EL PRESIDENTE Y LA PÁTRIA
(aunque ni siquiera sea la tuya)
Son las 3:02 de la mañana hora inglesa y Charles no pega ojo. Cada vez que intenta conciliar el sueño, que ya sabéis que suele ser una tarea árdua justo cuando más necesitas dormir, pesadillas de colores más oscuros que el negro acuden a su mente con cierta alevosía, y sobretodo con nocturnidad.
Los motivos de estos sueños persistentes son varios: primero, en el hotel londinense donde se aloja esta noche tiene como vecinos a una pareja particularmente... pasional en sus encuentros amorosos, cosa que no lo agobiaría tanto si no fuera porque le da rabia que él mismo casi no recuerde más detalle de la palabra "sexo" que las cuatro letras que la componen. Por si esto fuera poco, últimamente recibe mucha presión por parte del degano de la facultad para conseguir que los nuevos estudiantes empiecen el curso con buen pie, y a menudo tiene que quedarse hasta tarde planeando sesiones y peleándose con otros profesores por su aula magna favorita.
Además de todo esto están los dolores de cabeza, cuidar de Sean (que por cierto se ha enamorado) y los chicos y el diminuto pero no menos importante detalle de que ha recibido una llamada del presidente de los Estados Unidos de América.
Sí, la verdad es que es sorprendente que Sean se haya enamorado.
En cuanto al presidente, todo sucedió el día anterior...
1 de septiembre de 1963
Londres, Inglaterra
13:45 pm
- Y luego va Magneto y ¡pang! Pone al listillo de Hank en su sitio.
- No me puso en ningún sitio, idiota.
- ¡Pero si casi te lo haces encima del miedo!
- Grrrrr
- Hey, sin gruñidos, ¿eh? El caso es que luego va el profesor y...
- Por dios, Alex, creo que ya lo sé. Me lo has contado como veinte veces en lo que va de semana.
El joven Summers murmura algo de "vieja aburrida" y continúa narrando sus valientes azañas a Sean, que a falta de un malhumorado Hank, es el único mínimamente dispuesto a escucharle.
Por su parte, Moira MacTaggert está cansada, ligeramente agobiada y cada vez más segura de que los adolescentes hormonados y genéticamente más avanzados no son lo suyo. Ha cumplido los 30 hace dos meses y medio, pero mentalmente intenta convencerse de que sólo tiene veinte-diez, porque ya tiene bastante lidiando con toda su agenda actual como para ponerse a asumir que ya es "vieja" para una pequeña parte de la población.
Principalmente la parte que viaja ahora con ella en el llenísimo autobús de la línea 1. Estaba deseando que inauguraran alguna linea nueva del famoso metro, pero de momento se tenían que conformar con aquello.
Maldito seas, Charles
Pero lo piensa sin maldad. Es cierto que ya estaba en Inglaterra en una misión coordinada con el M16, pero su buen amigo no tiene ni idea de la cantidad de favores que ha tenido que cobrar para poder ausentarse de los planes secretos y cambiarlos por varias horas extras de niñera.
Supuestamente ni Hank, ni Sean ni Alex tienen la necesidad de estar con él en Londres, pero aunque durante casi todo agosto se han quedado gustosos en la mansión del profesor, hace una semana y media que se han quedado a vivir en el antiguo piso londinense de él, técnicamente "para hacerle compañía".
Probablemente sólo le echaban de menos.
El miedo a que los jóvenes mostraran sus mutaciones en público es lo que había hecho al profesor temer por su seguridad, y por eso había llamado a Moira para que estuviera con ellos alguna que otra tarde, mientras él acudía a las reuniones de preparación de curso.
El chasquido de molestia de una señora enfrente suyo es lo que la saca de sus pensamientos:
- Oiga, está ocupando dos asientos, ¿no le parece una falta de consideración? - dice la voz estridente de la mujer, que es una de esas abuelas siempre dispuestas a iniciar la tercera guerra mundial contra un joven "descarado", sabiéndose protegidas por la invisible pero todopoderosa arma de la immunidad que te otorga el carnet de jubilación.
La acusación va dirigida al pobre Hank, que ante la risotada de Alex y la carcajada de Sean, se levanta y pide disculpas, insistiendo en que la extraña ocupe su sitio.
- … cualquiera de ellos, señora – añade.
- Hmm – replica la vieja, que es el sonido de vieja perdonavidas oficial, y se calma, aunque no puede evitar acabar la comunicación con esa frase lapidaria de – estos jóvenes...
Moira no tiene ni la más mínima idea de cómo la señora ha conseguido intuir que bajo la gran estatura y peso de la Bestia y sus cuatro capas de ropa se encontraba un ser humano categorizado como "joven", pero supone que debe ser uno de esos sentidos especiales de las abuelas.
Con Hank tiene que tener especial cuidado. Su apariencia de hombre de gran embergadura ya sería suficientemente amenazadora sola, pero el hecho de que deba ir totalmente tapado las 24 horad del día lo convierte en blanco instantáneo de todo tipo de sospechas y miradas nerviosas.
La agente de la CIA no puede evitar pensar en lo difícil que es "ser diferente". Si te tratan así solo por tu aspecto, ¿qué harán cuando sepan lo que hay tras la ropa? ¿Cuando vean los poderes?
El auténtico enemigo está justo enfrente de nosotros
Ja.
- ¡Es aquí, Moira! - advierte Sean, y los cuatro se bajan en King's Cross. La estación de bus es un hervidero y McTaggert se alegra enormemente de atravesar el gentío y rodearse de pura ciudad, donde el eterno tiempo atmosférico de Londres (niebla y fresquito) ya se está empezando a asentar y a quitarle el sitio al verano.
Cuando por fin llegan al piso, Moira llama a la puerta, espera a que el hombre abra (se tarda su tiempo en maniobrar con una silla de ruedas) y en cuanto así lo hace, entra sin mirar y se echa en el sofá derrotada.
- Yo también me alegro de verte – comenta Charles socarrón, y saluda a los chicos - ¿Cómo ha ido el día?
- Hemos visto la Torre de Londres – responde Sean – pero porque la Bestia se ha empeñado en que hagamos algo cultural, aunque sea un coñazo.
Hank lanza una mirada asesina al pelirrojo y le pregunta a Charles como ha ido su reunión en Cambridge, a lo que el otro prefiere evocar algún tipo de imagen mental que les da una idea a los chicos de que ha sido aún más bodrio que lo suyo.
- No deberías ir sólo, profesor. Debe costar un riñón moverse de un lado a otro así.
- Bueno, Hank. Es indudablemente beneficioso para todos que yo adquiera toda la autonomía que pueda, y además – le guiña un ojo- de paso estoy haciendo bíceps.
La atmósfera amena parece indicar que será una buena noche.
Cosa que, la verdad, no concuerda con la tensión de después y la decisión del profesor de dormir sólo y tranquilo en un hotel sólo ligeramente adaptado para minusválidos mientras los chicos se quedaban en el piso por unos días.
Lo que pasó es que sonó el teléfono, y cuando Alex lo cogió, Charles notó la duda mordisquear los bordes de la mente del rubio.
Se giró y llevó el pesado aparato hasta el profesor, estirando del cable para que el castaño no tuviera que molestarse en ir a buscarlo.
Al acercarse el auricular a la oreja, el profesor oyó el silencio al otro lado.
- ¿Si? - preguntó Charles, porque no sabía que otra cosa decir.
- ¿Hablo con el profesor Xavier? - preguntó una mujer con acento americano.
- Así es. ¿Qué desea?
- … No se alarme, señor, pero el objeto de mi llamada es un secreto de estado. Por su seguridad, hemos pinchado la línea de este teléfono.
Charles sintió un nudo en la gargante, y arqueó una ceja intrigado.
- ¿Con quién hablo?
- Habla usted con los Estados Unidos de América, señor.
Americanos. Siempre tan y tan dramáticos.
- No sabía que USA tuviera una voz tan deliciosamente feminina.
- Y no la tiene, al menos por ahora. Es evidente que me está tomando usted a broma. Un momento, profesor Xavier, no cuelgue.
Tras un par de minutos esperando, el teléfono le devolvió otra voz, esta vez algo más profunda, no mucho más grave pero indudablemente masculina.
- ¿Profesor Xavier?
- El mismo. ¿Con quién tengo el placer de hablar ahora, con Rusia?
- Espero que no, joven, porque no sé ni una palabra de ruso. Llámeme John, Xavier. Le hablo en representación del gobierno americano. El país le necesita.
Charles frunció el ceño. Si aquello era una broma, se estaban pasando, pero por otro lado no le hacía ningún daño investigar un poco más.
- Siga.
- No puedo comentarle mucho más por teléfono. No es seguro, como comprenderá. Aún así, espero que piense bien en la importancia nacional que puede tener una futura entrevista. Si acepta, una persona de confianza le esperará en el aeropuerto de Nueva York dentro de tres días – una pausa – los billetes ya están comprados.
- Esto es ciertamente extraño, señor. Perdonará mis modales, pero no tengo ningún motivo para creer en ninguna de sus palabras.
- Oh, claro que no, teniendo en cuenta que por teléfono sus poderes telépatas no funcionan, profesor Xarles. Perdonará mi desliz al olvidarlo.
El shock en la cara de Charles se podía cortar en trocitos y repartir como un pastel de lo tangible que era. Moira y los demás lo miraron con un riachuelo de preocupación y siete océanos de curiosidad.
Tras unos instantes tensos, Charles, (que es ante todo un caballero y nunca dejaría una conversación a medias), aprieta con fuerza el auricular y replica.
- ¿Qué es lo que quiere?
- Simplemente que acepte entrevistarse conmigo.
- ¿Por qué?
- Le podría dar mil razones, pero básicamente, porque es su deber.
El profesor hizo una mueca invisible para su interlocutor y contestó en voz muy baja para que no lo oyeran los demás, y especialmente mordaz:
- Puede decirle usted al mismísimo presidente Kennedy que no me considero americano, sinó inglés, y que tendrán que esforzarse más si pretenden intimidarme de cualquier modo o conseguir algo de mi. Dígale también que si tanto le intereso, puede matricularse en Introducción a la Genética cuando se canse de sus labores políticas y estaré encantado de tenerle entre mis alumnos.
Charles casi pudo saborear el triunfo en la lengua cuando el americano respondió, para su sorpresa, sin elevar el tono ni parecer alterado en lo más mínimo.
- No será necesario, profesor, creo que le he entendido la primera vez. Igualmente, permítame que le diga que si tuviera tanto tiempo libre como para acudir a la universidad, poco diría eso de mi dedicación al cargo de presidente.
Cuando el 35 presidente de los Estados Unidos de América, John Fitzgeral Kennedy, oye el estruendo al otro lado de la línea, sospecha que es una buena señal: indica que al menos el profesor Xavier se pensaría mejor si venir a verle o no.
- Dejad al profesor en paz, si dice que era una llamda del banco, era el banco– dice Hank, siempre la voz de la templanza, mientras reparte unas cervezas y respira aliviado libre de todo su disfraz; aunque básicamente defendiera al profesor porque él antes estaba en el baño y no había oído la llamada.
- ¡No viste su cara! ¿Y cuando habló en voz baja? - replicó Sean - ¡Es un misterio!
Moira sacudió la cabeza: fuera lo que fuera, era tarde y sólo quería abrazar su almohada. Fue a buscar a Charles para despedirse. Lo encontró en el pequeño despacho. Bromearon sobre lo curiosos que eran los críos (pero sólo el cansancio bloqueaba la propia curiosidad de Moira) hasta que el joven de ojos claros cambió a un semblante serio, señal clara que había oído algún pensamiento perturbador. Justo entonces escuchaban la voz de Sean.
- Pues yo creo que eran ellos – Charles se acercó al dintel de la puerta haciendo rodar la silla, mientras Moira miraba- La voz de la chica... podria ser Mystique, ¿no? Eso explicaría que no la reconociera Álex.
- Vaya hipótesis que haces tu también, espavilado – dice Hank – ¿y en tu teoría, dónde queda la cara de sorpresa o el que se le cayera el teléfono?
- Eso mismo, deja de joder, Cassidy, no es asunto tuyo – aporta Álex, bebiendo un trago de cerveza - Aunque no sería lo que se dice raro si fueran ellos, ya viste de sobra cómo reacciona el profesor en cuanto a Magneto se refiere.
Moira se llevó una mano a la frente y suspiró. Charles, por su parte, sintió de pronto que el lugar se le hacía pequeño y entró en la habitación.
Los chicos callaron de pronto como tumbas: se notaba que eran todavía inmaduros en el arte del cotilleo y no sabían disimular cuando alguien los pillaba infraganti. En el peor de los casos, ese alguien podía ser el centro del rumor mismo.
- Creo que dormiré unos días fuera, chicos. Este piso es... inadecuado para tantos hombres – sonrió.
Se metió en su cuarto y a los cinco minutos salió con un maletín pequeño y se despidió.
- Charles, déjame que te lleve antes de ir a casa. ¿Ya has llamado al hotel? – se ofreció Moira.
- Sí, ningún problema. Nos vemos por la mañana, chicos. Que descanséis.
Tras recibir una decena de codazos tanto de Sean como de Hank (los últimos dolían más), Alex abrió la boca a regañadientes para disculparse. No había querido ofender al profesor en ningún momento, a pesar de ser un pelín bocazas.
Lo sé, Alex. No te preocupes. Sólo me voy a dormir fuera, necesito más horas de descanso últimamente, y la verdad aquí a penas cabemos los cuatro.
El mensaje telepático de Charles tranquilizó al rubio, que lo despidió con un movimiento de cabeza.
Meterse en el coche y bajar varias veces al día le ocupaba más tiempo a Charles que el trayecto en sí, y le hería el orgullo infinitamente que lo tuvieran que ayudar a trasladarse de un lado a otro, pero aquella noche no se quejó y estuvo bastante callado, sumido tal vez en la llamada de hacía un rato, tal vez en los recuerdos de otra vida.
2 de septiembre de 1963
Actualidad
Charles archiva su memoria en diferentes cajones. Es curioso que una persona tan extremadamente caótica en el orden y limpieza generales, tanto que habían llegado a ordenarle el despacho otros profesores sólo por pena, sea tan meticulosa con su mente.
Puede que obviamente eso tenga que ver con que Charles Xavier sea un telépata.
A sus 28 años de edad, empero, pequeñas cosas como esa le hacen dar la impresión, en ocasiones, de ser un anciano atrapado en el cuerpo de un escolar. La sabiduría emana de él en cascadas generosas, y regala consejos y cambia vidas enteras con la misma facilidad con la que explica sus clases o lee el pensamiento.
Sin duda Charles es un hombre que marca: disfruta de una inteligencia brillante totalmente de serie, una ámplia y muy envidiada gama de frases para ligar y un encanto natural que le hace víctima de enamoramientos indiscriminados procedentes de todas direcciones. Es algo bajito, antes lo compensaba con la testarudez y la elegancia de un príncipe, ahora ya no le hace falta; tiene facciones redondeadas, la nariz algo agileña, la tez pálida, el pelo ondulado.
¿Sus armas más fuertes? Sin duda sus ojos infinitamente azules, y su risa, que una vez oída es como la voz de una sirena y te lleva a su terreno sin siquiera tener que rozar tu mente.
Charles es todo eso, y es mucho más: es el niño que no había conocido la dicha, es el estudiante de Oxford, es el telépata que ayudó a otros mutantes y es el paralítico que se empeña en seguir viviendo; pero más que nada, más que nada en el mundo, en este maldito momento y esta cama cómoda pero gris del hotel, es el hermano de Raven y el amigo de Erik.
Y no puede evitar pensar que sólo en ellos hubiera confiado lo suficiente para explicar quién le había llamado, para revelar que alguien tan importante les había localizado.
Erik. Erik y su mirada de acero. Erik y sus duras palabras. Erik y su innombrable capacidad para conseguir siempre que pierda el control.
Raven le había escogido a él porque era lo que necesitaba en aquel momento, o eso creía ella. Porque Erik era un líder, y sabía cuidar de los suyos, incluso aunque entre los suyos ya no se encontrara Charles.
Charles Xavier no tiene ganas de autocompadecerse, así que se tapa con el edredón y hace una nota mental junto a su archivador de "cosas para mañana":
Yo también sé cuidar de los míos, señor Kennedy.
Esta vez sueña con ovejitas blancas, todas ellas con la lana estrellada como la bandera americana.
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¡Segundo capítulo! Espero que os haya gustado. Mis notas siempre irán al final de cada capítulo, porque sinceramente como lectora sé como nos saltamos las notas del principio ;).
Primero de todo, agradecer a Yuzuki12Hotaru, Arenita Roja y especialmente a judi42 por sus amables comentarios. A esta última decirle que gracias por el detalle sobre el comic, que es muy interesante y yo no lo conocía :)
Por si alguien pregunta por la nacionalidad de Charles, tengo entendido que en realidad es americano, pero tiene la doble nacionalidad, sin embargo en este fic él se considera más inglés por ser el lugar donde se formó y también el origen de su encantador acento. Y en cuanto a la enamorada de Sean, ¡ya se sabrá más, ya!
CURIOSIDAD: También me dedico a editar videos en youtube, así que como regalito sorpresa, mirad mi canal durante mañana jueves porque colgaré un video que creo que os gustará :D Ah, el canal es: .com/user/Kahenia
Por último, perdonad si se me escapa alguna falta ortográfica, no tengo corrector en el office y a veces se me puede colar alguna tontería.
¡Nos vemos en el próximo! Gracias por leer.
