Llevo como mil años sin aparecer por y dudo mucho que alguien siga vivo de los que leyeron esto, pero nunca cae mal terminar algo inconcluso.
CAPÍTULO 2. EL ATRACTIVO MUNDO DE LA MAGIA
Llevaba un rato tratando de procesar lo ocurrido ayer por la tarde. Ciertamente, los cuentos de hada no iban conmigo; sin embargo, allí estaba la ocarina de Hazuki en la ventana pegada al fregador del restaurante.
Los pensamientos se atiborraban en mi mente: haber nacido de una planta, el engaño de mis padres, la magia que había llevado la ocarina conmigo ¿y qué tal si ni si quiera era la ocarina que le di a Hazuki?, ¿y si el tal Fujio me estaba tomando el pelo?, ¿debería tomar clases de magia?, ¿por qué había golpeado a mi padre?, quizás debería disculparme, pero tenia motivos de estar molesto y agrr… ¿Cómo podía detener esta ansiedad?
Traté de despejar mi mente mirando fijamente a la ventana y como cosa del demonio solo pude fijar mi vista en la ocarina.
—Hazuki… —fue un murmullo para mi mismo. Tenía desde el sexto grado que no la veía, había sido mi primer amor y había terminado cuando no asistí a su recital de violín, ella se vengo faltando a mi debut con la trompeta en un restaurante y así hasta que entre tantas venganzas dejamos de hablarnos.
—¡Masaru! Deja de tontear en el trabajo —dijo Yu mientras colocaba otro montón de trastes en el fregador.
En general Yu era un tipo muy alegre que no se metía en tus asuntos, siempre y cuando lo dejaras coquetear con algunas clientas. Y bueno, yo no tenía problemas con ello, si él quería ser un cabrón y esas chicas le seguían el juego, allá ellas; por eso, había pedido trabajo en la cocina como lavaplatos.
—¿Seguro que no te mordiste la lengua, Yu? —Sus ojos azules se entrecerraron y no tardo en soltar una carcajada.
—Touché, Masaru. Aún así me sorprende verte tan pérdido. Algo debe estar haciendo bien Kazumi para traerte tan enamorado —Le dirigí una mirada gélida y abrí la boca para explicarle lo de la magia y me detuve en seco ¿quién iba a creerme semejante tontería? —Mi amigo, ya te domaron. Así que solo me queda darte mi más sentido pésame.
—Calla, Yu. Dedícate a trabajar ¿quieres?
—Uy, ya no sé si Kazumi te dejó o estas perdidamente enamorado. ¡Ya cuenta el chisme!
Estaba por responderle a Yu alguna broma, cuando el jefe se acercó y nos regreso a nuestras tareas diarias.
El resto de la jornada el jefe nos estuvo vigilando para evitar que tontearamos más de lo habitual, por lo que me dediqué a los platos y Yu a las mesas.
Yu y yo nos despedimos y a penas di vuelta en la esquina me crucé con un par de ojos rojos entre desafiantes y una sonrisa de inocencia que no concordaba con lo que denotaba el resto de su rostro. ¡Carajo, ese tipo no había vuelto a donde quiera que tuviera que estar!
—Hola, Masaru ¿Consideraste mi propuesta? Yo puedo ser un gran tutor en la magia. Seguramente no conseguirás nada mejor que yo.
—¿Acaso yo he solicitado clases de magia? —rechisté mientras lo pasaba de largo para seguir a casa.
—Bueno, no es que lo hayas pedido. Pero eres un mago sin entrenamiento que… atraviesa cierta edad. — este tipo no podía estar hablando de mi como si fuera un mocoso puberto, ya tenía dieciséis, por favor.
—Mira, yo sé que tuvimos nuestros encuentros y nunca superaras haber perdido frente a Hazuki conmigo, pero… —¿pérdido? ¿qué se pensaba ese tipo? Si él se había desmayado tocando la trompeta
—¿Me estás jodiendo? —me prepare para soltar una letanía cuando sentí un viento frío rodearme como un remolino. Vi los ojos carmesí de Fujio arrastrarme a donde estaba, luego vi caer un trozo de mi camisa caer.
De pronto, escuché un grito despavorido del otro lado de la calle que no tarde en reconocer como el de Yu. Empujé a Fujio y corrí a toda velocidad hasta donde se encontraba mi compañero de trabajo.
Allí en el piso vi como perdía su usual sonrisa traviesa al tiempo que se tendía de rodillas aparentemente bien. Entonces pude ver algo nuevo, una comadreja con manos de hoz se abalanzaba contra Yu para golpear su rodilla derecha mientras sonreía con malicia.
Busqué a mi alrededor, solo encontré árboles. Así que no dude en arrancar una rama del árbol y asestar un golpe contra la criatura. Yu me miró confuso al tiempo que el dolor le hacía caer el suelo.
Un chillido me aturdió nuevamente y en un descuido sentí el golpe en mis piernas y solo atiné en soltar un golpe al aire con la rama, pero al hacerlo pude sentir como la sangre comenzaba a correr por mi pierna.
—Debiste dejar que te curara —me había olvidado de Fujio.
En un instante vi como Fujio encerraba a la criatura que yo había golpeado, y allí descubrí que dos más idénticas se abalanzaban a la espalda de Fujio. Cuando me di cuenta intenté avanzar hacia Fujio sin éxito, ya que la herida era tan profunda que me hizo caer.
Entonces algo se movió debajo del cuello de Fujio y saltó en su defensa, se trataba de una mofeta apuntando a las dos comadrejas con su trasero. El resultado no se hizo esperar cuando el aroma llego a sus muy perceptivos olfatos, así fue como aturdidas fueron encerradas en jaulas separadas. Realmente lucían desesperadas de no poder cubrir sus narices con sus brazos de hoz.
—¡Fuaaa! ¿Qué rayos fue eso? — dijo débilmente Yu.
—Se llama Kamaitachi, es un demonio —respondió.
—¿Un Kamaitachi?...
—Son demonios comadrejas, muy agresivos y con brazos con cuñas. Realmente la pasan mal por no conseguir hacer sus tareas de sobrevivencia, por lo que prefieren atacar humanos para pasar el rato. Estaban sentenciados a vivir en otra dimensión que fue sellada con magia.
¿Con magia? Esas cosas habían sido invocadas con magia.
—Pues a mi me pareció una mofeta —bromeó mi amigo sin poder sostenerse de pie. En mi cabeza repetí los hechos… Esto había ocurrido antes, sí.
—Te aseguro que mi amiguita, no fue la que te destrozo los pies, sino estas Kaitachi — dijo mientras una de las comadrejas golpeaba los barrotes de la jaula.
—¿Cómo hiciste eso? — exclamó Yu conteniendo en lo posible la respiración, mientras miraba con curiosidad las comadrejas y yo confirmaba que él no podía verlos.
—Son invisibles a los humanos, pero por suerte no son inmunes a los olores, los detestan tanto como sus contrapartes animales. —Fujio sonrió de lado. Luego nos ofreció algo de beber —Es jugo de savila, les calmara el dolor que les causaron estos amiguitos.
—Vale, lo tomó; pero vámonos lejos de tu amiguita —bebimos un poco del amargo jugo y nos sorprendimos de la velocidad con que nos curaba, luego fuimos caminando a casa de Yu —. Dijiste algo sobre humanos ¿acaso tu no eres humano? —Fujio pareció considerarlo, luego sonrió.
—Pues que yo sepa, luzco como uno ¿no? ¿o tienes miedo de que me convierta en un Kamaitachi? — los tres soltamos una sonora carcajada que se detuvo al instante.
Ahora que Yu ya no estaba, parecía que la tensión entre Fujio y yo había desaparecido momentáneamente. No es que fueramos amigos, pero acababa de ayudar a Yu y eso me ponía en deuda, pero no quería expresarlo de esa manera porque sabía cual sería el pago.
—¿Me quieres decir que pasó allá atrás?
—Fue tu magia —soltó y su rostro se tornó serio —. Tu abriste un portal cuando estabas molesto para que pasaran los demonios —. Sus palabras me trajeron de golpe a la realidad —. Es por ello que me enviaron a entrenarte y no puedo recibir un no como respuesta ¿Lo entiendes ahora?
—¿Qué es lo que tengo que hacer?
—Por el momento, agradecería que me acompañaras al mundo de la magia.
No podía evitar desafiarlo con la mirada cada que nos cruzábamos, ya no se trataba de Hazuki sino de que en verdad este tipo quería fastidiarme la vida y lo peor de todo es que no podía oponer resistencia.
No me di cuenta del recorrido, nunca hubiera sospechado y si me lo hubieran dicho, seguramente no me habría creído que volvería a pisar la tienda Maho-do.
En ese lugar, era donde Hazuki y yo habíamos discutido por última vez y donde me había prometido no volver a poner un pie.
—¿Tengo que entrar allí?
—No lo sé, podemos esperar a otro Kamaitachi si quieres ¿Qué opinas?
—Ja, ja. Muy gracioso — y yo que pensaba que podía llevarme bien con el tipo.
Se dirigió al pasillo final de la tienda y abrió una puerta. El sonido de unas campanas se escucho como anunciando nuestra entrada a aquel patio, que de pronto se había convertido en un sitio lleno de niebla.
Había escaleras con forma de teclado que llevaban a casas flotantes, pequeños puestos vacíos semejantes a puestos callejeros de curry y el silencio era inquietante.
De repente, sentí un golpe en el hombro y me tensé al instante. Me vire y vi sus ojos marrones atravesar el brillo de sus anteojos. Luego la vi inclinarse en señal de disculpa antes de salir corriendo en dirección a una carroza blanca,
Aún no lo había procesado del todo, pero no podía estar equivocado. Esos cabellos castaños, su mechón de cabello largo colgando al lado derecho, su forma atolondrada de correr, yo…. Debía ser Hazuki. De pronto, todo cobro sentido, la entrada al mundo mágico por la tienda y ella que había trabajado allí.
—¡Hazuki! — grité y vi con tristeza como Hazuki no me miraba y seguía hasta subir a la carroza blanca.
—¡Hey, Masaru! Que no veniste a tontear, deja a las hadas tranquilas.
¿Hadas?... ¿Hazuki era un hada. El mundo de la magia parecia tener algo más interesante de lo que había considerado en un principio.
GRACIAS POR LEER.
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