Empieza a ponerse bizarro, ya sabrán porque cuando lo lean. ¡Santo Sherlock y sus fetiches! Pero así lo imaginé y así le gusta a John.

Si les gusta, no les gusta, lo detestan, lo aman, o lo que sea, o tienen alguna sugerencia por favor: DEJEN REVIEWs!

ADVERTENCIA: CONTENIDO HOMOSEXUAL, ESCENAS EXPLÍCITAS. (SHERLOCK/JOHN)

si no te gusta no leas.

EMOCIONES:

CAPÍTULO 2

CELOS

El tintineo de las copas, el sonido de los platos y la bulla en general proviniendo del comedor anunció a Sherlock la hora. Había pasado el tiempo tan deprisa que era momento de la cena, aunque tampoco era como si esto le importase demasiado al detective.

Luego de una larga visita a la doctora Stapelton, Sherlock y John regresaron al hotel donde el médico decidió tomar una breve siesta mientras su ahora amante salía a rondar por allí. Sherlock pasó el resto de la tarde merodeando el lugar, andando por el campo y dando vueltas en un pequeño bosque. Necesitaba aclarar la mente.

Todavía tenía todas esas fastidiosas emociones a flor de piel. Pero, a excepción del miedo, le empezaban a agradar, y eso le causaba conmoción. No podía entender cómo de estar horrorizado, confundido, y temblando en la cama, había terminado haciendo el amor con John hasta que le doliese el trasero y la voz le faltara de tanto gritar.

Por supuesto que no se arrepentía. Adoraba los gemidos de John, la forma en la que se movía dentro de él, su manera cuidadosa, suave pero a la vez brutal de penetrarlo, y acariciarlo con devoción nublaba la lógica del detective. Y, dado a esto, requirió de un largo tiempo para apartar el recuerdo de aquella maravillosa noche, centrándose en el caso.

Lo consiguió. No obstante una vez regresó cerca del hotel el corazón le latió desenfrenado. Por un instante, Sherlock, creyó era víctima de una taquicardia. Luego recordó que esa emoción en particular era amor. La idea de acercarse a John le provocaba eso. Se preguntó ¿Qué sucedería al encontrárselo en la habitación esa noche, otra vez?

Sonrió, arrogante. Levantando el cuello del abrigo, realzando sus pómulos afilados, lo cual parecía excitar a su médico.

Entró a paso decidido al comedor. Seguramente John estaría cenando, reparó al descubrir un sutil aroma a guisantes en el ambiente. Incluso a él le daba hambre. Pero primero debía buscar una cabeza rubia entre todas las mesas y toda esa gente.

Giró la cabeza estirando el cuello en todas direcciones. Lo que encontró le hizo experimentar una sensación bastante desconocida. Su boca se secó. Sus ojos los entrecerró de manera inconsciente para cerciorarse de no estar alucinando. El aire le faltaba. Las piernas le temblaban. Apretó los puños, y un sabor amargo ascendió hasta su boca.

John estaba, repantigado en una mesa para dos, sonriendo cual idiota hacia una mujer de cabellera oscura y larga, esbelta, bonita, y de sonrisa igual de amplia. El médico servía, elegante, una copa de champaña a la mujer. Ésta le comentaba algo. Ambos reían. Y las velas que adornaban la mesa titilaban al son de sus carcajadas.

Sherlock ordenó a su cuerpo calmarse. No sabía porque le causaba tanto repudio el ver a John coqueteando con otra persona. Ni que efecto extraño tenía la idea de ver velas en la mesa y enfurecerse más a causa de ello.

Recordó vagamente que la primera "cena" que compartió con John fue en Angelo's y el hombre regordete y tan agradecido había dicho que las velas daban un ambiente más romántico.

De hecho lo había repetido varias veces, recordó Sherlock. Respirando entrecortadamente.

Así que era eso, dedujo. Velas, champaña, risas. Era una cita romántica, concluyó. John estaba teniendo una cita romántica en sus narices.

No quiso ser paranoico pero lo que su hermano siempre le repetía vino a su mente.

'Los sentimientos son una desventaja hallada en el lado perdedor'

-Maldito Mycroft- gruñó entre dientes.

Volviendo su concentración hacia John, quiso, de verdad deseó poder pensar que aquello no era un coqueteo romántico. Pero entonces la mujer sonrió tímidamente, con su rostro iluminado por las velas, y rozó la mano que John tenía sobre la mesa.

El doctor pareció incomodarse durante un segundo. Ella se ruborizó. Entonces otra sonrisa apareció en el rostro del médico, quién acto seguido bebió otro bocado de champaña.

El estómago de Sherlock se revolvió, y agradeció no haber comido nada. Dio medio vuelta, sin saber porque la cabeza le dolía horrores. En su ofuscación, sin ver por donde andaba, golpeó con el muchacho que la mañana en que había llegado a ese pueblo hacía publicidad sobre el sabueso de la hondonada. Aquel empeñado en hacerle perder su apuesta de cincuenta libras con John.

Bufó.

-¡Ey amigo! ¿Problemas?- espetó el joven, aparentemente había ido a beber algo allí pues tenía una cerveza a medio beber en la mano.

-Cierra la boca-. Lo mandó a callar, Sherlock, con su manera tan característica de hacerlo.

-Comprendo, comprendo…mal momento ¿eh?- sugirió el muchacho, revisando su celular, un poco distraído.

Sherlock estaba dispuesto a marcharse a su habitación, y quizá si se quitaba un poco de su orgullo encarar a John. Sin embargo las palabras del muchacho le sonaron a que sabía algo que él ignoraba.

¡Por supuesto!, se dijo internamente, ese muchacho debía conocer más sobre… ¿emociones?

Sherlock estaba exasperándose consigo mismo y su manía por sentir.

-¿A qué te refieres?- inquirió, fingiendo desear entablar una conversación.

-Bueno- el muchacho guardó su teléfono- ya sabes- señaló hacia la mesa de John donde la mujer ahora se mordía el labio tratando de captar la mirada del rubio-… es obvio que sales con él.

-¡¿Cómo es obvio?!- Sherlock supuso que el muchacho sabía "observar" y lo había deducido.

-Por la forma en la que lo miras- el otro se encogió de hombros.

Sherlock quedó desconcertado. ¿Cómo las personas comunes podían descifrar ese tipo de miradas emocionales? ¡Lo ignoraba!

-Y, cómo te decía, ahora está con la doctora Mortimer, flirteando y todo eso- completó, apretando la mandíbula.

-¿Y por eso supones que yo estoy…?- Sherlock quería sacarle el nombre de lo que le estaba ocurriendo al muchacho, así tuviera que sacudirlo.

No hizo falta.

-Celoso. Es normal- dijo el joven, sin darle importancia.-Yo de ti- bebió un trago de su cerveza y señaló con la botella a John.-Prepararía un buen escarmiento.-

-¿Cómo?-. A Sherlock eso de la venganza se le daba bien. Sonrió de oreja a oreja.

-Ya sabes, un par de azotes o algo en la cama, no le vendrían mal- bromeó el muchacho.-Ya sabes, se creativo- rio, volviendo a revisar su celular, dándole una sonrisa, y volteándose hacia la puerta donde una muchacha rubia lo llamaba.-Me tengo que ir- se despidió, corriendo en dirección a la chica.

Sherlock pensó en un millar de cosas que podría hacer con John, pero al meditarlo supuso que el doctor se enojaría o quizá saldría lastimado.

-Celos…- mustió, como un niño pronunciando una palabra desconocida.

Intentó escrutar en su propia mente. Quería hacerle algo a John, algo que le recordara que era suyo. Algo que le hiciera entender que Sherlock lo amaba y cuan posesivo podía llegar a ser su detective.

Tuvo una idea.

Sin dirigir más miradas iracundas a la mesa, fue en dirección a la recepción. Necesitaba un pequeño favor de uno de los dueños del hotel, y John pagaría muy caro su deliberado coqueteo con la doctora.

-¡Hola!- saludó, exageradamente amable, al hombre de la recepción.

Éste lo miró confuso. Pero no era un favor demasiado complicado el que Sherlock le estaba por pedir.

John, exhausto y mareado a causa del champaña subió las escaleras tambaleándose un poco. Todo empezaba a dar vueltas. Así Sherlock lo estuviera esperando desnudo con un arma apuntándolo para que lo follara, no accedería para nada. Tenía todo el cuerpo cansado, y la mente aturullada.

Había pasado tanto tiempo escuchando la conversación de la doctora, la cual al principio fue excepcional, pero pronto se convirtió en típicas cosas de mujeres, que le dolían los oídos.

La cena estuvo buena. No obstante cuando ella empezó a coquetear y para no echar a perder toda la información que estaba sacándole debió retribuirle las sonrisillas cómplices, y los apretones de manos, la exasperación llegó a su límite.

No había visto a Sherlock desde que llegaron del laboratorio, y eso hacía peor su noche.

Ahora lo único que quería era tumbarse en esa cama sonora, abrazar a Sherlock como si la vida le fuese en ello, y dormir hasta cuando fuese imperativo el despertarse.

Una vez frente a la puerta de la habitación, notó que todo estaba a oscuras dentro. Le parecía un milagro que Sherlock durmiese temprano. Aunque considerando lo de la otra noche, debía estar también cansado, se dijo.

Abrió la puerta, que lo recibió con un crujido, pero fue cegado al instante.

La luz se encendió en un momento indeterminado, dejándolo ciego el tiempo suficiente para que dos manos lo atraparan por las muñecas arrojándolo de espaldas a la puerta.

Un grito ahogado escapó de su boca, cuando los labios lascivos de Sherlock lo atacaron. Se movían rápidos, en una mescla de furia y deseo. Se abrían sobre los suyos, una lengua húmeda atacaba su boca. Pasaba a lamer su mandíbula, y acariciaba la piel sensible de su cuello.

-Sherl.- gimió. Tratando de zafarse de las manos del detective que sujetaban sus brazos por encima de la cabeza.-Estoy exhausto, por favor- suplicó, deleitado secretamente por el aroma de esos rizos revueltos y esa piel lujuriosa y pálida que se restregaba completa sobre su cuerpo.

-No quiero…-respondió Sherlock, succionando el lóbulo de la oreja de John-…compartirte-.

-Espera- el doctor giró el rostro cuando el pelinegro intentaba besarlo de nuevo-¿Estas celoso?.

-No es de tu incumbencia- gruñó en otro, su voz ronca hizo vibrar a John hasta la médula.-Pero lo que si te concierne, mi querido Watson, es tu castigo- sujetó con una sola mano las muñecas de John, y con la otra descendió hasta la entrepierna del ex militar, apretándola, sintiéndola semi dura.

Los gemidos de John no se hicieron esperar. El hotel sufriría otra vez las consecuencias de sus noches de placer y las emociones desatadas de Sherlock.

-Sherlock, de verdad, podemos hacerlo mañana- se quejó el médico, las piernas le dolían, y a pesar de desear a Sherlock, no tenía suficientes fuerzas.

-No mí querido doctor. Usted de verdad ha hecho mal al estar con esa mujer- reclamó el pelinegro tomando una mano de John y haciendo que rozara su entrepierna dura que la frotaba contra el sexo aun no totalmente despierto del médico-sabiendo lo que causa en mí.

-Sherlock, sabes que era para obtener información sobre nuestro cliente. No seas posesivo-.

-¿Y si lo soy?- ronroneó Sherlock.

-No tienes porque- la mano libre de John fue hasta el mentón de Sherlock- Yo solo soy tuyo-.

-Y yo tuyo- Sherlock relajó el agarre de su mano-Pero quiero que veas lo que soy capaz de provocarte- le besó una vez más.

La humedad de la boca de Sherlock, sus manos acariciando y apretando cada porción de piel de John, y su erección desnuda sobándose sobre la de John que vibraba de éxtasis, causó que el rubio no pudiera contenerse más.

Alzándose un poco en las puntas de sus pies, aferrando con ambas manos el cabello rizado de Sherlock profundizó el beso, sin detener las manos ansiosas de su amante que le desabrocharon los pantalones, le arrancaron la camisa, y pasearon esos largos dedos sensuales de violinista por toda su espalda desnuda, haciéndolo arquearse de placer.

Aprovechando esta desinhibición de John, Sherlock lo tomó por los muslos, provocando terminara envolviendo las piernas en su cintura, con el trasero cubierto aun por sus boxers rojos moviéndose sobre la erección del pelinegro.

John empezó a jadear, excitado al imaginarse que Sherlock se lo metería esta vez, pero temeroso. Nunca antes había estado con otro hombre.

-Sherlock…Sherlo…-pero no terminó la frase, y los brazos delgados pero fuertes de Sherlock lo abrazaron por la cintura, llevándolo en círculos al centro de la habitación.-¡Oh mi Dios!- gritó cuando Sherlock lo posó de pie en el suelo, bajándole el bóxer ya húmedo de un solo tirón.

-Me gusta verte así- dijo arrodillándose frente a John, lamiendo la erección del ex militar sin retirar la mirada del mismo.

John echó la cabeza hacia atrás gritando incoherencias. Sintiendo el calor en la base de su abdomen acumularse. Quería terminar dentro de la hermosa boca de Sherlock, así que lo tomó por los cabellos, fijando un ritmo. Sin embargo, a los pocos segundos de engullir todo su falo duro, Sherlock se apartó de John.

-¿Qué…qué haces?- John abrió los ojos, volviendo al mundo. Admirando extrañado como Sherlock, con su perfecto culo redondo contoneándose, caminaba hasta un viejo armario, y sacaba algo.

Al principio pareció una plancha de madera. John, calmando poco a poco su respiración, divisó que era un espejo lo que Sherlock colocaba recostado en el centro del suelo.

Sabía lo que era, pero no para qué.

-¿Sherlock… que tratas de…?- pero el gemido de sus labios interrumpió sus palabras. Sherlock se volteó bruscamente, y lo tomó por los testículos, masajeándolos con suavidad.

John, todavía sin recuperarse de su casi orgasmo, tembló, al borde de correrse. Sherlock apretó la base de su pene entonces.

-No te correrás. No hasta que yo lo diga- volteó rodeando al doctor, y tomándolo por los hombros.

-Ajá- John no podía sino gemir afirmaciones.

-Obedecerás lo que te diga, y te voy a hacer el amor tan fuerte que quizá necesites de vuelta ese bastón tuyo- anunció el detective, gruñendo en la oreja de John.

-Ajá-.

-Arrodíllate- fue la primera orden. John se volteó a mirarlo, como si estuviera loco, pero supo al instante que iba enserio.-Hazlo- exigió Sherlock, de manera más dulce, besando los labios de John una vez más.

El rubio obedeció, colocándose en el suelo, con Sherlock detrás. Las manos del violinista detective empujaron sus hombros hasta hacerlo quedar en cuatro y deslizándose por los musculosos brazos del ex militar, guiaron las manos del mismo a los costados del espejo.

John podía ver su reflejo, tan vulnerable, deseoso y excitado. Así como el reflejo de Sherlock encima de él sonriendo, poderoso, y perfecto. Jadeó al sentir la erección de Sherlock rozarse en su espalda. Pero pronto el detective se apartó.

-Mira- señaló al espejo- Mira lo que te causo. – Dijo acariciando el culo de John mientras señalaba a su reflejo.-Hazte hacia adelante.- lo empujó por las nalgas, y sin rechistar el médico quedó completamente montado sobre el espejo.

Ahora veía todo su cuerpo, flexionado en aquella posición tan sexual, su erección dura entre sus piernas, y su pecho agitado moviéndose. Tenía los labios entre abiertos, y los ojos azules con pupilas dilatadas. Era extraño pero a la vez delicioso verse a sí mismo tan excitado por Sherlock.

El medico rio para sus adentros. Era raro hacerlo sobre un espejo.

-Bien. Ahora quiero que calles. Si arrojas un solo gemido, pararé, hasta cuando lleguemos a Londres- amenazó el de cabello rizado, arrodillándose tras John.

El rubio tembló. ¿Cómo esperaba que no gima? No tuvo tiempo para respondérselo a sí mismo. Sintió un beso en la cara interna de uno de sus muslos, y mordió su labio inferior cuando aquellos labios carnosos de Sherlock se convirtieron en una lengua deseosa.

La lengua del detective viajó hasta la entrada de John, y separando las nalgas del doctor, dio un primer lametón.

-Mira el espejo- dijo la voz gruesa de Sherlock- No apartes la vista del espejo-.

Y John le hizo caso. Miraba su reflejo, mordiéndose el labio, sus manos apretándose en los bordes del espejo hasta tener los nudillos blancos, sus respiraciones formando una nubecilla en el cristal, sus cabellos sudorosos, su rostro gritando "FOLLAME" por todos lados.

John se mordió con mayor fuerza cuando empezó a sentir que Sherlock ya no solo lamía, sino también introducía esa lengua, mojando su entrada, abriéndose paso a su interior. Tuvo que reprimir mil gritos y un aullido de placer John pues no quería quedar en abstinencia hasta cuando regresaran a Londres.

La lengua de Sherlock abandonó su entrada, en la cual pronto se introdujo un lago dedo índice. John abrió la boca, desmesuradamente, viendo en el espejo su propio rostro enrojecer.

-Grita- susurró Sherlock, moviendo el dedo en círculos, mientras su lengua lamía la espalda baja del médico, ascendiendo hasta su cuello.

-¡Sherlock!- la voz de John se liberó con fuerza.-¡Sherlock, oh, Dios, Sherlock!-, de seguro al día siguiente terminaría sin voz, pero no le importaba.

La lengua de Sherlock terminó deleitándose con su cuello, y el dedo en su entrada se transformó en dos, haciendo que John viera estrellas de placer doloroso.

-¡Santo cielo! ¡Sherlock! ¡Oh!- jadeaba, moviendo sus caderas para empalarse los dedos solo.

-No- la mano de Sherlock detuvo los movimientos del doctor-No te muevas. Mira el espejo-.

John volvió sus ojos al espejo y recuperando el aliento recorrió tímidamente la visión de su cuerpo extasiado y el rostro hermoso de Sherlock asomando por su hombro, hablándole al oído, así como una de sus manos lo tomaba por la cadera.

-¿Vez? ¿Eres mío?- inquirió el detective.

-Todo tuyo- respondió John.

-¿De verdad?- los dedos de Sherlock se movieron más profundo, rozando la próstata de John.

-¡AH!- el gemido de John fue estruendo, y la visión en el espejo perfecta.

-Responde- los dedos continuaban moviéndose en ese punto.

-Tuyo…soy tuyo- al borde de correrse. La mano de Sherlock volvió a cerrarse sobre la erección de John, apretando la base.

-No te corras- ordenó. John no sabía cómo haría para soportar, se moría de placer y su polla palpitaba.

Los dedos de Sherlock se retiraron de la entrada del doctor, e inconscientemente John se quejó por la perdida, mirando sus labios temblar, en el espejo. Las manos de Sherlock descansaron sobre las de John, en el marco de espejo. Contorsionándose un poco, se besaron.

-Te amo- declaró Sherlock, colocando su miembro duro en la entrada de John. Éste no se movió, obedeciendo la anterior orden de Sherlock-¿Quieres que te haga el amor?-preguntó.

-Sí- asintió John, sin poder quitarle la mirada al espejo. Sherlock, montándolo, nunca lo habría creído.

-¿Cómo?-.

-Duro…-murmuró sintiendo como la punta del miembro de Sherlock penetraba en su entrada. Las manos del detective acariciaron sus brazos, para calmarlo.

-Grítalo- las caderas de Sherlock se empujaron más profundo.-

-¡Duro! ¡Házmelo duro!- bramó John, temblando por completo. El dolor estaba quedando en el pasado, olas de placer lo hacían retorcerse bajo Sherlock.

Sherlock lo penetró completamente, gimiendo el nombre de John, y este respondió gritando un improperio delicioso.

-No hagas ni un solo ruido. Y, sobre todo, no te corras hasta cuando yo lo diga- ordenó Sherlock, moviendo sus caderas en un compás casi musical. Gimiendo al oído de John, mientras este mordía su labio, e intentaba mantener la mente en otro sitio. Con el espejo reflejando su éxtasis le era casi imposible.

Fue el placer más delicioso que John experimentó. Y Sherlock estuvo en las nubes con la imagen de John gimiendo en silencio, sobre el espejo, mientras él lo penetraba en un vaivén cada vez más acelerado.

-Muévete- dijo, y las caderas de John no tardaron en responder los movimientos de las suyas.-Gime- los jadeos, gemidos y súplicas de John no se hicieron tardar.

-Sherlock, voy a voy a…- advirtió, su rostro rojo, sus labios hinchados. Estaba por correrse, cuando Sherlock salió de él, sin previo aviso.

John permaneció confundido, aturdido y con ganas de gritar por la frustración.

-No te corras- susurró la voz gruesa y viril de Sherlock en el oído del médico. Su mano rodeo la erección de John, masturbándolo-No te corras- repetía sin parar el movimiento, volviéndolo a penetrar, duro, frenético y rápido. Aporreaba contra la próstata de John, y el rubio gritaba suplicando por terminar.

-Por favor, ya, por favor. No voy a resistir, Sherlock.- maldecía que su amante fuera un sociópata, pero a la vez su forma posesiva, excesiva, y dominante de ser, era lo que lo llevaba loco.

-Dime quién está causando esto- la mano libre de Sherlock señaló al espejo.

-¡Mmmmm!- John era incapaz de hablar, todas las sensaciones: Sherlock moviéndose dentro de su apretado ano, la mano del mismo apretando su glande, su voz diciendo que no se corriese, el reflejo de sí mismo muriendo de placer. No podía responder.

-Dime, o no dejaré que termines- amenazó Sherlock balanceando sus caderas.

-¡SHERLOCK! Sherlock, Sherlock-gritó John como si invocara a una deidad del sexo.

-Córrete-. Sherlock siguió moviéndose, pero ni bien pronunció esta orden, y John apretó las manos, su cuerpo se estremeció, su miembro saltó en la mano de Sherlock y el gemido más cargado de éxtasis resonó en la habitación. Se corrió, manchando el espejo con su semen, respirando como un asmático con ataque.

Sherlock acarició los cabellos rubios de John, y buscó de forma complicada los labios del médico. Con un par de embestidas más se corrió, también gimiendo, dentro del médico.

John ni siquiera consideró el moverse de allí, estaba exhausto, todo su cuerpo dolía. Pero Sherlock se retiró de su interior, abandonó el beso, y sin previo aviso lo cargó en brazos de una manera muy cursi.

La cama rechinó cuando Sherlock lo depositó entre las sábanas. Sonriendo de medio lado fue hasta el interruptor de la luz, y la apagó. Presa de unos espasmos post orgásmicos, John buscó acurrucarse en los brazos de Sherlock cuando éste se metió en la cama.

-Nunca te reemplazaría por nadie- prometió, acariciando la mejilla del detective y con su pulgar el labio inferior de aquella boca arrogante que tanto amaba- Te adoro, Sherlock-.

-Duerme, amor- susurró Sherlock, abrazándolo contra su pecho, y acariciando la espalda del doctor hasta cuando lo sintió relajarse por completo.-Tampoco yo te reemplazaría. Jamás- fue lo último que dijo, besando los párpados de John, cayendo también presa del sueño.

Estaban partiendo para el laboratorio, tras un breve desayuno. Sherlock había conseguido que Mycroft autorizase la entrada de ambos a las instalaciones militares de Baskerville. John acomodó su chaqueta, y le dio una sonrisa a Sherlock, éste, sin reparos, lo rodeó por la cintura, plantándole un delicioso beso en frente de algunos huéspedes que rondaban allí.

-¡Señor Holmes!- exclamó el recepcionista cuando ambos iban saliendo.

Sherlock y John se voltearon a mirarlo, extrañados.

-La próxima vez si le presto el espejo, por favor devuélvamelo limpio- dijo, con deje de gracia, sin molestia alguna.

John enrojeció hasta la punta de los cabellos. Y Sherlock asintió, educado, en dirección al recepcionista. Fueron hacia el auto.

-¿No limpiaste el espejo?-lo interrogó John, nervioso, abriendo la puerta del acompañante.

-Elemental, mi querido John- respondió Sherlock, sin remordimiento alguno, subiendo al auto.

John suspiró. Amaba a ese tipo demente.

Bueeeeno los celos de Sherlock son…extraños. Pero jeje amo a ese par. Espero que les haya gustado, sino por me matan, tienen el permiso.

Quedan más o menos tres capítulos. Todos son semejantes a los dos primeros, y Tatarata! Será un final medio bizarro y muy encendido… les dejo correr su imaginación hasta tanto.

Por cierto, el siguiente capítulo es DECEPSIÓN y lo publicaré máximo mañana.

DEJEN REVIEWS!