Ya estaba a punto de intervenir para impedir que quemaran vivos a sus alumnos cuando inesperadamente de entre medio de las llamas se hizo una gran explosión de energía azul, como si una bomba nuclear hubiese estallado, que dejó inconscientes a todos los que estaban en la plaza. El Gran Brujo de Brooklyn Sam Mas se apresuró a cargar a los cinco jóvenes subterráneos en su carruaje y hechizó al resto de la gente para que al despertar no recordaran nada de lo sucedido.

De camino a casa se iba mirando a sus alumnos e intentaba averiguar cual de ellos podía haber hecho aquel despliegue de poder. Solo había una manera de saberlo: descubrir quien eran sus padres, cuanto más poderoso era el demonio progenitor más poder tenía su hijo.

El Gran Brujo no les borró la memoria a sus alumnos para que fueran conscientes de lo que habían hecho, así que al día siguiente después de sermonearlos largo tiempo sobre los actos que hacían y asumir las consecuencias, les digo que en la clase de aquel día iban aprender a invocar demonios, más exactamente invocarían a sus padres, y así de paso él podría descubrir cual de ellos era tan poderoso.

Les enseñó a dibujar el pentagrama para la invocación y le explicó las pautas a seguir. La verdad es que los siete alumnos estaban un poco asustados ante la idea de traer a su plano físico a seres del infierno, aunque fueran sus propios padres. ¿Sería un demonio capaz de querer a su hijo?

Como de costumbre empezaron por las chicas que fueron capaces de hacer aparecer a sus padres sin ningún tipo de problema. No parecía tan difícil: simplemente tenías que recitar una oración, el demonio aparecía dentro del pentagrama y no podía salir de allí debido a un campo energético que se creaba y que el brujo invocador tenía que controlar. En este caso, como querían invocar a sus padres, se tenían que hacer un pequeño corte en la mano y dejar caer la sangre dentro del pentagrama, por el hecho de que la sangre llama a la sangre y así se aseguraban que realmente era su padre y no un impostor. Se recitaba la misma oración que en las invocaciones convencionales, tan solo cambiaban algunas frases.

Al fin llegó el turno de Magnus, al benjamín del grupo lo dejaron por el último. Se sentía bastante tranquilo después de ver como lo habían hecho sus compañeros. Él único demonio que ocasionó algún problema fue el padre de Petta, que intentó salir del pentagrama pero Sam Mas lo dominó sin ningún tipo de problema ya que Petta no pudo hacerlo. El Gran Brujo Sam era hijo de un demonio mayor por eso era tan poderoso, podía dominar a cualquier demonio que fuera inferior a su padre, o sea prácticamente todos. El padre de Petta era un tanto extraño: de cintura para abajo era un hombre pero de cintura para arriba era una horrenda cabra negra. Iba completamente desnudo haciendo sonrojar a las dos féminas del grupo. Ahora Magnus se explicaba de donde Petta había sacado sus astas y pensó que quizá su padre sería una especie de gato por eso él tenía los ojos como estos felinos. Pero para nada fue como el joven Magnus Bane se esperaba.

Empezó con su invocación y una vez terminada la oración, cuando sus gotas de sangre tocaron el suelo, hubo un destello de luces, una especie de niebla y las líneas del pentagrama empezaron a brillar encendiéndose y apagándose como si de luces de navidad se tratara. El que entonces era el Brujo de Brooklyn, Sam, rápidamente se dio cuenta de lo que estaba sucediendo: no era un demonio normal lo que estaban atrayendo. Ordenó a Magnus que parara la invocación de inmediato pero ya era tarde: de entre las luces y la niebla emergió una esbelta figura. A diferencia de los otros demonios era un apuesto y elegante caballero vestido con un traje blanco y unos negros zapatos de charol. Su abundante mata de pelo era tan negra como el carbón y tenía los mismos ojos felinos que su hijo, con la diferencia de que Bane los tenía con la forma rasgada asiática y los suyos eran bien redondos.

-¡Hijo mío!- Sonrió el invocado a forma de saludo dejando ver sus afilados dientes blancos. Ninguno de los alumnos sabía exactamente lo que estaba pasando pero por la cara de su maestro tenían la sensación de que algo no iba bien.

-Soy Magnus Bane y me presento como hijo tuyo que soy pa…- el adolescente empezó a recitar lo que su maestro le había dicho que debía decir pero su padre le cortó en seco.

-Oh vamos ¿Me tomas por un demonio de tres al cuarto? Sé perfectamente quien eres… fíjate eres realmente hermoso, como tu madre-. Magnus se estremeció al recordar a su madre ahorcada. Se suicidio por su culpa, porque se arrepentía de haber engendrado a un monstruo como él.

-¿Aún te sigues culpando por su muerte?- El demonio perecía estar leyendo la mente de Magnus. -No puedes controlar las acciones de los demás muchacho. El sentimiento de culpabilidad no te llevará a ninguna parte.-

-¡Respeta a tu invocador demonio!- Le menospreció uno de los alumnos- le debes sumisión-. El demonio se lo miró con estupefacción ¿Sería la primera vez que alguien le hablaba así. –Dinos ¿Quién eres?-

-Oh, perdóname- contestó divertido el demonio – no pienses que soy un mal educad por no presentarme a tus amigos, hijo – dirigiéndose a Magnus- Soy Asmodeus-.

-A..as…Asmodeus- tartamudeó aterrado Ragnor Fell.

-Sentimos muchos haberle molestado- intervino al fin Sam Mas- tan solo estábamos aprendiendo a invocar a nuestros padres, ya no le hacemos perder más el tiempo, puede volver a su hogar.- Ahora el maestro ya sabía quien hizo aparecer aquella fuertes explosión de energía: había sido Magnus, el hijo de un príncipe del infierno.

-Oh ¿En serio vas a romper este reencuentro familiar tan bonito? Tú debes de ser el maestro. Dime ¿Cómo le van a Magnus las clases?- se mofaba de Sam- ¿Te está enseñando bien?- Preguntó a su hijo- Sé que eres el más poderoso de mis hijos aunque aún eres muy joven y te queda mucho por aprender. ¿Ya les has explicado que invocar a un príncipe como yo tiene un precio?- Dirigiéndose de nuevo al brujo de Brooklyn Sam Mas.

Al escuchar esas palabras Sam se quedó pálido y gotas de sudor empezaron a mojarle la frente. Esto asustó aún más a sus alumnos.

-¿Qué quieres decir con esto?- Le preguntó Bane a su padre.

-Gran Brujo de Brooklyn- Asmodeus fingió regañar a Sam Mas- antes de enseñar a estos jovencitos a invocar demonios tendrías que haberles dado un par de clases teóricas. Mirad, el mundo de las sombras al igual que el mundo terrenal está estructurado por jerarquías, y yo estoy arriba del todo, no hay ser en el mundo de la oscuridad que sea superior a mí. Como comprenderéis, como príncipe de las tinieblas que soy, tengo muchas cosas que hacer y no puedo perder el tiempo con tonterías. Ya que me habéis hecho venir no me iré de aquí con las manos vacías-.

-Ahora mismo no tenemos mucho dinero para ofrecerle pero podemos conseguir más – se disculpó Ragnor.

-¡No!- Se echó a reír – En el infierno el dinero no sirve para nada, allí las riquezas se cuentan por almas…-

-¿Nos va a matar?- Despavorida una de las chicas.

-No preciosa. Cuando una alma es arrancada del cuerpo a la fuerza pierde parte de su potencial. Vosotros me la entregareis por voluntad propia-.

-¡No es cierto!- Quiso auto convencerse otro de los alumnos- no nos puedes hacer nada el campo magnético te lo impide- e inmediatamente se colocó junto a Magnus extendiendo las manos hacia el pentagrama para ayudar a Bane a contener el campo energético que retenía a Asmodeus en su interior. Al verle todos los demás hicieron lo mismo y Sam Mas empezó a recitar la oración que hacía cerrar el pentagrama, esa puerta que comunicaba los dos mundos.

-¿Pero qué hacéis?- Se carcajeó el príncipe de las tinieblas- ¿A caso creéis que un grupito de brujos como vosotros podrán retener a un príncipe del infierno?- Y sin ninguna dificultad salió del pentagrama cruzando el campo energético. El pánico se apoderó de todos.

-Miedo- se alegró el demonio inspirando con fuerza como si oliera algo que los demás no podían percibir- ¿Sabíais que las emociones también nos alimentan? El miedo y la tristeza son las mejores…-

Aprovechando que Asmodeus estaba distraído Petta cogió una espada y se la clavó por la espalda pero no sirvió de nada: la espada, hecha de metal barato, se rompió y con un rayo de luz amarilla el demonio atravesó el corazón de Petta arrebatándole la vida.

-La primera alma que se viene conmigo- exclamó orgulloso el demonio. Ahora si que ya todos se veían muertos. – ¡Por todos los infiernos! Dejad ya de lloriquear niños, no me interesáis vosotros, todavía no sois lo suficientemente poderosos para mí. En cambio tú- señalando al Gran Brujo- sí. Hazte un favor a ti mismo y entrégame tu alma…ahórrate el sufrimiento-.

Todos miraban fijamente al demonio paralizados por el miedo.

-No me mires así hijo – le comentó a Magnus- Mi sangre corre por tus venas, algún día serás como yo: poderoso. Ahora vete, iros todos pero recordad que hoy os he perdonado la vida, la próxima vez que nos encontremos no seré tan amable. Madurar vuestro poder, algún día vendréis a mí y me quedaré con vuestras almas-. Chasqueó los dedos y los seis alumnos que quedaban con vida aparecieron en el jardín de la casa del Gran Brujo.

Se quedaron unos minutos completamente inmóviles discutiendo que es lo que tenían que hacer y que significaba la amenaza de Asmodeus. Todos se fueron corriendo del lugar asustados tanto por el demonio como por su hijo: temían a Magnus, solo Ragnor se quedó a su lado.

Horas después los dos amigos volvieron al interior de la casa. Parecía que un huracán había pasado por allí: estaba todo completamente destruido, seguramente como buen Gran Brujo que era Sam Mas debió luchar hasta el final.

Magnus recordó toda la vida los sabios consejos que le dio su maestro y puso en práctica todo lo que aprendió a su lado. Los más allegados a Bane dicen que decidió adquirir el título de Gran Brujo de Brooklyn para homenajear al difunto Sam Mas.

Fin