Disclaimer: todo lo que reconozcan, propiedad de J.K. Rowling, lo demás, mío.
Prólogo.
La investigación de Hermione.
Tras rellenar su taza térmica con café una vez más, Hermione se sienta en la biblioteca de su Universidad a volver a leer el tomo que tiene entre manos.
Es la única de su camada que está haciendo la tesis, y, sin embargo, eso la pone aún más ansiosa. Siente que su trabajo final no está avanzando como debería y las entrevistas en las cárceles no están sirviendo como creyó.
Pero se niega rotundamente a cambiar de temática; el tema siempre le ha atraído demasiado como que, para la hora de la verdad, se eche atrás. Los desafíos siempre han sido lo que la moviliza, y este no sería distinto.
Encontraría, de alguna forma, tarde o temprano, al psicópata perfecto.
— Oh, Dios ¿Sigues aquí? — escucha que le dicen desde lejos, levanta la vista y ahí está, Ginevra.
— Sigo aquí — responde simplemente la castaña, tras encogerse hombros levemente y beber su café.
— Hermione, esto no es sano. Venga, salgamos, es viernes.
— Sabes que no saldré, Ginny. Estoy preocupada por esto. Mi investigación no está llegando a ningún lado, las entrevistas en las cárceles no me están ayudando y sabes que necesito un caso en específico para la tesis. En tanto no lo consiga, la profesora Mcgonagall me obligará a cambiar de tema.
La pelirroja se sienta justo frente a ella tras largar un largo suspiro; allí esta su amiga de siempre, siendo obsesivamente auto exigente, perfeccionista. Y el calvario sigue; Ginevra siempre había pensado, y muy erróneamente al parecer, que una vez que Hermione llegara a esta instancia, al último escalón del largo camino, se tranquilizaría. Se permitiría respirar, vivir.
Pero se comporta peor; más compulsivamente aún. Se pasea entre cárceles, psiquiátricos y la jodida y bendita biblioteca que ya debería tener su nombre con todo el honor que ello le atribuiría.
— Pídele más tiempo. Joder, Hermione, eres la única que ya ha empezado con la tesis, a mí me quedan como quince materias todavía para llegar a donde estás tú. Lo mínimo que puede hacer es darte más tiempo. Lo mereces – Hermione larga un fuerte suspiro de resignación y se restriega el rostro con las manos.
— Ya voy dos meses con esto y no tengo un caso, Gin. Esto va mal.
— ¿Nadie en la cárcel es el candidato que necesitas? — la castaña niega con la cabeza repensando en cada persona a la que le ha hecho la entrevista.
— No, y no sé en qué otro lado buscar.
— ¿Por qué no buscas algo más fácil? Yo seguramente haga con niños — Hermione niega con la cabeza.
— No, porque esto es lo que me apasiona, Gin. Lo que me mueve. Puedo ir y hacer cualquier otro tema, otro caso, algo más sencillo, que este más a la vista, pero no me… No me sentiré satisfecha ¿Entiendes? Necesito esto, y necesito que sea perfecto.
— Nunca nada será perfecto, Hermione. Esto no se trata de una materia en la que sacas diez, ni en el mejor examen. Se trata de casos reales, de vidas reales. No puedes pretender encontrar alguien salido de una película y hacer tu tesis como si fuera un libro. Lo siento, pero es verdad.
— ¡No quiero alguien salido de una película, ni hacer un libro! — se defendió ofendida, levantando sin querer la voz y provocando que miradas ajenas se le posaran — Solo quiero que sea algo increíble, algo de que me sienta orgullosa. Esto… siento que esto define mi carrera y sabes…
— Sé que quieres empezar una carrera perfecta. Pero vamos, Her, somos jóvenes y nunca los primeros pasos serán increíbles, ni fáciles…
— Justamente eso. No será fácil, pero creo que…. Vale la pena intentar, y luego, ya sabes. Todo esfuerzo tiene su beneficio — la pelirroja rió, y le quitó el café a Hermione para bebérselo de un sorbo.
— ¡Oye!
— Oh, lo siento. Psicopato ha estado difícil — se excusó con una sonrisa y cerrando los ojos, aparentemente cansada de la materia de la que recientemente era libre, bebió el café de Hermione de un sorbo, lo dejó en la mesa y volvió a hablar — Mira, Hermione, sé que, si hay alguien que puede hacerlo, eres tú. Solo… no te sobre exijas. Mira, no neguemos que tienes cierta obsesión por todo tipo de series y películas que traten de esos temas — le dijo entornando la mirada y Hermione desvío la suya sonrojada – Pero no puedes pretender conseguir un caso así.
— Muchos casos que plantean las series, las películas son reales. No por nada hay documentales muy buenos…
— ¡Lo sé, lo sé! Pero son contados, no es algo diario. Solo digo que no te olvides que esta es la vida real, y hay pocas probabilidades de que encuentres algo así ¿Sí?
La vida real. ¿Qué eso significaba que tendría que vivir el resto de su vida como la estaba viviendo los últimos años? ¿Lleno de monotonías y aquellos placeres carnales que de ningún modo le satisfacían?
Hermione llevaba los últimos veintiún años de su vida aburrida. En su solitaria vida de hija única nunca encontró emoción alguna. Hasta que, de pequeña, comenzó a encontrar aquellos documentales que la trasladaron a otro mundo.
Al mundo misterioso e inentendible que era la mente humana. Aquello que era parte de cada ser humano, y, aun así, que era un misterio, pese a todos los estudios psicológicos y neurológicos que se habían hecho a lo largo de la historia, la mente humana parecía ser una incógnita, un enigma. Aún, hoy en día, no había respuestas para ciertos interrogantes.
Aquello fue un viaje de ida para Hermione; un nuevo mundo por redescubrir. Entendió entonces que quería ser Psicóloga, para entender, para entenderse. Pero, sobre todo, para indagar en aquellas mentes criminales que tenían un deje de anormal para el resto de la sociedad.
Había esperado toda su vida ese momento, el del contacto real con aquellas mentes particulares, tan llena de matices oscuros e inentendibles para muchos. No quería esperar más. No podía.
Ese era el cambio que venía esperando toda su vida.
— Pero… si hay alguien que puede hacerlo, soy yo ¿Cierto? — dijo Hermione con una sonrisita, a lo que Ginny respondió largado una carcajada y negando con la cabeza.
— Claro, Herm — la pelirroja se levantó entonces — Bueno, me voy a casa, dormiré un rato y más tarde iré a Ginger — le notificó — Si quieres distraerte, ya sabes, solo manda un mensaje.
— Lo haré — aseguro Hermione tras despedirle con un gesto con la cabeza.
Hermione continuo con su libro mientras la pelirroja se iba de la biblioteca tan pronto llegó.
La castaña sabía, por supuesto que sabía, que no podía pretender conseguir algo como lo de una película o de un libro para realizar su trabajo final. Pero, aun así, quería algo bueno. Quería que su tesis sea algo alucinante, increíble, que provocará que las personas se pusieran de pie a aplaudir su ardua investigación.
Fue cuando un pasaje de hojas la distrajo, levantó su vista y lo vio; el cabello plata, la piel pálida y la mirada perdida en un libro, en conjunto a un semblante serio.
No era la primera vez que se cruzaba con aquel muchacho; de hecho, pasaba casi tantas horas en la biblioteca como ella. Y aunque lo solía encontrar leyendo libros sobre Psicología, sobre diferentes patologías e indagando en artículos de Freud o Lacan, Hermione estaba segura de que nunca compartió una clase con él.
Aunque debía de tener en cuenta que ella había dejado de cursar hacia seis meses. Quizás con Ginny…
Debía preguntárselo.
Si se lo pensaba un minuto, nunca lo había visto cruzar palabra con nadie. Solía llegar unos minutos después que ella, indagar en la biblioteca, buscar una mesa vacía y sentarse a leer horas sin ninguna distracción aparente hasta más tarde irse. De hecho, desaparecer con una agilidad extraordinaria.
No cruzaba siquiera mirada con alguien, Hermione, de hecho, tampoco lo veía saludar a la bibliotecaria. Era como un ente, con existencia real y física, pero, que, a la vez, parecía no existir realmente.
¿Y si aquel chico misterioso era exactamente lo que estaba buscando…?
No, Hermione. Deja de ilusionarte, es solo un muchacho que pasa tantas horas como tú en la biblioteca, y tú no tienes ningún desorden mental. Bueno, ninguno de ese tipo…
Pero ¿Y si…?
Hermione sonrió especulativamente con un estallido de intriga imposible de ignorar; esa misma noche le preguntaría por él a Ginny. Si había alguna persona en su facultad que sabía de muchachos, era aquella pelirroja. Y aprovecharía para indagar sobre aquel misterioso y silencioso muchacho. Después de todo, pasaba tantas horas como ella en la biblioteca, solo era cuestión de analizar lo que veía. Y ella era especialista en eso.
Cerró su libro de un manotazo, y sonrió. Quizás, después de todo, tenga un caso de que hablar en su tesis. Quizás, después de todo, el caso que necesitaba había estado frente a ella hacia meses y recién se daba cuenta.
Hermione se fue de la biblioteca con una sonrisa satisfecha en el rostro, tomando su pesado bolso cargado de libros, apuntes y resaltadores, y sin evitar pasar por al lado del chico misterioso, se fue.
Una mirada plata, que Hermione nunca percató, la siguió hasta que desapareció por la puerta.
Les dejó por aqui el Prólogo y ya para la próxima, se vendrán los capítulos propiamente dichos.
Sé que es corto, pero de a poco vamos a ir descubriendo quien es Draco Malfoy en esta historia.
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