"He editado el capítulo, porque había visto algunos errores, que ya están solucionados"

Aquí os traigo el segundo capítulo, como os había dicho, lo iba a colgar esta tarde, pero no creo que tenga tiempo así que aquí lo tenéis.

Muchas gracias a todos por las visitas, los favoritos, las alertas y los reviews, geniales! esto hace que el esfuerzo por traducir valga la pena!

Aquí tenéis el encuentro desde el punto de vista de Draco y así lo vamos conociendo un poco!

Aunque he de advertiros que es una historia dura, así que preparad la caja de pañuelos, pero eso vendrá más adelante, no os preocupies por adelantado ^^

Ahora, a leer.

Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a elizaye, son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


Capítulo 2 (Draco)

Oía un silbido fuerte que provenía de la ventana y me dirigí allí con rapidez.

Llevaba toda la noche en ese pasillo, justo al lado del retrato de la Dama Gorda, era mi última noche haciendo esa ronda.

Ese silbido solo podía significar una cosa: habían atrapado a un intruso.

Eché a correr por las escaleras para unirme a la búsqueda con los demás a través de los jardines. Me preguntaba a qué idiota se le había ocurrido salir a dar un paseo por los terrenos de Hogwarts esa noche.

¿No se suponía que los miembros de la orden estaban en una emboscada en el Caldero Chorreante?

Negué con la cabeza mientras abandonaba el castillo a través de las puertas gigantes, seguido de varios mortífagos. En silencio me desvié hacia el Bosque Prohibido. Estaba seguro que si el intruso era inteligente, él o ella se dirigiría hacia el punto donde estaba permitido aparecerse. Los demás probablemente ya tenían todos los puntos cubiertos, de todos modos estábamos obligados a perseguir a cualquier intruso.

No tenía sentido, era un desperdicio de esfuerzos.

Tan pronto empecé a divisar el punto de aparición, me detuve a unos metros. Muchos mortífagos estaban cerca. Todos nos movíamos en silencio, en busca de algún indicio de alguien que no fuera de los nuestros. Vi a alguien sin capucha y estuve a punto de avisarlos cuando me di cuenta que era una chica con el pelo largo y espeso.

Largo… y espeso…

Granger.

Joder.

¿Qué hacía ella aquí? ¿No debería estar con la orden, muriendo en una emboscada? ¿Por qué estaba aquí, a la vista de todos?

¿Por qué tenía que estar en el lugar adecuado para salvarla?

Consideré mis opciones, como si no supiera ya lo que iba hacer.

Como si tuviera alguna opción.

Hacía años que dejé de tenerla.

Hacía años que esos rizos condenadamente hinchados dejaron de molestarme, que su actitud de sabelotodo dejó de frustrarme. El hecho de que ella tuviera la "sangre sucia" se convirtió en irrelevante para mí. El día que la miré a los ojos y me di cuenta que su color marrón desprendía calidez, era jodidamente hermosa, ese fue el día que yo perdí mi libertad, perdí mis opciones.

Observé como una nutria plateada se perdía por los límites del bosque. Varios mortífagos corrieron detrás de ella, picando en el cebo. Esperé en silencio a ver como esa cabeza peluda conseguía escapar. Me quedé en silencio, haciendo un camino en paralelo a ella. Divisé a un mortífago detrás de ella siguiendo sus pasos de cerca y otro en el lado izquierdo. Se intercambiaron varios hechizos, pero de momento no había nada que pudiera hacer.

No quería interferir.

Si hiciera algo que cabreara remotamente al Señor Oscuro, mis padres morirían. Hizo que me quedara suficientemente claro, cuando Longbottom se escapó en una de mis guardias.

No habia sido mi jodida culpa que Vincent se pusiera en su camino.

A pesar de que no me importaba mucho lo que pasase con mi padre, a mi madre la iba a extrañar mucho. No quería interferir. No debería.

Pero tenía que hacerlo.

Cuando vi que estaba siendo atrapada, reconocí a Yaxley y se me estrujo el corazón. Le lancé un Expelliarmus y atrapé su varita en el aire. No quería que cayera en manos de nadie más. Entonces usé mi varita para lanzar tres maldiciones asesinas, una detrás de la otra. Yaxley cayó en primer lugar seguido por el que estaba detrás de ella y finalmente el de su izquierda.

Me apresuré hacia ella, quitándome la capa para cubrirla. No teníamos mucho tiempo. Ya oía a otros mortífagos dirigiéndose hacia nuestra posición. Era imposible que tres maldiciones asesinas pasaran por alto.

La cubrí con mi capa desde detrás. No podía permitirme que descubriera que era yo quien la estaba ayudando. Aunque estuviera usando una máscara no podía arriesgarme. Se dio la vuelta intentando en vano saber quién era, pero le empujé la cabeza hacia adelante y le puse rápidamente la capucha sobre la cabeza.

- No te muevas. – le gruñí en su oído.

Le di otro tirón a la capucha, no parecía seguro, y no estaba dispuesto a que se le cayera. Ese pelo espeso era demasiado condenadamente obvio. Le dejé la varita en su mano y le di un empujón hacia adelante. Tropezó hasta llegar a la zona donde ya estaba permitida la aparición.

Cuando ya estaba en la zona se volteó y sus ojos se abrieron con sorpresa. Debía de estar mirando la máscara de mortífago. Le agité mi mano apremiándola a que se marchara de una vez.

Quería gritarle que se largara de ahí.

Empezó a pronunciar una palabra, pero no le presté atención a sus labios. Sus ojos ya lo decían todo. Me lo estaba agradeciendo.

Mi corazón pegó un vuelco.

Estaba jodido.

Finalmente desapareció y pude empezar a respirar con normalidad. Ella ya estaba a salvo.

Me señale con la varita antes de decir.

- Desmaius.


Estaba todo muy brillante. Demasiado, demasiado jodidamente brillante.

Levanté una mano para frotarme los ojos.

- Oh, Draco, finalmente estas despierto. – La voz de mi madre sonaba a lo lejos.

Me quejé y me senté en la cama, con una sola mirada sabía que estaba en mi habitación. ¿Desde cuándo mi habitación era tan brillante?

- Madre, - le dije mirando hacia mi derecha para encontrar que era la luz solar la que entraba y hacía brillar la habitación. – ¿No te he dicho que no abras las cortinas?

- Esto esta terriblemente oscuro con las cortinas echadas, Draco. Creo que sería saludable si tomaras un poco más el sol. Estas anormalmente pálido, al igual que tu padre.

- ¡Narcissa! – genial. Mi padre había llegado. Justo lo que necesitaba.

Asomó su cabeza por la puerta con cara de enfado.

- Pensé que te lo había dicho… - empecé a decirle a mi madre, mi padre se detuvo al ver que estaba sentado.

- Oh, finalmente te has recuperado ¿verdad? – me escupió con furia - ¿Qué pasó anoche? ¿Cómo se te escapó la Sangre Sucia?

- Lucius, querido ¿podrías hacer el favor…?

- Esta bien, madre – le corté antes de que acabara de hablar.

- Narcissa, déjanos. – le ordenó mi padre.

Contuve las ganas de mirarlo. No me gustaba la manera que tenía de ordenarle a mi madre cosas como si fuera su sirviente. Ya aprendí una vez que me enfrenté a él respecto a eso que no iba a cambiar. Para él era lo normal. Y no dudaría en hacérmelo pagar si volvía a enfrentarlo. Mi madre ya había salido de la habitación sin queja alguna. Yo de mientras había cogido la varita que estaba en mi mesita de noche. Hice un giro de muñeca y las cortinas volvieron a cerrarse.

Mucho mejor.

- Ayer por la noche estaba patrullando cerca de la Torre de Gryffindor, cuando sonó el silbato. Salí a unirme a la búsqueda con los demás. Finalmente conseguí ver a Granger y comencé a perseguirla. Eso es todo lo que recuero. – Le mentí descaradamente.

- ¿Sabes dónde te encontraron? – fruncí el ceño.

- Estaba en los terrenos de Hogwarts, ¿no?

- Fuiste encontrado al lado de tres cadáveres de mortífagos, ¿Por qué los que estaban a tu alrededor estaban muertos y a ti te dejaron con vida? – no había pensado en eso anoche.

Imbécil, imbécil, imbécil.

- No lo sé. – le contesté sin mucha convicción. Mi padre me lanzó una penetrante y fría mirada.

- Si hay algo entre tú y Granger, será mejor que me lo digas ahora. – negué con la cabeza.

- No hay nada entre nosotros. Si te parece mejor puedes usar Veritaserum.

- ¿Te crees muy inteligente, no? Sé que Bellatrix te enseñó a resistirlo.

- Entonces tendrás que creer en mi palabra.

- Tienes suerte de que al Señor Oscuro no le interese por ahora la Sangre Sucia. – me dijo maliciosamente.

- ¿En serio? Prefiero pensar en porque tenemos la suerte de que no le preocupe la Sangre Sucia. Tenía la impresión de que si alguno de nosotros fallábamos, entonces todos moriríamos. ¿No es así, padre? – se puso lívido, pero parecía que no podía parar las palabras que salían por mi boca. - Así que en realidad, creo que es por tu propio interés que no hayas dicho nada de lo que pasó anoche. Los otros mortífagos habrán dicho suficiente como para avivar el fuego. Como has dicho, la Sangre Sucia de Granger no es la máxima prioridad en este momento. Y si pensamos en ello, soy muy afortunado por seguir con vida, ¿Sabes?, creo que fue porque yo era más joven que los otros. Tal vez ella pensó que era un estudiante y se apiadó de mí.

No me molesté en mencionar que no era tan menor como los que estaban a mí alrededor. Apenas había parado de crecer y ya era uno de los mortífagos más altos.

- Chico, no me hables en ese tono ¿te has olvi…?

- No, no me he olvidado. – le corte, sabiendo lo que iba a decir.

-¡No me interrumpas! Te estas ganando una paliza, ya va siendo hora. – le miré a los ojos y extendí mis brazos a los lados para demostrarle que ya no le tenía miedo.

- Bien. Si eso te hace sentir poderoso, adelante. – el dolor me atravesó, me rodeó. ¡Bastardo!

Dolor.

Dolor.

La superficie que tenía de bajo era dura.

Dolor.

¿Me había caído de la cama?

Dolor.

¿Esa era la voz de mi padre? ¿Se estaba riendo?

Dolor.

Lo odiaba. Lo odiaba con cada fibra de mí ser.

Me sentía como si la cabeza se me fuera a partir por la mitad.

¿Cuándo iba a morir?

Y así tan repentinamente como había empezado, terminó. Interesante, esta vez había durado menos que de costumbre. Intenté coger una bocanada de aire y miré a mí alrededor y si, parecía que me había caído de la cama. Mi padre sonreía con aire de suficiencia.

- ¿Es suficiente para ti? – me preguntó.

- Sí, muchas gracias - contesté sarcásticamente. Frunció el ceño por el tono que empleé, pero decidió no contestar y salió por la puerta sin decir ni una palabra más. Estaba agradecido de que me dejaran en paz al fin.

Cuando pude conseguir ponerme en pie. Tía Bellatrix entró en la habitación ¿Por qué nadie se decidía a llamar a la puerta?

- Draco. – dijo ella, sonriendo con simpatía. Se pensaba que era la única persona que me entendía, pero supuse que era culpa mía que tuviera esa impresión.

- Hola, tía Bella.

- Sería más fácil si dejaras de hablarle. Lucius es idiota, y los dos lo sabemos. No te molestes por él.

- Claro.

- Pero dime, ¿Qué paso anoche? Debe de haber sido algo serio para que se pusiera así.

- La sangre sucia de Granger consiguió escapar. No sé qué hacía aquí.

- ¿Y Lucius te lo atribuye a ti?

- Los mortífagos encontraron a cuatro personas inconscientes cerca de donde ella se apareció. Tres de ellos estaban muertos y yo era el cuarto y solo estaba aturdido. – Bella entrecerró sus ojos.

- Es sospechoso. ¿Sabía ella tu identidad? – preguntó sospechosamente.

- No me quité la máscara, si eso es lo que te estas preguntando. No recuerdo nada más. La última cosa que recuerdo, es estar persiguiéndola.

- Bueno, al Señor Oscuro no le interesa demasiado la sangre sucia por ahora.

- Eso dijo mi padre, ¿Cómo fue la emboscada en el Caldero Chorreante? – pregunté, intentando no parecer muy interesado. Solo esperaba que Granger no hubiera vuelto allí para morir ella sola, no después de haber arriesgado el cuello por ponerla a salvo.

- Esos miembros de la Orden del Fénix… son como cucarachas. Imposibles de matar. – dijo Bellatrix con los ojos entrecerrados de furia.

- No fue tan bien, ¿entonces? – aguijoneé con malicia.

- Vi a ese profesor medio duende caer ante un duelo con Antonin. – Dolohov. Era el responsable de varias muertes de los de la Orden.

- ¿El profesor Flitwick? – pregunté, aunque ya sabía la respuesta, Bella asintió.

- Sí, sí, ese era si nombre. Pero lo que es una vergüenza es que yo estaba en un duelo con tu prima, Nymphadora, pero ese maldito hombre lobo se interpuso entre nosotras y tuve que salir corriendo.

- Si, es una vergüenza. – repetí, después de un minuto en silencio, le pregunté - ¿Dónde está el Señor Oscuro?

- Oh, Draco querido, no te preocupes. De todos mis… - Hizo una pausa para encontrar la palabra adecuada - …estudiantes, siempre has sido mi favorito. Me aseguraré de que estés bien atendido. Después de todo, no puedes ser castigado por la debilidad de una sangre sucia. Harás que se arrepienta de su decisión la próxima vez que te la encuentres, ¿verdad? – Asentí, mientras una sonrisa maliciosa se estiraba en mis labios.

- Puedes apostar a que lo haré.


Nos vemos el Domingo con un nuevo capítulo!

Saludos!

albaa.