Bueno, segunda actualizacion de Caminantes Dimensionales. Probablemente quede algo medio colgado en este capitulo, quizas aun me quedan las palabras "Planos" por "Dimensiones". Es que las cambie precipitadamente y quizas aun quedan por ahi.
La aventura de Juvia y Cana continua un rato mas. Esperemos que en este no haya muchas desgracias, ni situaciones muy peligrosas. Por algo le puse K+, pero quizas deba subirlo a T pronto u.u
Intentare updatear todos los viernes como casi hacia con el Orbe del poder final, pero siempre se puede retrasar un poquitito (Como hoy por ejemplo :P)
Bueno eso es todo, Enjoy!
Elibe :3
Capitulo 2: Decisiones precipitadas
"pero siempre que algo viene quiero darle la mano "
El bosque Arcillo era un lugar hermoso. Las flores de distintas estaciones crecían durante todo el año, inundando el lugar con su delicioso perfume. Los animales vivían en gran armonía, logrando que todo el lugar creciera con tal fuerza, que el verde de las hierbas parecía que se lo tragaría todo. Diversas especies de hierbas medicinales fueron plantadas en distintas zonas, utilizando una antiquísima técnica de huertos naturales, que no alteraban el ecosistema. Muchos senderos se bifurcaban en todas las direcciones posibles, haciendo que el trayecto de los mercaderes, alquimistas, hechiceros, herboristeros y todas las personas que Vivian de la armonía del bosque. Por mas sombras que proyectaran todos los arboles, la oscuridad era leve y la luz de la luna inundaba de vida blancuzca el lugar.
Juvia avanzaba por el sendero principal a toda prisa. Cana no perdía el tiempo y junto a las instrucciones vagas que le dejo el maestro, buscaban el gran árbol de arcillo para encontrar a la vieja bruja. Su mal carácter era insoportable, pero era la mejor curandera que se podía encontrar en todo el reino de Fiore. Llegaron al lugar luego de un puñado de horas. Era noche cerrada y por lo que creían las hechiceras y por lo llegaban a ver de la altura de la luna, debía de ser cerca de la medianoche.
La casa parecía sacada de un cuento o de la balada de un trovador o incluso del poema de un bardo. Un arcillo gigante se alzaba en el horizonte rodeado de hermosas flores de estación, junto con huertos de hierbas medicinales que no crecían en ninguna otra parte de la nación. Un extenso camino avanzaba serpenteante, cuidadoso de no interferir con la naturaleza que crecía con más fuerza que nunca. Allí pudieron contemplar algunas de las especies más exóticas del mundo, ya que había un huerto especial de arboles pequeños, casi enanos creyó Juvia al verlos. Mas lejos, irradiando una extraña luz violácea, un pequeño campo de flores brillosas, alejaban a la oscuridad de este recinto sagrado. Un venado con una corona de flores les salió al encuentro. Llevaba una corona de flores sobre los extensos cuernos ramificados y sobre el lomo, montaba con la gracia de una quinceañera, la vieja bruja.
—¿Qué queréis?—Dijo la vieja con voz pastosa.
—Necesitamos vuestra ayuda.
—No—Sentencio—He prometido no tener más tratos con los de su clase.
—Pero una persona está perdida por nuestra culpa y…
—Entonces reparen vuestro error, aquí no encontraran ayuda.
—¡Necesitamos su ayuda Porlyusica!—Grito desesperada Juvia.
La hechicera elemental enfrento al imponente animal y se arrodillo en señal de suplica. Luego llorando agrego.
—Es mi amado el que está en peligro, hare cualquier cosa para salvarlo.
La vieja la observo un momento y dio un largo suspiro.
—Está bien, entren a mi vivienda que hace mucho frio.
La vivienda era muy cálida. Sobre la parte más lejana había un pequeño hogar en el cual estaban ardiendo varios leños. Una gran alfombra de hilo en el suelo, cubría casi toda la extensión del lugar. Un candelabro de velas colgaba de un techo un poco más bajo de lo acostumbrado. Sobre la parte izquierda estaba la cama, un gran ropero y un sillón tan cómodo que cualquiera se quedaría dormido en el. En la derecha una gran mesa que siempre debía estar vacía, una pequeña biblioteca y en la estantería diversas pócimas de todos los colores, formas y tamaños.
Porlyusica caminó toda la distancia y abrió una puerta trampa en el suelo y descendió hacia la oscuridad. Ilumino el camino con un hechizo de luz y en la parte más baja ingresaron a un pequeño laboratorio. El lugar era espeluznante, lleno de pócimas más extrañas que las anteriores. Había algunas que incluso brillaban en la oscuridad, iluminando el lugar de forma fantasmagórica. Se detuvieron en una gran mesa rectangular, donde reposaban varios vasos, tubos de ensayo, mecheros de alcohol, destiladores y morteros. En las repisas descansaban con grandes y antiguos volúmenes de plantas, animales y pócimas desconocidas para la mayoría. Porlyusica encendió dos pequeñas lámparas de aceite y las observo.
—Bien, aquí estamos, explíquenme que sucedió exactamente.
—Juvia compro una pócima para enamorar en el mercado. El tónico era de color verde y constantemente burbujeaba. Desprendía un aroma tan dulce que enamoraba—La hechicera elemental busco en los bolsillos de su pesada gabardina negra—Aquí tiene lo poco que quedo.
La vieja la tomo y la observo detenidamente. Aun quedaba un pequeño fondo que continuaba burbujeando. La destapo y la olfateo, luego asintió y la coloco sobre la mesa. Se marcho hacia las estanterías, buscando con el dedo índice el libro que necesitaba. Lo encontró casi al final, lo abrió delicadamente y comenzó a buscar hoja por hoja hasta detenerse en una. Luego les paso el libro para que lo analizaran.
—¿Esa es la pócima que compraron?
—Si—Dijeron ambas hechiceras de forma desconfiada.
—Bueno, no hay mucho que hacer, debe estar dando vueltas por los distintos planos.
—¿Cómo?—Consulto Juvia.
—Es una pócima para saltar entre los planos y buscar uno en particular. La utilizaban mucho los caminantes de los planos. Ya casi no quedan hechiceros que se animen a realizar una travesía tan mortal y complicada. Lo siento niñas, lo mejor será que lo olviden.
—¡Juvia no puede abandonar a Gray sama, prefiere morir a perderlo así!
Porlyusica asintió y luego miro a Cana.
—¿Y tú qué opinas?
—No tengo una gran relación con él, pero ella es mi mejor amiga, no la puedo abandonar ni aunque los demonios tomen el mundo.
—Bien, puedo hacerles otra pócima similar, les ayudara a caminar por los distintos planos. También les entregare un artilugio para regresar a este mundo. Les advierto que una vez que lo beban tienen un tiempo límite para conseguir su objetivo,
—¿Cuánto tiempo tenemos?
—Eso nadie lo sabe, es cuestión de cada persona. Algunos opinan que es la cantidad de reserva de mana que se tiene. Igual es solo una teoría. Ahora cállense y déjenme trabajar en paz.
Porlyusica se apuro a preparar la pócima. Buscó distintas hierbas que poseía, entre ellas unas que brillaban tenuemente en la oscuridad. Las molió en un hermoso mortero de mármol. Le agregaba un poco de aceite y continuaban moliendo, hasta que obtuvo una ligera pasta verdosa. Desprendía un aroma insoportable, pero aun así, la coloco sobre un balón. Lleno el contenido con una proporción igualitaria de alcohol y agua. Encendió un mechero de alcohol y finalmente termino de armar un equipo de destilación. Una vez que llego al punto de ebullición, los vapores ascendían por un tubo que se encontraba refrigerado con un poco de hielo mágico, luego condensaba y caía en forma de líquido del otro lado del aparato, sobre un vaso gigante.
Juvia estaba desesperada, no podía esperar ningún segundo más para ir a rescatar a su amado. Era lógico, fue ella quien le entrego la pócima que lo envió a algún plano. Pobre Gray, sin dudas estará deambulando por ahí sin saber cómo llego, casi al mismo nivel que Lisanna. La hechicera elemental giro el rostro y observo a Cana. Estaba ensimismada en sus pensamientos. Sin dudas estaba preocupada, pero su sangre fría hacia que la espera no sea tan desesperante.
El tiempo transcurrió muy lentamente. El goteo incesante del destilador creando la pócima era insoportable. Por fortuna para Juvia el vaso gigante se lleno bastante rápido, permitiendo que la vieja bruja les entregara dos pociones y guardara algunas para ella. Quizás, las usaría en algún momento, eso era algo que nadie sabía.
—Aquí tienen las pócimas, bébanlas de un tirón en cuanto yo les diga. Ahora tomen estos dos objetos— Porlyusica se agacho y rebusco entre varios cajones hasta que encontró lo que deseaba—Este artilugio es un Cuentamana—Dijo mientras mostraba una pequeña cajita cuadrada que en la parte inferior contaba con un pequeño vidrio y en la superior un gran medidor con números—Básicamente sirve para que sepan cuanto mana les queda en los distintos planos. Bueno, este otro es una Lacrima de Hogar—Pequeña como una pluma, portaba dos alas en la parte superior, mientras que en la inferior se encontraba una esfera de color azul, donde se ubicaba en sí, la pequeña lacrima que activaba el artilugio—Cuando lo utilicen tienen que estar juntas, tomadas de la mano, ya que trae a este plano a la persona que lo usa y todo lo que sostenga.
—Bueno, ¿Alguna idea más?—Dijo Juvia a la vieja.
—No y deberían irse ahora mismo. ¡Ya las he ayudado demasiado!
—Si, muchas gracias—Respondió Cana.
Juvia guardo los dos artilugios que le entrego Porlyusica en su gabardina. Eran un poco molestos para llevar, pero Cana carecía de bolsillos y su ropa era ese traje extraño que usaba mientras adivinaba. Le tomo la mano a su amiga y la sintió cálida, muy agradable y relajante. Los ojos de ambas se cruzaron y asintieron en silencio.
Bebieron la pócima al unísono. A Cana le resulto muy amarga y desagradable, todo lo contrario a Juvia, que lo encontró muy dulce y delicioso. Sus cuerpo se tornaron muy liviano, como si estuvieran rellenas de plumas. Los ojos se distorsionaron y no pudieron ver lo que tenían en frente. En un instante se encontraron en las penumbras, como si estuvieran perdidas. No se podían ver, pero las manos seguían en contacto y eso demostraba que aun continuaban juntas.
El panorama que se abrió frente a ellas fue desconcertante. Se encontraban flotando en una especie de cielo oscuro lleno de estrellas. El brillo de las estrellas se intensificaba en cada momento y pronto comenzaron a visualizar unas especies de portales místicos. Solo se podía observar una pequeña fracción de lo que aparentaba haber del otro lado. El primero de los portales mostraba un ambiente hostil, con grandes montañas haciendo erupción y la lava recorriendo todos los lugares. En el segundo tan solo se podían observar nubes blancas recorriendo una vasta extensión de hierba. El tercero una cueva oscura que se encontraba llena de ojos rojos.
—¿Cana?—Susurro una voz conocida.
—Aquí estoy, no te voy a abandonar tan rápido.
—¿Qué es este lugar?
—No lo sé, supongo que una especie de zona entre todos los planos.
Una nube se poso frente a ellas. Se movió de un costado al otro y las toco de forma extraña. Cana sintió una helada sensación.
—¿Qué es eso?
—Una especie de elemental de agua—Sentencio Juvia con total seguridad.
—Vaya, que inteligente—Dijo una voz dulce y melodiosa—Hace mucho tiempo que no veo un grupo de caminantes del plano. Si, ¿Cuánto tiempo? Pues no sé, quizás siglos o una cantidad de tiempo que no conocen.
—No somos viajeras, tan solo estamos buscando al amado de Juvia que se encuentra vagando por alguno plano.
—¿Un amado? Hace mucho que no escucho de una historia de amor. ¿De qué plano vienen?
—No lo sabemos… hay magia y… no sé cómo se llamara.
—Que extrañas son.
—Necesitamos ayuda, quizás pudiste ver al amado de Juvia.
—Quizás… Como es ese ser.
—Aquí tienes una fotografía.
Cana intento entregarle el trozo de papel para que pudiera contemplar la apariencia de Gray. Algo sin dudas muy estúpido, ya que la criatura carecía de brazos u ojos para poder ver.
—Necesito un momento.
Una poderosísima esencia mágica se hizo presente. Muchos dibujos de estrellas de cinco, cuatro y siete picos aparecieron por doquier, rodeando a la criatura etérea. En pocos segundos tomo una especie de forma humana. Cabello plateado similar al de Mira pero peinado de forma caótica, ojos de color purpura, unas curvas poco agraciadas y una tonalidad de piel tan clara, que parecía un cadáver ambulante.
—Préstamela—Cana le acerco la fotografía—Puede ser, soy una experta en términos de caminar por los distintos planos. Déjenme utilizar un hechizo para ayudarlas a encontrarlo—La mujer extraña comenzó a murmurar unas palabras y la cantidad de mana desprendida era exorbitante. Un círculo gigante se proyecto sobre las piernas blancuzcas y se dibujo una estrella de siete picos en el suelo. Los ojos purpuras se intensificaron al punto que Juvia debió de apartar la vista—Bien, ya lo encontré, su esencia esta en estos tres mundos—Deben encontrarla y unificarla antes de que se pierda para siempre. Me encantaría unirme a ustedes pero debo descansar, estos encantamientos son difíciles de crear. Nos veremos luego, les deseo la mejor de la suerte.
La persona se desvaneció frente a ellas, como si nunca hubiera estado allí.
Observaron los distintos mundos en los cuales ha caído la esencia Gray. El primero era algo inestable, había un extenso castillo de piedra tan oscuro que se camuflaba en la noche. Nubes del mismo tono explotaban en el cielo, generando una espesa lluvia. Aves negras inundaban el horizonte y la muerte se extendía por todo el horizonte. El segundo portal representaba algo completamente opuesto. Se observaban tres gigantes arcoíris que se unificaban en el centro, allí un hermoso estanque de agua cristalina se erigía en el centro de un bosque tan espeso y frutal, que debía esparcir un perfume tan hermoso que ya sentía ganas de ir a disfrutarlo. El tercero y mucho más extraño, mostraba a un tropel de personas vestidas de forma similar ingresando a un edificio gigante, con extensas ventanas y un hermoso parque. Allí se congeniaban y conversaban alegremente en pequeños grupos.
Las hechiceras se observaron nuevamente. Debían de tomar una decisión rápido, ya que el tiempo transcurría y su mana se iba extinguiendo poco a poco. Cana pensó que si se quedaban aquí atrapadas, jamás podrían completar su vida y terminarían como esa mujer que las ayudo a conseguir a Gray. Aunque en el fondo de su corazón sabía que no tenían el poder para resistir y terminarían sucumbiendo de una forma distinta.
—Hora de decidir—Dijo Juvia.
—Mundo caótico no, caótico no, caótico no—Repetía Cana mientras negaba con el rostro.
—Iremos a este—Cana alzo los ojos y contemplo que era el mundo del castillo oscuro, con el gran diluvio.
—Pero dije que no.
—Juvia no cree que es caótico, la lluvia es buena y eso siempre me alegra—Empujo a Cana contra su voluntad e ingresaron en el portal.
