Hola, holitas!
¡Mucho gusto!
Eh…una disculpa por desaparecerme, tal vez no se dieron cuenta (XP) pero soy pésima para actualizar… si, lo sé, es problemático. ¡Pero para compensarles les traigo dos capítulines! :D
… que en realidad es uno dividido en dos, je. Sucede que mientras editaba y borraba, editaba y borraba… salieron más hojas de las que creí y bueno, el resultado fue este capítulo.
Antes de que se me olvide, muchas gracias por sus comentarios, es lindo venir a actualizar esta tortuga de historia y ver que hay comentarios a los cuales responder (tan pronto suba el otro capítulo de La Boda, les contesto, no pretendo demorarme mucho ¡De veras!) ¡Muchas gracias! Espero que este nuevo capítulo les agrade y si no pues… no sé, ¿comentar las fallas? :P, bueno, sea como sea, es un gusto saber que se toman en tiempo para leer el fic.
Bueno, que tampoco les quiero echar el choro mareador. Les dejo el capitulín a su disposición XP
¡Saludines y gracias por leer!
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Capítulo II
Tararara… oh
(Parte 1)
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Hogar de los Vantas.
Mañana de ese mismo día.
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¿Qué podía ser peor que abrir los ojos cinco minutos antes de que sonara el despertador?...
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Vaya, en realidad el chico tenía bastantes cosas en mente.
Se imaginó su casa ardiendo en llamas, y por si fuera poco, con él adentro. Lo peor es que, mientras todo eso sucediera, él estaría tomando un baño sin la oportunidad de escuchar la alarma de incendios por estar desgraciadamente cantando.
Si, tendría que salir corriendo con solo una toalla encima y el jabón escociéndole los ojos, si es que, claro, tuviera la oportunidad de salir antes de que la gran explosión se diera y el techo de su hogar le cayera encima.
Pero eso era ridículo, pensó, así que lo desechó de inmediato. Él NUNCA cantaba en la ducha y fin de la historia. Vaya mierda de imaginación con la que cargaba. Vamos, podía esforzarse un poco más.
Que tal que la vieja abuela invitara a jugar póker a sus igual de viejas y reumáticas amigas y le hiciera atenderlas como el miserable sirviente que no era… no sin antes ser atacado por esas horribles brujas de ojos lagañosos, pelucas penosamente falsas y todavía más falsas dentaduras con sus cadavéricos dedos sobre su cara y cabello, jalándolo todo, TODO al mismo tiempo como si él fuera uno de sus malditos perros pequineses o como mierda se llamen, machacándole los oídos con sus chillidos al decir: "Pero mira que precioso caballerito" "Ay, sigue igual de bajito" "Pero que monada de jovencito"…
Eso sí que daría miedo… lástima que solo hacía un par de semanas que lo había vivido. Así que ésa opción no contaba, demasiado común en su vida.
…
…
¡Ya está!
Imaginó lo horrible que sería que algún hijo de puta se atreviera a robar su preciosa colección de películas románticas, ñoñas y ácidamente rosas que guardaba celosamente debajo de la montaña de ropa sucia que dominaba su habitación (era seguro que ahí nadie se atrevería a meter la mano a no ser que quisiera perderla)… pero si eso sucediera sería el final, su vida ya no tendría sentido.
Muy, muy, pero muy trágico. Eso lo deprimía y hacía que no quisiera ni poner un pie fuera de la cama. Lo mejor sería que borrara esa nefasta idea pero ya.
Borrando…
Borrando…
Borrando…
Listo, adiós trauma de por vida.
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Entonces ¿En que estábamos?
Ah sí, la pregunta del millón.
Al final de cuentas, ninguna de sus hilarantes respuestas era la correcta, así que…
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¿Qué podía ser peor que abrir los ojos cinco minutos antes de que sonara el despertador?
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Que fuera domingo. Domingo en la mañana. Domingo a las 6:30 de la mañana para ser más precisos.
Siguiendo con la ronda de preguntas, ¿Qué había hecho que interrumpiera sus reglamentarias 12 horas de sueño de los domingos? Ni idea. Tal vez fuera la forma en que su holgazán cuerpo le estuviera alertando sobre algo…
¡Algo importante que sucedería y que cambiaría el curso de su común y ordinaria vida transformándola en una travesía de aventura épica y extraordinaria!…
O simplemente no era su día.
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El despertador vibró sobre su desordenado escritorio y el himno de la alegría se escuchó en todo la habitación. Nada mejor que esa hermosa canción para levantarse con el ánimo por las nubes. Cada que la escuchaba le nacía el deseo de ser un mejor troll, de reír y de cantar, de ser el troll más feliz sobre la tierra; se identificaba tanto con él, le entraban unas enormes ganas de ir corriendo hacia los prados más verdes y recoger flores para hacer coronas vistosas para todos sus maravillosos amigos…
A la mierda el puto himno. Hoy mismo se conseguía un despertador decente. Su madre nunca debió regalarle semejante porquería.
De un manotazo lo hizo callar y el pobre despertador terminó bajo su cama.
Al fin, un poco de paz y tranquili…
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¡Honk! ¡Honnk! ¡Honk! ¡Honnk! ¡Honk! ¡Honnk!
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¡¿Pero que demo…
Un doloroso calambre atacó su cuello al girar tan repentinamente hacia su escritorio. Por las mil putas, que había dolido como una patada de Kanaya en los huevos. Sin importarle parecer una chiquilla llorona, lanzó un grito con más de una blasfemia al aire. Se revolcó a todo lo ancho de su cama, aferrándose a su cuello como si en verdad lo tuviera roto. A pesar de estar herido de muerte, utilizó su último fulgor de fuerza para arrastrarse entre las cobijas hasta llegar al escritorio y cazar al maldito culpable.
Pero no le había pasado nada a su amadísimo pedazo de carne, solo era un idiota dramático.
Tan pronto atrapó al miserable que había hecho que su vida corriera peligro, sintió su tembloroso cuerpo vibrar entre sus peligrosas manos. Él le suplicaba penosamente, por medio de pequeñas vibraciones, que tuviera piedad, que no era culpable, que había sido víctima de una mala jugarreta en su contra. Pero no escuchó sus mediocres intentos por salvar su patética existencia y lo silenció enterrado un dedo con saña en la tecla de apagar.
Su mancillado celular salió volando hacia los confines de la habitación. Sonrió macabramente, el desdichado no sabía a qué clases de tortura sería sometido en las catacumbas del reino de la ropa sucia. Que se quedara ahí un tiempo.
Pero aún más importante.
El imbécil de Gamzee lo había vuelto a hacer. Ya iban tres veces en que cambiaba la alarma de su celular por una grabación de su apestosa voz de maniático. No sabía en qué momento de ayer lo había hecho pero el muy cabrón seguro estaría riéndose de su patética travesura.
Pero por supuesto que no le daría la satisfacción de saber que se había salido con la suya.
…
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- ¡Karkat Vantas!
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La puerta de su habitación se abrió de golpe y sin poder defenderse, el proyectil que vino a toda velocidad dio justamente en el blanco: su cara. El lanzamiento fue tan perfecto que el chico no solamente creyó que le había roto la nariz sino que dio tumbos sobre la cama como una muñeca de trapo y cayó aparatosamente al suelo entre sabanas y cojines.
Más parecía un costal despanzurrado que un trol víctima de un ataque sorpresa por parte de su miserable hermana mayor.
Pero si pensaba que el ataque a traición había terminado ¡Oh, enano trol de pequeños cuernos! Que ingenuo era.
¡Porque justamente al lado de su hermana se encontraba la encarnación del yugo absoluto, la elegante justicia, la empaladora de corruptas alimañas, la devoradora de males, la imagen perfecta de serenidad y maldad!
Su nombre era…
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- ¡Jovencito! ¡¿Se puede saber porque estás gritando como energúmeno a tan tempranas horas de la mañana?!... y además… ¡¿Qué te he dicho de ese vulgar vocabulario? Es horrible que un muchachito de tu edad se exprese de esa manera, ¿Quieres que te vuelva a lavar la boca con jabón, eso es lo que quieres?! A ver Kanaya, quítale las sábanas a tu hermano y lo arrastras lejos de su cama si es necesario, si va a estar haciendo escándalo desde tan temprano pues que se levante y lo haga mientras saca la basura, lava los platos y limpia el baño, a ver si así se le quita eso de estar importunando hasta a los vecinos.
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… pero la conocía como mamá.
Aunque gracias a él - y a su perfecto comportamiento de chico bueno por el que nunca de los nunca le sacaba canas verdes ni le causaba ningún puto problema - era conocida en el bajo mundo (dícese de los simios que tenía como amigos que se la pasaban inventando sobrenombres a los padres de los demás) como la Dolorosa.
Porque obviamente el chico era un grano en el culo y todo lo anterior respecto a su refinada forma de comportarse era una mentira que de vez en cuando le gustaba pensar para no sentirse responsable cuando había una repercusión en su contra, como la que acababa de suceder.
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- Como digas madre… – su hermana mayor parecía muy satisfecha con la orden, como si con el almohadazo de hacía unos minutos no hubiese sido suficiente para saciar su terrible saña. Era una maldita sádica pero ¡Claro! A Karkat nadie le creía cuanto lo contaba porque la mayor parte del tiempo su hermana se comportaba tan fina y refinada frente a los demás que parecía que ni el viento le despeinaba su perfecto cabello. Pero a la hora de los castigos era igual o peor que su madre… no, nadie era peor que su madre.
Kanaya se esforzaba pero aún le faltaba mucho por recorrer si quería ser como ella. No por nada se parecían tanto.
Y todo eso lo pensaba mientras era arrastrado de su suave y protector lecho hasta la puerta de su habitación. Se quejaría pero no era conveniente lanzar maldiciones estando su madre en la misma habitación, así que con todo el dolor de su corazón, se mordió los labios y se dejó llevar por todo el suelo. Kanaya le soltó a los pies de la mujer y salió de la habitación con una mueca que el chico no alcanzó a ver con claridad pero apostaría su mancillado orgullo a que se trataba de una sonrisa.
La muy maldita…
Su madre le miró desde arriba y suspiró.
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- Ay hijo, ya estás grandecito para estar gritando por pesadillas – le habló con un tono conciliador, pero sin dejar su porte de carcelera - Te dije que no vieras esa película de terror pero no me hiciste caso, la próxima vez te voy…
- ¡No fue por… - alzó la voz pero se le atoraron las palabras. No estaba hablando con cualquier persona, ella le podía voltear la cara sin el menor esfuerzo de una bofetada sin que él pudiera hacer nada por evitarlo. A su madre no le gustaba que le alzaran la voz y la mirada que le mostraba amenazaba con hacérselo recordar de una manera bastante dolorosa para sus orejas. Lo mejor sería respirar y calmar su enojo – no fue la tonta película mamá… – refunfuñó, cruzándose de brazos y desviando la mirada, ya más tranquilo pero avergonzado por parecer un miedoso a los ojos de ella.
- ¿Y entonces?
- Gamzee dejó una grabación en mi celular y la usó como alarma…
- ¿Eso te asustó?
- Que no…
- Pues lo que haya sido Karkat, la próxima vez no vas a correr con tanta suerte. Mira que hoy estoy de buenas. Así que cámbiate y baja a desayunar… y ya te dije que arregles tu habitación, es un cochinero, ¿Así recibes a tus amigos? Si no puedes solo pídeles que te ayuden a limpiarlo, la amistad es algo más que…- y ya no alcanzó a escuchar nada más porque, además de que no le estaba prestando atención, ella ya había salido de la habitación y bajaba con elegancia por las escaleras.
- Si mamá… -contestó con toda la flojera del mundo aún sabiendo que no le escucharía.
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Ese maldito cabrón… mira que causarle problemas sin siquiera estar presente. Ya vería cuando se lo encontrara.
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Kanaya X3333333 ¡Estoy tan feliz por ti! Wiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii ii!
