Summary: Después de la muerte de su esposa, Scott tuvo que cuidar de su hijo solo, las cosas se complican por lo arisco que se vuelve, pero entonces llega Alfred a cambiarlo todo.
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Hidekaz Himaruya. Y la historia es gaymente mía o algo así.
Pairing: Estados Unidos X Escocia/ Alfred X Scott.
N/A:Hoy se acaba esto :3
Liam y Neil son las Irlandas :3 y la tía Gwen es Nyo!Gales n.n
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Años después.
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—Pero que tarde es —se lamentaba Scott, era el festival del día de las madres y Gwen no llegaba al jardín de niños. Desde que Elizaveta había muerto, se había prometido que su hijo no sufriría nada de carencias, ni tipo amorosas ni tipo materiales, claro está.
Los días de las madres siempre habían sido de los más felices para el pequeño Ian, pues Gwen su tía, asistía y era su madre frente a todos sus compañeros. Por lo que el niño no recibía ningún tipo de burla, los niños pequeños pueden llegar a ser muy crueles si se lo proponen, era mucha suerte que Ian jamás llegaría a conocer eso en carne propia.
Pero…
Pero ese día las cosas cambiarían. Gwen no llegó, ese día las circunstancias de su trabajo se lo impidieron. Y el pequeño Ian jamás vio llegar a su tía. No hubo burlas pero hubo dolor en el pequeño pelirrojo, y por ende había furia en Scott, con su hermana, sino con la vida.
…
—¿Papi? —su voz infantil resonó en el automóvil.
—¿Qué? —dijo lo menos brusco que pudo, pero igual Ian notó la molestia. Los ojos verdes de ambos se encontraron y sin más que poder hacer Scott empezó a intentar explicarle a su hijo la situación que estaba pasando— Tu tía Gwen te… —dudó, no sabía si usar la palabra 'amar' o 'querer' al final optó por usar lo que se le hacía más fácil de pronunciar con todo y su orgullo— Te quiere mucho…sólo que ella…
—No pudo ir hoy a la escuela.
La forma en que lo pronunció fue de un niño tan maduro, su padre no se imaginaba que él fuera tan sensato. Y eso lo hacía sentir orgulloso. Elizaveta de verdad hubiera amado a ese pequeño rayo de luz roja.
…
Liam y Neil corrían a toda prisa poniendo adornos en toda la casa, Gwen les gritaba que se dieran prisa, esa mujer era definitivamente una buena hermana, pero la forma de llevarse con sus hermanos era distinta a lo que la mayoría de las personas están acostumbradas a ver.
—Qué hermanos más lentos tengo —reía ella. Mientras los miraba casi matarse al adornar una pared— Sólo tienen que usar las manos, par de tontos —dijo ella de forma muy cariñosa.
—Será mejor que nos ayudes, señorita perfección —y fue así que Gwen fue al rescate de Liam y Neil.
—Recuerden que Arthur va a traer el pastel y los globos —la chica murmuró eso, al mismo tiempo que hacía en un segundo lo que sus hermanos no habían hecho en tres horas. Para ser sinceros adornar no era el fuerte de ese par de gemelos.
…
Padre e hijo entraron y en el recibidor de la casa pasó algo muy interesante. Tanto que Scott abrió los ojos desmesuradamente, Ian lo imitó de una forma tan idéntica que nadie jamás podría dudar que eran padre e hijo. Había globos de colores en el suelo, la mesa estaba llena de comida deliciosa y un pastel que era extrañamente azul, pero igual se veía delicioso. No había letras que dijera lo que se supone que se estaba festejando pero de todas maneras todo se veía muy alegre y efusivo.
—¡SORPRESAAA~! —habían dicho todos los hermanos Kirkland al mismo tiempo. El momento era perfecto y familiar. Scott no podía estar más contento pues lo había entendido todo bien. Era una manera de compensar haber faltado al día de las madres en el jardín de niños de Ian.
—Mi vida —y Gwen tomó entre sus brazos a su sobrino— Yo… lamento no haber podido llegar, mi jefe es un bruto que no me dejó salir del trabajo a la hora acord… —pero el dulce niño la interrumpió, abrazándose a ella.
—No importa, tía Gwen, yo lo sé —todos miraron a Scott, llenándose de orgullo. Justo como hace rato lo había hecho sólo su padre.
El pelirrojo mayor vio a sus hermanos, los gemelos lucían sus masculinos rostros pecosos con una inconfundible sonrisa, Gwendolyn se veía más que radiante con Ian entre sus brazos, Arthur también tenía la cara de estar contento y… y había alguien más, Alfred estaba ahí, fue cuando Scott reparó en él, ¿Qué demonios hacía ese ahí? Era un maldito momento FAMILIAR, no tenía nada que hacer ese rubio cabeza hueca.
—¿Qué quieres hacer hoy, Ian? —los tíos se reunían alrededor de su sobrino para así poder cumplir con todos sus posibles caprichos.
—Umm… quiero ver las fotos de mi mami, por favor —todos sintieron una punzada en el corazón, Gwen lo miró y le besó la mejilla de forma tierna.
—Claro, mi vida, ven, vamos a verlas —los gemelos y Gwen se fueron directo a la sala para así poder enseñarle al niño esas fotos que tantas veces había mirado antes, Arthur los siguió y fue cuando Scott se quedó sólo con Alfred.
—Hello~ —dijo el rubio alzando la mano en forma de amistoso saludo. El otro hombre alzó una de sus gruesas cejas en respuesta.
…
—Mientras ustedes les enseñan las fotos a Ian, iré a hablar con Scott —la chica se levantó y fue a donde su hermano mayor. Además que era muy peligroso dejarlo solo con Alfred. Todos en la casa sabían lo mucho que a Scott le desagradaba el americano.
Arthur se sentó y tomo uno de los álbumes de fotografías que estaba en la mesita de la sala.
…
—Sabes qué…
—No, no sé —Scott era un hombre duro.
—El día del padre, mi mamá se vestía de hombre… quiero decir… y bueno ella tú entiendes… jamás me sentí solo un día del padre y…
—¿Eres consciente de lo que dices? —ese tonto empezaba a colmarle la paciencia.
Años atrás cuando lo vio por primera vez… lo odio. Y es que ese hombre había sufrido mucho durante su infancia, por el hecho de haber perdido a padre, haber sido alejado de su hermana y quien sabe cuántas cosas más, y aun así se veía tan feliz y contento, desde que lo vio sentado en la sala de su casa cuando Ian era un bebé supo que él iba a traer muchas desgracias. No había sido así hasta el momento pero con seguridad de un instante a otro eso podría cambiar.
—¿De qué hablas? —los ojos azules se cerraron al parpadear, ¿Había dicho algo malo?
—¿Estás intentando decir que yo debería vestirme de mujer? —su voz sonó llena de veneno—Te pido… no te exijo que me tengas respeto, te has portado como un verdadero tonto desde que te conozco, siempre eren tan sonriente y…
—¿Sonreír tiene algo de malo? —Alfred en verdad no llegaba a comprender por qué ese chico lo trataba así, jamás habían cruzado más de 20 palabras el mismo día. Era imposible que él lo conociera tanto como hablar tan mal de su persona. Sin embargo no se sentía molesto para nada, de hecho le provocaba algo parecido a la ternura que un hombre con un hijo de 4 años se portara de una manera tan inmadura, y si él era capaz de ver la inmadurez era mucho, pues Alfred aún era un niño en el alma— Lo dices como si así fuera.
Con sus ojos ardiendo por la rabia Scott sentía que en cualquier momento se iba alanzar contra ese rubio para darle la paliza de su vida, aunque de antemano sabía que no estaba bien y que Gwen lo regañaría, que sus hermanos se enojarían por arruinar el día de las madres y Arthur por golpear a su mejor amigo de la infancia.
—Sólo te voy a advertir que nunca vuelvas a burlarte de mi sufrimiento —fue cuando las cosas se aclararon para Alfred e hicieron más difíciles para el pelirrojo. Alfred entendió que Scott lo envidaba por ser tan feliz, que él estaba amargado y nadie lo podía ayudar, ni siquiera su propia familia, e incluso su propio hijo.
Ian era algo sumamente adorable a los ojos azules del americano y lo quería mucho, como si fuera un tío más, por eso mismo no soportaba imaginarlo sufriendo por la debilidad de su padre. Entonces, Alfred podía hacer reaccionar a Scott de dos maneras, le hablaba calmada y cordialmente sobre lo débil que era como persona o…
—¿P-P-Pero qué mierda? —preguntó al aire Scott al sentir como el rubio lo rodeaba con sus brazos, envolviéndolo por completo en un cálido abrazo.
—Todo está bien —y lo apretó más. De una forma tan protectora que sintió que era una damisela cayendo de un edificio muy alto y un héroe con capa la alcanzaba a salvar justo antes de caer. Es decir, se sintió estúpido y humillado. Por supuesto que no correspondió.
Pero sintió algo abrirse en su corazón, nunca nadie le había dicho palabras que lo reconfortaran tanto, y no porque sus hermanos o amigos no quisieran, sino por miedo a la terrible actitud que tenía, pero aun así ese hombre con el que fue cruel y grosero lo había hecho.
Le había demostrado que la gente que ayuda y cree si existe.
—Hermano, Alfred vengan —dijo Gwen al verlos tan juntitos, Scott se sonrojó mientras maldecía mentalmente.
Scott caminó y lo primero que hizo al entrar en la sala fue buscar a su hijo con la mirada, para después abrazarlo y llorar por dentro. Pero sabiendo que nadie se burlaba de sus desgracias, que era él mismo quien se limitaba a ser feliz. Alfred había salvado su forma de pensar y aunque nunca lo admitiera le estaría eternamente agradecido. Porque era el héroe que lo había salvado y en algún momento se lo tendría que agradecer, de alguna manera lo haría.
~*~*~*~*~*~*~/*~* •• The End •• ~*~/~*~*~*~*~*~*~
N/A: Rarooooooo~. Digno de mí. Miles de gracias por leer. En fin… Alguien? *sonido de grillo*
