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Dorado y carmesí
El vestido blanco que llevaba apenas le dejaba caminar, o más bien dicho correr. Tenía una cita con él y por nada del mundo debía retrasarse. Cómplices del tiempo fueron su distracción y su obsesión con quedar perfecta.
Al llegar lo vio, sentado frente a una mesa, observando toda Demacia gracias al enorme balcón de la casa Crownguard, él le saludo con cortesía y se levantó para acomodarle en su silla como todo un caballero.
Entre sus constantes risas de su amena conversación, la mano de Lux fue tomada de repente, siendo sus dedos encerrados en la fuerte mano de su hermano y, con una fugaz mirada, devoró sus facciones haciéndola estremecer por dentro.
Pero tan súbito como una puñalada en la espalda, ese íntimo momento se terminó cuando el cielo se oscureció y se vieron rodeados de espectrales figuras vestidas de blanco y rojo. Los anuladores.
"Me descubrieron"
Sus manos se soltaron del dulce agarre y apuntaron a aquellos seres, quienes recibieron un fuerte choque de luz naciente de sus dedos, que se desvanecieron en luz. Y no fue hasta ese momento en que reparo en que es lo que hizo.
Garen la miraba perplejo y temeroso, con un rostro cambiante que transformo en amenazador en ese instante.
- ¡No! Puedo explicarlo, esto es-
Tendida en el suelo y arrastrándose de espaldas, veía consternada como su hermano cegado de deber, se acercaba a ella portando como arma un cuchillo de mesa.
- ¡Garen, por favor no! Yo te- ¡Ah!
Y cuando pudo sentir la hoja penetrando en su vientre, su vista cambio a uno oscuro y azul.
Su habitación estaba vacía; adornada únicamente por la tenue luz lunar, hacia entrever sus estantes llenos de libros y algunos adornos infantiles, recordándole que todo lo vivido, solo era una horrible pesadilla.
Frotó su cuello sudado con pesadez, maldiciendo su memoria perfecta.
Comúnmente este tipo de fantasías nunca terminaba así. En su lugar estos eran sueños más... personales e íntimos.
A lo lejos escucho el relinchar de los caballos, encontrando en ellos la razón de su despertar. Camino hacia la ventana encontrando los establos suavemente iluminados por una luz dorada.
Estaba ocurriendo otra vez.
La palabra caos, era poco para describir su infancia. Desde el descubrimiento de que era una usuaria mágica, la vida de Lux nunca fue la misma. Siempre estaba bajo el ojo vigilante de su madre y su padre, intentándoles ocultar esa desdicha.
Desde sus siete años apenas tuvo tiempo para si misma, encontrando en sus "fugas de responsabilidad" la salida perfecta de su ajetreada vida. Su hermano mayor, tan correcto como siempre, constantemente la encontraba para terminar sus huidas, reprochándole que una futura dama Crownguard, no podía comportarse así, acarreando un ligero odio hacia su propia familia. No fue hasta que una noche en que decidió huir, en que comprendió una cosa muy importante de él.
Arrepentida de su decisión, regresó a su casa al siguiente amanecer, y, escondida entre las armaduras del gran salón, descubrió como sus padres regañaban a Garen, quien, para su tremenda sorpresa, se había echado la culpa de cada tontería y accidente que fue responsabilidad de Lux hasta esa fecha; e incluso afirmo haber dado la idea y ayudar a la pequeña Lux a huir.
Se juró a si misma nunca más generarle problemas y hacer que se enorgulleciera de ella.
Una chispa se encendió en su corazón ese día, una que no pararía de crecer. Una de admiración, tolerancia, cariño y amor…
Con velocidad se despojó de su camisón azul, poniéndose sus pantalones y su blusa para escaramuzas, sin reparar que no llevaba la ropa interior adecuada. Tomo su capucha y salto de la ventana usando sus escondidas facultades mágicas para caer despacio.
Escondida entre un ciprés, vio a Garen escabullirse con un caballo saliendo de la villa y, por culpa del ruido generado en esa huida, también escucho la puerta de Lebreu abrirse.
Abusando de su magia, formulo un hechizo deflector de luz que cubrió el establo dando la ilusión que estaba cerrado.
Al ver a su sirviente entrar nuevamente a su cuarto, Lux corrió entre la oscuridad, preparo la silla de Estrella de Fuego y le monto acariciando su crin.
El camino que recorrió su hermano era demasiado obvio, por el peso de su corcel podía ver las huellas claramente, dirigiéndose a Gharon. Un pequeño pueblo neutral, dedicado a la ganadería. Pero esto no lo hacia pacifico, pues, los reportes de Los Radiantes marcaban este lugar con alta influencia Noxiana.
Se cubrió a si misma y a Estrella de Fuego en un un hechizo que desviaba la luz volviéndola casi transparente y arrimo el paso flanqueando la ruta de Garen, con la idea de adelantarlo.
Ya llevaba casi diez minutos de ventaja cuando diviso una fogata y un estandarte rojo; éste punto de control le pertenecía a Noxus.
Ya a pie, y escondiéndose entre las sombras, se acercó lo más que pudo a los guardias. Ahí, conjuro la ilusión de un espectro que arremetió amenazante a los capas rojas quienes no tardaron en desenfundar sus armas y arrojarse a la lucha; mas su sorpresa fue que al primer choque de sus hojas éste espectro se multiplico girando y gritando alrededor de ellos.
Lux aprovecho su distracción y, desde las sombras, lanzo su bastón noqueando a uno, movió los hilos de luz de la fogata y cegó a tantos como pudo, para envolverlos en hilos fugaces que los derribaban uno a uno. Ahí presiono sus cuerpos prudentemente para que perdiesen el aire y el conocimiento. Ahora el lugar estaba despejado.
Apago la fogata y escondió los dormidos cuerpos a sus carpas, haciendo parecer que los había conquistado el cansancio. Allí y cuando ya metía al último hombre en la diminuta tienda, escucho el fuerte sonido de unos cascos.
Sin momentos para pensar, se abrazo a su dormida carga y se envolvió con la sabana roja. Garen detuvo su cabalgata, e inspecciono el lugar aun montando durante unos segundos. Sin encontrar nada más sospechoso, volvió a su carrera.
Lux soltó una fuerte bocanada de aire, luego de aguantar el aroma de un hombre que quien sabe, cuando había tomado un baño.
- Cof cof – Eres un idiota Garen...
Fue una gran pérdida para ella el separarse de él, cuando decidió entrar a la Vanguardia Intrépida. Y los casi cinco años separados no hicieron más que aflorar los deseos de volverlo a ver y sentir sus palabras, pues las cartas nunca significaron lo mismo para ella.
Cuando regresó, algo había cambiado en él, una seriedad desbordante, estoica y hasta casi insensible. Deprimida creyó que había perdido a su hermano para siempre, sin embargo, el rebotar de emociones que tenía volvió a emerger al verlo sonreír cuando la vio.
Los días pasaron y la joven Crownguard descubría cosas de él cada vez más interesantes, incluidos detalles y secretos que nunca mencionaba a nadie mas que a ella.
Era una máscara. Un muro infranqueable que utilizaba ante todos, pero que ella podía romper con facilidad y soltura. Y cada ladrillo era derrumbado día a día, gracias a su incomprensible compañía.
Cuando hubo pasado casi un año y a vísperas de su cumpleaños dieciséis. Decidió pedirle como obsequio una lección de esgrima; usando esa tarde como investigación acerca de que podía tratarse aquel extraño cosquilleo en el pecho.
"Debes sostener la espada así" instruyó, pero al cabo de casi media hora sin resultados, opto por ubicarse detrás de ella, manejando sus manos unidas a las suyas, cortando el aire; esquivando, arremetiendo, bloqueando, y atacando, siendo rodeada por él, sus brazos fornidos, su aura protectora y su paciencia eterna. De esta manera lo comprendió. Todo.
El festejo de su nacimiento fue perfecto. Para sus padres. Lux ya tenía edad para poder entrar a la orden de Los Radiantes, serviría ahí y aplicaría todo lo que había practicado en su vida. Y ella lo acepto con un resentimiento invisible camuflado con una sonrisa. No demostró nada ese día, pues guardo sus confesiones para discutirlo con un tronco. Pero su hermano la conocía muy bien.
La encontró en el roble de su casa, golpeando aquel árbol con frustración y maldiciendo en voz baja.
"Un pedazo de madera no te contestara los golpes" dijo tomando una vara, poniéndose en posición de guardia. Esa noche Lux demostró lo irritada que estaba con ella, con todo, y con todos. Descargo la molestia de que planificaran su vida desde que nació, desde que creció y hasta en donde moriría. La vara cayó, ahora golpeaba el pecho de su hermano con puños frágiles, a la vez que dejaba caer gotas de agua de sus orbes. Los golpes cesaron, y fueron sustituidos por un fraternal abrazo.
No supo si fue la pena guardada, o la pregunta respondida de ayer; o incluso podía culpar a la curiosidad, y al deseo juvenil y adolescente. Pero cuando se sintió atrapada en la seguridad de sus brazos, no pudo evitar deslizar su rostro hacia arriba, ser absorbida por la profundidad azul de los ojos o sintiéndose poseída por el deseo; fue así que se lanzó a sus labios, los labios de su hermano. Deduciendo que este era el error más grande de toda su vida.
Pero él, nunca la aparto...
Estrella de Fuego era veloz, podía tranquilamente superar a muchos corceles reales en carreras de campo, pero ahora estaba cansado y no alcanzaría a Garen. Aun así, la idea era llegar a él en secreto. Lo lograría.
Para su hermano el sigilo nunca había sido su fuerte, por las constantes practicas sabia como hacerlo, pero su cuerpo robusto daba muy poco espacio a moverse entre las sombras o siquiera disimular rápidamente.
Lux lo veía desde un tejado, haciéndose pasar por un pordiosero y acurrucado junto a algunos, evitando así la vista de las patrullas. Cuando hubieron pasado unos minutos se levanto, no sin antes ayudar a mover unas pesadas maderas sobre ellos, para que actuaran de techo, ya que al parecer ninguno de esos pobres hombres tenia la fuerza necesaria para hacerlo.
Se despidió de ellos y de una niña desordenando su cabello, retomando su marcha por unos pasajes apenas visibles. La dama luminosa le siguió sigilosa saltando con dificultad entre los techos de madera procurando hacer el menor ruido posible, perdiéndolo de vista por diez segundos.
Lo encontró de nuevo. Su capa marrón, apenas visible, cayó al suelo junto a él cuando diviso un grupo de vándalos ebrios, haciéndose pasar esta vez por un bulto abandonado.
Como había previsto, ellos pasaron de largo, pero en su tambaleante camino, toparon con una pareja de ancianos que intentaban cobijarse con lo que podían en aquella oscuridad. Actuando abusivamente al instante.
- Hay no... – suplico – Garen ni se te ocurra... Ushh
Tan entregado al honor como siempre, Garen se levantó y con pasos seguros dio un fuerte puñetazo a uno, para luego cargarlo sobre su hombro y hacerlo chocar con quien tenia en frente, impactando ambos los tres en el muro de piedra.
Los otros dos apenas pudieron desenvainar; sus manos se trabaron en el pomo siendo agarrados por su rival que los hizo chocar entre si dándoles un cabezazo, sin embargo el mas grande de ellos, se sujeto de él y, al caer al suelo le arrebato la tela marrón que lo cubría; revelando tras de si un tabardo azul diamante.
Un poco de esperanza se perdió esa noche, pues los ancianos en vez de ser agradecidos, gritaron llamando a la guardia en ese instante. Lux sabía que si existían tantos mendigos en las calles, era porque en el pueblo las cosas irían mal. Lo mas seguro era que dejaran la gratitud de lado buscando con ello el favor rojo, que les iría a brindar comida.
Una cuadrilla noxiana se acercaba al recibir el llamado, rodeando la huida de su hermano por el este. Calculando con gran precisión, Lux lanzo su vara, haciéndola levitar y, cual proyectil, arremetió contra los pies del grupo.
En el suelo, ellos pitaron la alarma que se escucho quien sabe a cuantas calles.
Con la vista panorámica que tenía, Lux distorsiono la luz por los pasillos en que huía Garen, quien ahora era perseguido por más de una docena de personas.
Ella corría saltando de techo en techo, gastando su magia lanzando hechizos de ilusión y multiplicación de formas éteras por doquier; pasillos, ventanas, quebrando vidrios, fabricando sombras, creando espejismos. Todo de manera aleatoria para esquivar a sus perseguidores.
Luego de lo que parecía la carrera más larga de su vida, éste método funciono. La pequeña torre decorada con ventanas media luna se alzo ante ellos. Un edificio color marfil, sin puertas.
Uso lo último que quedaba de su magia, para deslizar unas cajas que cayeron cerca de su hermano como si se tratara de casualidad, dándole a este la oportunidad de subir y de ascender por las cuerdas y andamios hasta la única entrada visible.
Lux se dejo caer de rodillas, lo había evitado, había evitado que lo descubrieran otra vez...
Los días meses y años le parecieron pocos y cortos, si bien la partida de Garen había roto su vínculo físico, se mantenían conectados mediante sus cartas. Algún día cuando tuvieran el dinero suficiente escaparían a algún lugar desconocido, sin cárceles de oro, de marfil o de petricita. O al menos eso deducía ella por las palabras "espera", convirtiéndolas dentro de su cabeza en una promesa. Tal vez unilateral.
Sus cartas siempre eran cariñosas, a veces poco y a veces mucho, pero manteniendo constantemente su formalidad, por miedo a intercepciones enemigas. O al menos eso alegaba él.
Cuatro años pasaron como una brisa, y como si elevasen una hoja, las esperanzas en Lux crecían con el viento. Se decidió a decirle lo obvio, a confesarle todo lo que albergaba su corazón, su eterno amor, su cariño infinito, a tomar todo de él, arrebatar todo de él y multiplicarlo para compartir su felicidad; le confesaría incluso el mayor secreto que tenia. Le diría que era una hechicera.
La carta numero 168 nunca tuvo respuesta. Ni la siguiente, y la que siguió tampoco. Uso sus influencias con Los Radiantes, para informarse que la tropa de su hermano, había participado en una gigantesca escaramuza, de la cual volvió... diferente.
Él llego a casa meses después; agotado, severo, reservado y hasta casi impasible. La muralla que destruyo antes se volvió a formar, la máscara que quito volvía a aparecer; y la promesa que alguna vez se hicieron desapareció en el aire.
Nunca la mencionaba ni la miraba de la misma forma, solo intentaba por todos los medios evitar sus miradas afligidas tristes y casi acusadoras. Intento aguantarlo, pero su voluntad soporto únicamente nueve días. La décima noche se negó a seguir esperando; lo aclararía todo de la forma en que los hombres siempre entendían, de la forma en que entendió la anterior vez. Se vistió únicamente con una bata holgada y se escabullo hasta la habitación de su hermano, agazapada cual gato, se arrastró hasta su cama, lanzándose encima cargada de pasión, esperando que los brazos protectores lo recibieran otra vez. Pero no había nadie.
El ruido en el establo la devolvió al mundo real, desde la ventana podía ver como el jinete surcaba la villa y se perdía en la oscuridad.
Lux creyó que huía, la mente se nublaba al pensar que esta era el cumplimiento de "la promesa" que tanto esperaba, no le importo nada más, olvido todo lo pasado días atrás ignorando por qué no le avisaría y, al igual que él, escapo de casa con su caballo sin hacer caso a los gritos de los sirvientes. Esta era la gran oportunidad de estar únicamente con él. Para siempre.
Uso su magia para localizarlo, le siguió por caminos escarpados encontrando el fin de su rastro en una granja abandonada. "Aquí será" se dijo caminando al granero apenas iluminado... pero dentro existían voces. La de su hermano era inconfundible, y otra era desconocida.
Lux subió con dificultad por aquel desorden, pasando por la ventana de entrada y escalando más arriba, posicionándose cerca de la campana.
No importaba las veces que sucediese, nunca se acostumbraría a la sensación que tenía su corazón al romperse una y otra vez, pues cada ocasión era distinta.
La mujer de cabello carmesí, lo devoraba con pasión, y él, entregado al deseo la apresaba con esos brazos protectores, con esos labios que alguna vez pensó que serían siempre suyos.
Sus voces ahogadas, suplicas de más, juramentos de amor; cada palabra perforaba una y otra vez su pecho, quien ante tanto dolor solo podía manifestarse por sus lágrimas, oscurecidos por el silencio.
Amaba a Garen, amaba a su hermano. Y haría todo lo posible porque no lo descubrieran. Todo.
No importaba si había elegido a otra, lo único que le importaba era que fuera feliz, y ella se encargaría de cubrirle las espaldas durante toda su vida.
Aunque eso acarrease su propio sufrimiento.
Bien, aqui el segundo cap, etto... estoy cumpliendo con los fics por llegada (incluidos los de mensaje privado) xD Asi que por ahora siento descepcionarlos :S
Vieran lo que me ha costado escribir esto; he tenido que recurrir a muchas series, porque algo entre hermanos nunca se me ha pasado por la cabeza xD
Proximo cap: Blitzcrank - Orianna
Hasta la próxima!
