Atención: Los lugares y personajes mencionados en este fanfic son propiedad única y exclusiva de Square-Enix.
Advertencia: Este es un fanfic yaoi (relaciones homosexuales), no lo leas si no eres mayor de 18 años o creas que te vaya a causar un trauma irreversible. No voy a pagarte el psicólogo.
Comentarios: Gracias a todos los que estáis leyendo y a los que leéis por segunda vez. Un abrazo.
Pareja: Seifer&Squall
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QUERIDO ESCLAVO
FanFikerFanFinal
Capítulo 2: comienza el pacto
Ambos se dirigieron hacia el ascensor y, desde allí hasta el nivel tres, donde se encontraba la oficina de Squall. Selphie usó el interfono para anunciar su llegada.
—Selphie Tilmitt y Seifer Almasy están aquí, mi comandante.
La voz de Squall no se hizo esperar.
—De acuerdo, pasad.
—¿Qué? ¿No te marchabas? —preguntó Seifer cuando vio que Selphie todavía estaba junto a él y sin ganas de irse.
Selphie sacudió la cabeza.
—Te conozco muy bien, Almasy. Tiendes a… manipular a la gente. Y quiero que esto termine bien.
—Jodida niña —murmuró.
La pesada puerta se abrió para revelar a un cansadísimo Squall sentado frente a su escritorio, tras un pilón de papeles que escondían su hermoso rostro.
—Hola, Squall.
Squall asintió y se levantó. Después su mirada viajó hacia Seifer, quien llevaba una camiseta azul y sus pantalones negros.
—Como ya sabes, Seifer perdió, así que es tuyo durante una semana. Haz lo que quieras con él, lo que te apetezca —Selphie se despidió agitando la mano a Seifer y luego sonrió a Squall y le guiñó un ojo—. ¡Chao!
La puerta se cerró, dejando a ambos rivales frente a frente. Seifer pestañeó varias veces y de repente recordó adoptar sus hábitos con el frío bastardo.
—Bueno, bueno —se sentó sobre el escritorio—. Será un placer, comandante. ¿Cuál es su primera orden?
Squall le lanzó una mirada asesina.
—Primero, no vuelvas a llamarme comandante.
Seifer se incorporó y se acercó a él, notando su rigidez inmediata. Susurró en su oído:
—¿Puedo sugerir algo mejor? Como… mmm, veamos… ¿cosita sexy… chico guapo, fan del cuero?
Squall ni le miró a los ojos. De hecho, lo empujó y tragó saliva.
—Squall está bien.
Seifer sonrió. Le encantaba molestarle. Si Squall era vulnerable a algo, era a cualquier tema sexual. Se acercó a él de nuevo, pero el chico dio pasos hacia atrás hasta golpearse con la pared, momento que aprovechó el rubio para atraparle poniendo cada una de sus manos contra el muro, a la altura de su cara. Aproximó su boca a la cara de un Squall pálido y susurró de forma seductora:
—Ssssquall.
El comandante lo empujó de nuevo pero Seifer pudo ver un gesto de vergüenza en su perfecta y femenina cara.
—Deja de molestarme.
—¿Te incomodo, Leonhart? —sonrió el otro.
Squall decidió cambiar de tema, así que señaló los papeles.
—Ya veo… no pareces dispuesto a ser un buen esclavo —dijo, entre dientes—. De todos modos, necesito que archives todo eso, cada papel en un archivo. Déjalos apilados y ya me encargaré yo por la mañana. Cuando acabes, puedes descansar aquí.
En Seifer, todo intento de molestar al joven desapareció.
—¿Qué? ¿Tengo que hacer todo este trabajo y después dormir en el suelo?
Squall señaló el final del cuarto.
—No soy tan frío como crees. Ahí tienes un sofá. Puedes quedarte a vivir aquí. ¿O acaso pensabas que iba a darte una habitación más grande de lo que tu título te permite?
Los pálidos labios de Seifer mostraron una arrogante sonrisa.
—Estaba pensando en dormir contigo.
Squall puso los ojos en blanco y echó a andar. Paró y dijo, sin volverse:
—Buenas noches, Seifer.
Seifer quedó mirando la pila de papeles que le esperaban. Se hizo una nota mental y concluyó que podría acabar a las tres. Miró el reloj. Ahora tenía seis horas para él mismo y sus fantasías y para esos papeles y… para imaginar una y otra vez el modo en el que Squall movía sus caderas.
Cuando Squall entró a la oficina al día siguiente, observó toda la pila de archivos ordenados sobre su mesa. Echó una ojeada al sofá situado al final del cuarto, donde Seifer dormía, completamente ajeno a todo.
Squall guardó todos los archivos en cajones cerca de donde dormía su rival. Cuidó de no hacer demasiado ruido porque no quería despertarlo. Cuando acabó, sus ojos se posaron en Seifer de nuevo.
Su rival yacía boca arriba, completamente vestido, con la cabeza hacia la puerta, de modo que Squall podía contemplar el gesto de paz en su cara mientras dormía.
"Me pregunto a qué hora acabó"
Eran las siete de la mañana. Quizá Seifer llevaba cuatro o cinco horas durmiendo. Squall se aproximó más y estudió las facciones de su rival.
"A veces me gustaría que fuese más agradable conmigo. Siempre me está molestando y burlándose de mí. Me gustaría que fuésemos amigos, pero es tan capullo…"
Suspirando, Squall se decidió a comenzar a trabajar. No quiso despertar a Seifer porque había hecho un gran trabajo ordenando los archivos, pero decidió que debería ordenarle algo, y pronto. O Seifer se aprovecharía de la generosidad de Squall.
"Me pregunto qué me haría hacer él si yo fuera su esclavo. Nada racional, eso seguro".
Cuando Seifer se despertó, a eso de las dos de la tarde, se vio a sí mismo en la oficina de Squall. Gruñó recordando el jodido y duro trabajo que había tenido que hacer la pasada noche. Acabó a las cuatro porque estuvo hurgando en busca de pistas de su amor secreto. Buscó en vano, porque dedujo que Squall, como hacía siempre, guardaba bien su vida privada. Después de aquello se echó a dormir, frustrado.
Sin embargo, su humor cambió conforme transcurrió el día. Antes de dejar la oficina, Seifer vio un papel sobre la mesa del comandante, que decía:
"Querido esclavo. Eres libre de comer cuando te despiertes. Cuando acabes, por favor, repórtate al Centro de Entrenamiento. Squall"
—Tan explícito como siempre —sonrió el rubio.
Así que se dirigió a la cafetería, hizo cola para pedir comida cuando vio a un conocido de pelo largo, desolado.
—¿Qué tal estás, cowboy?
Irvine lo miró resignado.
—No creo que mejor que tú. Squall es tan diplomático…
—¿De qué hablas?
—Yo también perdí en la encuesta —recordó Irvine—. Ya sabes, Zell y Squall nos ganaron.
Seifer pestañeó:
—¿Quieres decir que eres el nuevo esclavo del gallina?
Irvine asintió pesadamente. Seifer rió hasta notar lágrimas en las comisuras de sus ojos.
—No es divertido, tío —dijo Irvine enfadado—. Me prohibió hablar con cualquier mujer, así que ahora no tengo vida social. Y además tengo que madrugar para llevarle un montón de perritos calientes. Y quién sabe qué más se le ocurrirá. Sólo quiere humillarme.
Seifer puso su mano en el hombro del chico.
—Bueno, al menos no tienes que ordenar cientos de papeles hasta bien entrada la noche.
—No, en lugar de eso debo escuchar cada tontería que cuenta Zell, en cualquier momento. No se calla, es una tortura.
Seifer rió otra vez.
—¿Y por qué no escogiste a Squall en lugar de a Zell? Tú obtuviste más votos que yo, eres idiota.
Irvine le dedicó una secreta sonrisa.
—Porque yo soy un buen amigo.
Seifer frunció el ceño. No le había gustado esa respuesta. Parecía como si Irvine supiera algo. No vio cómo le agarraba el brazo.
—Sigue así y no hagas estupideces —avisó—. Squall es una persona muy calmada. Pero volará si se siente atrapado.
—Escucha, cowboy. No sé de qué me hablas, pero si…
—Tranquilo, tranquilo, querido. Sé lo suficiente, pero prometo mantener la boca cerrada. Buena suerte con tu princesa.
—¿Puedo ayudarle? —dijo entonces la señora del otro lado de la barra.
Seifer se quedó helado. Irvine lo sabía. Él había escondido muy bien sus emociones, luchando por no mostrarlas a nadie y ahora el cowboy lo sabía.
"¿Cómo cojones lo sabe? No le he dicho nada a nadie. Si le dice algo a Squall juro que lo despedazo. No quiero que Squall sepa nada por otra persona que no sea yo. Ni siquiera Viento y Trueno sabían de todo esto. Mierda".
Squall andaba matando grats en el Centro de Entrenamiento cuando Seifer apareció, en su cara plasmada su habitual sonrisa de suficiencia.
—Me dijiste que viniera, pero no especificaste si debía traerme Hyperion conmigo o no, así que lo he traído por si acaso.
Squall lo miró entre sus desordenados mechones que cubrían su rostro y replicó:
—No creí que tuviera que especificar, por dos razones: una, porque sé que eres suficientemente inteligente para pensar por ti mismo; y dos, porque después harás lo que te dé la gana. Ni siquiera harás lo que yo te ordene.
Seifer se estiró, arrogante.
—Pero ahora soy tu esclavo. Puedes hacer lo que quieras conmigo.
"Hazme amarte"
Las cejas de Squall se juntaron, intuyendo un posible doble sentido de las palabras de su rival. Seifer también dijo:
—Pero dudo que quieras hacer algo agradable conmigo, aparte de matarme.
Squall suspiró, pasó su mano enguantada entre su cabello, y suavizó su voz:
—Seifer, no te odio. Y claro que me gustaría hacer algo agradable contigo. Me gustaría que fuésemos… amigos.
Por un momento, el corazón de Seifer se paró. Cuando se dio cuenta de que Squall no estaba realmente declarando nada más profundo, dijo:
—Entonces, esa será mi próxima misión. Hacerme amigo tuyo.
Squall se encogió de hombros, y sus ojos se posaron en su sable-pistola.
—Si tú lo dices…
Seifer sonrió, alzando Hyperion.
—Entonces creo que te apetece entrenar.
Squall lo miró de nuevo. No, no había llamado a Seifer para eso.
—Bueno… no exactamente. Quistis tiene unos papeles que necesito. ¿Podrías ir a buscarlos y traérmelos?
Seifer agitó su mano y sugirió:
—Podemos ir juntos después de entrenar.
Squall apoyó su mano en la cadera y se burló:
—¿Es realmente para ti tan difícil cumplir una orden?
Seifer sonrió. "Podrías ordenarme hacerte el amor y lo haría encantado"
—Si esa es la orden, sí, maestro.
"De acuerdo, juguemos a la ironía"
—¿Y puedo saber por qué?
"Porque te deseo tanto. Me vuelves loco"
—Porque haces que me hierva la sangre —fue la astuta respuesta de Seifer.
Squall pestañeó, confuso, sin querer entender el doble sentido de las palabras de su rival, que se aproximó a él. Squall no se retiró, así que Seifer miró al muchacho con deseo y elevó su barbilla. Con la otra mano rozó la cara de Squall. Squall se quedó flipado, abrió la boca pero no retiró la mirada.
—Eres tan hermoso, niño enamoradizo.
Squall al fin reaccionó y retiró las manos de Seifer, frustrado.
"Sólo quiere humillarme"
—Ve y haz lo que te dije —ordenó.
Seifer se heló al oír esa voz. Hubiera jurado que Squall disfrutaba con su contacto. Lo vio irse.
"Joder, Squall. No sé cómo acercarme a ti. Siempre me rechazas"
El rubio se retiró, paseó por los pasillos de la escuela hasta alcanzar el dormitorio de Quistis. Ella lo recibió con un pijama azul y una encantadora sonrisa. Seifer miró a la chica de arriba abajo.
"Si no estuviera atontado con ese bastardo, hubiera hecho mía a Quistis hace tiempo"
—Hola, Instructora. Te ves… muy bien.
Quistis se dio cuenta de que Seifer la estaba mirando y sonrió.
—Gracias, pero creo que preferirías un cuerpo muy diferente al mío –puso la mano sobre su cadera.
El chico pestañeó varias veces, incrédulo y Quistis dijo:
—Oh, no te preocupes. La atracción entre tú y Squall no es nueva. De hecho, no me sorprendería que alguien la haya notado, aparte de mí.
"La atracción… ¿pero qué coño…"
—Bien, aquí tienes los informes, Seifer. Creo que Squall quiere que los archives. De verdad, creo que él siente algo por ti. ¿Quieres el consejo de una mujer?
Seifer asintió sin pensar. Se había quedado sin palabras.
—Espero que lo trates bien. Él es un poco… tímido e introvertido, pero puedes acercarte a él si te haces su amigo. Squall podría dejarte entrar en su espacio, pero necesita tiempo y confianza. La clave es ser paciente. De ese modo, ganará confianza hacia ti, así es como lo hace con la gente. Vamos, Seifer, hazlo bien. Ayúdale a ser feliz.
Finalmente, Quistis besó a Seifer en la mejilla y cerró la puerta con una sonrisa pícara. Seifer siguió ahí plantado, como si estuviera alienado.
"¿Cómo es que ella lo sabe… también? Dijo que lo había notado… ¿Qué estoy haciendo mal? Yeah, no debería hablar con él tanto. La gente… quizá ellos lo hayan planeado. Seifer perderá la estúpida encuesta y así podremos jugar a la Celestina. Y claro que el jodido cowboy me dejó escoger antes, porque sabía que yo escogería a Squall. ¿Por qué escogí a Squall? Ni siquiera quiere estar cerca de mí…"
El rubio se dirigió hacia el Centro de Entrenamiento para liberar su tensión acumulada, y después pensó mucho en el consejo de Quistis.
—Tratarle bien, ¿eh? Ser más agradable con él. ¿Qué pasaría si yo fuese un esclavo que siguiera las órdenes? Podría intentarlo.
Luego, recogió los informes y los llevó a la oficina, donde los dejó, porque el comandante no estaba allí.
continuará
Squall no parece que vaya a aprovecharse de la situación que le ha brindado el destino. Seifer, por su parte, quiere actuar, pero algo le frena: ¿cómo es que Irvine y Quistis se han dado cuenta de sus sentimientos? ¡Y ahora se atreven a darle consejos sobre cómo puede conseguir al comandante!
