2 Adiós a la era feudal

Del otro lado del pozo, la chica de cabellos azabaches ni si quiera se imaginaba lo que ocurría en la época feudal. Al día siguiente de haber regresado a su casa, y habiendo terminado con sus exámenes, optó por quedarse a descansar un día más.

Al fin de cuentas Inuyasha ya está molesto… no creo que le pase nada si me quedo sólo esta noche. Salió a pasear con sus amigas, pero no podía quitarse de la cabeza al necio hanyou que no tardaría en irla a buscar. Regresó a su casa esperando encontrar a esos ojos dorados aguardándola en su habitación para volver por el pozo, pero extrañamente no había nadie. Se recostó y en cuestión de minutos se quedó profundamente dormida.

Caída la madrugada, despertó algo exaltada, pues había soñado que sus amigos de la época antigua eran atacados por Naraku y no habían podido defenderse, pues no sabían que el demonio ya tenía en su cuerpo la perla completa, haciéndolo prácticamente invencible. Se tranquilizó al darse cuenta que seguía en su habitación y que al amanecer regresaría con ellos.

Me pregunto que estará haciendo Inuyasha. Es extraño que todavía no haya venido por mí, es demasiado impaciente… tal vez sigue molesto. En cierta forma, le preocupaba que él estuviera enojado, pero su orgullo era todavía más fuerte que la ansiedad de no verlo. Se quedó dormida nuevamente, con una extraña sensación de que algo estaba pasando, pero no lograba entender qué.

Apenas aparecía el sol y ella ya estaba lista para volver. Con su mochila llena de provisiones, llegó al templo donde se encontraba el pozo que la transportaba a la otra época. Abrió la puerta y se quedó helada. La estructura de madera que rodeaba al pozo estaba completamente destruida, pero no había señales de que alguien hubiera entrado al lugar. Movió desesperadamente los trozos de madera buscando el hueco en el suelo pero no encontró nada. El pozo estaba completamente sellado, como si nunca hubiera existido. Sorprendida, retrocedió con ganas de salir corriendo pero cayó sentada en los escalones del templo.

¿Qué está pasando? Esto debe ser una pesadilla…- observaba fijamente el suelo en donde debía estar el pozo. Se acercó y comenzó a quitar la tierra con sus manos, como intentando reabrir la puerta a la otra época, pero lo único que consiguió fue lastimarse con las astillas que estaban regadas por todo el piso. Sus ojos se empezaron a nublar y las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas.

Y así pasó varias horas, sentada intentando entender qué había ocurrido. Nadie nunca entraba al templo más que ella y su familia. ¿Quién pudo haber destruido y sellado el pozo? Lo que había ocurrido no tenía ningún sentido. Su hermano llegó a buscarla preocupado y la encontró sollozando dentro del templo.

¡Hermana! ¿Estás bien? ¿Qué pasó con el pozo?

Desapareció… no entiendo…

Regresemos a casa, tal vez Inuyasha venga pronto a buscarte.

Kagome volvió a su habitación devastada. ¿Qué tal si nunca más puedo cruzar? ¿Ya no podré ver a Inuyasha jamás? El sólo hecho de pensarlo le causaba pavor, angustia. Me pregunto si ya se habrán dado cuenta… ¿estarán igual de preocupados que yo? No pudo contener más su llanto y así pasó la mañana, sin poder hacer nada.

De pronto recordó que traía consigo dos fragmentos que habían conseguido en la última batalla. Los buscó desesperada en su mochila y corrió con ellos hacia el templo. Se paró en donde el pozo había estado antes, deseando con todas sus fuerzas atravesar hacia el otro lado. Nada pasó. Los fragmentos no hicieron efecto alguno. Subió los escalones del templo y con todas sus fuerzas lanzó el pequeño frasco con los fragmentos hacia el suelo, pero tampoco logró nada.

Si los fragmentos no me ayudan… ¿cómo podré cruzar? No tengo flechas en esta época como para intentar perforar la tierra… Eso en realidad sería una tontería. Inuyasha… Se recargó en la pared del templo y después de un rato, la venció el sueño y el cansancio.

Despertó exaltada, ya estaba completamente oscuro afuera. Deseando que todo hubiera sido un sueño, volteó nuevamente en dirección al pozo, todo seguía igual. Se levantó y volvió a su casa arrepintiéndose de no haber escuchado al hanyou cuando le dijo que no regresara. Decidió que ya había llorado lo suficiente y que no lograría nada con lamentarse. Intentaría distraerse unos días e ir a la escuela, salir con sus amigas, y después volvería a intentar. Al final de cuentas, había regresado porque quería pasar unos días en su época y esta vez Inuyasha no podría interrumpirla.

A la mañana siguiente se levantó temprano, tomó una larga ducha y bajó a dasayunar con su familia para después salir con calma a la escuela. Pasó frente al templo sagrado y las ganas de asomarse la invadían, pero tomó fuerzas y siguió caminando sin voltear atrás.