Diclαimer αppled.
Sinners αre sαints
II
Belfegor
(Pereza)
El verano empezó muy tímidamente pero con la rapidez de un parpadeo tomó confianza y se volvió un infierno.
Caminando en medio de esas carreteras tan viejas como el tiempo mismo, en busca de fragmentos de la Perla, peleando contra los cientos de demonios que los cercaban todo el tiempo (por los dioses, ridículamente casi día), sudando bajo el sol, Kagome jamás pensó que extrañaría aquellas cosas que siempre dio por hechas.
Por ejemplo el bello, precioso, divino aire acondicionado de su habitación.
Antes, en una vida que ahora le parecía anterior, sufría el calor solo cuando estaba fuera de la casa, y apenas llegaba de la escuela e ingresaba a casa, tan solo con abrir la puerta de su estancia podía tumbarse en la cama, dispersar su mente por unos segundos y luego buscar con los dedos extendidos sobre la colcha el control remoto de la máquina colocada en una esquina alta de su pared.
En ese entonces el calor no le parecía tan espantoso.
Hasta ahora.
—Qué calor —se quejó Sango, llevando una de sus manos a la frente para secarla de sudor—. Hacía mucho tiempo que no había un verano así de bochornoso.
Kagome prestó atención a su amiga, y pensó que si esta elevaba una voz de protesta contra el bochorno del día, entonces no solo no era la única en el grupo que lo sentía, sino que también aquel clima era algo inusual para ellos y también les afectaba.
Los observó a todos: Miroku no se quejaba pero no dejaba de beber agua de la botella que Kagome, casi providencialmente, le había regalado días atrás, Shippō mantenía su semblante alegre todo el tiempo, aunque saltaba menos de un lugar para otro, como si quisiera guardarse la energía, e Inuyasha, como era de esperarse, era el más taciturno y malhumorado de todos, que permanecía con la vista perdida entre los leños que daban vida al fogón, enfurruñado.
Pobre, pensó Kagome. Debe odiar toda la ropa que lleva encima.
Aquella noche se les fue a Kagome y a Sango hablando del sistema de refrigeración del futuro, y de algunas quejas aisladas sobre el clima.
Los días pasaban, y a medida que se iban alejando del pozo devorahuesos, Kagome deseaba con más desesperación estar cerca de el, a un salto del futuro, de agua fresca para bañarse y de su habitación. Su gloriosa habitación.
Ella nunca ha sido egoísta. Jamás.
Solo que tiempos desesperados precisan de medidas desesperadas.
Ideó un plan.
—¡Ay! —se oyó a un lado del camino. Todos giraron la cabeza y vieron a Kagome en el suelo.
—Kagome ¿qué te pasa? —preguntó Miroku acercándose a ella.
—Es mi tobillo. Me duele.
—Esto es malo —dijo Sango—. ¿Te puedes levantar?
Kagome compuso su sonrisa más adolorida y, mirando al híbrido del grupo, pidió:
—Inuyasha, llévame en tu espalda.
Este soltó un gruñido sospechosamente parecido a un «no me jodas», pero luego la miró largamente antes de asentir, completamente rendido.
—Está bien. Agárrate, niña tonta.
Ya en la seguridad que le ofrecía la espalda de Inuyasha, Kagome sonrió.
No le dolía nada, pero tampoco soportaba el calor.
Una mentirita blanca, se dijo.
Una que le permitiría descansar y, al tiempo, disfrutar del único calor soportable en esos momentos: el de Inuyasha.
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¿Se merece un review?
Bitácorα de Jαz: me pasé la fecha de entrega del segundo capítulo. Estaba recontra re metida en mi maratón de Sense8. Perdón na.
»Kavka.
»serena tsukino chiba.
»aky9110.
¡Gracias totales por sus reviews!
¡Jajohecha pevẽ!
18 de julio de 2018, miércoles.
