Los personajes de CCS, son propiedad intelectual del grupo CLAMP. La historia es de mi autoría.
Cómo ligarte sin querer a un millonario.
Capítulo 2: Pactando con el diablo.
Syaoran se deslizó fuera de su cama todavía sintiéndose el hombre más desdichado del mundo. Tanteó en la gaveta inferior de su buró, extrayendo un pequeño osito rosado con un listón blanco en el cuello. Lo miró por unos segundos, recordando que lo había confeccionado a los catorce años para la única chica que había amado en su vida, lo abrazó y un pequeño sollozo se escapó de sus labios.
—Maldita sea, chispita. No sabes lo que me sucedió ayer.
—¿Qué te sucedió, Syaoran, cariño? —imitó la voz aguda de la osita chispita.
—Me violó un grupo de viejitas —confesó, secándose un par de lágrimas falsas que se asomaban por sus ojos marrones—. Nunca he sido bueno para jugar Rummy, y por cada partida que perdía, me exigían que me quitara una prenda. ¿Puedes imaginarlo? Si querían un stripper lo hubiesen contratado. Mi abuela me vio desnudo, ¿con qué cara voy a verla a ahora? No me siento capaz de volver a cohabitar con una mujer.
Se echó a reír, de entre todas las mentiras que había dicho, esa era la más grande de todas.
—Puedes comenzar con mujeres feas para recobrar seguridad —sugirió chispita, acariciándole la cabeza con su pata.
Syaoran frunció el entrecejo, retorciendo la nariz plástica en forma de corazón de chispita.
—No hay mujeres feas, cariño, te lo he repetido hasta el cansancio, sólo aquellas que no me gustan.
—Te volviste un maldito inseguro desde que Hayami te abandonó, porque según ella eras aburrido.
Syaoran aventó dentro del cajón a chispita, la maldita osa de peluche vivía recordándoselo. Hayami Koshimisu había sido su novia de toda la vida, Syaoran no recordaba haberle sido infiel en sus trece años de relación, iban a casarse, Syaoran soñaba formar un hogar con ella hasta que la descubrió un día revolcándose con su representante después de una obra de teatro a la que Syaoran dijo que no asistiría porque tenía mucho trabajo. En realidad quiso darle una sorpresa, pero la sorpresa se la había llevado él.
De todos los bienes que compartían, Syaoran exigió nada más la custodia de chispita. No quería que Hayami se burlara de él con su puto representante por haberle fabricado un osito de felpa. Luego de tremenda desilusión amorosa, se mudó a Japón para liberar toda su lujuria reprimida durante tantos años. Todavía le daba pena reconocer que Hayami había sido la única mujer en su vida, hasta hace tres meses por supuesto, y ahora le daba pena reconocer que ya ni siquiera recordaba con cuántas había estado.
Ya no podía abandonar esa vida sin embargo, le gustaba divertirse sin compromiso alguno con las mujeres, sin comprometer su corazón principalmente. Hayami no había sido la única decepción en la vida de Syaoran. Su infancia fue una época que lo marcó de por vida. Syaoran tenía un apellido importante, creció rodeado de lujos, de atenciones por parte de los sirvientes; sus padres no obstante, nunca estuvieron cuando los necesitó.
Los conoció por sus renombres, Ieran Li, exitosa diseñadora; Hien Li, el empresario del siglo. Syaoran los veía más en televisión o en portadas de revistas que en su propia casa. Ahora, Ieran Li no era ni la sombra de la mujer altiva que Syaoran recordaba, su carrera como diseñadora se había ido a pique con la muerte de su padre. Entonces, eso le hizo suponer a Syaoran, que Ieran realmente amaba a Hien. Su madre se paseaba deprimida por toda la casa, en pantalones desgastados y camisetas deportivas que una vez le habían pertenecido a su padre. Él no sabía qué hacer o cómo consolarla porque sencillamente, no la conocía.
Se incorporó dirigiéndose a la regadera, había cumplido con la mayoría de compromisos en la empresa el día anterior. Pese a que su vida sexual era un completo desorden, Syaoran no se atrevía a descuidar la empresa que con tanto esfuerzo levantó su abuelo. El viejo Li había comenzado trabajando en un autocine, un día casi caído del cielo, le llegó su tiro de suerte. ¡Se ganó la lotería!
Syaoran se divertía mucho escuchando esa historia de los labios de su abuela, Jang. En aquellos tiempos ella vendía cigarros en el cabaret donde la conoció su abuelo, según Jang, había sido amor a primera vista. Syaoran creía en el amor, sólo que ese asunto no era para él. A excepción de Jang, nadie lo había amado realmente y dudaba mucho que en futuro conociera a una mujer sólo para él.
El concepto de esposa que Syaoran tenía, no distaba mucho de su propia percepción de Jang. Quería una Jang moderna en pocas palabras. Una mujercita suave y hogareña, nada pretenciosa, que tuviese la cena lista cuando él llegara a casa y que le calentara la cama por las noches. Eso y que cuidara muy bien de los hijos que tendrían, mínimo serían tres.
Pero claro, Syaoran ya no creía en toda esa mierda sentimentaloide. Hayami tomó cada uno de sus sueños y los arrojó sin paracaídas desde un rascacielos, todos murieron ese día al ser desplazados por la pequeña polla de su representante. Syaoran no quería más hijos, ni más esposa. En su vida sólo habría diversión hasta que se hiciera viejo y muriera en la cama de algún hotel de paso con una jovencita.
Su fortuna la donaría a instituciones benéficas, por lo menos, alguna fundación de buenas obras llevaría su nombre, el apellido Li quedaría inmortalizado.
Salió a los jardines a desayunar con Jang, como lo hacía todas las mañanas —si despertaba en su casa, por supuesto—. Sus dos mascotas, Choco y Late, le recibieron con estruendosos ladridos, meneando el pequeño rabo que no tenían. Eran dos magníficos ejemplares de Cocker Spaniel inglés, Syaoran los había comprado al llegar a Japón, ellos le ayudaron a superar su depresión. Pensándolo bien, su abuela y los perros eran los únicos que lo amaban.
Le dio una galleta a cada uno para que lo dejasen en paz, y una vez hubieron satisfecho sus necesidades de mimos, corrieron a echarse a los pies de Jang. Syaoran procedió a sentarse en la silla metálica con respaldo de rejilla, y robó un bollo de la canasta de pan.
—¿No vas a la oficina? —preguntó Jang, mirando los pantalones caqui y la camiseta azul informal de su nieto.
—No, me tomaré el día —contestó Syaoran, sirviéndose zumo de naranja.
—Sabes, querido, mis amigas se marcharon muy contentas el día de ayer.
—Me imagino —comentó Syaoran, sus intensas horas de gimnasio surtieron efecto con las viejitas.
—Nyla dice que quiere presentarte a su nieta —bebió un sorbo de café, permitiéndole observar a Syaoran sus largas uñas pintadas de rojo—. Pienso que es hora de que comiences una relación seria, o que por lo menos dejes de darle noticias que vender a los medios. Ahora Rooteck Corporation, es más famosa por su alocado heredero que por ser los líderes fabricantes en electrónica de consumo.
Syaoran esbozó una mueca, azorado.
—No, abuela. No pienso darte gusto en eso, y ni siquiera sueñes en presentarme a las nietas de tus amigas, no quiero formar enemistades entre familias por romperles el corazón.
Jang posó su mano blanca y arrugada en el antebrazo de Syaoran, desplegando el encanto de esos ojos rubíes que conquistaron a su abuelo.
—Una semana, Syaoran. Yomiko está de vacaciones nada más, tú podrías entretenerla.
Syaoran apartó el brazo, tomando la mano de Jang.
—Pues no, prefiero no salir con nadie una semana completa que salir con Yomika o como se llame.
Jang sonrió con malicia, mostrando una hilera de dientes blancos y relucientes. Syaoran supo que estaba en problemas, los ojos de Jang brillaban con el mismo fulgor incandescente de las llamas del infierno. Él nunca había estado ahí, pero se lo imaginaba, una semana de castidad se avecinaba en su futuro.
—Es un trato entonces —sentenció Jang—, no saldrás con nadie, ni tendrás rapiditos por ningún lado o te desheredo.
Syaoran bufó, se compraría unos calzoncillos de castidad. Jang a pesar de no haber ido a la universidad, sabía cómo cerrar un buen negocio. Pero era preferible eso, a ser pobre por el resto de su vida. Mierda.
*.*.*
Sakura asomó la cabeza por la retahíla de personas que se apilaban frente al escritorio donde Naoko Yanagisawa, firmaba los primeros ejemplares de su libro "Amante secreto", perteneciente a la serie McDiarmin. Dos sentimientos contrastaban en su corazón es ese momento, felicidad por el éxito de Naoko y odio, porque Eriol nunca llegó a su cita.
Miró a su alrededor buscando una persona que quisiera discutir el libro con ella o hablar sobre el clima, pero la mayoría llevaban acompañantes. Intentó acercarse a Naoko pero algunas mujeres que querían expresarle su admiración se interpusieron en su camino. Ahora, tenía la imperiosa necesidad de ir al baño, pero si se movía de lugar, perdería su puesto en la fila. Apretó las piernas, fuerza de voluntad era lo único que necesitaba y la tenía.
—No te ves muy bien, estás roja —opinó un tipo a sus espaldas.
Sakura levantó la cabeza para mirarlo y se preguntó cómo sabía que ella estaba roja, si el utilizaba gafas oscuras. Se encogió de hombros, la vida le había enseñado que existían muchos misterios, podía ser que el hombre fuese su salvación ese día. Retrocedió un paso y se acercó a él susurrando—: necesito usar el baño.
El hombre levantó sus cejas castañas y sonrió en complicidad.
—Entonces ve, yo te guardo el lugar.
Los ojos de Sakura se iluminaron.
—¿De verdad?
El hombre asintió y ella no se lo pensó dos veces, salió de la librería y bajó corriendo las escaleras hasta dar con los baños de mujeres del centro comercial. Como no estaba dispuesta a mojar sus braguitas, empujó a una viejita y le pidió perdón a Dios, pero acaba de conocer a un ángel que la salvó de la humillación pública. No se orinaba en las braguitas desde que tenía seis años. Bueno, una vez lo había hecho a los ocho, pero eso fue porque esa noche estaba lloviendo y tenía miedo de levantarse de la cama. Recibió un castigo de una semana sin postre por ello.
Suspirando dejó correr el agua del váter, y fue directo a lavarse las manos. Se acomodó el bolso en el hombro, subiendo con toda tranquilidad por las escaleras eléctricas. La librería se veía menos abarrotada ahora que la observaba con objetividad. Buscó entre la fila al hombre de gafas oscuras y gorra azul haciendo juego con su camiseta. Lo encontró haciéndole señales para que se apresurara, sólo faltaban dos personas para que llegara su turno.
A Sakura le fue inevitable no fijarse en la perfecta altura del sujeto, en los músculos que se marcaban a través de su camiseta, y en su apuesto rostro a pesar de que prácticamente lo mantenía cubierto. Se mordió el labio. Quizá fuese un actor famoso y se escondía en un pequeño sitio como ese para pasar desapercibido por los paparazzis.
—Te lo agradezco mucho —dijo, metiéndose de nuevo a la fila. Un par de personas le lanzaron una mirada amonestadora que ella ignoró por completo, su conciencia estaba limpia de todos modos.
—De nada.
Sakura no se sentía cómoda con una respuesta tan escueta, a ella le fascinaba hablar y no lo había hecho por lo menos en dos horas.
—¿Y qué parte del libro fue tu favorita?
El sujeto se rascó la cabeza. Sakura descubrió que tenía un tatuaje en el brazo izquierdo, no pudo descifrar su forma, apenas una línea oscura se asomó por la manga de su camiseta. Su mirada no evitó deslizarse hasta la cinturilla de sus vaqueros, donde la camisa se había levantado ligeramente. Piel bronceada y caliente fue lo que percibió.
Se sonrojó, su debilidad eran los hombres morenos y musculosos. Además, éste leía. Daisuke no leía, y era bajito. Apenas unos quince centímetros más alto que ella. Era un hecho bastante extraño, ya que Sakura creía que los guardaespaldas debían tener pinta de gorilas matones, pero Daisuke era tan tierno que sólo daban ganas de comérselo a besos. Raras veces sentía deseos de conocer su arma mortal, y no se refería a la que utilizaba para dispararle a los malos sino más bien, la que hacía gozar a las mujeres.
Soltó una exclamación horrorizada, tenía que pasar menos tiempo con Takesha.
—Creo que todo el libro es excelente, lo leí de un tiro. No pude soltarlo hasta saber quién era realmente el villano, pero me gustó bastante el desarrollo en la relación de los protagonistas, como Danna aceptó sus sentimientos por Alban —se cruzó de brazos—, lo único malo es que Danna tuvo que esperar diez años para que Alban saliera de prisión. Si yo fuese mujer, no esperaría tanto.
Sakura sonrió nerviosamente, empezaba a sudar.
—Sí, y-yo opino lo mismo.
—¿No esperarías tampoco a alguien por tanto tiempo? —preguntó sorprendido su acompañante.
—¿Qué? Oh, por supuesto que lo haría. Yo vivo esperando —respondió, evocando a su relación con Daisuke.
—¿Por qué?
—Bueno —Sakura avanzó unos pasos adelante, sólo faltaba una persona—, mi novio viaja mucho por su trabajo. No nos vemos muy seguido.
—Ya, ¿nunca le has sido infiel? Te has de sentir bastante desatendida.
Sakura sintió una mano posarse en su hombro. Tragó pesado admirando los dedos largos del hombre, ¿por qué estaba tan nerviosa? Él ni siquiera estaba coqueteando con ella.
—No, jamás —contestó no muy sinceramente. En esos momentos se preguntaba qué tan suaves serían esas manos sobre su piel desnuda.
—Lo imaginaba.
Él la empujó hasta el escritorio y Sakura saludó por fin a Naoko, discutieron fugazmente el libro, además de acordar una cita para almorzar la próxima semana y le cedió el lugar a su ángel acompañante.
—Oye, ¿puedes agregar una pequeña dedicatoria con mi nombre? Así mi abuela creerá que lo he leído.
Naoko rió firmando el libro.
—Por supuesto, ¿qué quieres que diga?
—Para Syaoran, mi mayor admirador.
A Sakura se le cayó el alma a los pies, y vio como Syaoran Li la pisoteaba. ¡Ella había estado fantaseando con ese asqueroso mujeriego! No podía ser. La indignación no le permitió moverse, siendo arrastrada a consecuencia hasta una cafetería cercana por Syaoran Li. Él casi la forzó a ordenar un pastel de queso y un frappuccino. Ella no quería comer, no le gustaban los dulces, sin embargo él amenazó con golpearla si no lo hacía.
En realidad, aquello sólo fue una absurda alucinación de Sakura para justificar que aceptó la invitación, pero ella prefería relatar así los hechos.
—Entonces, chispita —Syaoran dijo retirándose las gafas—. Comprendo que sólo nos hemos visto un par de veces, pero me han dicho que soy un hombre difícil de olvidar. ¿Cómo es que tú lo conseguiste tan fácil? —se inclinó colocándolo las manos en la mesa—. Debo empeñarme más para dejarte mi marca.
—Ya quisieras —musitó, apuñalando su pastel de queso.
Syaoran la dejó comer en paz, limitándose a observar sus redondas mejillas rosadas. La chispita de carne y hueso, era una mujer de buen apetito. Se atrevió a ordenar una segunda porción de pastel de queso y le agregó un pie de manzana. Nunca había salido con una mujer que comiera tanto. Hayami por lo general, se alimentaba por el proceso de fotosíntesis y las mujeres con las que salía ultimadamente a puro alcohol. Era agradable estar en la mesa con una mujer que se alimentaba.
Las perlas falsas de chispita se mantenían en su cuello y su uniforme rosa chicle, llamaba la atención de todos los clientes. El escote le mostraba un busto pequeño, si ponía su mano semicerrada encima de uno de sus senos, probablemente lo abarcaría completo. Descendiendo en la inspección, sus piernas eran cortas, bonitas.
—¿Cómo te llamas?
Sakura se sacó el tenedor de su pequeña boca, y lo miró con un par de esmeraldas relucientes.
—Sakura Misakura.
—Misakura —repitió Syaoran, era el apellido más gracioso que había escuchado en su vida. Mi-Sakura—, parece que no has comido en siglos.
Ella se sonrojó como una niña pequeña acusada de meterle dedo al pastel de cumpleaños antes de soplar las velitas.
—Y-yo —desvió la mirada al escaparate—, si es mucha la cuenta, puedo pagar la mitad.
—¿La mitad? —inquirió Syaoran levantando las cejas—, pero si yo no he ordenado nada.
Sakura infló sus mejillas, arrugando el entrecejo, ofreciéndole la mitad de su pie de manzana.
Syaoran lo aceptó sólo por molestar a chispita.
—También exijo la mitad del frappuccino.
Sakura remilgó haciendo un puchero. Maldito tacaño, aún nadando en dinero se atrevía a quitarle el alimento a los pobres. Le dieron ganas de escupir lo que restaba del frappuccino pero se abstuvo de hacerlo, no quería demasiada de su saliva mezclándose con la de Li.
—Me dijiste que tenías novio —comentó el castaño saboreando el frappuccino de la discordia—. ¿Sabías que las ventajas de tener novio es precisamente que no pagas por la comida?
—Estamos ahorrando, por eso casi siempre comemos en casa —respondió Sakura jugando con la correa de su bolso.
—¿Vas a casarte? —preguntó con sorna Li.
—Sí —soltó eufórica chispita.
Syaoran se atragantó, imaginándose al novio de la chica de bonito cabello castaño… Así que esas pecas en su naricilla, ya tenían dueño. Chispita era una mujer prohibida. Como le encantaba a él lo prohibido, pero a simple vista, se notaba que Sakura era una mujer que se hacía respetar. Perfecto.
—Se para mí una semana —propuso Syaoran.
Sakura se cubrió los pechos escandalizada. Syaoran se lo pensó mejor, quizá no fue la mejor forma de hacer la petición.
—Quiero decir, que trabajes conmigo por una semana.
—¿Qué se supone que debo hacer? —cuestionó desconfiada, sin descubrirse los pechos.
—Espantarme a las mujeres —gimió Syaoran.
Sakura abrió los ojos como platos.
—¿Por qué? No me digas que te volteaste o te estás recuperando de alguna lesión… Tú sabes —susurró señalando sus pantalones con la cabeza—, de aquella índole.
—¿Qué? ¡No! —negó Syaoran metiendo las manos debajo de la mesa. Chispita le escrutó desconfiada—. Puedo mostrártelo si quieres.
—Ni de broma.
Syaoran frunció el entrecejo. Esa mujer era imposible.
—¿Aceptas o no?
—Depende de cuánto ofreces y si logras acomodarte a mis horarios.
—Eso podemos arreglarlo —opinó Syaoran dejando a la vista sus manos—, repórtate enferma. Te necesito a mi lado todo el día. Las veinticuatro horas.
—No puedo hacer eso —chilló Sakura—, adoro mi trabajo y si me descubren me despedirán. Aparte ni siquiera has dicho cuánto vas a pagarme, no sé si de verdad, valdrá la pena el sacrificio.
Syaoran se rascó la barbilla. Una mujer como Misakura Sakura, querría algo más que dinero. Si la estudiaba mejor, parecía una pequeña niña esperando un montón de dulces. Su novio posiblemente fuese un tipo atento, cariñoso y cursi. Todo lo romántico posible para mantener feliz a esa extraña criatura salida de un bosque encantado.
—Si me espantas a todas las mujeres por una semana, cumples mis caprichos y haces todo lo que yo diga para no aburrirme, cubriré los gastos de tu boda en el Crystal Palace.
Los ojos de Sakura se encendieron. Ni en sus sueños ella y Daisuke podrían costear una boda en el Crystal Palace. La oferta se escuchaba tentadora.
—Incluye una gran limusina para ese día y firmamos el contrato.
Syaoran sonrió, agarrando la pequeña mano que chispita ofrecía.
—Bien, trato hecho.
*.*.*
—Entonces, ¿qué hacías en la clínica con Li? —gritó Eriol afuera de los vestidores para damas. Él se había retrasado por unos asuntos pendientes en la oficina, y cuando llegó al centro comercial, Sakura estaba en consulta con el médico privado de la familia Li.
—Ya te lo dije —vociferó Sakura, luchando por meterse un pantalón talla cuatro. Comió demasiados pastelitos esa mañana—, Li me propuso hacerme una inseminación para tener un hijo suyo y acepté. Luego lo consultaré con Daisuke, no es la gran cosa.
Erio asomó la cabeza por los vestidores, echando un vistazo debajo de las puertas hasta dar con los pequeños pies de duende de Sakura.
—¿Estás loca, verdad? Dime que estás mintiendo —suplicó Eriol. No era la primera vez que Sakura cometía una locura, pero esta vez había ido demasiado lejos.
—No, es la verdad —murmuró, luchando con la cremallera. ¡Tenía barriga, por Dios!—. Estaba enojada porque me dejaste plantada y luego apareció él diciendo que necesitaba tener un hijo lo antes posible porque su abuela quería desheredarlo. Vi la oportunidad y la aproveché. Li me pagará una buena pensión de por vida por prestarle mi vientre.
—Pues tú no vas a tener un hijo fuera del matrimonio —gruñó Eriol, sacando a relucir los excesivos valores moralistas de su familia—. En este momento voy a exigirle que se case contigo. Ninguna de mis hermanas enfrentará sola un embarazo… y que no sueñe en quitarte luego al niño, no lo permitiré. ¿Le firmaste algún contrato?
Sakura salió del vestidor con el disfraz de elfo que utilizaría la próxima semana, cuando regresara de su incapacidad laboral.
—Sí, pero no dice nada sobre entregarle al niño —se miró de perfil en el espejo—. Sólo especificamos que tendremos sexo cuando él quiera, dice que le excitan las embarazadas.
Eriol se alborotó el cabello.
—Es broma, ¿cierto?
Sakura se echó a reír.
—Obvio, sólo pensé que sería una buena forma de vengarme de ti por dejarme plantada, pero sí he firmado un contrato con Li —levantó el puño, haciendo una mueca de guerrera—. Me pagará para que lo mantenga alejado de las mujeres por una semana. ¿Qué te parece? Disfrutaré mucho truncándole sus fantasías sexuales.
Eriol suspiró, apoyándose en la pared.
—Mierda, esta vez sí te la creí. Es como la vez que fuimos a las vegas y te casaste con…
—¡Shhh! —siseó espantada Sakura, cubriéndole la boca con ambas manos—. Cállate, sólo estuvimos casados por tres días. ¡Ni siquiera pasó nada!
—Según tú —aseguró Eriol—, porque tu ex-maridito afirma otra cosa.
—¡Que no! Maldito Riu. Tú tuviste la culpa por presentármelo. Además —bajó la voz, cuidando que nadie más los escuchase—, siempre he sido novia de Daisuke. Él cree que soy virgen, y lo soy. ¡Tengo pruebas! Nunca lo engañé realmente.
—Pero…
—¡Fin del asunto! Soy una mujer soltera. No divorciada —gritó formando una equis con sus brazos.
—¡Sakura, te ves tan kawaii con ese traje!
Ambos confidentes miraron a la mujer de cabellos azabaches y ojos amatistas que corría en su dirección.
—¡Tomoyo! ¿Te gusta? —preguntó Sakura modelando su traje.
Eriol fue deslumbrado por el brillo en los ojos de la amiga de Sakura. Era una mujer realmente preciosa, con piernas largas y caderas abundantes. Se relamió los labios admirando su busto generoso.
—Sí, me encanta —Un par de lágrimas se asomaron por los ojos de Tomoyo—. Veo que estás creciendo, dentro de poco no me necesitarás para hacer las compras.
Sakura dio un saltito, abrazando a la que consideraba su hermana mayor.
—No estés triste, Tomoyo. Siempre podrás asesorarme con la vestimenta de los bebés que tendré.
—No sabes lo cerca que has estado de asesorarla —comentó Eriol, mirándose las uñas.
Tomoyo le sonrió al oji-azul, mirando a Sakura meterse de nuevo en el vestidor.
—Sakura siempre me habla mucho de ti, supongo que eres Eriol.
—Así es, Eriol Hiraguizawa —se presentó enderezándose—. ¿Y tú eres?
—Tomoyo Kagura.
—Bueno Tomoyo, en vista de que tenemos muchas cosas en común, ¿qué te parece si saliendo de aquí, vamos por un café?
Tomoyo sonrió coquetamente, haciendo ondear la falda azul de su vestido.
—Me encantaría pero, soy casada.
—Y yo soy abogado —bromeó Eriol.
Tomoyo reprimió una risita, hace mucho que un hombre no flirteaba con ella. Sin embargo, había algo que siempre derrotaba hasta al más insistente.
—Tengo un hijo de tres años.
Eriol deslizó su mirada por el cuerpo curvilíneo de Tomoyo.
—No se te nota.
Los ojos de Tomoyo se abrieron como platos. Sonrojada cubrió su abdomen con su bolso, su marido no opinaba lo mismo que Eriol. Kai vivía repitiéndole que estaba fuera de forma.
—¡Chicos, definitivamente, compraré éste! —exclamó Sakura, entregándole el disfraz a la dependienta.
Sin saber lo que había sucedido con sus amigos, los cogió de la mano a ambos y se los llevó hasta el mostrador.
—¡Me casaré en el Crystal Palace! —chilló.
—Pero dijiste que no podías pagarlo —replicó Tomoyo.
Sakura movió las cejas de manera sugestiva.
—Es una larga historia, querida.
—Tenemos todo el tiempo del mundo —intervino Eriol—. Yo invito las pizzas, esta será una loca reunión adolescente.
Sakura se carcajeó siendo la más joven del grupo. Eriol y Tomoyo, rondaban ya los treinta.
**Continuará**
Les agradezco una infinidad sus comentarios. Muchas gracias. :) A ver qué les pareció el trato de los SS. Yo sé que Syaoran está loco, pero espero que comprendan por qué le dice chispita a Sakura. ¿Notaron los colores de su osita? Por cierto, el libro que se menciona, no existe, que yo sepa, verdad. xD
