En primer lugar, quiero agradecer a las personas que me enviaron sus reviews, ha sido una grata sorpresa. En segundo lugar, quiero decir que si este primer capítulo levantó alguna polémica, pues entonces a las personas que haya molestado, más les vale no seguir leyendo, ya que no sólo me propongo perseverar en este estilo, sino que más aún, profundizar algunos temas que me han dado qué pensar de la serie. El que siga manteniendo el tono que a la mayoría les gustó, es algo que espero lograr en lo que sigue. Sus amables comentarios me servirán de guía.
II. El Día Después
Su padre fue el primero en darse cuenta. Después del violento despertar que siempre le obsequiaba su prometida y que más que nunca le pareció fuera de lugar, tuvo que resignarse a la práctica matutina, encontrándose con tal lamentable falta de concentración (por razones obvias), que no le presentó problema alguno a su padre para barrer el piso con él. Genma Saotome podría ser el mayor de los asnos de Nerima, pero era un viejo con experiencia en la vida, y si había algo que conocía como a sus manos era a su hijo, única compañía durante quince largos años de entrenamiento, y conociendo como huellas digitales sus golpes y movimientos, su desconcierto inicial por la desacostumbrada torpeza de su vástago, que no lucía enfermo, lo llevó a echarle una mirada escrutadora que le reveló la fatal verdad: nadie tenía que explicarle qué era lo que perturbaba de tal manera a un joven guerrero, poniéndole esa mirada soñadora y esa mueca bobalicona en la cara. Aterrado, lo cogió cual chiquillo bajo su brazo y emprendió la huída hacia el lugar más cercano y privado al que podía acceder: el consabido lote baldío tras la casa Tendo, donde habitualmente acampaba Ryoga y donde solían efectuar los duelos que no involucraban al dojo. Una vez allí lo encaró:
-¡Muchacho idiota! ¿Qué es lo que has hecho? –y como éste le replicara desconcertado con un tonto "¿eh?", le obsequió un fuerte mamporro en la cabeza para despejársela y le espetó:- ¿No te hemos dado las suficientes ocasiones tu tío y yo, como para que supieras acertarle al agujero correcto?
La expresión que su padre usó para referirse al acto más hermoso y puro que hubiera realizado en su vida y que de alguna manera rozara siquiera a su amada, ensuciando de pasada su nombre de aquella grosera y soez manera realmente enfureció al muchacho, quien esta vez sí atacó a su padre con ganas asesinas por el insulto proferido a su diosa.
Momentos después, un todavía molesto Ranma arrojaba sin ceremonias a un golpeado Genma al suelo del hogar Tendo. Realmente, ya sabía de dónde le venía lo de boquiflojo, ¿por qué mierda había supuesto de buenas a primeras que había estado con alguien que no fuera Akane? Pase que pelearan bastante, pero aún así seguían siendo prometidos, de modo que lo más natural sería que pensara que ella había sido su mujer. Lo que más le había dado rabia eran las frases que le había soltado en el sentido de que lo hiciera pasar como un arrebato del momento, una treta sucia de alguna, pero que de ninguna manera se sintiera responsable por la honra de la suelta que hubiera estado con él: ¡Viejo miserable! ¡Cómo si él tuviera tan poco honor como su padre! De cualquier manera, con quien hubiera estado y lo que pensaba hacer al respecto, no era un tema que fuera a tratar con él.
El tío Soun y su madre lo reconvinieron por pasarse tanto con el entrenamiento. Su humor no mejoró en nada cuando en la mesa del desayuno le dijeron que la muchacha se había ido temprano a hacer una diligencia antes del colegio. ¿Qué tendría? ¿Lo estaría evitando avergonzada o sería otra cosa? Bufó exasperado y pretextando sus propios asuntos les informó que se iba sin desayunar, lo que causó miradas de estupefacción en la concurrencia, pero él se marchó sin mayores explicaciones. Tenía el alma tan llena por los acontecimientos, que no tenía apetito. Además, no tenía ganas de aguantar los comentarios de la familia, ¿acaso no tenían algo que comunicarles luego de lo de anoche? Al recordar los pasados eventos, un agradable sonrojo se apoderó del joven, quien se subió a la reja más liviano que nunca, y comenzó a tararear en un feliz estado de ensoñación. De pronto, todas aquellas canciones cursis y vejestorias cobraban un nuevo y maravilloso sentido. Cantando bajito, terminó a voz en cuello, afirmado de un poste con:
"Happy people pass my way,
Looking in their eyes I see
A memory
I never realized
How happy you made me,
-¡Ni hao!
Plaf. Cierta bicicleta manejada por una entusiasta chinita, que no importaba cuánto tiempo llevara haciendo lo mismo, siempre lo sorprendía, aterrizó pesada y dolorosamente en su espalda, derribándolo y dejándole múltiples golpes.
¡Oh, Mandy!"
-¡Maldita seas, Shampoo, quítateme de encima! –le rugió- ¿Es que no sabes saludar como la gente?
-¿Airen contento de ver a Shampoo, sí? No estar chica violenta. ¿Airen hacer cita con Shampoo ahora, sí?
-¡Ya déjame en paz, Shampoo! No voy a ir contigo a ningún lado, menos aún ahora.
-¿Cómo ahora? –preguntó sospechosa-. ¿Airen enfermo?
-¡No! ¡Airen perfecto! ¡Airen cansado de ser tratado como trofeo! ¡Airen poder decidir por sí mismo, y eso es exactamente lo que él ha hecho!
-¿Cómo decidir? ¿Decidir qué?
-Pues qué hacer con mi vida, claro, y sobre todo con quien.
-Airen casarse con Shampoo entonces, ¿sí?
-¡No, claro que no! ¡Tendría que ser un operado de la cabeza para elegir irme a una villa llena de mujeres locas, que buscan hombres fuertes para luego esclavizarlos y tratarlos como basura! –espetó irónico. Al oír eso, la joven retrocedió herida y sus bellos ojos se cuajaron de lágrimas. Viendo esto, el chico se turbó entero y comenzó a mover agitadamente los brazos: -¡No Shampoo, no llores, lo siento! ¡No quise decir eso! –ella sólo respondió con un fuerte golpe que lo levantó del piso, para luego dejarlo caer en el mismo sitio.
-¿Cuándo haberte tratado así? ¿Acaso no luchar a tu lado, acaso no protegerte, acaso no ayudar a tu torpe chica violenta? –le gritó dolorida para proseguir-. ¿No acordarte de cuando Shampoo hacer frente a sus hermanas por ti? ¡Maldito desagradecido! Bisabuela tener razón: no deber tratar bien a un hombre, o este aprovecharse y tomar todo, no dar nada. ¡Shampoo odiarte! –para luego tomar su bicicleta y salir pitando entre lágrimas.
Ranma podía ser torpe y bruto, pero en modo alguno cruel, de modo que se sintió bastante mal con su conducta, después de todo era cierto: Shampoo lo había defendido incluso contra Colonge, pero si bien por momentos se había sentido encandilado por su fuerza y belleza, invariablemente volvía a su norte. Por más perfecta que fuera, siempre le faltaba algo (a veces, se figuraba que no tenía alma), y él simplemente no podía amarla porque había caído casi desde el principio con Akane. De modo que como el amor es uno de esos sentimientos egoístas, se encogió de hombros pensando en que si por las buenas no había entendido, tendría que ser por las malas. Siguió su camino al instituto volviendo a sus agradables pensamientos anteriores:
"¡Oh, Mandy!
Well you came
And you gave
Whitout taking
But I sent you away…"
Mientras, en el Neko Hanten, una desquiciada Shampoo revolvía en el baúl de su bisabuela, en medio de los más potentes hechizos y conjuros, tirando lo descartado de cualquier manera, en medio de las miradas asombradas de Mousse y Colonge, mientras profería en chino:
-¡Ya verás, Ranma Saotome! ¡Esto no se va a quedar así! ¡Nadie se ríe de una amazona y vive para contarlo!
Debió haber contado con la proverbial discreción de su prometido. Apenas había partido a despertarlo en la mañana como de costumbre, cuando lo encontró abrazado a la almohada con la expresión más tonta que le hubiera visto hasta entonces (y eso que le conocía muchas). Luego de intentar, como siempre, despertarlo de una manera civilizada sin obtener resultados, le soltó un buen bofetón que sólo fue recibido con una risita soñolienta y un cambio de posición entre unos suspirados "¡Oh, Akane!", de modo que bufando exasperada, le arrojó un balde de agua helada y antes de que le dijera algo, le quitó el futón y las sábanas, haciéndolo rodar por el piso, para ir a borrar las evidencias.
Luego de escobillar enérgicamente las prendas incriminatorias, se despidió de la familia pretextando una diligencia importante y disparó al consultorio del otro lado de la ciudad, en donde se agenció la píldora del día después de la manera más discreta posible. Tuvo que soportar un discurso sobre prevención (toda la situación la tenía profundamente abochornada, y el sonrojo en su cara parecía haberse instalado de forma permanente), y si bien no estaba en los días peligrosos no iba a correr ningún riesgo al respecto. De manera que se tragó todo aquello y aceptó agradecida los preservativos y anticonceptivos que le dieron, librándose así de tener que repetir la vergüenza en alguna farmacia. ¡Maldición, ya era toda una mujer e iba a tomar ella la decisión de sus asuntos y sobre todo de su cuerpo! ¡Y eso implicaba las posibles consecuencias!
Maldiciendo a Ranma por haber tenido que pasar por esto sola, se dirigió a la escuela, encontrándose con el susodicho en su banco, con una expresión de arrobamiento estúpido que ya había llamado la atención de sus compañeros que cuchicheaban intrigados, y Ukyo no cesaba de mirarlos con sospecha, de modo que en bien de todos, le arrojó un cuaderno a la cara para luego increparlo como siempre. Él solo parpadeó asombrado, como quien despierta de un sueño, y le sonrió. Durante la clase le arrojó como tres cuadernos, y como no diera resultado le tiró un pesado diccionario a la cabeza, obteniendo con ello que el profesor los echara del salón con dos cubetas cada uno, y para ese entonces estaba tan cabreada que no tuvo que fingir la pelea de afuera, que concluyó con el vuelo de su prometido por los aires de Nerima.
Debió haberlo sabido, él nunca sería discreto, siempre había sido muy fácil de leer. Debió haber esperado a las vacaciones o un viaje o algo. Pero en realidad, si algo había aprendido en estos dos años, es que los planes con él nunca resultaban. Siempre había alguien que sospechaba, que se entrometía o simplemente, él mismo lo echaba todo a perder. Lo mejor con Ranma era ser como el agua, no pensar, solo fluir.
Por su parte, él no podía borrarse la sonrisa de la cara. No importaba que Akane lo golpeara, le tirara agua fría o lo mandara a volar, nada podía quitarle la felicidad que sentía, bueno, casi nada. A la salida, se encontró con Ukyo, que sin más se le fue encima y le espetó:
-¡Se puede saber qué te pasa!
-¿De qué hablas Ucchan? –preguntó descolocado con el ímpetu de su amiga.
-¡A que has estado todo el día mirando a Akane con cara de tonto! ¿Qué te pasa? ¿Acaso estás tan perdidamente enamorado de ella que no puedes quitarle la vista de encima?
-Mira Ucchan… –empezó, sin negar nada, lo que aterró a la chica- Hay ciertas cosas que…
-¡No me digas que…! -le interrumpió con voz sorda. No quería ni imaginarse lo que no quería oír-. ¿Acaso ocurrió algo entre ustedes? –preguntó temblorosa, las lágrimas acudieron a sus ojos.
-Ucchan… -contestó contrito. ¡Cómo odiaba causar dolor! ¡Sobre todo a su amiga de infancia!- No me gusta verte así.
-De verdad que no te entiendo Ranma. Ella te trata mal, te golpea, no sabe cocinar y es torpe como pocas y aún así tú… ¿Es que acaso te gusta que te pegue?
Si había algo que lo molestaba, era que alguna de las otras le señalara los defectos de su prometida, en primer lugar porque no le gustaba nada que le hablaran mal de ella; y en segundo, porque le parecía que pensaban que era tan tonto que no podía darse cuenta de las cosas por sí mismo. ¡Si hacía dos años que vivía con ella, por Dios! ¡Nadie tenía que explicarle como era Akane! ¡Conocía el sonido de sus pasos, de su voz, su aroma, su aura, todo, absolutamente todo de ella!
-¡Sí, sí me gusta! –gritó, para corregirse:- ¡Es decir, no! Pero… ¡Ah, mierda! –rabió impotente. ¿Cómo podía explicarle justamente a Ukyo que él era un hombre fuerte, que le gustaban las mujeres fuertes, que eran ésas las que le llamaban la atención? Y no había ninguna más dominante que su Akane. Nadie entendía que incluso sus golpes eran su forma de comunicarse. Para él estaba claro, cuando le pegaba le decía que aunque estuviera muy enamorada de él, debía comportarse con ella: "A mí me respetas cabrito, y si no te gusta, ahí está la puerta. Mira, yo te ayudo a llegar" y era entonces cuando lo mandaba a volar. No lo retendría, pero si quería estar con ella, sería en sus propios términos. Y él siempre volvía, calladito, o bien rezongando, pero bajito. Le gustaba que fuera así, salvaje e indómita como él mismo, y que lo dejara ser también, dentro de cierto respeto mutuo. Él no quería mimos, ni ser tratado entre algodones todos melosos y llenos de flores, no era así. ¡Era un guerrero, por el amor de Dios y necesitaba a una guerrera a su lado! Alguien que lo mandara a la mierda cuando fuera necesario, o lo obligara a hacer lo correcto y le diera una buena patada en el culo cuando se lo hubiera ganado. Su prometida había tenido la suficiente fortaleza para pararse frente a Toma y a Kirin, en medio de todos sus guerreros y soltarles sendos bofetones, y de propina, un buen rapapolvo, para ponerlos en su lugar, y estaba seguro de que de no haber estado tan cada uno por su lado y descoordinados, hubiera hecho lo mismo con Saffrón. Si se fuera con ella o con Shampoo, era un hecho que pronto se dejarían dominar por su personalidad avasalladora y terminarían aceptando todo lo que él dijera con tal de retenerlo. Sólo Akane tenía el poder suficiente para señalarle la salida y mantener su independencia, y eso, él lo amaba en ella.
Ukyo, que como toda mujer enamorada se había pasado horas estudiando a su amado, buscando aprender sus gestos, leyó parte de esto en su mirada, sus pensamientos eran para la chica Tendo y por más que hiciera, luchar contra esto era una batalla perdida. ¿Por qué no podía abandonar entonces? Porque él era como un cometa, brillante, hermoso, fiero, que si bien lo ilumina todo, no se puede tocar, no se puede atrapar, no se puede retener. Temblorosa, se abrazó a sí misma y se echó a llorar. Ranma, vencido, la abrazó. Jamás podría darle lo que quería, incluso aunque Akane no estuviera. Sencillamente, ella no era para él.
En eso estaban cuando Akane acertó a pasar por ahí. Al verlos abrazados sintió una punzada en el pecho, pero inmediatamente levantó la cabeza con orgullo: ya había decidido que no seguiría sufriendo por él. Sólo seguiría con su idilio hasta que consiguiera arrancarlo de su corazón. Le echó una nueva y compasiva mirada y suspiró: "Al final, serás de la más lista, y no podrás hacer nada por remediarlo". Luego de esto, siguió su camino.
Al llegar al dojo, se fue directa al baño y se encontró con el espectáculo de su hermana mediana revolviendo la ropa sucia. Aún bajo la influencia de todo lo ocurrido en las horas desde que entrara al cuarto del muchacho y sobre todo, de lo que acababa de ver en el parque, le reclamó iracunda a la vez que cerraba de un portazo:
-¡Qué mierda estás buscando! –al oír el estruendo, Nabiki se volvió con expresión culpable, pero casi de inmediato se rehizo: no era la primera vez que la pillaban en una actitud comprometida.
-Solo estaba buscando algo que eché por error al lavado, hermanita. Después de todo, hay prendas demasiado delicadas que no deben ir a la lavadora…
-¿Y por eso las buscabas entre la ropa interior de Ranma? –le espetó desdeñosa. Nabiki palideció en el acto. ¿Cuánto sería lo que ella sabía?
-Bu-bueno, es que… ¿sabes? Son un tipo de trofeo altamente cotizado y me vendría bien algo de dinero extra ahora que estoy en la Universidad…
-Y doblemente valiosos si conservan una muestra viable, que le sirviera a alguna inescrupulosa con los contactos suficientes para ir a un laboratorio y preñarse del pobre bobo, ¿verdad, hermanita mayor? –al oír esto, la otra perdió todo el tipo y tuvo que afirmarse del cesto para no caer. Alzando la vista, se dijo que su hermana ya había crecido bastante y no debía tomarla por tonta, de modo que le contestó con voz inexpresiva mirando al vacío:
-¿Hace cuánto lo sabes?
-Pues, tu intervención en la boda, cuando invitaste absolutamente a todos los que estaban más interesados en arruinarla, me dio la clave que necesitaba para ver con suficiente luz ciertos hechos sospechosos, como lo ocurrido con aquellos hongos del amor, o cómo interrumpías oportunamente cada momento en que parecía que nos íbamos a acercar. Lo que no me queda claro es: ¿Por qué cuando te lo ofrecí en bandeja, producto de mi enfado, no lo conservaste?
-Cuando te vi tan triste me ablandé…
-¿Y tendría algo que ver el hecho de que todas las demás clamaran por parte de tu pellejo o que a Ranma aún le quedaran dos años de escuela para ser un proyecto viable? –Nabiki levantó la mirada colérica.
-Piensa lo que quieras, yo sé muy bien lo que… -pero Akane la interrumpió con un gesto. Ya estaba harta de las estratagemas de todo el mundo, para tener que aguantarlas dentro de su propia casa y de tal calibre. Ya venía sospechando un tiempo y se ocupaba personalmente de las prendas de su prometido.
-Y si te preocupan tanto mis sentimientos, entonces, ¿por qué estás buscando atrapar al hombre que me interesa con un crío y de esta manera? ¿Acaso ya no estás preocupada por ellos? –preguntó con amargura.
-Akane yo… -bajó la vista avergonzada, para luego levantar el rostro con decisión: -Estos años he luchado contra lo que siento, he tratado de borrarlo de mi mente y de mi corazón, pero es como una droga, hermana, y ya no puedo más. ¡Antes que se vaya con otra, lo haré mío!
-¿Y a la mierda con todo el resto? ¿A la mierda con tío Genma, tía Nodoka, papá, Kasumi, yo, y sobre todo, a la mierda con Ranma? –de nuevo bajó la cabeza, abrumada por la culpa.
-Yo… Puedo hacerlo feliz, Akane. No soy una artista marcial, pero puedo ayudarlo a impulsar su carrera, presentarlo a la gente correcta, administrar el dojo, conseguir todo lo que pueda desear… -prosiguió cada vez más ansiosa. Akane la miró con pena y la interrumpió.
-No. No puedes hacerlo feliz. Estás demasiado embebida de lo que tú necesitas para ser feliz como para preocuparte por lo que él pueda sentir –y después le lanzó una dura mirada que la acobardó. –¡Te lo advierto Nabiki, no permitiré esto! Lo que sientes no es amor, es enfermedad: ¡Codicias a Ranma como codicias todo lo que no puedes tener y es hermoso! ¡Si persistes en este absurdo plan, te arrepentirás! –la otra, iracunda, le contestó.
-¡Él no puede hacerte feliz, Akane, nunca te dará lo que esperas de él! –para proseguir, con voz cada vez más desquiciada- ¿Crees que no lo sé? ¡Pues jamás verás a Ranma Saotome de rodillas confesándote su amor! ¡Jamás lo dirá al mundo, ni te preferirá por sobre las demás! ¡Te harás vieja esperando y cada vez que te des la vuelta, lo encontrarás en brazos de otra!
-Tomaré mis chances –le respondió tranquila, dándole la espalda-. De cualquier manera, no te dejaré hacerle esto. Se lo debo, al menos eso, por todas las veces que me ha salvado –mientras salía del baño. Desde fuera, oyó los sollozos de su hermana mediana y meneando la cabeza con pena, se fue a su cuarto mientras suspiraba "Otra más con la enfermedad".
Una vez que Ukyo se tranquilizó lo suficiente, se vio obligado a acompañarla a almorzar para resarcirla un poco, de lo que la había hecho padecer. ¡Maldición! ¿Por qué su felicidad lo hacía sentir tan culpable? De cualquier manera, fue una comida bastante fúnebre, todos sus esfuerzos por hacerla sonreír eran vanos, de modo que pretextando unos recados, se largó presuroso de ahí y corrió al encuentro de su amor. ¡Sólo había pasado una hora y ya la extrañaba! Quería sentirla muy cerca, abrazarla, besarla, acariciarla… Voló al dojo y la encontró comiendo con los demás. Se sentó a su lado un poco tímido y se extrañó de su expresión tan sombría que hacía juego con la de Ucchan. ¿Qué había pasado? De pronto, tuvo una súbita inspiración: ¿Lo habría visto en el parque consolando a su amiga? Le dirigió una mirada, que esperaba fuera tranquilizadora: ¡No tenía nada de que preocuparse! Después de anoche, ya no habría obstáculos entre los dos. Sólo esperaba poder hablar a solas para después comunicárselo a la familia y hacer de su compromiso algo oficial.
Ella lo miró de reojo y luego depositó su tazón en la mesa con fuerza y se marchó bufando enfadada a su cuarto. La familia, ya acostumbrada a estas reacciones, siguió comiendo como si nada, sólo Nabiki le echó una mirada escrutadora. Últimamente, la chica estaba mucho más amable con él, conversaban largas horas, se ofrecía a ayudarlo y darle consejos sin cobrarle y en general, era mucho más agradable y solícita. En suma, una buena amiga. Hermana. Cuñada. ¡Lo que fuera! Sin hacerle caso, se apresuró a seguir a su prometida y tocó a su puerta:
-¡Pase! –rápidamente se metió en su cuarto, cerrando la puerta y se acercó para abrazarla.
-Akane, ¿qué sucede? No estés enojada –trató de besarla, pero ella lo empujó para después darle un mamporro.
-¡¿Se puede saber qué haces?! –para proseguir en voz apenas audible: -¡¿Quieres que todos se den cuenta, grandísimo bobo?!
-¿Y eso qué importa ahora? –preguntó confundido. Trató de abrazarla nuevamente-. ¿Acaso no es mejor que lo supieran? ¡Si es lo que siempre han querido!
-¿Estás loco? –lo esquivó y prosiguió con voz sorda-. ¡Claro que no! ¿Acaso quieres a todo el mundo entrometiéndose, peleando, diciéndonos qué hacer?
Ante las palabras de la chica, Ranma tuvo una súbita visión de la familia pegada a la puerta, con vasos en las orejas escuchando mientras hacían el amor, los padres calificando su desempeño, Nabiki corriendo apuestas y su madre alentándolos para que hicieran a su heredero. ¡Puta madre! ¡Y se suponía que estaban de su lado! ¡Maldición!
-Tal vez no tan pronto, pero en algún momento se van a tener que enterar –prosiguió en sus trece.
-No tienen por qué enterarse de nada, Ranma. Casi somos adultos y tenemos derecho a hacer con nuestra vida lo que queramos, sin tener que andar pidiendo permiso como los niños –él frunció el ceño ante esto. No podía decir que no tenía razón, pero aún así no le gustaba eso de no hacer las cosas como era correcto. Además, ¡tenía ganas de gritar por los tejados que estaban juntos, que por fin eran pareja, que se querían y que más les valía que los dejaran en paz! Iba a replicarle cuando ella le cubrió la boca con una mano y le dijo:
-No Ranma. Por favor, esta vez no abras la boca y lo eches a perder. ¿Acaso no puedes limitarte a disfrutar de lo que tienes? –le dio un ligero beso y lo echó de su pieza. Él se fue con el ceño aún fruncido. ¡Claro que disfrutaba de lo que tenía! ¡Pero no le acababan de gustar las cosas así! Era casi como si su romance fuera algo sórdido que debiera ser escondido. ¡Carajo, que no eran hermanos! Siempre pensó que el día que tuviera algo con Akane, lo dirían al mundo y harían frente a la tormenta juntos. Cuando el resto se dieran cuenta de lo mucho que se amaban, tarde o temprano desistirían. "En fin", suspiró. Si eso era lo que ella quería, le daría en el gusto, al menos por un tiempo. Después, ya vería.
Del otro lado del pasillo, Nabiki lo observó irse a su cuarto. Cuando el muchacho desapareció volvió a su habitación.
