Nota: aquí les va otra vez todo el rollo de que ninguno de los personajes me pertenecen, y todo lo que sigue.
UN DIA EN LA VIDA
Amaneció en el santuario. Era un día normal. El movimiento era escaso y apenas se escuchaba a un gallo cantando.
Aldebaran se despertó bostezando y estirando los brazos.
—Ya amaneció —decía Aldebaran todavía con los ojos cerrados —. Será mejor que me de un baño y me prepare el desayuno —. Qué bueno que Mu vigila la primera casa así no tendré mayores interrupciones.
Y así como lo pensó Aldebaran pudo tener su baño tranquilo y dirigiéndose a la cocina escuchó desde fuera de su casa.
—¿Hola hay alguien aquí?
— ¿Si?¿Quién llama? — Sacando la cabeza por la puerta
—Disculpe usted — dijo el cuestor de impuestos tragando saliva intimidado por el tamaño de Aldebaran
—¿Cómo llegó hasta aquí?
—Trabajo para el servicio de impuestos de Grecia, he venido a hacer un inventario de sus pertenencias —El cuestor al ver el ceño fruncido del Toro añadió —, si no es mucha molestia. ¿Es esta casa suya?
Pero Aldebaran el gesto de Aldebaran no era de enojo, al contrario, era la expresión que ponía su cara cuando estaba sumido en sus pensamientos
—¿Y cómo pasó por la casa de Mu? —pensaba Tauro — Si mis sospechas son ciertas entonces Mu también se fue de parranda con Milo y Mascara Mortal, ¿quién iba a penarlo de Mu? Tendré que ir a su casa a confirmarlo.
—Señor disculpe, hace rato que le estoy preguntando —dijo El hombrecillo jalando a Aldebaran de la camisa —¿dónde encuentro a la señorita Saori Kido?
—¡¿Para que busca a Atena!? —se dio la vuelta bruscamente el santo de Tauro
—Para hacerle algunas preguntas —dijo el cuestor luego de tragar saliva
—Será mejor que vaya a la casa de Mu y lo compruebe yo mismo —decía pensativo todavía Aldebaran
—Señor le estoy hablando —dijo el cuestor pensando que no era buena idea volver a llamar la atención sobre sí.
Aldebaran se volteó a verlo y el pobre cuestor sólo atinó a cubrirse la cabeza con sus carpetas.
—¡Qué modales los míos! —dijo amablemente el santo de la segunda casa — Pase y tome una taza de café conmigo. Espere un momento ahora vuelvo, voy por la leche.
Aldebaran salió de su casa para preguntarle a Mu que diablos fue a pasar una persona común corriente por su casa y a comprobar sus sospechas de la supuesta noche de juerga de Mu, que era lo que realmente le interesaba.
Cuando regresó unos minutos más tarde encontró al cuestor de impuestos sentado donde lo había dejado por miedo a hacer algo que irrite a su corpulento anfitrión.
—¿Sigue usted aquí? —preguntó Aldebaran quien obviamente olvidó que tenía visitas por la discusión que tuvo con Mu.
—Usted me dijo que lo esperara aquí.
—¿Yo hice eso? ¡Ah claro! Suelo hacer eso —dijo disimulando, —, lo que pasa es que no conseguí la leche. ¿Le gusta el café? Voy por el azúcar, ya regreso.
Diciendo esto Tauro salió hacia la casa de Géminis en busca de un pco de azúcar y para contarles primero el chisme a los gemelos.
—Este tipo sí que es raro, más raro que aquel tipo semidesnudo —dijo para sí el cuestor
—¡Hola! —dijo Kiki que apareció delante del funcionario público —Me pareció escuchar que hay desayuno en esta casa.
—¡AHHH! —gritó el cuestor —¿Quien eres tú?
—Soy Kiki, ¿tú quien eres y qué haces aquí?
—El sujeto que vive aquí me invitó a desayunar, yo sólo vine a...
—¿Aldebaran te invitó? —dijo con alegría Kiki —¿Crees que también me invite a mí?
—No lo sé extraño niño, será mejor que me vaya porque se me hace tarde y tengo muchas cas por cuestionar.
—Yo no soy extrañó, tú en cambio te ves pálido y sudoroso.
—Tú lo estarías también si tuvieras un trabajo como el mío. Además yo no tengo tiempo para café. Todavía tengo que visitar muchas casas.
—Mejor para mí, así podré comerme tu ración.
Mientras Aldebaran llegó a la casa de Saga y Kanon.
—¿Saga, estás despierto?
—¡Ah no, Aldebaran! —dijo Kanon desde la puerta de su casa —No te invitaremos a desayunar con nosotros, la última vez que viniste te comiste nuestras provisiones de toda la semana y luego tuvimos que pasarla a plan de pan y agua, porque la tacaña de Saori no quiso...
—Cálmate un poco —dijo El caballero de la segunda casa —, no vine a que me invitaran a desayunar.
—¿No? —Saga se unió a la conversación.
—No, sólo quería ver si me prestaban un poco de azúcar y a conv...
—¡De ninguna manera! —gritaron al mismo tiempo los gemelos
—¡Qué carácter! Cualquiera diría como mucho, lo que pasa es que soy bajo de tórax eso es todo —explicaba Aldebaran, más que todo para sí —. Ahora no les voy a contar lo que sé. Mejor regreso con Mu porque tiene información de primera mano.
Aldebaran iba tan distraído ni vio que furtivamente se deslizaba detrás de las rocas el cuestor. Cruzó su casa y llegó hasta la casa de Aries.
—¿Mu estás vestido?
—Hola Aldebaran que haces aquí? —fue el único que respondió
—Hola Seiya, estoy buscando a Mu.
—Lo siento no puedes verlo —dijo Seiya con un tono de secretaria —. Me dijo que te dijera que no está en casa.
—No mientas Seiya, ¿cómo te va a decir eso si no está? Además yo hablé con él más temprano, no creo que haya abandonado su puesto.
—No estoy mintiendo, también me dio órdenes precisas de no dejar pasar a nadie por aquí, así que adiós.
—Mira Seiya, yo sólo quiero hablar con él un momento si me permites pasar.
—De ninguna manera te dejaré pasar.
—¡Sí me dejarás!
Para estos momentos Aldebaran sólo tenía una idea en la cabeza y era hablar con Mu, aunque bien no recordaba para que, pero ningún chico de bronce iba a impedírselo, así fue a toda carrera contra Seiya quien estaba parado tercamente en la puerta de atrás de la casa de Mu.
—¿Así que quieres pelea quieres pelea? Te la daré —se alistó el caballero de bronce
En ese justo momento los restantes cuatro chicos de bronce llegaron.
—¿Chicos que hacen aquí? —saludó Seiya que tenía peor memoria que Aldebaran
—Hola Seiya —le saludó Shun —, que bueno que te encontra...
—¡Corre Shun! —fue lo último que se pudo escuchar de Ikki
Pero demasiado tarde la embestida de Aldebaran fue a dar con los cinco chicos que ni tiempo tuvieron de hacerse a un lado. Mu sólo escucho un crujido antes de que la pared se le cayera encima.
Beledien.
