Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.


Capítulo 1

-¿Seguro que te encuentras bien, Ali? –la voz de Rosalie me sacó de mis oscuros pensamientos.

-Sí. Estoy bien –respondí como un robot, observando fijamente la taza de café intacta que me había preparado mi amiga justo antes de marcharse de mi piso.

Se había quedado conmigo toda la noche, procurando que no me entrara un ataque de histeria, pero había tenido que irse temprano porque Scott se había despertado con fiebre y tenía que llevarlo al pediatra.

Entonces, empecé a recordar de nuevo el episodio policial de la noche anterior: unos minutos después de que el atracador abandonara la tienda, ésta se llenó de policías que no dejaron de preguntarme por lo que había ocurrido. Yo les intenté explicar entre lágrimas y entre temblores la situación, pero resultó bastante inútil, la verdad. Después, Rosalie apareció como por arte de magia y me acompañó a casa, dándome ánimos durante todo el camino, intentando distraerme. No funcionó, evidentemente, pero le agradecía infinitamente los esfuerzos.

-¿Alice? –su voz me hizo sacudir la cabeza, e intenté por todos los medios centrarme en la conversación que pretendía mantener con mi amiga por teléfono. Sólo hacía diez minutos que se había ido, y me había vuelto a llamar para asegurarse de que estaba bien. –Deja de pensar en la noche de ayer, anda.

-No estaba pensando en eso –mentí.

-Ya. Pero da igual, vas a tener que hacerlo quieras o no, porque es necesario que vayas a comisaría a denunciar lo que ocurrió.

La maldita denuncia. Se me había olvidado. Se suponía que debería haberla hecho la noche anterior, pero estaba tan alterada que los agentes me exigieron que fuese al día siguiente a hacerla sí o sí. De todos modos, no había nada que denunciar. En realidad, no había pasado nada.

-¿Es necesario?

-¡Claro que es necesario! –casi bramó Rosalie. –Intentaron robar en la tienda, Ali. Un tío estuvo a punto de dispararte y después te amenazó. ¿Consideras que eso no es denunciable? Ahora mismo podrías estar en un ataúd.

-¡Rosalie! –su afirmación me puso los pelos de punta.

-Lo siento, pero es necesario que abras los ojos, que te duches, que te vistas y que muevas el culo hasta comisaría. Y como me entere de que no has ido, iré a buscarte a tu casa y te llevaré a rastras si hace falta, Alice. Juro que lo haré –y yo estaba segura de que se atrevería a hacerlo. Por esa misma razón me puse en pie casi de un salto.

-De acuerdo, ahora mismo iré a comisaría a poner la denuncia –recité como un loro para que mi amiga se quedara contenta.

-Ahora me siento mucho mejor. Escucha, te dejo, que tengo que preparar las cosas de Scott para llevármelo al pediatra. Después te llamo.

-Hasta luego –me despedí, y después de colgar arrojé el teléfono móvil al sofá. ¿Por qué me ocurrían a mí ese tipo de cosas? Resoplé, tiré el café que ni siquiera había probado y me dispuse a prepararme para irme a comisaría.

Tres cuartos de hora después, me encontraba en una de las oficinas, esperando a que alguien me atendiera. En cuanto puse un pie en comisaría, uno de los policías que hizo el intento de interrogarme la noche anterior casi me abordó, preguntándome si me encontraba bien. Después de haberle asegurado que estaba como siempre, me llevó hasta una pequeña habitación en la que había solamente un escritorio y un par de sillas, y me pidió que esperara a que uno de sus compañeros viniera a atenderme. Y ahí llevaba ya diez minutos, aburrida e intentando distraerme. La puerta por la que había entrado se encontraba entreabierta, y me sobresalté cuando escuché una voz grave dando gritos relativamente cerca de la sala en la que estaba esperando:

-¿Y tú qué narices estás haciendo aquí? Se supone que estás suspendido indefinidamente –era una voz amenazadora, por lo que no pude evitar encogerme en el asiento. Y eso que no me estaban gritando a mí.

-Qué va. Eso es lo que te han dicho, pero no te lo creas –le respondió otra voz algo más joven en tono burlón.

-Cuidado conmigo, Jasper. Estás pendiendo de un hilo, y si me tocas mucho las narices, te echaré a la puñetera calle. Sabes que disfrutaré mucho cuando lo haga – ¿Jasper? Yo conocía a ese hombre. Bueno, más o menos.

-Yo también tengo ganas de perderte de vista, comisario –me puse tiesa en el asiento cuando escuché que alguien entraba en la sala y cerraba la puerta casi de un portazo. No sabía quién sería, si Jasper o el comisario, pero prefería que fuera el segundo. No sabía por qué, pero presentía que Jasper era una especie de oveja negra en la comisaría, y para qué negarlo, en su vida diaria también, y no tenía ganas de que alguien como él me tomara declaración. Seguramente ignoraría por completo mis palabras. –Así que… señorita Brandon, ¿verdad? –cerré los ojos durante un segundo cuando me percaté de que mis súplicas no habían sido escuchadas. Claro, el comisario no iba a preocuparse de un caso tan banal como el mío.

-Sí –respondí abriendo los ojos, encontrándome con el hermano de mi mejor amiga sentado delante de mí, al otro lado del escritorio.

-Yo a ti te conozco –fue lo primero que me dijo cuando me observó detenidamente, después de haber dejado unos cuantos folios sobre la mesa.

Carraspeé, algo incómoda por la situación. ¿Qué tenía que decirle? Algo así como: "Oh, sí, yo era aquella niña tan bajita que solía ir a tu casa cuando aún ibas al instituto, y que esperaba encontrarte allí por casualidad sólo para verte porque estaba algo obsesionada contigo." Seguramente sería algo digno de ver.

Volví a carraspear.

-Sí. Yo… soy amiga de tu hermana –murmuré, desviando mi mirada hacia la mesa gris mientras cerraba mis manos en puños. ¿Por qué a mí?

-Ah, sí. Te recuerdo. Tú eras aquel renacuajo que venía a mi casa día sí y día también para jugar con Rosalie –sentí mis mejillas arder violentamente ante su estúpida descripción. ¿Renacuajo? No sabía si reír o llorar. –Hacía mucho tiempo que no nos veíamos –continuó hablando, pero no me importó lo que dijo.

-Sí. Oye, tengo prisa, ¿podemos acabar con esto ya? –me salió el mal humor de repente. ¿Quién puñetas se creía para llamarme renacuajo? Estúpido arrogante.

-¿Tienes prisa?

-Sí, eso es lo que he dicho. ¿Puedes hacer lo que tengas que hacer para que pueda largarme cuanto antes?

Jasper me observó con una ceja alzada, lo justo como para hacerme sonrojar todavía más. ¿Podía comenzar a comportarse como un profesional en vez de estar incomodándome con su actitud?

-Antes también tenías mal humor. Recuerdo que un día me arreaste una patada en la espinilla sin ningún motivo –me encogí de nuevo en mi asiento. ¿Cómo podía recordar algo como aquello? Yo sí que lo recordaba. Fue la primera vez que me rompieron el corazón. De todas formas, yo sólo tenía trece años, así que se podía decir que no tenía demasiada importancia.

-Bueno, me alegro de que tengas tan buena memoria. ¿Puedes hacer el informe, o interrogarme, o tomarme declaración, o lo que sea, pero ya?

Jasper suspiró, se sentó derecho en su asiento y cogió los folios que antes había dejado sobre el escritorio. Los leyó con rapidez y después volvió a mirarme.

-Así que te atracaron.

-Lo intentaron, en realidad –le expliqué con tranquilidad, pero sin mirarlo a los ojos ni una sola vez, todo lo que había sucedido la noche anterior con el atracador mientras él me escuchaba atentamente. O eso parecía, al menos.

-¿No te dijo lo que buscaba? –me preguntó con seriedad, y yo me alegré de que se tomara en serio su trabajo.

-No. Parecía que daba por hecho que sabía de lo que hablaba. Pero yo no tengo ni idea de lo que quería.

-¿Seguro?

Fruncí el ceño. ¿Qué se suponía que estaba pensando? ¿Que estaba haciendo algo ilegal? Volví a apretar los puños. Estaba empezando a odiar a ese hombre.

-¡Claro que sí! Si aún no me creo siquiera que un tío me haya puesto una pistola en la cabeza, y cada vez que lo pienso me tiemblan las rodillas, ¿qué te crees? ¿Que voy por ahí escondiendo material ilegal que puede interesarle a los ladrones? –fui sarcástica y me crucé de brazos para enfatizar mis palabras. –No me gusta ponerme en peligro.

Jasper me observó detenidamente después de mi discurso, y yo me mordí el labio ante mi exceso de palabrería. Me había puesto histérica.

-Lo imagino –murmuró, observándome sin interés. –Bueno, pues ya puedes irte –casi me echó, volviendo su mirada a los folios y apuntando alguna cosa en ellos.

-¿Ya? ¿Ya has acabado?

-¿No es eso lo que querías? ¿Que terminara rápido? Pues sí, ya está. Ya puedes largarte, Alice –me espetó, aunque me sorprendió mucho el hecho de que se acordara de mi nombre. Jamás lo había pronunciado en mi presencia, y por eso daba por sentado que no sabía ni cómo se llamaba la mejor amiga de su hermana.

Asentí lentamente y me puse en pie casi con prisa. Me di la vuelta y salí de allí sin decirle nada más. ¿Ya había hecho la denuncia? Dudaba incluso de que Jasper hubiera escuchado algo de lo que le había dicho, pero debería confiar en que así había sido. Me dirigí a mi piso para encerrarme al menos durante un día más. Mi jefa, Maggie, me había dado unos cuantos días libres para que me recuperara del susto, a pesar de que yo había insistido en que no hacía falta. No me hizo caso, como solía hacer siempre, aunque aquella vez se lo agradecí. Estaba muy cansada, así que lo único que hice cuando llegué fue meterme en la cama.

El sonido de mi móvil me despertó, y abrí los ojos con rapidez, sintiendo que había dormido demasiado. Me puse en pie, tambaleándome por haberlo hecho tan bruscamente, y casi me abalancé sobre el teléfono antes de que dejara de sonar. Sabía que era Rosalie, y si no le contestaba a la primera, no dudaría en venir a ver si estaba bien.

-¿Rose? –hablé, sintiendo la lengua pastosa.

-¿Qué tal, nena? ¿Te encuentras bien?

-Sí. Estaba…durmiendo –murmuré, rascándome la cabeza y bostezando.

-¿Durmiendo? Son las ocho y media.

Abrí los ojos desmesuradamente. ¿Había dormido toda la tarde? Por lo visto, sí. Y ni siquiera había comido. Ah, tampoco había desayunado. Acababa de darme cuenta de que estaba hambrienta.

-Digamos que he echado una profunda siesta –le contesté, dirigiéndome a la cocina para empezar a prepararme la cena. –Por cierto, ¿qué tal está Scott? –recordé el tema de la fiebre del niño y me preocupé. Esperaba que no fuese nada grave.

-Ah, nada por lo que debamos preocuparnos. Sólo tiene un pequeño resfriado de principios de primavera, pero no es grave. Únicamente tengo que abrigarlo bien y darle su jarabe de siempre.

-Me alegro –hubo un extraño silencio que se alargó demasiado y me impacienté. – ¿Rose?

-Necesito que me hagas un favor enorme –volví a inquietarme ante su tono de súplica.

-Dime, haré lo que sea –le aseguré.

-Sólo dime que sí. Es lo único que necesito.

Fruncí el ceño. ¿Que le dijera que sí? ¿Que sí a qué?

-¿Qué?

-¡Sólo dime que sí, Alice! –me gritó a través de la línea, por lo que tuve que alejar el teléfono de mi oreja para que no me dejara sorda.

-De acuerdo. Sí.

-¡Gracias, gracias, gracias! ¡Eres la mejor! ¡Te quiero un montón! ¡Gracias! ¡Hasta mañana!

-¿Qué? ¡Espera, Rose! ¡No sé qué…! –demasiado tarde. Ya me había colgado. Y yo no sabía lo que acababa de hacer. Genial.

Me encogí de hombros y me dispuse a prepararme una cena sustancial para recuperar todas las proteínas y vitaminas que no había ingerido aquel día. Cuando terminé, me preparé para lavar los platos, pero no pude hacerlo porque sonó el timbre en aquel mismo momento. Por un instante me quedé paralizada. ¿Y si era el ladrón? ¿Y si estaba cumpliendo su amenaza y había venido a buscarme para matarme? Tragué saliva e intenté respirar hondo. Me dirigí de puntillas hasta la puerta y casi me pegué a ella. Volví a respirar profundamente y descorrí el cerrojo lentamente. Con mucho cuidado de no hacer ruido, abrí la puerta y me asomé mínimamente, sorprendiéndome a más no poder al ver a la persona que esperaba tras ella. ¿Qué hacía él en mi edificio con unas cuantas maletas a sus costados y a esas horas? Sin muchos más miramientos abrí la puerta totalmente, observando detenidamente a la persona que esperaba en el pasillo.

-¿Jasper?

-Hola –me saludó con una sonrisa burlona.

Dios mío, ¿qué había hecho?


Oh, oh... ¿qué habrá hecho? ;P Lo sabréis en el próximo capítulo, aunque ya os lo podéis imaginar...

Espero que os haya gustado este primer capítulo en el que ya aparece nuestro galán (aunque, en realidad, no lo es tanto) Sé que se supone que hoy no me tocaba actualizar, pero ya sabéis que me gusta hacerlo cada dos días, así que volveré a subir capítulo el sábado y luego el lunes, y ya empezaré con mi orden de siempre^^

Pues lo dicho, que espero que os haya gustado el capi de hoy y que me lo digáis con muchos reviews :)

¡Nos leemos en el siguiente!

XoXo