N/A. No hay nada como la letra verdana numero 10 (ahora estoy escribiendo con esa jeje). Me dan ganas de escribir con esa letra. Quería escribir algo lemon, y, bueno, me acordé de este capítulo (en vez de empezar algún one-shot/viñeta), que tendrá lemon, así que aquí estoy. Tengo unos apuntes mínimos sobre este xapi; voy a improvisar un poquito.
BLACK MIRROR II: BLACK FAMILY
II. HAZLO
Sirius hundió su rostro en el pelo espeso de Bellatrix, aspirando su aroma. La pegó a él, su brazo rodeando el vientre hinchado de ella, despertándola.
-¿Qué pasa? –pregunto la mujer, sus ojos aún cerrados y su voz soñolienta.
-Creo que he oído a Denébola.
-Da igual...
Los ojos grises de Bellatrix se clavaron en los de Sirius al darse la vuelta, antes de besarlo.
-Deberíamos ir a ver qué la pasa –susurró contra los labios de ella.
-Es mejor que aprenda sola –contestó Bella, cerrando los ojos cuando Sirius entrelazó sus dedos entre su cabello oscuro-. Así aprendí yo.
-Me gustaría que no fueses tan fría –musitó Sirius, separándose de ella y sentándose en la cama, los pies apoyados en el suelo. Ella se incorporó, y apoyó su mano en su antebrazo desnudo.
-No vayas.
-Voy a vestirme.
-Igualmente. Quédate.
Sirius se volvió un poco, lo suficiente para mirar a Bellatrix, para encontrarse con sus ojos penetrantes y su mirada elocuente. Pero no, no estaba de humor para sus caprichos matutinos. Sin decir nada, se levantó y fue hasta el baño, donde dejó entornada la puerta. Podía escuchar a Denébola hablando en sueños en su habitación, y la maldición que Bella soltó desde la cama cuando vio que él no le hacía caso.
Repasó mentalmente todo lo que debía hacer ese día. El único compromiso era una comida en casa de los Malfoy, con las hermanas de Bellatrix y sus respectivos maridos. Sabiendo que aún era muy pronto, se duchó sin prisa, anudándose una toalla a la cintura cuando salió minutos después.
El cristal estaba todo empañado por el vapor producido por el agua caliente, así que cogió la varita para limpiarlo con dos rápidos movimientos. Aún tenía que afeitarse, vestirse...
-Ya se ha callado –dijo Bellatrix, entrando en el baño y sorprendiendo a Sirius, pues la puerta había estado tan solo entornada-. Te dije que lo haría.
La mujer se apoyó en la puerta cuando la cerró. Se movía despacio, y, por más que ella dijese, se cansaba con facilidad. Vestía un camisón ancho, que le llegaba a mitad del muslo, y que daba libertad a sus lentos movimientos.
-¿No vas a decir nada?
-¿Qué tenías razón?
-Por ejemplo –respondió Bella, poniéndose a la espalda de su marido-. Tienen que hacerse fuertes.
-Son niños.
-Pero no niños cualquiera –musitó, la uña de su índice deslizándose por los músculos de la espalda de Sirius, que se dio la vuelta serio, y puso su mano bajó la barbilla de Bellatrix, haciéndole alzar la cabeza.
-¿No te saciaste anoche?
-Me dan antojos –contestó riendo, una sonrisa de picardía en sus labios-. A las embarazadas nos dan antojos.
-Cuando no lo estabas también los tenías.
-Pero ahora tengo excusa –respondió curvando un poco más sus labios, la mano de Sirius aún bajo su mentón. La observó fijamente en silencio. Estaba hermosa así, recién levantada, con ese camisón que dejaba adivinar sus muslos suaves y esbeltos, con el pelo espeso y negro suelto a su espalda.
Bellatrix llevó su mano a la de Sirius, y éste la apartó como si le hubiera electrizado, sin apartar los ojos de ella. Al ver que no decía nada, que sólo se limitaba a sonreírle tenuemente, se dio la vuelta. Su reflejo le devolvió la mirada.
Y detrás estaba ella.
Se quedaron unos segundos contemplándose a través del espejo en silencio, antes de que Bella diese un paso hacia el hombre para acercarse a él. Pero no le miró. No. Sólo miraba al reflejo.
-Olvídate de lo de ayer.
-Lo he olvidado.
-Entonces mírame –le exigió ella.
-Es lo que hago.
-A mí –siseó Bellatrix, al ver que él aún la observaba por el espejo. Apartó a Sirius, interponiéndose entre él y su reflejo-. Y no lo has olvidado.
-Pero quiero hacerlo –musitó tras unos segundos de un tenso silencio, y sus palabras parecieron cortar el aire-. Así que...
-¿Qué, Sirius? –le interrumpió, acercándose de nuevo a él.
-No vuelvas a mencionarlo.
-¿Tanto te afectó? –preguntó ella, con una extraña sonrisa.
-No me gustó lo que dijiste –respondió, encogiéndose de hombros y apartándose-. Eso es todo.
-No te hagas el indiferente conmigo ahora, Sirius –soltó ella, cogiéndole del brazo y obligándole a girarse para mirarla de nuevo-. Sé bien que este tema te...
-Cállate ya. Te he dicho que no quería hablar de ello –le espetó, empezando a enfurecerse.
-Entonces haz que me calle.
Sirius la contempló fijamente durante un largo minuto. Estaba tan furioso con ella... En esos momentos la odiaba y la deseaba en la misma medida. Siempre desafiándole, siempre retándole. Siempre creyendo que sabía lo que pasaba por su mente y lo que sentía.
Se acercó a ella, acariciando su mejilla cuando hundió sus dedos en el cabello de ella. Acercó sus labios a los femeninos, entreabiertos y húmedos.
-No puedo soportar...
-Sirius...
Sus alientos calientes se enredaban, excitándoles; sus labios casi rozándose.
-No puedo soportar que creas conocerme. -Bellatrix rió con suavidad, perfilando con su lengua los labios de Sirius, las manos de éste deslizándose hasta el final de la espalda de la mujer-. No soporto que hagas lo que haces, y que disfrutes con ello. No soporto que sientas que puedas manejarme, que seas tan caprichosa, tan...
-¿Qué más? –gimió Bella, alzando el cuello mientras Sirius se lo recorría entre susurros y besos-. ¿Me odias?
-A veces sí –confesó él, alzándola y sentándola sobre la encimera del lavabo. Sus manos rozaron sus muslos, subiendo el corto camisón hasta dejar a la vista su ropa interior-. Me haces perder la cabeza.
Bella sonrió complacida, enredando sus dedos entre el pelo de Sirius, haciendo que descendiese hasta sus pechos. Él los besó sobre la fina tela, mordiendo los sensibles pezones con sensualidad. Subió el camisón, rozando su piel, dejando al descubierto su vientre. Bellatrix elevó los brazos, sin oponer resistencia a que la desnudase, y cuando Sirius le quitó la prenda, ella la dejó caer en el lavabo.
El hombre había empezado a besar el hinchado vientre. Deseaba tener ese hijo. De verdad lo quería.
Ascendió hasta los pechos de Bellatrix, disfrutando porque eran más grandes, más pesados. Los besó y lamió los pezones, sintiendo como la piel de Bellatrix se erizaba como si la hubiese recorrido un escalofrío. Siguió el camino de su clavícula, apartando el pelo de la mujer para besarla en el cuello mientras le bajaba la ropa interior, que se deslizó sin un sonido hasta el suelo por las esbeltas piernas.
Abrió los ojos mientras la besaba, contemplando de pronto su reflejo. Sus brazos la rodearon, mientras ella se quedaba quieta sin decir nada. Admiró su pelo cayendo por la espalda, su cintura desnuda, estrechándose pero con cierta redondez por el embarazo, que de espaldas no se llegaba a apreciar. Le volvía loco.
Le abrió las piernas, sujetándolas por las rodillas, y acuclillándose empezó a besarlas. Acarició su piel suave. Con su lengua recorrió sus muslos, la parte interna, más sensible que el resto. Bellatrix temblaba de deseo.
Llegó a su sexo. Lo rozó con su lengua, cogiendo con suavidad el clítoris entre sus dientes, haciéndola gemir de placer. Lamió los labios, despacio, torturándola, antes de introducir la lengua.
-¡Madre! –La voz de un chiquillo les interrumpió, y unos golpes hechos con los nudillos resonaron en el baño-. ¿Estás ahí? Prometiste llevarme al Callejón Diagon.
-Joder –maldijo Bellatrix entre dientes, mientras Sirius seguía jugando con su sexo.
-¿Se lo prometiste?
-Sólo para que se callase –respondió la mujer con voz entrecortada, sus dedos crispados agarrados al borde de la encimera-. No le hagamos caso...
-¿Me has oído, madre? –insistió el muchacho, antes la falta de respuesta de la mujer.
-Está malcriado –susurró Bellatrix, arqueando la espalda y abriendo más las piernas cuando Sirius introdujo sus dedos en ella.
-Si no contestas acabará entrando –dijo Sirius en voz baja, besando los muslos.
-¿Crees que se asustaría por ver esto? –rió ella.
-¡Madre!
-¡Que sí! –respondió al final casi con un grito, hastiada. Su voz se convirtió en un jadeo. Sirius acariciaba su clítoris de nuevo, excitándola.
-¿Nos vamos ya entonces? –preguntó Mizar.
-Mierda... –masculló Bellatrix; de sus labios escapando un gemido frustrado-. No, Sirius...
Pero el hombre se terminó levantando, harto de tanto grito. Fijó sus ojos un momento en la puerta, donde Mizar seguía llamando, antes de volverse hacia Bellatrix.
-Llévale.
-Podrías acompañarle tú –sugirió la mujer, mientras Sirius la ayudaba a bajarse de la encimera.
-Tú se lo prometiste y tú le llevas –respondió, con una sonrisa de circunstancias.
Bellatrix bufó.
OoOoOoOoO
Sirius miraba por una de las ventanas de la planta baja, sus ojos grises fijos en sus hijos, que jugaban en el jardín de la casa.
Era una casa grande, con bastantes estancias, y decorada con muebles antiguos, pertenecientes desde hacia generaciones muchos de ellos a la familia Black. Sus respectivos padres les habían cedido muchas cosas cuando se casaron. Al fin y al cabo, ellos eran los primogénitos –tanto por mujeres como por hombres-, los que continuarían el linaje de la familia.
Mizar y Denébola corrían entre los parterres de flores, esquivando de vez en cuando el tronco grueso de algún anciano árbol. Los elfos cuidaban el jardín, pero siempre lo dejaban con un toque salvaje que agradaba a Sirius. Dudaba mucho que Bellatrix se fijase en algo así.
Se volvió a mirar a su mujer, que descansaba en uno de los sillones del cuarto de estar. La chimenea estaba apagada, pues la temperatura era bastante agradable. A pesar de eso, ella miraba fijamente las cenizas de alguna otra vez que había ardido el hogar.
-Podías haberme recordado que teníamos que ir a casa de mi hermana cuando estábamos en el baño –le reprochó Bellatrix, enarcando las cejas. Al final, igualmente había tenido que decir a Mizar que ese día no irían.
-Se me olvidó –respondió distraído Sirius, volviendo a posar su vista sobre sus hijos. Y era cierto. En el baño en lo que menos había pensado era en la comida familiar que tenían. Se le había... ido de la cabeza, por decirlo de alguna forma.
Ahora Mizar perseguía a la chiquilla, que corría mirando hacia atrás cada poco a ver dónde estaba su hermano. Acabó tropezándose cuando él le dio alcance, y cayendo al suelo.
Sirius, contemplando la situación desde la ventana, no se movió. Ni Bellatrix lo toleraría, ni él quería intervenir en una discusión de críos. Ella tenía razón. Eran Sangre Limpia. Debían aprender como tales.
Denébola miró irritada a Mizar, sacudiéndose el polvo de su pequeña túnica.
-¡Ha sido tu culpa!
-No mientas –replicó Mizar, ofendido-. Te has caído tú sola.
-¡Me has empujado!
-¡Eres una mentirosa!
-¡Voy a decírselo a madre!
-¡Pues yo a padre! –rebatió Mizar, a lo que Denébola salió corriendo hacia el interior de la casa en busca de Bellatrix.
Sirius dejó escapar el aire que había contenido durante unos segundos. Con la elección que había hecho, su hija había ganado la batalla. No es que Bellatrix lo dominase, pero... digamos que cuando su mujer perdía el control, llegaba a ser muy peligrosa.
-Ya no les oigo.
Sirius se giró a mirar a Bellatrix, algo sorprendido. No sabía que hubiese estado atenta a la pequeña disputa que había ocurrido fuera entre sus hijos. Había pensado que estaría leyendo ese libro que tenía en el regazo, pero con una rápida mirada pudo constatar que no había pasado de la primera hoja.
-Han entrado a buscarnos –comentó Sirius, dirigiendo una última mirada al jardín vacío antes de cerrar la ventana y correr los doseles blancos.
-Me gustan estas peleas de críos –respondió divertida, cerrando el libro con suavidad y dejándolo encima de la mesilla de madera oscura que tenía al lado.
-Siempre nos acaban metiendo a nosotros.
-Eso es lo que más me gusta –dijo con una ligera sonrisa perversa. Estaba disfrutando de la situación, era obvio.
-No estoy hoy para discusiones estúpidas.
-Oh, venga, Sirius –dijo, levantándose y acercándose a él-. Les oigo acercarse ya por el pasillo.
-Deberíamos irnos.
-Aún es pronto –le replicó riendo-. ¿Me tienes miedo, Sirius?
Sirius se quedó mirándola fijamente. Algo en su tono le había insinuado que esa pregunta no era tan ingenua como pretendía Bellatrix que sonase.
-Claro que no.
-¿Entonces?
-Malfoy dijo que era importante.
-¿Ah, sí? –preguntó frunciendo el entrecejo Bellatrix. Ella no había hablado con Lucius. Había sido Sirius quien había recibido la invitación a su casa-. ¿Alguna misión?
-¿Qué si no?
-Me lo podías haber dicho.
-¿Para que fueras corriendo a Malfoy Manor a sonsacarle todo a Lucius? –soltó Sirius con voz cansada al ver la mirada febril de Bellatrix. Siempre igual cuando había una misión... cuando había lo que fuera que hubiese relacionado con el Señor Oscuro-. Me dijo simplemente que no nos retrasásemos, no que fuésemos cuatro días antes.
-Muy gracioso.
En ese momento los niños interrumpieron en la sala, gritando y echándose aún las culpas el uno al otro. Sirius puso los ojos en blanco.
-Nos vamos, niños.
-¡Pero me ha empujado!
-¡Mentirosa, te has caído sola!
-Nos vamos –insistió Bellatrix bajando la voz. Ante su mirada los dos chiquillos se callaron inmediatamente, saliendo antes que ella a la entrada.
OoOoOoOoO
-Venís pronto –exclamó Narcisa cuando los vio aparecerse en la entrada de Malfoy Manor. Bellatrix soltó a Mizar, que había ido con ella, y la niña fue a dar un beso a su tía-. Andrómeda y Regulus están en el salón.
-¿Y Lucius? –preguntó Bellatrix. Él era el importante, el que le diría qué ocurría... o qué iba a ocurrir.
-En el Ministerio aún –respondió, haciéndoles pasar a la habitación contigua. Estaba decorada con un suave tono pastel. Unos sillones de un verse más oscuro miraban a la enorme chimenea, conectada a la red flu, y los muebles brillaban encerados, decorando con buen gusto la sala-. Vendrá pronto.
-¿Y Draco? –preguntó Mizar, intentando ocultar las ganas de escaparse de la vigilancia y las aburridas conversaciones de los adultos.
-En su cuarto.
En cuanto tuvieron la información, los dos salieron del salón despacio, pero echaron a correr en cuanto estuvieron fuera de la vista de los mayores. Bellatrix escuchó como los pasos se aceleraban, y supo perfectamente qué habían hecho sus hijos. Resopló, mentalizándose de que al menos intentaban mantener las apariencias ante los demás.
-¿Qué tal, Bella? –preguntó Andrómeda en cuanto su hermana fijó la atención en ella, mientras se sentaba.
-Bien –respondió distraída, mirando cada poco la chimenea por si daba muestras de que alguien fuese a aparecer-. Ya queda poco.
Se refirió al embarazo, sabiendo que su hermana le había preguntado eso indirectamente. A ella siempre le habían gustado los niños, pero, a pesar de que llevaba casada con Regulus unos seis años, aún no había tenido hijos. Por eso siempre le gustaban esas reuniones familiares, esas mismas que ella aborrecía por considerarlas una pérdida de tiempo. Eran su oportunidad para ver a sus sobrinos, con quienes se llevaba razonablemente bien.
Regulus, por otra parte, siempre había sido más bien frío respecto a los niños. Bellatrix sabía que el hermano de Sirius no era como aparentaba ser... igual que no lo era ella misma, o Sirius o Lucius. Todos tenían una parte oculta, mucho más oscura. Narcisa y Andrómeda estaban enteradas, por supuesto, pero no participaban activamente. Bellatrix miró a ambas, que charlaban animadamente, y se preguntó si serían capaces de llevar su vida.
-Lucius se retrasa –murmuró Bellatrix cuando llegó al lado de Sirius y Regulus, que hablaban junto a la ventana.
-Tendrá trabajo.
-¿Sabes algo? –preguntó la mujer a Regulus.
-No mucho. Al parecer hay buenas noticias.
-¿Algo sobre McKinnon? –preguntó Sirius, intercambiando una rápida mirada con Bella.
-La típica noticia en El Profeta. No han dicho mucho más.
-Sí, lo hemos leído –respondió Sirius-. No tienen pistas.
-¿Y qué más pistas necesitan que la Marca? –replicó Bella con sorna-. Dejamos bien claro quien lo hizo.
-Eso ya lo sé.
Se hizo un silencio un tanto tenso entre los tres, pero resultó corto. La chimenea empezó a chisporrotear, y a los pocos segundos Lucius salió de ella, quitándose de la capa el hollín.
Se saludaron todos, intercambiando los típicos cumplidos, y un elfo doméstico que respondía al nombre de Dobby, acudió a informarles que la comida estaba preparada.
-Vamos a sentarnos –dijo entonces Narcisa, saliendo del salón la primera en dirección al comedor.
-Llama a los niños, Andrómeda –le pidió Bellatrix, y ésta aceptó, subiendo las escaleras a buen paso-. Quiero hablar contigo, Lucius.
-No es mejor esperar hasta después de com...
-Dímelo –insistió Bellatrix, cogiéndole del antebrazo para esperar a que se fuese.
-El Lord está muy contento con lo de McKinnon.
-Ya, eso ya.
-Hay más buenas noticias, y una misión –dijo Lucius, bajando la voz porque los niños habían empezado a bajar la escalera. Andrómeda los seguía, y al ver que estaban hablando posiblemente de algo importante, dirigió a los niños hacia el comedor, impidiendo que se pararan a saludar.
-¿Para quién? –preguntó Sirius, que empezaba a olerse que algo había raro.
-Para Bellatrix.
-¿Ella sola?
-Sí –repuso Lucius-. Las órdenes son para ella.
-¡Pero no puede ir sola! –masculló Sirius, maldiciendo-. Está de nueve meses. ¿En qué piensa cuando...?
-Sirius. –La advertencia, y, más aún, el tono de voz de Bellatrix, resultaron amenazadoramente claros. El aludido se calló, dándose cuenta entonces de lo que había estado a punto de decir-. Claro que puedo hacerla. ¿En qué consiste?
-Las órdenes sólo a ti.
-¿Y por qué tú las sabes? –espetó Sirius, empezando a enfurecerse.
-Pregúntaselo al Lord.
-Tengo perfecto derecho a saberlo.
-Sólo a tu mujer –insistió Lucius. No pensaba desobedecer una orden así de Voldemort. Ser castigado por no cumplir algo tan sencillo sería irracional.
-Ella me lo dirá luego. ¿Qué más da?
-Si me lo prohíbe no diré nada. –Las mejillas de Bellatrix estaban ruborizadas por la cólera, y su tono de voz se iba alzando a medida que avanzaba la discusión entre ambos-. Sabes que no lo haré, Sirius.
-¡No puedes ir!
-Claro que iré.
-Él cumple sus promesas –interrumpió de pronto Lucius, y ambos se callaron para mirarlo interrogantes-. Hemos encontrado a Alphard Black. Supongo que no habrá problema en que os diga eso.
-Pero...
-Al fin y al cabo sois todos Black. Cuando muera, os ibas a enterar igual los dos –dijo, refiriéndose a Sirius y Regulus.
-¡Pero no puede!
-¿Qué no puede?
-¡Mandarte a ti sola!
-¿Qué insinúas? –siseó ella, escupiendo las palabras, sus ojos lanzando chispas de odio-. Soy perfectamente capaz de terminar con él. ¡Me lo prometió a mí!
Promesas. Nunca se le había ocurrido que esa promesa podía resultar peligrosa. Cuando destruyeron el edificio del Ministerio, el Señor Oscuro había estado tan satisfecho que les había prometido algo, lo que quisieran. Bellatrix, humillada públicamente hacía tiempo por el traidor de Alphard Black, le había pedido su cabeza. Pero se había escondido, y habían sido incapaces de encontrarle... hasta ahora.
-¡Alphard es peligroso! Es uno de los mejores aurores que hay. ¡Pertenece a la Orden del Fénix! No seas loca.
-Puedo terminar con él.
-¡No en este estado!
-Mis poderes no han desaparecido aunque esté embarazada, Sirius –replicó ella bruscamente-. Puedo defenderme sola.
-No contra él. Es famoso por lo rápido que es, y ahora los aurores tienen permiso para matar. ¿Es que no te das cuenta? Aunque no te mate a ti, puede hacerte perder al niño.
-Ni me va a rozar.
-Bellatrix, por favor, piensa lo que dices. Alphard no es ningún inútil insensato...
-¡Ni yo tampoco, Sirius!
-¡No lo parece!
Bellatrix soltó un bufido. Esa discusión estaba fuera de lugar, y se les estaba yendo de las manos. No tenía sentido. Las órdenes eran órdenes, y pensaba cumplirlas aunque perdiera la vida. En eso consistía servir al Señor Tenebroso.
-¿Dónde está, Lucius? –masculló Bellatrix, ignorando las protestas de Sirius-. ¿Dónde he estado escondido tanto tiempo?
-Eso te lo diré sólo a ti.
N/A. Ohhh yeah! XD y aquí os empiezo a presentar el argumento que tantíiiiiiiisimo me costó pensar (por eso no empecé el fic hasta ahora, porque no se me ocurría la misión U.U). La verdad es que no es nada del otro mundo, pero los requisitos que necesitaba eran complicados. Necesitaba una misión que pudiese hacer sólo Bellatrix, y que la pusiera en peligro físico, bajo riesgo de perder al niño o de morir ella. Ahí empiezan de nuevo las dudas de Sirius jeje. ¿Voldemort o su hijo? Obviamente más discusiones (adoro hacerles discutir) les esperan, porque Sirius no va a quedarse de brazos cruzados mientras Bellatrix pone en peligro su vida (y la de su hijo) por una misión así.
En fin. 1.30 de la noche, y mañana a madrugar TT Me he subido el portátil a la cama, porque llevaba como 3 días queriendo escribir y terminarlo, pero siempre me desconcentraba con el msn/webs, así que no hacía nada. Tengo muchos más fics que actualizar (SDY, Salón de té... algunas viñetas para entintado y saña), y poco tiempo para escribir (en junio empiezo los exámenes). Se hará lo que se pueda ; )
Joanne
PD: Algunas lectoras me han dado ideas para una tercera continuación a este fic, cuando termine esta segunda parte. Me ha gustado, así que posiblemente lo haga (no sé cuiándo). Que sepáis que la idea está ahí jeje, bastante básica y sin pensar, pero está.
