Hola! La verdad es que estoy algo decepcionada, esperaba tener aunque fuese un review :c Pero bueno, quizá hay alguna personita sin tiempo por ahí, que haya leído el fic… de todos modos lo voy a seguir publicando porque amo mi fic (¿?)
Enjoy!
El mayor de los Fubuki se encontraba en la cocina de su casa, terminando de lavar los platos del almuerzo. Secó el último, lo guardó y se pasó una mano por la frente. Los días comenzaban a ser calurosos. Se quitó el delantal azul, colgándolo de un gancho, y caminó hacia las escaleras. Al llegar al segundo piso, se detuvo frente a la habitación de su hermano. Tocó suavemente, antes de entreabrir la puerta.
_ ¿Atsuya? ¿Puedo pasar?
Sintió un leve gruñido como respuesta y entró. La luz del sol apenas iluminaba el oscuro lugar, entre las rendijas que dejaban las cortinas. Shirou divisó a su hermano en su cama, tapado hasta el cuello y vuelto hacia la pared.
Suspiró, acercándose para sentarse junto a él y acariciar su cabello.
_ ¿No tienes calor?
Atsuya negó con la cabeza. Shirou lo miró entristecido, antes de pasear su vista por la habitación.
_ Deberías abrir las ventanas.
No obtuvo respuesta, y cuando fue a incorporarse, el brazo de Atsuya lo detuvo.
_ No… -susurró su voz, ronca, y el mayor pudo divisar los rastros secos de lágrimas en su rostro, sintiendo como se formaba un nudo en su garganta.
_ Atsuya, yo… - sus ojos se llenaron de lágrimas, y la voz se le cortó. El menor se sentó en la cama, alargando una mano para secarle los ojos.
_ Baka, no llores.
_ Lo siento. – Ambos se quedaron en silencio, sin saber que decirse. Atsuya suspiró.
_ No tiene caso… -susurró bajito. – Quizás así deban ser las cosas…
_ ¡No! –Shirou lo cogió de las manos, mirándolo directo a los ojos. - ¡No te des por vencido, Atsuya!
_ ¿Qué sentido tiene? –continuó el otro, desviando la mirada. – Sabía que no podría…
_ ¡No Atsuya, Afuro-san y tu…!
_ ¡¿Qué?! ¿Terumi y yo qué? ¿Estamos hechos el uno para el otro? ¡No me vengas con tonterías! –Explotó el otro, volviendo a acostarse de espaldas a su hermano. - ¡Si tanto te agrada "Afuro-san" entonces quizás tú deberías intentarlo con él! Después de todo, siempre te prefieren a ti.
Shirou abrió los ojos sorprendido. No sabía que Atsuya pensaba de esa manera. ¿Entonces sí era su culpa?
_ Atsuya, yo…
_ Déjame solo. – dijo el otro, conteniendo el llanto. Shirou posó una mano sobre su hombro, pero él lo apartó. - ¡Déjame solo!
Dolido, el peligris se levantó y abandonó la habitación, cerrando la puerta tras él. Volvió a la cocina por un vaso de agua, que sus manos temblorosas le impidieron tomar. Dejándolo sobre la mesa, se cubrió el rostro con las manos, sintiendo las lágrimas caer por sus mejillas. Estuvo un rato ahí, hasta que poco a poco consiguió calmarse, y se secó el rostro con las mangas de su camiseta. Al levantar la vista, sus ojos chocaron con el calendario.
Viernes. Cuatro días desde que Atsuya y Aphrodi rompieron. Cuatro días en que Atsuya no había hecho más que ir y volver de la casa a su trabajo y del trabajo a casa, y pasar el resto del día encerrado en su habitación.
Shirou suspiró, tomando luego el agua, y decidió salir a despejarse. De paso, podría comprar algo para la cena, que consiguiera alegrar a Atsuya.
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Unos veinte minutos después, caminaba por la calle con una bolsa colgando del brazo, y buscando con la vista entre los locales abiertos. Pensaba llevarle a Atsuya su bocadillo favorito, pero no podía encontrar ningún puesto abierto. De pronto, vio salir de una tienda a un grupo de chicos, y su mirada se cruzó con la de uno en especial.
_ ¡Shi-chan!
_ ¡Ichi -kun!
El peliazul se acercó a él, con una sonrisa en el rostro.
_ ¡Qué sorpresa! ¿Cómo estás?
_ Bien, gracias, ¿Y tú? ¿Qué haces por aquí?
_ Fiesta de amigos. – sonrió Kazemaru, mientras el resto de los chicos que lo acompañaban se acercaban a ambos. Fubuki sonrió al ver a un joven castaño que se paró junto a Kaze, algo receloso.
_ Tú debes ser Endo-san, ¿no? –sonrió Shirou, ante la mirada algo avergonzada del otro. – Yo soy…
_ ¡Tú! – la mirada de los tres viajó hacia el pelicrema parado detrás de Endo, que miraba con sorpresa a Fubuki.
_ ¡Ah, tú eres…! –la reacción de ambos fue acercarse al instante, observándose con sorpresa, y quedándose en silencio. Al final, Shirou sonrió divertido, al recordar que no sabían sus nombres.
_ ¿Se conocen? – Endo y Kazemaru los miraban, curiosos.
_ Algo así. –Goenji sonrió, volviéndose hacia su compañero. - ¿Cómo has estado?
La mirada de Fubuki se entristeció sin que él lo quisiera. – Em, pues…
El pelicrema lo observó unos segundos más, fijándose en su semblante dudoso. Y no supo qué lo impulso a hablar.
_ Al parecer no muy bien. – Shirou asintió en silencio, perdiendo la sonrisa. Shuuya se volvió hacia Endo y los demás, que los observaban más que sorprendidos. – Lo siento, chicos, será para otra ocasión. - Y, retornando su mirada al peligris, le sonrió. – Venga, te invitó un café.
Shirou lo observó, anonadado, y asintió.
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Se encontraban sentados, frente a frente, en una mesa de un restaurante familiar, junto al ventanal que daba a la calle. Shirou sostenía en sus manos su vaso de cartón, mirando la roja superficie de la mesa. Goenji lo miraba, preocupado.
Después de su casual encuentro cinco días antes, había repasado en su cabeza una y otra vez la curiosa historia que le había relatado el menor. Por alguna razón, le había dejado preocupado, sobre todo al darse cuenta del débil carácter del otro, y de lo complicado de su situación. Suspiró, mira que estar perdiendo el tiempo con problemas ajenos… Sus ojos viajaron hacia la pequeña y agobiada cabeza peligris. ¿Por qué sentía que no podía dejarlo solo?
_ Así que está deprimido… -dijo lentamente, provocando que el otro levantara su cabeza y lo mirara.
_ Sí… Más de lo que nunca lo había visto.
Hubo un momento de silencio, mientras Shirou bebía su café.
_ ¿Has intentado hablar con él?
Shirou suspiró, y al segundo siguiente sus ojos se bañaban en lágrimas.
_ ¡Ah-ah, lo siento! No llores… -se disculpó sin saber porqué. Verlo llorar le ponía realmente nervioso.
_ Creo que… después de todo si es mi culpa… -sollozó el otro, cubriéndose el rostro.
Goenji, después de unos momentos, consiguió que se calmara y le contara lo sucedido. No le sorprendió tanto el que Atsuya pensara de esa manera, en su situación, era entendible, pero tampoco tenía por qué ir desquitándose con su hermano, que al final resultaba siendo víctima de problemas que no eran suyos. Suspirando, tomó un semblante serio y habló.
_ No es tu culpa.
Los ojos azul-grisáceos del menor lo miraron, atentos. Goenji carraspeó antes de continuar.
_ Tu hermano está en un momento delicado. Es entendible que explote con lo primero que se le diga.
Shirou asintió en silencio.
_ Pero – el otro volvió a mirarlo. – Tampoco debes dejarlo hacer o decir lo que se le venga en gana. Debes poder controlar su carácter.
El pelicrema observó cómo el otro lo miraba algo sorprendido, pero entendiendo del todo sus palabras. Así que continuó.
_ En primer lugar; debes evitar llorar delante de él. – Shirou se enderezó en su silla. – Necesita saber que puede confiar en ti, así que debes saber controlarte para poder apoyarlo. Segundo; No le hables de su… ex novio. Aún está resentido por todo, así que el mencionarlo solo empeorará las cosas. Y también…
...
Una hora después, Goenji se dejó caer sobre el respaldo, agotado, y se bebió de un trago lo que quedaba de su, ya, cuarto café. Estaba frío. Fubuki termino de anotar en la libreta que había sacado de su bolsillo, y volvió a guardarla, mirando luego al mayor.
_ De verdad muchísimas gracias. Eres muy bueno dando consejos.
_ No en realidad. – Mencionó el pelicrema, restándole importancia. –Es sólo una cuestión de análisis.
Fubuki le sonrió, quedándose en silencio.
_ Me pregunto qué más puedo hacer por ellos…
_ No demasiado. Si te entrometes mucho, luego será peor para ti.
El peligris asintió, con la mirada perdida.
_ Aún así… me gustaría poder ayudarlos.
Goenji miró hacia afuera, de nuevo era muy tarde. ¿Qué pasaba con ellos, que cuando conversaban el tiempo se le iba volando? Suspiró de nuevo.
_ Ya debo irme.
Shirou asintió, sacando su cartera para pagar, pero Goenji le negó con un gesto.
_ Está bien, yo te invité.
_ Pero… -El peligris lo miró dudoso, mientras Goenji pedía la cuenta. – Eres demasiado amable. –susurró al final, sonriendo levemente. El mayor se sonrojó.
_ No es para tanto.
La camarera llegó a su mesa y Shuuya pagó los cafés, levantándose luego junto con Fubuki.
_ Me alegra habernos encontrado de nuevo. – le sonrió el peligris. – Una vez más, gracias por tu tiempo.
Goenji reparó en la sonrisa triste que portaba desde hace un rato. Su conciencia le decía que lo que había hecho era más que suficiente, que no tenía ninguna responsabilidad con ese chico y que lo mejor sería evitarse problemas, sobre todo de esa índole. Pero sus ojos volvieron a fijarse en la pequeña figura frente a él y suspiró.
_ Me rindo. Te ayudaré.
El menor levantó la vista, curioso.
_ ¿Eh?
_ Con tu hermano. Te ayudaré a idear algo para juntarlos de nuevo.
Los ojos de Shirou brillaron emocionados.
_ ¡Muchas gracias! –sonrió feliz, provocando un nuevo sonrojo en el mayor, que le tendió una mano.
_ Goenji Shuuya. – se presentó, sonriendo de costado.
_ Fubuki Shirou. – contestó el otro, cogiendo su mano para responder al saludo. – Será un placer trabajar contigo, Goenji-san.
_ Ya lo creo. –rió Goenji, derrotado.
Shirou entró a casa, bastante más relajado que cuando se había marchado. Encendió las luces y se dirigió a la cocina para dejar las bolsas sobre la mesa. Sintió ruidos en el salón, y un momento después Atsuya apareció en el umbral de la puerta.
_ Shirou… -susurró, mirando hacia el suelo. Su hermano le sonrió.
_ ¿Tienes hambre? Haré la cena. – Comenzó a sacar las verduras de la bolsa mientras continuaba. – Quería traerte tus bocadillos, pero no encontré ningún puesto abierto. Quizás ya era muy tarde…
_ Onii-chan… -volvió a susurrar Atsuya, cogiendo la camiseta del mayor. Shirou se volvió hacia él. – Lo siento.
El peligris rodeó al otro con sus brazos, sintiéndolo sollozar.
_ Está bien. Yo entiendo.
El pelirosa correspondió al abrazo, hundiendo su rostro en el hombro de su hermano. Shirou sintió sus propios ojos humedecerse, pero recordó las palabras de Goenji y contuvo el llanto, acariciando la cabeza del menor.
_ Tranquilo. Estoy seguro de que todo se solucionará.
Atsuya asintió lentamente, separándose un poco para hablar.
_ Gracias.
El peligris le sonrió.
_ De nada. Sólo… quiero que recuerdes que siempre tendrás mi apoyo. No importa la decisión que tomes, yo estaré contigo. ¿Sí?
Atsuya volvió a asentir, abrazándolo de nuevo.
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Terumi estaba recostado sobre su cama, con la vista fija en el techo. Por su mente pasaban los recuerdos de su discusión con Atsuya, una y otra vez. Llevaba 5 días sin verlo y le sorprendía seguir respirando.
Se pasó la mano por la frente, suspirando frustrado. ¿Qué debería hacer? Por un lado, aceptaba que se había dejado llevar por los celos. Pero, ¡Por favor! ¡Ese estúpido había herido muchísimo a Atsuya! ¿Cómo podía el menor hablarle tan tranquilamente? El sólo verlo junto a Atsuya lo hacía querer golpearlo. ¡Y aún se atrevía a acercársele!
Soltó un bufido, volteándose para quedar de costado. De todas formas no era culpa de Atsuya. ¿No era él la víctima? Viéndolo así, si que había sido demasiado duro. Arrg, ¡Pero Atsuya era tan terco! ¡Si hasta lo había golpeado! ¡Aún le dolía la mejilla!
Pero entonces recordaba la mirada dolida de Atsuya, sus ojos llenos de lágrimas aquella vez en la fuente, la forma necesitada en que se abrazaba a él, todo sonrojado…
Suspiró de nuevo, apartando esos pensamientos. Debía controlarse. Apenas llevaba unas semanas con él, y ya habían tenido un problema de este tipo. Además no podía permitir que su ansiedad lo arruinara. Debía pensar con la cabeza. ¿No sería mejor de este modo? Aún cuando supiese que había exagerado, su orgullo le impedía perdonar el golpe recibido. Y además, estaba algo asustado de lo rápido que avanzaban sus sentimientos por el pelirrosa. ¿No sería mejor darse un descanso?
A pesar de su aspecto de príncipe encantador, Terumi podía contar con los dedos de una mano las relaciones auténticas que había tenido. Y a pesar de la confianza con que parecía actuar, la verdad es que en su interior era terriblemente inseguro. Aquella fachada de "hombre de mundo" no era más que su mecanismo de autodefensa.
Por sobre todo, le costaba muchísimo sentirse atraído en serio por alguien. Y no es que fuese muy exigente, o muy selectivo, o demasiado quisquilloso. Nada de eso. Era sólo que la atracción, así como llegaba, se le escapaba de las manos en cosa de días. Las personas que le parecían interesantes de pronto brillaban menos que al principio, y luego ya no eran más que parte de la multitud. Nunca había entendido por qué, pero realmente parecía una maldición.
En cambio, Atsuya… Fue completamente diferente. Su sola aparición aquella noche en la fiesta, en el momento menos esperado, había deslumbrado por completo al rubio. Su rostro, su apariencia, su voz, su fuerte carácter, la forma en que se expresaba, todo, absolutamente todo de él lo atraía como nunca pensó que lo atraería alguien. Y aquel sentimiento nuevo y abrumador no hacía más que empeorar a medida que pasaba el tiempo.
Ahora mismo, el sólo hecho de recordar su infantil rostro le provocaba una dolorosa punzada en el pecho, que no recordaba haber sentido nunca antes.
Dios, de verdad que le gustaba ese niño.
Pero ahora las cosas se habían arruinado, y a pesar de que deseaba salir corriendo a pedirle disculpas, sabía que no era su culpa del todo, y el miedo al rechazo, disfrazado de orgullo, le impedía hacerlo.
Quizás, a pesar de todo, Atsuya no era para él.
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_ ¡Goenji-san!
El pelicrema volteó al escuchar la voz que lo llamaba, sonriendo al ver a Fubuki acercarse. Vestía un jeans oscuro, una camisa celeste a cuadros, un suéter color crema sin mangas y una adorable boina en el mismo tono. Simplemente encantador. Shuuya se sonrojó cuando el menor llegó junto a él, sonriéndole alegremente.
_ Hola, Fubuki.
_ ¡Siento la demora! Atsuya quiso un postre luego del almuerzo… -explicó con expresión culpable. Goenji sonrió.
_ No te preocupes. – Miró el parque a su alrededor, decidiendo la dirección que tomaría. – Vamos. –le sonrió, comenzando a caminar. Fubuki lo siguió enseguida.
Era bastante temprano y la brillante luz del sol iluminaba todo el lugar. Fubuki sonrió al ver la ciudad a un costado, desde la colina en donde estaban.
_ ¿Preferías ir a otro lugar? –preguntó el mayor, mirándolo.
_ ¡No! Donde sea está bien. –se apresuró a contestar el otro, sonrojándose un poco luego al darse cuenta de sus palabras. –Digo…
_ Entiendo. – lo cortó Goenji tratando de evitar el incómodo momento. Al parecer no era el único que había pensado en que aquello parecía una cita.
Y no, no lo era. Luego de su último encuentro el viernes, se habían puesto de acuerdo para encontrarse hoy, domingo, y comenzar con su plan de "Salvar la relación de Afuro-san y Atsuya", como lo había denominado Fubuki. Goenji aún no terminaba de creerse el estar envuelto en una situación así, pero ya no había vuelta atrás. Aquel pequeño de ojos grisáceos lo necesitaba, y por alguna extraña y desconocida razón Goenji no podía resistírsele. ¿Sería eso lo que llamaban destino?
Sus pensamientos se esfumaron cuando escuchó la alegre voz del menor llamarlo.
_ ¡Goenji-san! ¡Por aquí!
Lo buscó con la vista, encontrándolo cerca de uno de los miradores, en un sitio tranquilo y fresco. Sonrió y se acercó a él.
_ Este lugar estará bien.
_ ¡Sí! –el otro asintió contento y Goenji lo miró extraño.
_ ¿No estás demasiado feliz?
Fubuki lo quedó mirando y su sonrisa se esfumó. Goenji se golpeó mentalmente.
_ Yo, lo siento, es sólo…
_ ¡No!, No es tu culpa, yo… Aggh, olvídalo. – El pelicrema se dejó caer sobre el pasto, con Fubuki a su lado mirándolo curioso.
_ ¿Estás bien, Goenji-san?
_ Si, …no te preocupes. Entonces, ¿cuál es la situación?
Fubuki sonrió, apoyando una de sus manos sobre la de Goenji, y haciendo que éste volteara a verlo sorprendido.
_ Si tienes algún problema… puedes contármelo. Goenji-san me escuchó la otra vez, así que lo menos que puedo hacer es devolverte el favor.
Goenji lo miró unos segundos más, y su sonrisa se tornó melancólica de pronto. Alzó su mano y la apoyó sobre la cabeza de Shirou, acariciándola levemente y provocando que el menor se sonrojara un poco.
_ No es nada, sólo… algunos problemas con mi padre. No nos llevamos muy bien.
_ ¿Por qué? –preguntó el otro, alarmándose en seguida al sentirse entrometido. – eh, digo…
Goenji rió levemente, retirando su mano del cabello del otro y mirando hacia arriba. El viento de la tarde refrescaba el lugar.
_ Sólo… pensamos diferente. El… está algo obsesionado con mis estudios, ya sabes, cosas de padres.
_ Ummm…claro.
Goenji lo miró extrañado, a lo que Shirou sonrió.
_ Mis padres…fallecieron cuando yo era niño.
Shuuya abrió los ojos impresionado, pero luego recuperó su seriedad.
_ Lo siento.
_ No te disculpes. –sonrió el peliplata. Goenji lo miró unos segundos y suspiró.
_ Mi madre también… Hace algunos años.
Esta vez fue el turno de Shirou de mirarlo. Sin decir nada más, desvió su mirada hacia arriba, al igual que el pelicrema.
De alguna manera, sentía que con esas simples palabras habían logrado una conexión especial. No tenía que explicar nada, ni contar como siempre, con una sonrisa algo forzada, como tuvo que crecer cuidando de Atsuya, y manteniéndose firme. No tenía que fingir que no le dolía.
Porque esa mirada en los ojos de Goenji, le hizo saber que él entendía.
_ ¡Atsuya, ya estoy en casa!
El peligris entró al living, encontrándose con Atsuya jugando videojuegos y comiendo golosinas.
_ Bienvenido, Oni-chan.
Shirou lo miró algo sorprendido. ¿Desde cuándo tenía tanta energía?
_ ¿Te encuentras bien, Atsuya?
_ ¡Sí! –contestó el menor, sin despegar sus ojos de la pantalla. - ¡Toma eso! ¡Gane! – Gritó alegremente, antes de levantarse para encarar a su hermano, en una pose solemne. - ¡Decidí que no me echaré a morir por algo así! ¡No vale la pena! Además, estar encerrado es aburrido. ¡Quiero divertirme!
Shirou sólo se lo quedó mirando sorprendido. Iba a replicarle algo, pero entonces recordó las palabras de Goenji y se tragó sus dudas.
_ Entonces, chico divertido, ¿Qué te parece si empiezas por cenar algo? Estoy seguro de que no has comido más que dulces en toda la tarde.
_ ¡Quiero pescado! –exclamó el menor, saltándole encima para colgarse de su cuello, mientras Shirou reía.
"¿Qué debería hacer? Tampoco quiero ir en contra de los deseos de Atsuya."
El mayor de los Fubuki se encontraba en su habitación, acostado en su cama. Era más de medianoche y tenía clases al día siguiente, pero no podía dejar de pensar en ello.
Había decidido por su cuenta idear un plan para ayudarlo a volver con Afuro-san, y hasta había incluido a Goenji-san en el problema. Pero, ¿Y si Atsuya no quería? ¿Iba a ir en contra de su voluntad, sólo porque él creía que eran el uno para el otro? ¿Y quién era él para decidirlo?
Dio vueltas entre las sábanas, preocupado. Atsuya parecía haberse recuperado de golpe, como si hubiese olvidado todo el problema en cosa de días.
¡Pero Afuro-san no! Aún no hablaba con él. Estaba seguro de que el rubio no lo dejaría así. El amaba a Atsuya, Shirou lo sabía. Muy bien. Sólo tenía que seguir con el plan ideado y contactarse con Afuro-san. Estaba seguro de que si ambos hablaran ahora, las cosas serían más tranquilas y podrían reconciliarse. ¡Tenía que confiar en ello!
Goenji entró a su casa, tratando de no hacer mucho ruido. Ya era algo tarde, y su padre ya estaría en casa. Apenas hubo dejado los zapatos en la entrada cuando una alegre voz femenina lo llamó.
_ Shuuya-nii!
Segundos después, una pequeña niña de cabellos castaños se lanzó a sus brazos, sonriendo. Goenji la recibió con cuidado, abrazándola dulcemente.
_ ¿Te portaste bien mientras no estuve, Yuuka?
La pequeña asintió efusivamente.
_ ¿Comiste todo tu almuerzo?
La castaña volvió a asentir.
_ ¡Sí! Ya hice mis deberes, y ordené mi mochila, y me bañé sin protestar. ¡Anda, dame mis dulces!
Goenji rió, mientras buscaba en el bolsillo de su chaqueta una bolsa de golosinas que entregó a la pequeña.
_ Aunque… - Yuuka lo miró. – Ya es muy tarde. – Al ver su cara de decepción, sonrió más. – Sólo dos dulces por hoy, y a dormir. Mañana podrás comer los otros.
Yuuka asintió, abrazándolo de nuevo.
_ ¡Gracias, Shuuya-nii!
Goenji le acarició la cabeza, y a su mente vino el recuerdo de esa misma tarde, cuando había hecho lo mismo con Fubuki. De alguna manera, su alegre sonrisa le había recordado a Yuuka, y su mano había actuado espontáneamente.
Yuuka se separó de él, para irse a su habitación, y Goenji se encaminó a la sala.
"Ahora que lo pienso… ¿No fue algo raro? Espero que a Fubuki no le haya molestado…"
_ Ya llegué, padre.
_ Bienvenido. – le respondió una voz sin emoción. – Tu cena está en la nevera. ¿Mañana tienes clases temprano, verdad? – Shuuya asintió. – No te duermas tarde.
El pelicrema se disponía a ir a la cocina cuando la voz de su padre lo detuvo.
_ Ah, y… espero que esto de llegar tarde no se vuelva una costumbre. Debes concentrarte en tus estudios.
_ Está bien, padre.
_ Afuro-san, ¿Estás ocupado?
El rubio se volteó, encontrándose con el rostro serio del mayor de los Fubuki. Detrás de él, un pelicrema que estaba seguro de haber visto antes, lo observaba con los brazos cruzados.
_ Shirou-kun.
Terumi dudó unos momentos, y estaba dispuesto a inventar alguna excusa y marcharse, cuando la delicada mano del peligris se apoyó sobre su brazo.
_ Por favor.
Los ojos rojos de Afuro temblaron. No podía negarse. No cuando el rostro de Shirou era tan similar al del pequeño niño que adoraba.
Unos minutos después, se encontraban sentados en el patio de la universidad, alejados del ruido. Goenji los observaba de lejos, atento a cualquier movimiento sospechoso de Terumi.
_ Ya sé a lo que vienes, Shirou-kun. – el rubio comenzó a hablar, evitando la mirada del otro. – Pero no es necesario.
_ ¡Sí lo es! – Fubuki lo miró decidido. - ¡Tienes que hablar con Atsuya! Estoy seguro de que pueden arreglar las cosas.
Terumi se mantuvo en silencio, con la vista en el suelo. Sentía que Shirou tenía razón. Pero, ¡También tenía su orgullo! Atsuya no lo había llamado ni contactado en todos esos días. ¿Por qué tenía que ser él quien lo buscara? ¡No todo era su culpa!
_ No fue mi culpa. –susurró. Fubuki lo miró enseguida. – No tengo porqué disculparme. Además, si Atsuya quisiera reconciliarse, ya me habría llamado.
_ Tú sabes cómo es Atsuya. Es un cabezota y no sabe pedir disculpas. Pero estoy seguro de que reconocerá su error si hablas con él, Afuro-san…
_ Aun así, es él el que debe pedirlo, no tú, Shirou-kun.
_ Pero…
_ ¿No estarás actuando por tu cuenta? ¿Atsuya sabe de esto?
_ Yo…
_ No es tu asunto, ¿verdad?
_ Eh, no te pases. –interrumpió la grave voz de Goenji, que se había acercado a evaluar la situación. El rubio y el peligris voltearon a mirarlo, pero Shuuya sólo miró significativamente a Shirou. El menor entendió, asintiendo.
_ Es verdad que estoy actuando por mi cuenta. Atsuya no sabe que vine a hablar contigo.
Terumi lo encaró, por fin, y Fubuki enfrentó su mirada.
_ Pero vine porque confió en ustedes, Afuro-san. Confió en lo que sienten el uno por el otro, y en que deben estar juntos. Yo… cuando Atsuya comenzó a salir contigo, yo estaba realmente feliz. Sé que no es fácil de entender, Afuro-san, pero puedo jurarte que se lo que siente mi hermano. Sé lo feliz que es contigo y también… que aunque no quiera admitirlo, ahora mismo está sufriendo.
El rubio apartó la mirada, frustrado. Sabía que las palabras de Shirou eran sinceras. Apretó los puños con rabia y se levantó.
_ Está bien. Hablaré con él.
El rostro de Fubuki se iluminó, pero cuando abría la boca para agradecerle, Terumi lo interrumpió.
_ Pero… Sólo si Atsuya está de acuerdo. Por favor, hazle saber que estoy dispuesto a reunirme con él en el día y el lugar que él elija.
El peligris asintió, sonriendo levemente.
_ Se lo diré. Gracias por escucharme, Afuro-san.
El mayor asintió, volteándose para marcharse. Pero entonces pareció recordar algo, y le hizo un gesto con la mano a Shirou para que se acercara, lo que el peligris hizo enseguida.
_ Por cierto… -le susurró el rubio al oído. - ¿Este quién es? ¿Tu guardaespaldas? – preguntó, señalando levemente a Goenji. Fubuki se sonrojó un poco, sin saber por qué.
_ Goenji-san es… un amigo. Sólo vino a acompañarme.
Afuro levantó la mirada, encontrándose con los ojos negros de Goenji que lo escrutaban, atentos a cualquier movimiento demasiado brusco para con Shirou. Si claro… un amigo.
_ Ok. Nos veremos, Shirou-kun. –se despidió el rubio, marchándose.
Eso es todo por ahora! Perdón por el cap más corto, pero la verdad es que empecé a escribir este fic de corrido, sin fijarme en donde terminaba un cap y empezaba el otro, y es un lío separarlos D: Asi que algunos van a ser bastante más largos que otros, porque trataré de mantener la tensión en la historia (¿?) o algo así. Gracias por leer hasta aquí, espero algún review de caridad. Bye-kyu!
