niño miró al suelo y se fue a vestir.

Una vez todos vestidos, revisé sus ropas.

—Ese zapato va en el otro pie —sonreí al ver a la pequeña Danielle con los zapatos cambiados.

Nuevamente tuve que limpiarle la nariz a Arnold, todas las veces tenía que limpiársela, él jamás lo hacía.

—Arnold si no te limpias la nariz te tendré que dejar sin postre dos semanas —le critiqué.

—No, Bella —dijo limpiándosela de nuevo —. Ya tengo papel —sonrió mostrándome los huecos que tenía porque se había sacado los dientes.

Una vez todos los cuartos ordenados, limpios y los niños bien vestidos los llevé al comedor.

Estaban todos sentados allí mirándome, sabían que hoy pasaría algo importante, aunque no les habíamos dicho del cierre del orfanato, por mi parte deseaba decírselo, pero la Srta. Robbins era la encargada de eso.

Christine, aún en mis brazos me jalaba el cabello.

—Deja eso, corazón —le pedí mientras quitaba sus manitas de mi pelo.

—Mamá —rió.

A sus cortos diez meses Christine creía que yo era su madre.

La pequeña llegó aquí de tres meses, hubo una pareja muy interesada en su adopción pero ella quedó embarazada y olvidó por completo a Christine, desde ese momento ella ha sido mi protegida y la he cuidado como si fuese una hija para mí.

No tardó en llegar la Srta. Robbins.

Todos los niños se tensaron al verla y Rupert dejó de tirarle el cabello a Cyrille.

—Hoy vendrán los padrinos de alguno de ustedes, no van a hablar más de lo que se les pregunta, no olviden responder: "Si, señor" o "No, señor" cuando les pregunten algo. Aquel que haga alguna barbaridad estará castigado por todo lo que queda de año —recalcó.

Aunque ella y yo sabíamos que más de un mes no tenía este orfanato.

Cuando terminó de regañarlos la Srta. Robbins se marchó dejándome a cargo junto a Alice y Rosalie.

—Coman despacio, no se ensucien —recalqué.

Me senté en una de las mesas para darle la papilla a Christine.

—Bella —susurró Alice.

—¿Qué ocurre?

Alice nunca susurraba.

—¿Es cierto lo que me dijo Rose? —volvió a susurrar.

Miré seria a Rose, porque se suponía que era un secreto.

—Si, pero no hay de qué preocuparse —les mentí.

—¿Los benefactores salvarán el orfanato? —susurró Alice.

—No hablemos de eso ahora, los niños no lo saben —dije para evitar hablar del tema.

Ella asintió en silencio y se llevó a la boca su cucharada de porotos.

Tuve que criticar un par de veces a Christine porque quería sacarse el babero y lo jalaba constantemente.

—Deja eso ya —le critiqué quitando su manito.

—¿Qué pasará con Christine? —insistió Alice.

La miré seria, se suponía que no había que hablar del tema.

Ella comprendió y se mantuvo en silencio.

Todos los niños habían terminado de comer, pero aún así las cocineras no servían el postre.

Me levanté de la mesa con Christine en brazos y caminé hacía la cocinería.

—¿Qué ocurre? —dije mientras entraba.

Allí me encontré con un paisaje desolador.

Kate, Irina y Tanya estaban llorando abrazadas. Ellas eran tres mellizas huérfanas que vivieron en el orfanato y ahora trabajaban como cocineras, ya no vivían con nosotras pues habían conseguido su independencia al trabajar.

—¿Qué pasa Kate? —les pregunté al verlas así.

—La Srta. Robbins nos ha dicho que quedaremos sin trabajo después de este mes —sollozó Kate.

—¿Qué hemos hecho Bella? —inquirió Tanya —. ¿Qué hemos hecho para que nos despida?

—¿Acaso hablamos mal de ella? ¿No servimos bien la comida? —inquirió Irina.

—¿Somos muy generosas con las porciones? Intentamos hacer rendir la comida, pero no les podemos dar agua a los niños —sollozo Kate.

Me sentí terrible por ellas, eran unas chicas muy unidas y tiernas, se preocupaban de que todas las porciones fuesen iguales y que nada les faltara a los niños, es más en estos difíciles momentos habían hecho rendir la comida de una forma impresionante.

—Queridas —dije con un nudo en la garganta —. El orfanato se va a remate, hoy en la noche sabremos que nos depara el destino.

—¿A remate? —dijeron a coro.

—Esto es un secreto, nadie más sabe —susurré —. No creemos que los benefactores estén dispuestos a pagar los gastos de mantención y más encima el remate.

—¿Por qué nos vamos a remate? ¿Acaso no es suficiente lo generosos que son los benefactores? —dijo incrédula Tanya.

—No lo sé, al parecer una antigua deuda que no fue saldada con la constructora, se tenían veinte años de plazo para pagar y al parecer no se ha sido puntual con los pagos —expliqué lo que la Srta. Robbins me había dicho.

—No creo que sea eso —dijo limpiándose la nariz Irina —. Para mi que esa mujer ha malgastado el dinero.

—¿Cómo puedes hablar mal de la Srta. Robbins? —le criticó Kate —. Será una bruja y sin corazón, pero tratarla de ladrona es mucho ¿No te parece?

—¡Vamos! Ella se comía los postres de los castigados y siempre sacaba cajas de helado para su oficina —le recordó Irina.

—Pero eso no la hace una ladrona al nivel de malgastar el dinero —dijo Tanya.

—¡Ey! Dejen de discutir de ese tema, los niños están impacientes esperando sus postres —les expliqué.

—Cierto —dijo Kate.

Salí de la cocinería y me sorprendí al ver que los tenedores eran usados como espadas por los niños.

Rosalie y Alice intentaban contenerlos, pero les era imposible.

Le pedí a Tanya que sostuviese a Christine y me subí arriba de una mesa.

—¡Siéntense todos ahora! —grité.

Los niños al verme molesta se sentaron de inmediato.

—Esta es la primera y última vez que tolero sus travesuras, sólo por esta vez tendrán postre, para otra ocasión no seré tan buena —les advertí.

Todos recibieron sus postres y tuve que limpiarle el vestido a Dominique porque Federico le había manchado la falda.

Todos se fueron al baño a lavarse los dientes mientras terminaba el aseo del salón en donde se reunirían los padrinos.

—¡Isabella! —gritó la Srta. Robbins.

—Aquí —dije mientras sentaba en la silla de bebés a Christine.

A la Srta. Robbins no le gustaba que tuviese a Christine en brazos todo el día, menos cuando hacía el aseo.

—¡Isabella! Deja eso, están llegando los padrinos, ordena a los niños en el patio mientras tenemos a los padrinos aquí —ordenó.

—Si, señorita.

Tomé en brazos a Christine y llamé a los niños en el patio.

—Vamos a jugar, así que todos de la mano —sonreí.

Los niños y niñas estaban entusiasmados.

—¿A qué vamos a jugar? —dijo Sussan mientras se chupaba el dedo.

Le quité el dedo de la boca.

—No te entendí cariño —sonreí —. Ahora dime.

—¿A qué vamos a jugar? —repitió.

—Vamos a jugar a los pollitos y el lobo —sonreí.

Ese era el juego favorito de los niños.

Los niños estaban a un lado del patio mientras que Christine y yo estábamos del otro lado.

Alice y Rosalie eran los lobos, yo la mamá Gallina y los niños mis polluelos.

—Pollitos, pollitos vengan —les grité.

—No podemos mamá —respondieron todos al unísono.

—¿Por qué? —grité.

—Porque el lobo nos quiere comer —gritaron todos.

—Pasen, pasen yo los protejo —respondí.

Mis niños pasaban, mientras que Alice y Rose tomaban a los que se quedaban atrás y los convertían en lobos.

Estábamos divertidos jugando cuando Christine vomitó sobre su vestido.

—Alice, Rose, sigan ustedes iré a limpiar a Christine —grité.

Los niños se desanimaron, pero pronto las chicas los volvieron a entusiasmar.

Corrí al ver que Christine aún vomitaba, quizá no le había hecho bien jugar o el frío, no sé, pero corrí al baño y al entrar choqué con alguien.

Christine se puso a llorar.

—Perdón —dije al ver que era uno de los padrinos.

—¿Qué usted no ve? —me criticó.

Entré al baño y comencé a limpiar a Christine.

—La niña está mal, perdone si le ensucie, pero la pequeña necesitaba el baño —le expliqué.

—Soy médico, déjeme examinarla —me tendió sus brazos para que le entregase a Christine.

—Claro —dije mientras le guiaba hacía las habitaciones.

El médico era alto y le había pasado a ensuciar su terno, poco le importo cuando vio el estado de Christine. Era bastante joven para ser médico, en ese mismo momento me reprendí por poner más atención al padrino que a mi propia protegida.


Hola chicas.

¿Cómo estan?

Gracias a las chicas que dejaron RR en el prologo.

Bien... les dije a mis niñas que tardaría poco en subir el primer cap y aquí esta.

¿Qué les parece?

Gracias por todo su apoyo... cuidense mucho y dejen RR :)

Miles de Besitos

Manne