Los personajes y todo lo referente a Shingeki no Kyojin pertenece a Hajime Isayama, yo sólo juego con ellos.
Dedicado a Sasha SV; gracias por apoyar mis locuras.
Fic situado en el capítulo 99. Divergencias respecto al canon, usando diversas teorías como base.
Espero que les guste. Nos leemos más abajo.
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I. Aliado
La oscura noche sin estrellas, envolvía más secretos que verdades.
El impacto del aire contra la ventana la despertó de golpe. Logró tranquilizar el agitado corazón y encendió una vela para servirse un poco de agua. Habría preferido seguir en la isla para dar una de sus caminatas nocturnas por el campo de entrenamiento, hasta llegar al bosque aledaño. Sin embargo, estaba en territorio enemigo, donde cualquier paso en falso podría costar más de una vida.
—¿Qué estoy haciendo? —Cuestionó al vacío, como si la oscuridad pudiera responder y disipar sus dudas. Sacó del fondo de sus pertenencias ese fragmento del libro que tan minuciosamente había ocultado. Delineó con sus dedos los dibujos y leyó las palabras escritas.
¿La reversibilidad de una maldición era tan sencilla y a la vez tan compleja?
Soltó un suspiro, doblando nuevamente el papel.
Era momento de actuar.
Se quedó de pie en la oscuridad, dándose cuenta del vestuario que usaba. Soltó un suspiro, reconociendo que acompañar a la embajadora de Hizuru durante las festividades de Liberio no había sido su mejor idea. Se sintió en venta al sonreír forzadamente a los cerdos que clamaban su muerte.
Logró convencer al guardia para ver a Kiyomi, apenas unas horas atrás había tenido la oportunidad, más no los medios para pedir nuevamente su ayuda. Resultaba que a la embajadora le importaba más los recursos naturales de Paradise que reintegrar a Mikasa al clan Azumabito.
—Oh, Mikasa, es un placer verte otra vez. —La aludida no tardó en reconocer la falsedad del saludo. Presionó sus labios con fuerza antes de abrirlos.
—Tienes que ver esto —musito, extendiendo la hoja arrugada que yacía en su puño cerrado—. Sé cómo erradicar los poderes titán y la maldición de los erdianos. —Kiyomi ladeó el rostro, interesada.
—Entra —ordenó, reajustándose la bata. Echó un vistazo al exterior, ordenando al guardia que nadie las interrumpiera—. Es interesante que te dirijas a mí antes de que a tu propia comandante —inquirió la mujer mayor, encendiendo más velas—. La desconfianza de Paradise es obvia, jamás lo he puesto aprueba.
—Usted tiene contacto directo con el jefe de guerra, Zeke Jaeger, ¿cierto? —La voz tajante de Mikasa sorprendió Kiyomi—. Quisiera hablar con él antes del encuentro de mañana. —Tragó saliva, agregando—. Es de vital importancia.
Todos estaban preparados para el combate. Sabían que existía la posibilidad de luchar, debido a la impulsividad de Eren.
Ni siquiera el plan tan elaborado cubría todas las posibilidades, porque ella quiso darse un tiro cuando vio emerger al titán bestia a la distancia.
Una maldita cosa le había pedido: discreción.
—¡Avistamiento del titán bestia! —Las órdenes retumbaron por el lugar. El tiempo era relativamente corto antes de que Hanji apareciera para sacarlos de ahí.
—¡Déjenlo de lado! ¡Eviten bajas innecesarias! —Más de un soldado se detuvo atónito antes las indicaciones de la capitana Ackerman—. ¡La prioridad es extraer a Eren y llevarlo a la isla!
—¡Mikasa! —Sasha activó su equipo para llegar hasta ella—. ¿Estás bien? ¿Te golpeaste la cabeza? —Ante la preocupación de su amiga, negó.
—¡No podemos permitir que vuelva a escapar! —Alcanzó a escuchar de uno de los soldados que se apresuró a ir tras Eren. Levi se cansó de la rebeldía de los soldados. Las instruyó para sobrevivir, sin embargo, ver el cuerpo peludo a la distancia despertó un instinto homicida en él, uno que creyó casi extinto.
—Primer y segundo escuadrón, cubran los edificios y los soldados de Marley. Braus, estás a cargo al igual que Springer. Despejen el camino para Hanji. No olviden colocar las linternas —Ambos soldados asintieron—. El tercer y cuarto escuadrón, apoyaran al equipo de contención liderado por la Capitana Ackerman. Prioridad: neutralizar a Eren Jeager. Los demás, apoyen a los caídos y en la evacuación de civiles.
—¿Y usted, sargento? —Cuestionó un recluta.
—Tengo asuntos pendientes con el simio ese —agregó, cambiando las navajas de su equipo. Mikasa suspiró—. No mueran —pidió, antes de lanzarse a la batalla.
Levi.
Mikasa cerró los ojos con fuerza, respiró profundamente antes de abrirlos. El reloj corría en su contra, tenía que llegar antes que Levi.
—Mikasa —la voz de Jean interrumpió sus pensamientos—. No dudes. —ordenó, antes de despedirse de Sasha y Connie, activando su equipo para perseguir a Eren—. Hay que llegar al titán atacante antes de que una lucha se desate.
La mirada dedicada por parte de sus ex compañeros de la 104 creó una fuerte culpa. Nunca quiso mentirle, más no tenía otra opción.
Si existía una alternativa.
Cruzar el gueto con el equipo de maniobras era una experiencia diferente. Incluso ese nuevo país lo era. Por un instante, creyó ser un ave abriendo sus alas al vuelo, llenándose de libertad.
El chiflido de un disparo alertó todos sus sentidos. Al parecer, no había patrullado adecuadamente la zona. Dejaría su seguridad a manos del primer escuadrón; tenía amplia confianza en que su mejor amiga los sabría guiar.
El rugido de Eren capturó toda su atención, ya se encontraba peleando directamente con el titán bestia. Habría dado todo para ignorar la información que retumbaba en su interior, por cambiar la sangre que corría en sus venas y desafiar al destino, sin embargo…
Notó que Levi se mantenía entre las sombras, oculto del ojo de los titanes. El escuadrón de Jean fue el primero en adelantarse e irrumpir en la batalla. Ella ordenó mantenerse alejados, evaluando la situación. El titán simio los ignoraba, mientras Eren buscaba crear distancia entre los legionarios.
—A tu posición, Ackerman —ordenó Levi al ver a Mikasa acercarse.
—No lo haga —pidió sin inmutarse—. Durante estos cuatro años ha demostrado confiar en mi criterio y decisiones. No mate al portador del titán bestia. —Más de un soldado se sorprendió ante la súplica.
—Lo que pides es imposible —avisó, ignorándola.
—Confía una última vez en mí, Levi —insistió—. Las pérdidas causadas por el titán bestia son inmedibles y se tiene que pagar un precio por ellas, pero ahora la situación ha cambiado.
—¿A qué te refieres, Mikasa? —Levi todavía era capaz de leer a través de ella; sus dudas, inquietudes, incluso esos secretos que resguardo por años—. ¿Hay información que omitiste? —La capitana desvió la mirada. El abrumante recuerdo de una tormentosa noche la golpeó con la fuerza de un titán.
—Durante la disputa contra la Policía central y el escuadrón anti-humanos dijiste que confiabas en mí, en mis decisiones y acciones, que era un potencial encasillado por la enajenación de Eren —confrontó con una brillante determinación—. Durante cuatro años demostré ser apta y capaz de controlar cualquier situación, dejado de lado mis intereses. Haz uso de esa confianza que un día me proclamaste y evita matarlo.
—Tch. —Levi le dio la espalda, activando su equipo—. De ser Eren, habría aceptado. Ese pedazo de mierda no merece esa misericordia.
Sangre volvió a brotar de una herida que seguía sin cerrar. Suspiró, imitando a su superior. Lo intercepto a mitad de camino, interponiéndose.
—Distraigamos a Eren —pidió cansinamente—. Ambos somos suficiente para neutralizarlo. El titán bestia nos ignora y nuestro objetivo es otro. —La mirada que el sargento le dedicó fue similar a la de esa noche.
Mikasa había logrado entretener el tiempo suficiente a Levi, que sin darse cuenta, el titán bestia había logrado someter al titán de Eren. Jean y compañía aprovecharon el momento, empero…
—¡Por el Comandante Erwin y los caídos! —Un legionario se lanzó de lleno contra Zeke Jaeger, esperando ser capaz de someterlo. A ese soldado le siguió otro y luego otro, ignorando las órdenes de Jean. Incluso su propio escuadrón se unió a la lucha contra el titán que tanto daño hizo en Paradise. Eren había logrado escabullirse de los soldados que lo tenían aprisionado, provocando que Mikasa fuera de apoyo. Su amigo estaba causando muchos problemas.
Y el titán bestia se defendió, creando un caos similar al de Shiganshina, no obstante, más de un notó una gran diferencia.
—No intenta matarnos —murmuró un soldado, atónito al darse cuenta que los proyectiles iban con una fuerza menos, la necesaria para ahuyentarlos—. ¿Por qué no está atacando?
Al menos, él sabe mantener su palabra y confiar en mí.
Mikasa observó los ojos grises de su amigo de la infancia, ofreció una cálida sonrisa antes de mutilarle los brazos y piernas. El titán comenzaba a desintegrarse.
—Te vuelves a transformar —amenazó, colocando la cuchilla sobre el cuello de Eren— y te llevaré en trozos pequeños a Paradise. —El aludido ladeo la cabeza.
—¿Qué ocultas? —Inquirió curioso, ignorando que ya no tenía extremidades—. Te ves nerviosa, Mika.
—Cierra la maldita boca, Eren —advirtió, para luego darle indicaciones sus subordinados—. Un ojo sobre él, que apenas puede respirar y si habla, no duden en amordazarlo. Ya ha causado muchos problemas —inquirió, levantándose.
—Mikasa, ¿dónde vas? Queda poco antes de que aparezca Hanji —cuestionó Jean, preocupado al ver a su compañera reajustar su equipo para seguir a Levi.
—Todavía hay cosas que hacer. Den el aviso reagrupación a Sasha y Connie.
Activó el equipo, colocándose en el techo de un edificio. Contó a los soldados de su escuadrón, reconociendo a quienes les daría un castigo significativo cuando volviera a la isla, empero, faltaba alguien muy importante.
¿Dónde estás? No lo veía por ninguna parte y temía lo peor. Volvió a cuestionarse la ubicación del hombre más fuerte de la humanidad, hasta que una idea cruzó su cabeza.
—Maldición —musitó, activando nuevamente el equipo, rodeó el lugar donde sus hombres atacaban sin piedad al titán bestia. Si Levi había ido y vuelto al escenario por los lanza relámpagos, sería su fin. Reprimió su frustración al verlo llegar cargado de las armas.
—Todavía tengo una promesa que cumplir con Erwin. Es la única razón por la cual sigo vivo.
El maldito recuerdo la agobió. Nunca debió de seguirlo en medio de la noche, menos ofrecerle su ayuda, ni siquiera debió…
Sería el último acto de rebeldía. Ya no había nada que perder en la apuesta que hizo cuando guardó bajo tierra esos preciados libros, en cambio, había mucho que sacrificar de ganar.
Tomó su decisión, interponiéndose entre el sargento y Zeke Jaeger, provocando el desvío en las armas de Levi, que terminaron por detonar en los edificios a su alrededor. Al menos esperaba que estuvieran vacíos.
—Hazte a un lado, Mikasa —ordenó. Reconocía la frialdad en su voz. La misma que la empujó lejos de él a mitad de la noche.
—¿Es la maldita promesa? —Inquirió, confrontándolo—. Luego de matarlo, ¿qué? ¿También morirás? ¿De esto se trata todo, no? —Cada palabra dolía y rompía un poco más su interior. Sintió la ira brotando, corriendo por su sangre, implorando revelarse por una vez—. De morir y justificar tu asquerosa existencia.
A unos metros de distancia, los legionarios seguían en disputa con el titán bestia. No dudaba de la habilidad de sus compañeros, sin embargo, era de conocimiento público que Levi había exigido un trato exclusivo de encontrarse con Zeke Jaeger o cualquier otro titán cambiante.
—Mikasa Ackerman, serás arrestada por insubordinación apenas lleguemos a la isla —anunció, pasándola de largo. La aludida entró en shock. Era inaudita aquella orden—. Quedas relegada de tu cargo, ve con Kirstein y sigue sus órdenes. Ahora. No tengo tiempo de tus niñerías otra vez.
Aquello fue la gota que derramó el vaso.
¿Otra vez?
Ella no fue quien intentó sacar a los muertos de sus tumbas, ella no…
Maldición, calló la existencia de esos libros para protegerlo. Se sacrificaba a sí misma para salvarlo, ¿y así le pagaba? ¿O quizá era su forma de castigarlo por el daño efectuado?
Espantó los pensamientos. No se disculparía. Estaba ahí por una razón; asegurar la sobrevivencia de su aliado y si aquello implicaba desobedecer órdenes directas, aceptaría la prisión sin dudarlo.
Cuando Levi emprendió el vuelo, fue derribado súbitamente por Mikasa. Aprovechando el breve momento de confusión, la muchacha aprovechó para acercarse al titán bestia, desenfundando sus espadas y levantándolas contra sus propios compañeros. Con una determinación propia de un Ackerman, expresó con voz fuerte y clara:
—Zeke Jaeger no es mi enemigo.
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Se suponía que debía de actualizar hace mucho, sin embargo, joder, estoy tan satisfecha con el resulto, que no me disculparé. Valió la pena.
Ah, si, el que avisa, no traiciona; entre las múltiples parejas a tratar son el Rivamika, Zekasa, EreHisu, Aruannie entre otras, por si no les gusta, les ahorró el mal sabor de boca o por el contrario, quieren explorarlas, los espero con los brazos abiertos.
Si llegaron hasta acá, tienen un lugar un especial en mi corazón... y más si me quieren dejar un review.
¡Nos leemos luego!
